Si lo fundamental es crear, lo decisivo es pensar. Si lo que cuenta es
ampliar la capacidad de nuestro espíritu, se concluye que lo cardinal es
pensar. Pensar aparte, pensar al margen, pensar en el silencio, pensar desde la propia experiencia. Pensar. Pensar siempre y construirse un mundo interior que no pueda ser debelado por nada ni nadie, inexpugnable.

Pensar es superior a saber, y a menudo uno y otro están en oposición. Pensar es desarrollar las propias capacidades intelectivas desde la realidad, que es el fundamento y la piedra de toque de la verdad, no desde lo libresco, lo doctoral, lo informacional, lo virtual o lo espectacular. Ello demanda una revolución interior, que incluya forjarse paso a paso el hábito de pensar en soledad, de manera regular. De ese modo, se pueden acumular fuerzas para derrocar, con una gran revolución democrática y rehumanizante,
la sociedad del no-pensar obligatorio, la actual.

Nuestras mentes gimen
hoy bajo montañas de palabrería y verborrea, de un numero infinito de
imágenes con ruidos, ordenes e incluso rugidos aterradores, por ello necesitamos
construir una sociedad silenciosa, en la que el espíritu pueda
realizarse y llegar a ser, en la que la persona alcance a escuchar su propia
voz interior. Para ello, tenemos que empezar por aprender el hábito de
cavilar, tarea individual, sí, y también colectiva, constituyendo comunidades
para practicar la ayuda mutua en el dominio de esta dificilísima disciplina
que, conquistada, puede darnos la victoria sobre la sociedad del
adoctrinamiento así como sobre lo que resta de la sociedad de las teorías y los dogmatismos. Con ello, el sujeto será construido desde dentro, autoconstruido,
y será por ello cualitativamente superior al sujeto actual.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).