El pesar de lo mucho que se habla del monopolio de la información, lo cierto es que nunca estuvo tan a mano de cualquiera la capacidad de expresarse y ser leído. Los cuadernos de bitácora -más conocidos como blogs- ofrecen hoy al artista, cronista aficionado, científico, ignorante, sabio, chorro, pretencioso o estafador la posibilidad de abrirse paso a través de internet y conseguirse un grupo de fieles lectores.

El límite no lo pone la cantidad de dinero que se reúna para la inversión
inicial (es nula), ni el acierto de la publicidad y el marketing (ningún blog
hace campañas de difusión). El límite está dado por la solvencia del
administrador -blogger- para mantener vivo el interés sobre sus contenidos y captar cada vez más visitantes.

Dentro de este universo hay de todo, pero los que más ruido han hecho
últimamente son los blogs de raíz periodística. Parece lejano en la
prehistoria el fenómeno del iraquí Salam Pax, aunque su sitio apenas cumplió dos años en enero (es muy recomendable su última crónica, donde los resultados de las elecciones en su país se ven a partir de una visita al verdulero del barrio).

Puede pensarse que los mejores lugares para que florezcan los bloggers
combativos son aquellos donde la opresión oficial hace difícil o imposible la
prensa libre. Pero no sólo donde se padecen gobiernos autoritarios asoman la cabeza los bloggers. En los Estados Unidos -que, aunque algunos lo olviden, sigue siendo una democracia- parecen haber encontrado un hueco interesante al denunciar los abusos y mentiras de los grandes medios de comunicación.

Hace dos semanas, Eason Jordan, el jefe máximo de los servicios informativos de CNN, la mayor cadena de televisión de noticias del mundo, presentó su dimisión por haber sugerido en un debate que las tropas de Estados Unidos han disparado intencionadamente contra periodistas en Irak. Es decir, que la muerte de cronistas no había sido fruto de «daños colaterales».

Sus palabras habrían sido dichas durante el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) el mes pasado y, aunque no hay constancia en grabaciones de video o audio, fue lanzada por un ejecutivo de Florida, Rony Abovitz, que se encontraba en el recinto. Gracias a que estaba conectado a internet a través de su computadora portátil, Abovitz empezó a hablar del caso en su bitácora después de haber instado, sin éxito, a otros periodistas presentes a escribir sobre él.

En octubre del año pasado sucedió el llamado Rathergate, el escándalo por
unos documentos falsos sobre el pasado del presidente George W. Bush
difundidos por Dan Rather en la CBS, una de las tres grandes cadenas de
televisión abierta norteamericanas. Su caso fue resonante, porque es quien
conduce «60 Minutes», el noticiero más tradicional del país, y fue
descubierto por John Hinderaker, un blogger de Minneapolis que en pocas horas reunió, a través de internet, a expertos en caligrafía, en máquinas de
escribir, historiadores, técnicos y ex militares. Cada uno aportó un
fragmento de información que, al sumarse, terminó demostrando que los
documentos no eran reales.

Los que atacan la revolución blogger dicen que un tipo sentado en su living,
escribiendo en pijama, no puede tener la misma credibilidad de un medio
tradicional, con múltiples filtros de comprobaciones y contrapesos. Parece
lógico, pero es cada vez menos cierto. Porque esta forma de hacer periodismo, mucho más cerca de la gente, lleva a pensar que el periodista ya no tiene el privilegio de seleccionar o despreciar qué es lo que ha de publicarse.

Salam Pax: http://riverbendblog.blogspot.com/

Rony Abovitz: http://www.forumblog.org/blog/2005/01/do_us_troops_ta.html

John Hinderaker: http://www.powerlineblog.com/

Bernardo Sagastume

tendencias@agenciamp.com.ar

Agencia MP

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