Manuel M. Navarrete

Tomado de La Haine

Con estas líneas me gustaría responder brevemente a un extenso artículo de José López, Los peligros de la #SpanishRevolution, con cuyos planteamientos no estoy de acuerdo y que se cierra con una apelación a los lectores, de los que dicho autor desea conocer su opinión.

1) Para empezar, la “revolución española” (decían por Latinoamérica que harán la revolución en castellano, no en ruso… Mucho menos la haremos nosotros en inglés) ni existe, ni ha comenzado, ni puede comenzar dentro de los (auto)límites que se han impuesto las actuales movilizaciones. Además, las movilizaciones existentes no han cuajado por lo que sucediera en otras partes (incluyendo la “primavera árabe”) o épocas (¿mayo del 68?), sino porque aquí y ahora se han dado las condiciones sociales, cimentadas en una crisis que manda a la ruina a sectores cada vez más amplios de la población.

2) El verdadero peligro para la movilización social es precisamente que se impongan los planteamientos que defiende José López, según los cuales hay que dejar a un lado toda temática socio-económica, para centrarnos en la lucha por determinadas reformas institucionalistas que no cambiarían nada (revocabilidad de cargos públicos, referendos frecuentes y vinculantes, modificación de la ley electoral, separación de poderes). Y es que, según López, tal enfoque parte de la necesidad de reivindicar “cosas concretas”. Ahora bien, ¿qué es más concreto? ¿La separación de poderes? ¿O la derogación de la reforma laboral, la derogación de la reforma de las pensiones, la edad de jubilación a los 65 años, la eliminación de los contratos basura, las 35 horas semanales, el reparto de trabajo, las medidas conciliación de la vida laboral y doméstica (ampliar la baja por paternidad y maternidad, crear un sistema de guarderías públicas, etc.)? Es más, ¿qué tienen de abstracto todas estas reivindicaciones?

3) Según López, la “democracia directa” en las plazas le ha dado una lección a la falsa democracia que defiende el sistema. Yo creo que ya es hora de ser menos autocomplacientes, más autocríticos y más realistas. ¿Por qué va a ser más democrático, en sí mismo, el que 50 personas se reúnan y voten en una plaza que el que 18 millones de personas voten en las urnas de las municipales a PSOE, PP, UPyD y otros partidos del sistema? En todo caso, las asambleas barriales sirven como importante paradigma de modos de participación más cercanos a la gente llana, modelo que debe desarrollarse hasta, efectivamente, dar algún día una lección a la “falsa democracia”. Estoy de acuerdo. Pero no idealicemos nuestros logros.

4) Dice su artículo que el poder desea que seamos violentos para poder reprimirnos. Esto supone un análisis escandalosamente poco riguroso del papel que desempeña la violencia en la defensa de (o ataque a) un orden social. Ya decía Marx en el Dieciocho Brumario que es la república democrática, y no la monarquía autoritaria, la forma más perfecta de dominación capitalista. El poder sólo recurre a la violencia, a la porra policial, al golpe pinochetista cuando está en riesgo su dominación. ¿Cómo va a desear el poder llegar a esa situación de riesgo? Si el 15 M se limita a organizar pacíficas manifestaciones de masas, eso le interesa al poder, ya que no le hace el menor daño (si bien las manifestaciones no deben subestimarse, en tanto que demostración de fuerza y símbolo de una quiebra de legitimidad). En ese sentido, es un error que la palabra “huelga” aparezca una sola sola vez, y de manera completamente subsidiaria, en este artículo (y ello a pesar de que el 15 M ha avanzado mucho en ese aspecto y tiene ya en su agenda la organización de una huelga de producción y consumo). En realidad, sólo cuando comencemos a organizar huelgas estaremos en disposición de lograr alguna de nuestras reivindicaciones. Y, en cuanto tomemos ese camino, como sabe cualquiera que haya participado alguna vez en un piquete, se acabó el camino del “pacifismo”.

