Testimonio de una cooperante española sobre Luis Eduardo, ante la campaña de
desprestigio de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, realizada por el
Gobierno colombiano en la prensa y en los distintos ámbitos nacionales.
Se ruega distribuir y reenviar.

«Sabemos que cien o mil muertos son mera estadística, aquella que anestesia el
dolor, humanizar la historia, volver a ponerle piel….es nuestra tarea para que
cada lector conserve la sensibilidad que lo hace digno de llamarse humano»

Patricia Verdugo, periodista chilena.

Desde la indignación y el dolor escribo esta carta abierta, testimonio con el
que quiero dignificar la persona y vida de Luis Eduardo Guerra y la Causa por la
que luchó.

A los que hemos trabajado en los últimos cinco años en Urabá, aunque nuestro
dolor no tiene consuelo, no nos extraña que el ejército lo haya asesinado
vilmente. Luis Eduardo era un líder natural, inteligente, honrado, un hombre de
fe que creía y luchaba por un hermoso proceso de Paz construido desde abajo.

Mientras escribo estas palabras el dolor y la rabia me embargan, sobre todo al
ver el círculo de mentiras vertidas sobre su persona y sobre la comunidad, por
ello, lo mínimo que puedo hacer es dar mi testimonio para mostrar la
credibilidad de Luis Eduardo y del Proceso de Comunidad de Paz de San José
frente a la falsedad y doblez de los que constantemente acusan y atacan el
proceso con tanta mentira y tanto caos.

Para que no se me acuse de subjetividad y de sesgar la realidad a favor del
proceso, diré que tan sólo soy una trabajadora de la cooperación española y que
durante el largo periodo que permanecí en Urabá, Colombia (Enero 2000-Diciembre
2004) trabajé en diversos proyectos que la Asociación Navarra Nuevo Futuro
(ANNF) tenía en la región con la población desplazada, incluido San José, los
cuáles no tenían nada que ver con procesos políticos, sino con las consecuencias
del conflicto, en áreas como educación, apoyo alimentario, producción
agropecuaria, Vivienda, etc.

Los últimos acontecimientos y el cúmulo de mentiras me han decidido a tomar
partido para contribuir al esclarecimiento de los hechos y arrojar un poco de
luz sobre tanta oscuridad inequívocamente planeada.

De todos los Atentados sufridos por la comunidad, por suerte o desgracia he sido
testigo presencial y sufrido yo misma, muchos de ellos: diré brevemente que en
varias ocasiones he sido víctima de persecuciones realizadas por individuos
durante el ejercicio de mi trabajo en la ciudad de Apartadó y de forma muy
evidente en las gestiones bancarias realizadas con miembros de la comunidad,
también he sufrido la vigilancia por vehículos de la policía y DAS estacionados
junto a mi residencia, de igual modo, las dificultades para la contratación del
transporte han sido incontables debido a la amenaza directa sobre los
transportistas, he sido perseguida por hombres en moto, en la vía hacia San José
cuando transportaba materiales de construcción.

En mayo de 2004, durante la crisis de las acusaciones de Uribe a las ONG’s que
trabajamos en San José, me cortaron la comunicación telefónica con el exterior.

También me ha tocado vivir las incesantes y variadas acciones de bloqueo
económico que se han desarrollado contra la comunidad, mediante el asesinato de
proveedores, transportadores, tenderos de San José, el robo de dinero procedente
de la venta del cacao y el primitivo, todo lo cual ha ocurrido en la vía de San
José-Apartadó donde existe una fuerte presencia del ejército. Las últimas
acciones de bloqueo permanecen tan vivas en mi memoria por los titánicos
esfuerzos que hubo que realizar para lograr por fin la salida de cacao
almacenado desde noviembre de 2003 hasta febrero de 2004, con las consiguientes
pérdidas económicas; así mismo, desde septiembre hasta noviembre de 2004 la
comunidad estuvo sometida a un bloqueo alimentario, el asesinato y amenaza a
tenderos y proveedores mantuvo durante esos dos meses a la población al borde
del colapso alimentario, las acciones creativas de la comunidad y el apoyo de
ONG’s permitieron la vuelta a la normalidad en lo que la comunidad llamó la
Caravana por la vida, en la que más de 1000 personas de todas las veredas
bajaron caminando en un acto simbólico, desde el corregimiento de San José hasta
la plaza de mercado de Apartadó para realizar pacíficamente sus compras de
alimentos.

Las ONG’s que trabajamos con la Comunidad de Paz pudimos darnos cuenta de forma
evidente de la persecución de que éramos objeto los que trabajábamos en ella,
situación que nos hizo temer por nuestra propia seguridad.

