En Tortuga no compartimos esta generalización que juzga de la forma que se va a exponer al ecologismo todo. Conocemos personas y colectivos ecologistas que trabajan por el medio ambiente de forma integral y sin desvincularse de otras tareas y visiones revolucionarias. Sea el texto que sigue un a modo de denuncia de ciertas concepciones ecologistas (y animalistas) que efectivamente han hecho de lo biológico y material su única bandera. Nota de Tortuga.


Pero la conciencia dominante trivialmente inconformista, como el ecologismo, reduce la destructividad intrínseca de la vigente formación social a la causada en la naturaleza, concebida como marco biológico de la existencia humana y, sobre todo, como totalidad de lo humano, sin advertir lo más obvio, que la persona esta siendo triturada y liquidada a colosal escala, sobre todo en tanto que mente o espíritu, aunque también como corporeidad.

El biologismo prevaleciente, ideología inducida desde arriba, ha hecho perder la sensibilidad hacia lo humano y ha originado una incapacidad para percibir y deplorar, por no hablar de resistir y superar, la imperiosa y organizada destrucción de las facultades de reflexión, volición, relación afectiva, autorrespeto, memoria, eticidad natural y sensibilidad en curso; esto es, la constitución planeada de una
subhumanidad dócil, necia, torpe, postrada y perversa.

Ello lleva al ecologismo
a militar por la salvación del ser humano en tanto que no-humano,
como una especie animal más, lo que contiene una antinomia que explica
bien su agotamiento como movimiento y, más aun, su integración en el sistema de poder actuante.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).