
La fotografía adjunta es tierna, esperanzadora y reveladora de la eficacia de una lucha que ha abrazado la noviolencia como bandera y principio fundamental. Me atrevería a decir que el rostro del policía expresa una cierta empatía frente al joven que, algo más acongojado que él por la abrumadora presencia de fotógrafos, cámaras y periodistas, con el brazo escayolado y portando una flor banca, le tiende la mano, como una muestra de generosidad y respeto al Movimiento 15-M y de humanidad frente a los miembros de la Policía.
El joven protagonista de la fotografía es un “indignado” víctima de las agresiones policiales que se produjeron el día anterior al de la toma de la instantánea, en el mismo lugar y por parte del mismo cuerpo policial al que ha extendido la mano sin rencores o reproches. Sin embargo, la fotografía resulta impactante, no porque en ella se muestren las cargas policiales de la noche anterior o a los manifestantes recriminando a la policía su actitud. Es impactante justamente por lo contrario, porque frente a los actos de violencia callejera a los que todos estamos acostumbrados y que “refuerzan las posiciones y los roles (policía represor/manifestante víctima)”, el apretón de manos que muestra la fotografía “desconcierta, incomoda e inquieta, interrumpe los automatismos, cuestiona los clichés, hace preguntas, cortocircuitan lo previsible…” (Apuntes sobre la noviolencia del 15M).

Entiendo que la imagen goza de un valor enorme para el Movimiento 15-M porque pone de relieve, una vez más, nuestra fuerza. En el texto surgido fruto de lo debatido en la Asamblea de la noviolencia celebrada el pasado 1 de agosto en Madrid, se expresa con total brillantez, como “La fuerza que unx tiene no se mide por el nivel de violencia que puede ejercer”, sino que la fuerza pasa, necesariamente, “por su capacidad para acoger la pluralidad, llevar la iniciativa y ser imprevisible” y todo ello es incompatible con la violencia. La experiencia nos dice que “la violencia se coloca siempre en el centro de lo que ocurre, como si fuera un torbellino que succiona y arrastra todo lo demás.” Además es excluyente, porque siempre es ejercida por “un tipo de gente muy determinada (hombre, joven, con papeles, etc.)” lo que haría perder al Movimiento gran parte de su apoyo social.
Por todo ello, se equivoca Radoyak en su artículo sobre «Violencia y No-violencia en el 15M»,cuando afirma que lo más sensato, en ocasiones, es “avanzar con escudos y cascos frente a un cordón policial que tiene secuestrada una plaza pública”, en referencia al secuestro de la Puerta del Sol perpetrado por el Gobierno hace unos días y al que me referí en un artículo anterior. Radoyak justifica la violencia bajo la premisa de que la misma “se ejerce ya de antemano, por principio, (por el Estado).” Sin embargo, aunque bien es cierta esa última afirmación, desde el prisma de la eficacia, no han sido pocas las reivindicaciones que no han calado entre la ciudadanía, no porque éstas no fueran justas o compartidas por la mayoría, sino porque el uso de la violencia a la hora de reivindicarlas públicamente dejó en evidencia la solidez de los propios planteamientos, debilitó el mensaje que se pretendía transmitir y excluyó a gran parte del apoyo ciudadano sobre el que debe sustentarse toda reivindicación para obtener una mínima legitimidad y por tanto, ser tenida en consideración. Lanzar piedras contra la policía, quemar contenedores, etc. ni es subversivo, ni es sinónimo de rebeldía, sino todo lo contrario, es previsible, se ajusta a los roles preestablecidos y además no es eficaz. Ni siquiera podemos considerar la violencia como un medio para conseguir un fin, porque siempre que se usa, nos hace olvidar el fin perseguido. En cualquiera caso, sería imprescindible hacer una lectura moral a la hora de plantearnos el uso de la violencia como herramienta para la defensa de ideales políticos, porque sería fácil convertirse en totalitarios.
Finalizan los «Apuntes sobre la noviolencia del 15M» con la siguiente frase: «La noviolencia es lo que nos ha hecho y nos hace más fuertes y más radicales. Destrozar sin destrozar es la mejor destrucción.»
http://www.laobjetividadnoexiste.com/2011/08/cuando-destrozar-sin-destrozar-es-la.html
Violencia en abstracto
Sin embargo, en un plano más abstracto, y más allá de las consecuencias que la violencia puede tener en una situación concreta, veo la necesidad de reflexionar sobre qué es la violencia. ¿En qué consiste todo tipo de violencia? ¿Qué es violencia y qué no lo es? Y, a raíz de eso: ¿tiene sentido considerar que la violencia es «mala» en sí misma?
