
José Iglesias Fernández | Para Kaos en la Red
La socialdemocracia europea nunca se planteó “romper de raíz con la lógica de la acumulación privada capitalista’ (Karl Marx)
Fruto de un desacuerdo
Estas reflexiones están motivadas por una afirmación de Vicenç Navarro en la apertura de la Universidad Indignada 15-M (edición de verano) en la Plaza de Cataluña de Barcelona.[1] Dijo que no todos los partidos son iguales, sino que, allá donde gobiernan los partidos socialistas, las ayudas estatales son mejores. De alguna manera, había una llamada subliminal al voto, a defender la participación en el caso de un posible referéndum, es decir, a rechazar la abstención que algunos proponían y defendían ante la reforma por decreto de la Constitución de 1978 que se está aprobando por el PSOE-PP en las Cortes españolas.
En total desacuerdo con esta afirmación, sostengo que las democracias europeas, gobernadas por un bipartidismo de coalición, de índole entre conservadurismo/liberal en un período, y democracia cristiana/socialdemocracia en otro, los cambios de un bloque a otro efectuados por el péndulo electoral, a nivel de país, no han introducido diferencias sustanciales en el comportamiento del Estado del bienestar. Cierto que hay diferencias regionales en los programas sociales de una zona a otra de Europa, pero estas son más bien debido a la vecindad que existía con los países que componían el bloque soviético, como también a las posibilidades imperialistas que tales Estados podían practicar con el resto del mundo subdesarrollado (trasvases de plusvalía en el intercambio desigual).
Actualmente, sin modelos alternativos, como los que se practicaban en la URRS o la RDA, y en pleno triunfo del capitalismo neoliberal a nivel mundial, hoy el sistema se siente sin oponentes como para imponer en todo el planeta lo que en otros artículos hemos explicado como la era en la que el capitalismo maltusiano dominará y someterá a toda la población mundial.[2] Y un factor decisivo en la incorporación de políticas sociales, llamadas del bienestar, por parte y desde los Estados, hay que atribuirlo al pacto Capital-Trabajo suscrito por sindicatos y partidos socialistas al final de la II Guerra Mundial: reconocimiento por parte de los representantes del trabajo del derecho a la propiedad y a la gestión privada dentro de las empresas y bancos a los capitalistas, a cambio del reconocimiento legal a partidos obreros y sindicatos como interlocutores e únicos representantes de los trabajadores en negociaciones y convenios, así como en los asuntos relacionados con el mundo del trabajo.
Es duro, pero hay que repetirlo. Para el resto del mundo, la socialdemocracia nórdica,[3] tal como la añora V. Navarro en sus reflexiones, se ha convertido en una momia política cuyo valor es sólo paleontológico. Es decir, como añadiría Marx, la socialdemocracia europea (y entre ellas la nórdica) nunca se planteó “romper de raíz con la lógica de la acumulación privada capitalista”. Sin embargo, lo que sí hará el capitalismo maltusiano es desmantelar este modelo en los países europeos en muy pocos años. Casi 150 años más tarde, Ignacio Ramonet [4] opina que “la socialdemocracia, de ser una organización obrera, [se ha convertido] hoy en una de las clases medias urbanas acomodadas”.[5]
Con otro aviso para los ecosociodecrecentistas:[6] el capitalismo jamás eliminará las condiciones infrahumanas en que viven estas poblaciones, mucho menos dará lugar a que se cumpla la especulación que hacen estos agoreros, de “que si el nivel de vida de los países ricos se extendiese al de los pobres, el planeta estallaría”. En estos momentos, yo diría que el nuevo modelo de acumulación del sistema se orienta al de zona franca: pocas multinacionales en el mundo, con menos necesidad de producir y consumir masivamente, por tanto necesidad menor del uso de recursos naturales y de mano de obra,con mayores tasas de beneficios que las actuales, reduciendo fuertemente el ejército de reserva mundial, y sin ningún tipo de regulación laboral, ambiental y de gasto social. Por lo que, la utilización reiterada de los límites del planeta, del agotamiento de los recursos naturales, por parte de toda versión de verdes, se está convirtiendo en un mensaje peligroso que justifica al sistema a desarrollar tal modelo, así como tomar medidas maltusianas para controlar el volumen de las poblaciones que hace mucho tiempo no necesita. Como todavía hay quien está pensando que, con la austeridad individual en el consumo, cuando tantos millones de seres no pueden llegar a fin de mes, o están siendo desahuciados por no poder pagar las hipotecas o los alquileres, o tanta gente viéndose obligada a recurrir al banco de alimentos, o tantísima en los países con riquezas explotadas por las multinacionales, pero que sus habitantes mueren a millones, digo que aparece el alumbrado gurú de turno que nos tacha de consumistas impenitentes. Dice, para que nos arrepintamos, que “la violencia consumista es tan peligrosa como la violencia real. Ya lo decía Jesús de Nazaret, basta con una túnica.
