Una inercia global de protesta y posible despertar político busca tomar las calles del mundo del 15 de octubre. ¿Se trata de una poderosa chispa de transformación o un fuego de petate, parte también de la sofisticada manipulación de la psique que, con seudo-revoluciones pop, mantiene el orden a salvo de una verdadera revolución?

2011 ha sido el año en el que el mundo se volcó a las calles para manifestar su desacuerdo con la clase gobernante —la cual parece tener en común en todos lados del planeta una ambición desmedida que va en contra, sin ningún reparo, de los intereses de la mayoría— y en algunos casos a confrontarla. El año estalló con las revueltas en Túnez y en Egipto y la ola se expandió a diferentes países del mundo árabe, contagiando por momentos a países europeos como Grecia, España e Inglaterra; en América Latina vimos quizás la más organizada y propositiva de las protestas en Chile; ahora en Estados Unidos quizás la más vital: la protesta contra la mafia que manipula las finanzas de las personas a favor de las suprapersonas (corporaciones y elíte en la cima de la pirámide). También este año, en una seguidilla del final del 2010, vimos el surgimiento del notable movimiento de hacktivismo encabezado por Anonymous, que acabó de sembrar en la imaginaria colectiva la idea de la organización dinámica de la sociedad para convertirse en una amenaza seria a la clase enquistada en el poder.
Entre toda esta excitación activista global surge la idea de fijar un día para tomar la calle, en una unión del pueblo, de lo que los teóricos del nuevo orden mundial llaman las “masas sucias”, de nosotros, en suma los que, más allá de conspiraciones, los desfavorecidos sistemáticamente por la forma en que se rige el planeta desde las altas cúpulas, que pese a su poder y dinero no demuestran ninguna “alta” conciencia o inteligencia si no es para acaparar más pedazos de un pastel que es una bomba de tiempo.

El 15 de octubre del 2011 se ha convocado en todo el mundo, de manera rizomática, usando el Internet como medio natural de difusión horizontal, a una manifestación callejera bajo la consigna de #revolución global y con la directriz de protestar en contra de esta clase gobernante que ha sido llamada “la élite”, “la corporatocracia” y demás nombres, todos un tanto imprecisos con los cuales se intenta agrupar a un cuerpo de poder que quizás no tiene tal unidad pero que ciertamente ejerce una opresión unificada (en el sentido de que es el 90% del planeta quien padece dicha opresión). Bajo estos bríos renovados se busca exigir derechos perdidos y realizar propuestas puntuales y, sobre todo, suponemos, contagiar a surfear esta inercia de despertar político con mayor fuerza, para que se desdoble y multiplique de manera tangible.

Si bien celebramos esta inercia, la cual seguramente es un poderoso reflejo de una especie de cambio en ciernes en la conciencia planetaria, advertimos también sobre cómo este tipo de movimientos suelen desvirtuarse, cooptarse y envanecerse. Por una parte recordamos las palabras de Slavoj Zizek al movimiento Occupy Wall Steet: “Los carnavales vienen fácil, lo que importa es el día después, cuando regresamos a la vida normal. ¿Habrá cambios entonces?”. El filósofo esloveno también llamó a los participantes —pero aplica para todos estos movimientos pop de protestas— a no enamorarse de sí mismos, algo que puede suceder fácilmente cuando el motivo de salir a la calle se convierte en verme protestando (salir en la foto de la fiesta) o en hacer algo para sentirme bien (porque en realidad diariamente no hago nada). Esto es algo comparable con lo que ocurre con el altruismo, se dona una cantidad para expiar la culpa de, cotidianamente, sustentar el sistema que hace, primeramente, necesarias tales donaciones (dicho de manera sencilla, pero como una metáfora para las vidas de todos: saqueo el petróleo de un país africano y luego les envío unos centavos a los niños de ese país). Protestar un día, indignadamente, es también muchas veces un paliativo un tanto banal, más una suerte de psicoterapia personal que un decidido compromiso colectivo congruente y constante que se hará sentir y traerá cambios verdaderos en hechos concretos.

El novelista Louis-Ferdinand Céline denunció que las votaciones son una forma moderna de indolente esclavismo, un enorme simulacro que mantiene aplacada —sin la violencia radical para derrocar— a las masas, bajo la ilusión orquestada de que ellos tienen el poder. Tal vez la clase gobernante ha aprendido ahora no solo a darles elecciones a las masas, sino también a darles festines de protestas, verbenas políticas de indignación —quizás consciente de que una vez que se consuma ese energía regresarán a casa mansamente, a seguir consumiendo su mismo estilo de vida.