Creo que es interesante la reflexión porque, en mi caso, por más que lo pienso, nada me lleva a pensar que así lo sea… En cualquier caso, cada vez me inclino más a pensar que la violencia que hay o no contenida en una acción, no es un buen criterio para determinar si ese acto «debe» o «no debe» llevarse a cabo. Ni tampoco veo más claro que el problema a combatir quede bien caracterizado utilizando ese término, «la violencia», en abstracto. ¿Son las navajas malas? Depende de si las uses para matar, o para comer… Me da la sensación de que ocurre algo parecido con esto.
En todo caso, pienso que habría que decir que el problema es «la violencia como sistema», como principio… o algo así. Quizá lo podríamos decir mejor: el problema es «la jerarquía»… ¿? el estatalizar un modo de ser que no «respete» ni de cuenta de la pluralidad y dinamismo del mundo. ¿? Todo aquello que pretenda hacer de la realidad algo estático, con una relación de fuerzas dado que deje a unos arriba, con el monopolio de la decisión, y a otras abajo, sin posibilidad de moverse.
Hay quien diría que «es violento (y… malo) todo aquello que produce sufrimiento». ¿Es violenta una ruptura amorosa? Supongo que será violenta si está provocada… «con maldad», o algo parecido.
Otra cosa es que el rechazo a «todo tipo de violencia» sea por una cuestión estratégica… Creo que entonces es distinto. Dice el artículo que es un hecho que, estratégicamente, el uso de algún tipo de violencia en la lucha no ha llevado nunca a nada… Pero lo cierto es que, su no uso, tampoco ha conseguido nunca «la emancipación del ser humano»… ¿?
También se señala que la violencia tampoco interesa estratégicamente porque es, en sí misma, excluyente (excluye en función de sexo, edad, fortaleza física…). Esto tampoco lo veo claro, que lo sea «en sí misma». Podría haber muchos frentes diferentes -por decirlo así- que dieran cabida a cada una de las componentes de la acción, en función de sus preferencias (digamos que podría haber auto-organización en ella) (y añadamos también que, esto es así si se entiende violencia en un sentido amplio… si su significado no se limita al de ‘tirar piedras’ contra la policía).
En fin, sea como sea, quiero dejar claro que de ninguna manera estoy defendiendo que ahora, y aquí, haya que dedicarse a quemar coches por las noches. Sólo trato de contribuir a la reflexión sincera sobre toda esta cuestión. Y lo hago con la misma intención que imagino que todo el mundo: intentar desarrollar una acción colectiva lo más potente (en el mejor de los sentidos) posible, para tratar de afrontar de la mejor manera, y con la mayor incidencia, toda la barbarie en la que estamos sumidas, y aquélla quizá mucho más estremecedora que se nos viene encima en los próximos años…
Un saludo
Y gracias!
Violencia en abstracto
ACLARACIÓN DE TÉRMINOS.
Paz: Situación resultante cuando se lleva a término la justicia, cuando los conflictos, en lugar de ser escondidos o reprimidos, son resueltos buscando la armonía de los seres humanos entre sí, con la naturaleza y consigo mismos.
Pacifismo: Pensamiento y acción política que evoca un deseo de paz, bajo el que tan sólo existe una actitud de resignación pasiva ante la injusticia y una declaración de buena voluntad de acabar con las guerras, aunque sin entrar a valorar cuales son sus raíces.
Conflicto: Situación de encuentro divergente de necesidades, intereses y valores, en una circunstancia determinada. En sí no sólo no es negativo, sino que supone la vía necesaria para que los individuos y las colectividades puedan evolucionar. Sus consecuencias dependerán de cómo se afronte su regulación y/o resolución.
Agresividad: Pulsión vital que nos hace emprender acciones y luchas como afirmación de nosotr@s mismos. Mediante la agresividad defendemos lo que somos, aquello que estimamos y nos esforzamos en hallar cosas mejores. Es positiva en sí misma: alimenta nuestra esperanza de poder cambiar las cosas y de ser los artífices de nuestro propio destino.
Fuerza: Potencia de cambio y transformación.