Se acusa a Luis Eduardo de participación en la bomba de Apartadó, cuando, ni
siquiera en ese tiempo vivía en la Comunidad, sino en Bogotá como refugiado.
Luis Eduardo y su familia han sido víctimas directas de la acción terrorista del
ejército; en agosto de 2004, su esposa, Luzelein y una niña murieron por la
explosión de una granada del ejército, su hijo Deiner, asesinado ahora por el
ejército, quedó malherido entonces. En esta ocasión también fui testigo en el
hospital Antonio Roldan de Apartadó de cómo el ejército, fiscalía y DAS
impidieron que los heridos fueran trasladados inmediatamente a Medellín por el
servicio aéreo de salud, la falta de asistencia médica adecuada ocasionó la
muerte de la esposa y la niña, eliminando a dos de los principales testigos.

Los montajes judiciales, colocación de pruebas, falsos testimonios, torturas,
detenciones ilegales, etc han sido innumerables durante el periodo en que
permanecí con la comunidad. Unos días antes de salir para España, el coronel
Duque de la decimoséptima brigada del ejército hizo unas declaraciones en una
radio local en la que manifestaba su satisfacción con la comunidad, según dijo
«gracias a las informaciones de la comunidad y de las ONG¨s que trabajan con
ella, se había detenido a muchos guerrilleros», para nosotros era clara su
intención de generar desestabilización involucrándonos en el conflicto como
informantes y poniéndonos así en el punto de mira de la guerrilla. Para ellos
todo sirve en su guerra sucia.

La mañana del día 13 de diciembre de 2004, bajaba por última vez de San José, me
había despedido de la comunidad y me dirigía al aeropuerto acompañada por Luis
Eduardo y otros miembros de la comunidad, poniendo fin a cinco años de intenso
trabajo de campo en Urabá; el mando del retén militar que permanentemente se
encuentra en la vía que de San José conduce a Apartadó en el sitio llamado la
Balsa, inquirió la identificación de Luis Eduardo de forma abusiva y resentida,
negándose a su vez éste a identificarse, ya que no portaba la reglamentaria
identificación en el uniforme militar. La tensa situación que se produjo sembró
temores que se clavaron en mi corazón como sospecha del crimen que
terriblemente ahora se ha cometido contra él.

Luis Eduardo deja cuatro hijos menores de diez años, que pasan a engrosar la
larga lista de huérfanos de San José y Urabá; a sus asesinos no les ha bastado
con su eliminación física, el ensañamiento en la matanza pretende además
sembrar el terror para dejar a la población en la más absoluta apatía política y
humana, ensuciar su dignidad y avanzar en el exterminio del proceso creando
confusión mediante la mentira. Para algunos paranoicos «el fin justifica los
medios», su muerte forma parte del «costo de la Paz» y sería así mismo el costo
de su negativa a aceptar al Estado (un Estado que los masacra)

Los que se callan frente a esta barbarie también son responsables no sólo de lo
que ha sucedido, sino de lo que suceda en adelante.

Mi carta es una acción de Solidaridad. Con mi testimonio quiero dejar claro que
las instituciones del Estado y la prensa nacional colombiana están mintiendo,
que tengo la certeza de que la Comunidad de Paz no es la guerrilla, que sólo
quieren vivir con Dignidad en su tierra y que los que mienten tienen un
propósito, liquidar el proceso.

Esta comunicación quiere sencillamente denunciar la mentira y defender la
justicia por encima de ideologías políticas.

A su familia e hijos les digo que Luis Eduardo ha sido un ejemplo que la
atrocidad de los asesinos no podrá borrar.

A los asesinos les digo que con su acción criminal han conseguido el efecto
contrario a su deseo, al convertir en mártir de la comunidad a uno de sus
miembros han fortalecido los lazos de solidaridad.

A los actores armados, sociales y políticos les digo que las sociedades no deben
fundamentarse nunca sobre el sacrificio y la opresión de los hombres, ni aunque
estas medidas se presenten como necesidades transitorias de la historia para una
utopía de futuro.

Sabremos que «otro mundo es posible» solo si tenemos fe y que ese otro mundo
puede ser mejor si lo construimos TODOS.

La grandeza de San José reside en su fe y en su lucha: es su forma de resistir,
porque la fe sin lucha no es nada.

La vida es lucha y el final de la lucha, significa la muerte, ellos lo saben
bien, así que TODOS creen en su proyecto y luchan encarnizadamente por él. Es
por esto un proyecto vivo y con futuro.

Su lucha no sólo está en su discurso, sino en la acción como tan bien han
demostrado.

San José es un regalo para un mundo donde parece que ya todos perdimos la fe y
la capacidad de crear, y superándose una y otra vez, resurgen como el ave fénix,
una y mil veces de sus cenizas.

María José Rodríguez Hernández.

A 1 de marzo del 2005