También, como hemos visto en sitios como Libia, los movimientos sociales masivos —y no es mera conspiranoia— suelen ser recanalizados y cooptados por agencias como la CIA, con su característica infiltración, aprovechando la fuerza colectiva, la cantidad (capitalizable), para una nueva vertiente de ingeniería social en un inevitable reacomodo que solo en la fachada es un cambio.
Evidentemente con esto no queremos decir que no hay que salir a las calles. Por el contrario: queremos decir que hay salir a las calles con mayor conciencia y determinación, pero no hacer de este tipo de interesantísimas posibilidades de organización popular contestataria —ojalá zonas temporalmente autónomas como las ideadas por Hakim Bey— meros desfiles de narcissus narcosis, donde vayamos a sanear efímeramente nuestra falta de rumbo y de empatía por el mundo. Es decir, hacer propuestas fuera de la misma retórica que malabarean los políticos: tomar no solo la calle, sino el lenguaje, y acampar ahí el tiempo que sea necesario y de manera radical si es esto lo que llevará a algo significativo. No recurrir a la violencia pero sí convertirse en una fuerza pública, capaz de afectar y de contravenir los dictámenes y las actividades de la clase política (un buen ejemplo de logros concretos es Islandia). Esperemos que este sea un primer paso y vayamos ensayando una nueva forma de organización social activa capaz de usar, paradójicamente, la dinámica del caos, para avanzar hacia lo que tiene que ser finalmente —si lo que se busca es que la revolución deje de ser el mero eslogan que es hoy— un choque total, una luminosa destrucción de las viejas estructuras.

Quienes quieran participar en esta manifestación colectiva pueden buscar 15 O o 15 de octubre en Facebook y seguramente aparecerán las organizaciones locales. En la Ciudad de México se ha convocado este sábado 15 a las 12:00 pm en el Monumento a la Revolución.

http://pijamasurf.com/2011/10/15-o-revolucion-global-protesta-mundial-tomara-la-calle-el-15-de-octubre/

2 thoughts on “15-O Revolución global: Una protesta mundial tomará la calle hoy, 15 de octubre”
  1. 15-O Revolución global: Una protesta mundial tomará la calle hoy, 15 de octubre
    Pues yo no estoy de acuerdo con que esto parezca o sea un festival de protestas pijo-yuppi.

    De momento la gente se ha levantado del puto sofá. Y eso no es poco.

    Lo repito en mayusculas para que quede bien claro: NO ES POCO.

    De segundo, ha decidido claramente que no necesita ni lideres ni un «programa de reivindicaciones concretas vendible».

    Y esto tampoco es poco. ¿Lo repito en mayusculas?

    De tercero, todos los intentos del poder por controlar el tema, han fracasado estrepitosamente: La gente no se ha vuelto violenta a pesar de las provocaciones. Esto TAMPOCO ES POCO.

    De cuarto, esto no tiene pinta de acabarse. Despues del 15-O vendrán muchas mas movilizaciones, en muchas mas ciudades y en muchos mas paises.

    Por muchos mas temas, y asi hasta que las rigidas instituciones se hagan humanas, en lugar de que los humanos nos institucionalicemos y nos quedemos rigidos.

    Así hasta que el ultimo de la fila tenga un puto bocadillo identico al del primero de la fila. Sin excepcion.

    internete
    1234567

    PD: La humanidad por fin se levanta contra la opresión. Cansada, dolorida, semi-apatica, pero se levanta…

    Empezamos por fin a caminar de pie y erguidos.

    A algunos todavía les parecerá POCO.

    Supongo que son los mismos que se han integrado ya en el capitalismo-militarista de consumo, y se detestan tanto a si mismos que preferirían que estallase el holocausto nuclear que tanto nos atemorizaba en la infancia (curiosamente ya no), solo que esta vez sean los «revolucionarios» los que aprieten el puto botón que dice «THE END».

    Por suerte, hay mucha mas gente sensata y harta, de lo que parece a primera vista…

    Las elites corruptas están convencidas de que esto no va a ninguna parte, simplemente esperan que nos cansemos.

    Algunos estamos convencidos de TODO LO CONTRARIO. A pesar de articulos como este que parecen escritos por las elites corruptas, o al menos a la idonea medida de su particular (y totalmente equivocado) punto de vista.

    ¿»La Verdadera Revolucion»?… Dice.

    Asi, con las iniciales mayusculas…

    ¿Cual es esa?… ¿La Tortilla Francesa o la Ensaladilla Rusa?

    ¿La de la guillotina, o la de la bayoneta?

    Si existe algo que pueda llamarse «Verdadera Revolucion», no te quepa duda: Está dentro, no fuera.

    Despierta, que YA SALE EL SOL…

    Y lo mueve TODO.

  2. 15-O Revolución global: Una protesta mundial tomará la calle hoy, 15 de octubre
    Cómo no, la CIA. Me parto…

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