Lucha: Empleo enérgico de la fuerza durante el conflicto, que intenta eliminar los obstáculos que impiden la transformación deseada.
Violencia: Todo aquello que arrebata al ser humano lo que le es constitutivo como persona. También tiene sentido hablar de violencia cuando rompemos nuestra relación armónica con la naturaleza, ya que la entendemos como un biosistema en equilibrio del que formamos parte.
Noviolencia: De la intraducible palabra del sánscrito «ahimsá» (no, sin, falto de, carente de, privado de daño, nocividad, violencia) Es un complejo sistema de ideas, con bases filosóficas propias, análisis políticos, estrategias, propuestas alternativas etc, que procura no congelarse en unos dogmas abstractos.
Existen múltiples formas de violencia que podríamos reducir a dos tipos cuando nos referimos a la acción política:
1.- La Violencia Estructural: es toda aquella violencia que ejerce el poder (estados, sistemas, instituciones, empresas…) de forma directa o indirecta para preservar sus privilegios. Nos referimos a la violencia económica (desigualdades, explotación, marginación, pobreza…), ideológica (individualismo, racismo y xenofobia, sexismo, consumismo, miedo, desesperanza…), política (ausencia de cauces reales de participación, expresión…), educativa y cultural (creando fotocopias de futuros ciudadanos productivos y sumisos), informativa (manipulación, censura…)… La Violencia Estructural es la más extendida, la más perniciosa y la causante de las otras violencias de respuesta. Por esa razón es la violencia a la que debemos enfrentarnos en primer lugar, pues debemos incidir sobre las causas que la originan, y no reprimir tan solo sus consecuencias más escandalosas.
2.-La Violencia de Liberación o de respuesta: es la que nace de la rebelión de los oprimidos contra un poder opresor en cualquiera de sus formas. Sería ingenuo e injusto situar esta violencia de respuesta en un mismo plano que la anterior. Si nos limitásemos a denunciar la violencia de las personas explotadas desde una pasiva “moralina noviolenta” estaríamos colaborando con la resignación que tratan de imponernos desde el poder. Pero una cosa es entender las razones que pueden llevar a una persona o colectivo a rebelarse violentamente, y otra muy distinta es que pensemos que es la mejor forma de rebelarse y de enfrentarse al poder. No somos quienes para señalar a nadie la fórmula de liberación que debe emplear. Cada quién sabrá según sus condiciones. Pero en el entorno en el que nos movemos, el monopolio de la violencia máxima lo tiene el poder (ejércitos, policías, cárceles…) y tratar de enfrentarnos a él con sus propios métodos es situarnos de partida en inferioridad de condiciones ante la lucha, y pudiera generar desesperanza y desmovilización.
El Porqué y el Para qué de la violencia: No nos cabe la menor duda que cualquier violencia que pudiésemos emplear (romper cristales, lanzar objetos a la policía…) sería ínfima comparada con la violencia que utiliza el poder, pero esta obviedad no nos aporta nada. No discutimos sobre quién es más o menos violento (está claro que el terrorismo de estado es el que más sufrimientos y muertes acarrea en todas sus formas –guerras, explotación, miseria, marginación…-), no discutimos siquiera sobre si tendríamos motivos o no para utilizar la violencia. Desde un planteamiento político lo que deberíamos preguntarnos es: ¿para qué queremos hacer lo que queremos hacer?, ¿beneficia a nuestra lucha el empleo de la violencia?, ¿facilita el camino hacia la alternativa que pretendemos impulsar?, ¿nos ayuda a facilitar la concienciación de la gente? Nosotras pensamos que no.
Un sistema injusto necesita de la violencia para defenderse. La violencia es, no el mejor, sino el único medio por el cual se puede mantener la opresión de una minoría sobre la gran mayoría del planeta. Su recurso a la violencia realmente es de una coherencia aplastante. Tienen razón al afirmar que “Tal como están las cosas, es imposible prescindir de militares, policías…” Del mismo modo, quienes no queramos mantener “las cosas tal como están” y apostamos por trabajar aquí y ahora por una transformación profunda y radical (desde la raíz), tendremos que buscar los medios de lucha que más nos convengan en el presente y que mejor nos ayuden para el futuro que queramos construir. Dentro de esta búsqueda, una opción es la Acción Noviolenta, que es por la que optamos.
Aquí más documentos que analizan estas cosas: http://www.grupotortuga.com/Recursos-para-un-taller-de-Accion
Un saludo