5) Adolecen las tesis de López de cierto fetichismo parlamentario, en consonancia con el ala derecha del 15 M (precisamente el que fomentan los medios de comunicación capitalistas) y obviando la existencia de planteamientos mucho más avanzados dentro del movimiento. Según López, primero hay que conquistar una ley electoral justa para, desde el parlamento, o haciendo uso de ILP’s, cambiar –en suma– el sistema desde dentro. ¿Cambiarían las cosas con una ley electoral que permitiera que las opciones anticapitalistas tuvieran unos cuantos diputados más? ¿Debemos recordar que la IU de Anguita tuvo 21 diputados? ¿Debemos recordar que el parlamento cuenta con 350 asientos? ¿Que el PSOE, el PP u otros partidos procapitalistas acaparan el 95% de los votos, algo que no puede esconder ninguna ley electoral? Si lo fundamental es generar contrahegemonía ideológica, ¿por qué deberíamos centrarnos en cosas como la ley electoral o la división de poderes? La gente no ha salido a la calle por el spam de DRY, ni por la convocatoria a través del Facebook, ni tras leer libros de Montesquieu. La gente ha salido a la calle porque hay crisis, paro, desahucios, recortes sociales y degradación (y, sólo entonces, ha empezando a comprender que “lo llaman democracia y no lo es”). Sólo eso, sus verdaderos problemas, puede motivarlos para luchar y cambiar las cosas. O, por usar las palabras de José López, sólo eso es concreto para ellos, y no abstracto.

6) En resumen, el verdadero peligro es, precisamente, el contrario del que López advierte: el peligro sería que el 15 M deje a un lado toda temática socio-económica y concreta, para centrarse en determinadas reivindicaciones institucionalistas y abstractas. Que deje a un lado toda táctica basada en el mundo del trabajo (empezando por la huelga general indefinida, que es lo único que asusta al poder), para centrarse en inofensivas manifestaciones pacíficas o asambleas que nunca serán tan masivas como los votos a partidos procapitalistas el próximo 20-N. Que se alíe a una izquierda política para la cual lo fundamental es el juego parlamentario, en lugar de la lucha en la calle y en los tajos, de la cual el parlamento sólo puede ser mero altavoz. Que sacralice el pacifismo en abstracto, obviando que la burguesía jamás cederá por las buenas sus privilegios y que en toda situación de huelga se produce un choque de fuerzas entre dos piquetes: el policial y el de los trabajadores. Que olvide que la lucha contra los recortes sociales es la única que puede permitir el avance de un proceso de acumulación de fuerzas que no ha hecho más que empezar, ya que, como hemos dicho, la gente no ha salido a la calle a causa del mensaje difundido por internet por unos universitarios bienintencionados o a causa de sesudas reflexiones teóricas sobre la forma institucional, sino a causa de su situación socio-económica, de la crisis, de los recortes.

Esperemos que los indignados, como nuevos Teseos, sepan escapar de la trampa colocada por el rey Minos en este nuevo Laberinto. Para ello, no les vendrá mal recordar la existencia de un hilo de Ariadna que les permitirá salir de la trampa: el análisis de clase de las sociedades legado por la teoría marxista. Un hilo rojo que determinados sectores del movimiento se empeñan en romper, para hacernos retroceder a aquella época en el que, al no existir teóricamente las clases y ser todos “ciudadanos”, se nos hacía imposible entender por qué unos eran más ciudadanos que otros.

4 thoughts on “Los indignados en su laberinto de Cnosos (una respuesta a José López)”
  1. Los indignados en su laberinto de Cnosos (una respuesta a José López)
    Compartiendo en buena parte las impresiones del articulista críticas con la insuficiencia revolucionaria del 15M y con su apuesta ciudadanista de reforma institucional estoy casi igual o más en desacuerdo con lo que él propone a cambio. No creo que los tiempos estén ya para hilos rojos, piquetes, huelgas y proletarios luchando en los centros de producción. Este discurso, en mi opinión, no se ajusta a la realidad que tenemos ahora y pertenece a esa visión de las cosas propia de la vieja izquierda comunista, rancia, según se la denuncia desde el propio 15M. Los agentes sociales sujetos de esas pretendidas acciones –los trabajadores conscientes y organizados frente al capital- hoy día en nuestro estado son algo casi tan mítico como Teseo y el Minotauro. No hay más que ver qué hacen masivamente tales personas en cada jornada electoral. No creo que la dicotomía tenga que ser obligatoriamente la tradicional lucha sindicalista a base de huelgas generales frente a las manifestaciones globales que expresan indignación. Vivimos tiempos nuevos que necesitan odres nuevos, y estos solo pueden darse creándole alternativas al sistema, no siguiendo sus inercias ni como ciudadanos en pos de beneficios o servicios por parte del estado, ni como obreros asalariados. Saludos.

