
Artículo en cuestión:
Apuntes sobre la noviolencia del 15-M
El comentario:
25 de agosto de 2011, por Pablo
Hola otra vez, Miguel. Gracias por tus argumentaciones. Estoy aprendiendo muchas cosas en esta conversación. La verdad es que no voy a insistir en los mismos temas, porque entraría en aburridas repeticiones.
Me interesa lo que dices sobre el agotamiento de las formas políticas tradicionales. Estoy de acuerdo en lo del mantenimiento acrítico de inercias heredadas, lo estético y tal. No veo tanto lo de la falta de experimentación y lo de la desconexión de la sociedad.
Te intento explicar cómo veo yo la causa de ese desgaste. Me tengo que remontar bastantes décadas, porque no es un problema de hace dos días.
– En primero lugar, y lo más importante de todo, es el cambio en las “condiciones objetivas” (para algunas cosas está bien considerar los análisis que hizo Marx). La sociedad ha ido evolucionando en todo: en su manera de vivir (de rural a urbana, de precaria a consumista, de vida al día a vivir a crédito, de cooperativa a individualista…) y en su manera de pensar. En general la sociedad que yo conozco me parece más conservadora que hace 20 años, y ésta ya lo era más que la de antes de la guerra civil. Discursos y objetivos políticos que en los años 30 tenían amplio consenso, habían perdido parte de ese consenso en los años 70, y a día de hoy son superminoritarios. Ejemplo: socialismo y comunismo libertario eran deseos masivos en los años 30, había grupos importantes que los defendían en los 70 y hoy están en el olvido. Ergo, colectivos que sigan aspirando a eso (como algún que otro grupo de AA-Moc), por muy bien que se lo monten lo tienen bien crudo (lo que no quiere decir que se deba abandonar, como luego explicaré).
– Hoy día la sociedad masivamente desea eso que se llama “estado de bienestar”, y que es más o menos lo que tenemos (parlamentarismo liberal con capitalismo primermundista), pero mejorado a poder ser (no que sea menos capitalista, sino que reparta más dividendos). Colectivos que se dediquen a trabajar por eso tienen el viento de cara. Eso es lo que decía, condiciones objetivas.
Otra condición también objetiva tiene que ver con la desconexión y pérdida de memoria histórica. Los actuales viejos izquierdistas tuvieron su momento álgido en los años 70 y 80. Fue un izquierdismo ya muy descafeinado con respecto a lo que había habido antes. Pero es que en medio hubo una dictadura muy larga que trituró por completo cualquier tradición revolucionaria, incluyendo su recuerdo. Quienes tras el final del franquismo trataron de resucitar aquello lo hicieron muy a medias y se encontraron con otro tipo de sociedad. Lo que desarrollaron y lo que nos han transmitido a quienes estamos ahora estaba lleno de deficiencias como las que citas y otras que señalo a continuación:
– Las tradiciones revolucionarias clásicas, especialmente la libertaria combinaban una lucha –casi siempre sindical- por la mejora de condiciones de vida de la gente con una dimensión idealista y fuertemente ética (esa aspiración a la justicia y a la libertad que hacía a tanta gente entregar su vida a la causa). A partir de mayo del 68 –por poner un hito- y en España a partir de la muerte de Franco, la izquierda desecha la segunda dimensión y se queda únicamente con la primera. Es una adaptación a los cambios de la sociedad. En esa época en todo occidente la creación del estado de bienestar marcha a todo trapo. La gente ha abandonado el campo y las ciudades han crecido enormemente. La economía primaria se transforma en secundaria y rápidamente en terciaria. Los deseos de la gente en forma mayoritaria ya no son la justicia y la libertad, sino simplemente llegar a fin de mes, adquirir una vivienda, que los hijos vayan a la universidad e integrarse exitosamente en el nuevo proyecto de estado de ciudadanos diseñado por las élites. La izquierda trata de sobrevivir conectando con las sensibilidades existentes que son cien por cien materiales (de ahí el éxito de sindicatos como CCOO y UGT) o tratando de crear respuestas a algunas contradicciones del sistema que son socialmente incómodas (nacen los movimientos sociales). Evidentemente todas estas formas de hacer política nacen ya insignificantes y poco trascendentes puesto que apuntan a fines cada vez más reducidos y cada vez menos radicales. De hecho la sociedad entiende que en general no necesita a estos grupos activos y poco a poco les va dando la espalda.
En mi opinión el gran error de la izquierda en el estado español es precisamente haber pactado con las instituciones en la década de los 70 y haber abandonado el mensaje ético así como los planteamientos revolucionarios (salvo grupos tan concretos como minoritarios, que en general han adolecido de una falta clamorosa de pedagogía y análisis).
¿Y por qué ahora el 15-M? Pues por la crisis económica y el pánico que se está generando. La gente ya no tiene tan claro que la gestión de la sociedad esté en las mejores manos y comienza a salir a la calle a frenar reformas, buscar culpables, o por simple exteriorizar de forma compartida su malestar. El 15-M está recibiendo y canalizando todo eso. En otros sitios, como en Grecia o recientemente en Reino Unido ha ocurrido el mismo fenómeno pero con distinta manifestación. Pero precisamente por todo lo anteriormente dicho el propósito de este movimiento al final acaba siendo más conservador que otra cosa. Se pretende apuntalar el orden establecido, seguir disfrutando de los servicios que se tienen (pensiones, paro, sanidad…) y para ello se apuesta por corregir los defectos que se cree que han llevado a la situación (exceso de concentración de poder en gestores ineficaces y corruptos; los políticos de los principales partidos y exceso de margen de actuación de las instituciones financieras). A esos dos polos apunta casi toda la reivindicación. Pero lo que se pretende no es otra cosa que robustecer al estado para que regule la actividad bancaria impidiendo sus excesos, y crear mecanismos de control a quienes gestionan ese estado para –también- evitar sus excesos. Ni una palabra de romper con el sistema electoral o con el sistema económico capitalista. Ni una palabra crítica sobre la génesis del estado de bienestar, la mundialización de la economía y cosas así. Por todo ello es por lo que soy tan pesimista con respecto a la posible evolución de este movimiento, máxime cuando incluso la gente que tenéis unos planteamientos más radicales no los estáis apenas defendiendo allí porque pensáis que “no es el momento”.
Volviendo al inicio. ¿Cual es el reto de quienes estamos en política con una aspiración libertaria y anticapitalista? En mi opinión no cometer el error de volver a renunciar a nuestros principios para sumarnos a la marea social y sentir que somos muchos, que conectamos con la gente etc. Esto podrá ser verdad, pero ¿a qué precio? Creo que tenemos que seguir trabajando en nuestros propios proyectos y esforzarnos en que no sean estéticos y autorreferenciales sino que planteen mensajes nítidos y construyan alternativas reales. Por muy pequeñas que sean, pero reales. Y tampoco estar en una burbuja. Hay que estar en diálogo con el resto de la gente, por ejemplo participando en el 15-M, pero sin disimular nuestra propuesta, antes bien proclamándola sin complejo alguno, especialmente en su dimensión ética, que es la que más se echa en falta y la única que tiene capacidad de llegar al fondo de la conciencia de las personas y movilizarlas para luchas generosas y radicales.
Besos.