Arriesgarnos a salir al camino, libres, para allí encontrar lo necesario para vivir”.[7] O de quién, describiendo en términos poéticos lo que son las maldades del capitalismo, se refugia en este lenguaje para ignorar deliberadamente que “los mil millones de terrestres que pasan hambre” es fruto de la lógica del sistema en su búsqueda permanente del beneficio, y no solo como consecuencia de las libres leyes del mercado (los mercados nunca fueron libres) y el desprendimiento de liberales gobiernos”.[8] Cómo si el sistema alimentario global no estuviese controlado por las multinacionales capitalistas de la alimentación, así como controlan la vivienda, la vestimenta, la educación y la sanidad, el ocio y las energías, los cines y el transporte, etc. Especialmente, se olvida que controla los Estados, y con ello, la capacidad de las políticas que han de seguir los gobiernos y la represión cuando las poblaciones nos oponemos.
A partir de ahora, como afirman los del Comité invisible, podemos concluir que “el capitalismo podrá apretar el cinturón a las poblaciones en nombre de la ecología, [una disciplina que se ha convertido] en la nueva moral del capitalismo”.[9] Así como que la crisis actual es mantenida y prolongada para poder privatizar sectores del gasto público en bienestar social tales como la educación y la sanidad, las pensiones y las ayudas sociales, los aeropuertos y loterías, y todo aquello que pueda aportar beneficios. Mediante la crisis, los poderes están forzando a los gobiernos a que la deuda sea pagada con la venta de estos sectores y otros industriales al capital privado, como los puertos y los aeropuertos, etc. Hay que agradecer a Vicenç Navarro su permanente denuncia de todos estos objetivos que persiguen los poderes. Son críticas que llegan hasta las políticas, e incluso ofrece soluciones dentro del sistema, pero la línea contra el capitalismo no la desea cruzar.
Los alemanes del Die Linke tampoco parecen desear el traspaso de esta frontera y situarse en el anticapitalismo. Dice Werner Dreibus, tesorero del partido alemán, preocupado por que su partido “ha perdido desde las últimas elecciones federales un tercio de su electorado, [que, para corregir estos resultados, hay que dedicar más importancia programática] al mundo del trabajo. La política de la izquierda tiene hoy más que ver con promesas sociales y una autorrealización emocional que con la participación en el mundo del trabajo. Esto supone también la necesidad de una crítica creciente a la cultura de la comunicación autoritaria, que se da, y no en último lugar, en la empresa y la administración. Eso significa participar en el mundo del trabajo, luchar por mejores salarios y condiciones de trabajo, un salario mínimo y una redistribución de la riqueza justa; para que las familias puedan trazar sus planes de vida sin preocupaciones y para los jubilados y alquileres asequibles; por la sanidad, la educación, el medio ambiente, la participación de la ciudadanía en una cultura de masas de calidad; por una «vida buena» en el día a día, la formación política y social”.[10] Es decir, la defensa de un programa socialdemócrata que tenga un fuerte impacto en el capitalismo y vuelva a ser aquel de la época de los sesenta a los setenta, tan humanitario.
Claro que tal recomendación es menos cínica que la que expresa el viejo reaccionario Joaquín Sabina, que cuánto más viejo se hace más reaccionario se convierte. Se pregunta el ‘artista’: “¿dónde carajo está la nueva izquierda sin complejos contra el viejo caimán de la burrez? Qué se sacudan la mierda de una vez”.[11]Se me hace difícil saber, o distinguir, entre la nueva y la vieja izquierda, como tampoco me queda claro si Sabina, en su compulsiva ansia de acaparar mierda, ya sólo le queda por apropiarse la vieja mierda de la nueva izquierda. Lo que me lleva a pensar que, aunque hay que admitir que es un tipo ocurrente, no deja se ser una mierda de tío.
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[1] 1 agosto del 2011.
[2] Ver José Iglesias Fernández. Malthus odiaba los pobres; Marx odiaba la pobreza; y Artur Mas y otros gobiernos aplican el capitalismo maltusiano para acabar con la gente de la RMI y otros desamparados.
En http://www.kaosenlared.net/colaboradores/joseiglesias
[3] Conjunto de países formado por Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia. Podríamos incluir en este modelo de bienestar social a países como Inglaterra, Holanda, Bélgica, Alemania, Suiza y Francia.
[4] Un personaje inclasificable por su ambigüedad calculada. Ver José Iglesias Fernández. Ignacio Ramonet: poder, periodismo e hipocresía. En http://www.kaosenlared.net/colaboradores/joseiglesias/1
[5] Citado por Fran Fuentes Arana. Bildu y el virus de la socialdemocracia.
En http://www.kaosenlared.net/noticia/bildu-el-virus-socialdemocrata
[6] Serge Latouche, JM. Alier, Carlos Taibo, etc. Ver José Iglesias Fernández. Sobre el decrecimiento y otras rendiciones (2010), y La miseria del decrecimiento. Cómo salvar el planeta con el capitalismo dentro (2011). Baladre / Libreando.
[7] Sin firma o identificación. Alerta roja al consumo. En http://www.kaosenlared.net/noticia/alerta-roja-al-consumo
[8] Gustavo Duch. La insoportable insostenibilidad del sistema alimentario global.
En http://www.kaosenlared.net/noticia/insoportable-insostenibilidad-sistema-alimentario-global
[9] José Iglesias Fernández. Antisistemas: el otro manifiesto contra el capitalismo (Una síntesis del libro La insurrección que viene). En http://www.kaosenlared.net/colaboradores/joseiglesias
[10] Werner Dreibus. “¡La izquierda tiene que pasar a la ofensiva!” Sin permiso 25 septiembre del 2011
[11] Joaquín Sabina. “Urgencias”. Público, 25 septiembre del 2011.
Ver también: Cotejando y encuadrando las teorías de Vicenç Navarro:
http://www.nodo50.org/tortuga/Cotejando-y-encuadrando-las
Cuidado con el socialismo y los socialistas reaccionarios
Causa estupor su apología del consumo, indiferencia ante los problemas medioambientales, majadero entusiasmo por la tecnología, propensión a considerar al ser humano como un animal de granja entre otros, con sólo necesidades fisiológicas, economicismo fantásticodogmático, afección al parlamentarismo y apología del Estado de bienestar (en lo que se identifica con el régimen franquista, instaurador en 1963 de dicha forma de aparato estatal), un componente sustantivo de la actual sociedad de consumo, esto es, de la trituración del medio natural.
Pero quizá lo más negativo del libro sea su proyecto de “destruir el capitalismo” apoyándose en el Estado (al que Marx denomina “Estado capitalista”, enfatizando que su destrucción por la revolución es necesaria)