  2. Los indignados en su laberinto de Cnosos (una respuesta a José López)
    ¿No os dais cuenta que el «sistema» es mucho más inteligente que nosotros? Les conviene tener a la gente luchando por cosas que ya se tenían, luchas de los años 70, con consignas ya usadas porque ya había trabajo, ya había condiciones laborales, sanitarias y de vida, en general. Nos las han quitado y las volvemos a querer, ¿no? ¿Para qué? ¿Para poder volver a consumir sin límite? ¿Sin que nos importe que haya países enteros en la mierda para que nosotros podamos estar tranquilos?

    Huelga, sí. No consumir, no producir, también. Pero buscar alternativas, elecciones de vida diferentes, es lo fundamental.

    O si no, la lucha del 15M, de todas estas revoluciones a las que tanta gente se ha apuntado ahora (que están jodidos, antes que había desigualdad y miseria, pero la de otros y no la propia, a la gente se la sudaba), sólo servirá para volver a ser borregos.

    Ojalá no sea así…

  3. Respuesta de José López al buzón de Tortuga
    ¿Manipulado?

    El Metaindignado Manuel M. Navarrete manipula o malinterpreta los artículos de José López. Este debate surgió a raíz de mi artículo Los peligros de la #SpanishRevolution, el cual fue criticado por Navarrete en Los indignados en su laberinto de Cnosos (una respuesta a José López), el cual fue a su vez contestado por mí en Con la izquierda dogmática hemos topado.

    Manuel M. Navarrete dice que se ha sentido ofendido por haberme servido de “cabeza de turco” en mi crítica a los izquierdistas dogmáticos. Sin embargo, he de decir que, a pesar de sus declaraciones, en las que denuncia el dogmatismo, él no aclara las cuestiones clave que yo le planteé. Somos lo que decimos y hacemos, no lo que decimos que somos. Yo creo que más que ofenderse debería haber explicado su postura. Él me acusó de “reformista” y yo no me he sentido ofendido (no es ofensivo ser reformista, como no lo es ser revolucionario, como no lo es ser dogmático), simplemente intenté explicarme para demostrar que no lo soy. Me sigue sin quedar claro si él está a favor de la dictadura del proletariado o no, si cree que hay que cuestionarla o no. Parece que no está de acuerdo con defenderla con esas palabras, pero no nos ha explicado nada más. Los marxistas más dogmáticos no se atreven ni siquiera a cuestionar la dictadura del proletariado. Tal vez Navarrete no lo sea, pero habríamos salido de dudas si él hubiera explicado su postura respecto del “mandamiento” que dice que el proletariado sólo puede dominar con su dictadura.

    Manuel falta a la verdad cuando dice a modo de titular de su último artículo que “López establece prioridades teleológicas que nos invitan a olvidar o postergar reivindicaciones económicas que él califica de “imposibles””. ¿Puede decirnos Navarrete dónde digo que las reivindicaciones económicas son “imposibles”, por qué la lucha por la democracia nos invita a “olvidar o postergar reivindicaciones económicas”? Una de dos: o Manuel no se ha leído mis artículos con suficiente atención (tal vez se los haya leído demasiado rápido y su orgullo personal le haya cegado un poco) o simplemente está manipulando lo que yo digo. A mí me indignan mucho los manipuladores. Me gusta debatir, aprecio la crítica (constructiva), la cual, como tantas veces he dicho, me parece imprescindible, pero reconozco que me indigna la gente que de manera malintencionada tergiversa lo que dicen otras personas. ¿No digo que estoy de acuerdo con él en que hay que luchar contra la ofensiva neoliberal para deshacer las contrarreformas del capital? Cualquiera puede comprobarlo.

    Sin embargo, Manuel me ha proporcionado la oportunidad de aclarar todavía más mi postura. Yo creo que en las condiciones actuales es muy difícil (pero no imposible) lograr dichas reivindicaciones inmediatas si no se produce un verdadero y profundo cambio político. Lo cual no significa que no haya que luchar por dichas reivindicaciones, que no haya que intentarlo. Es precisamente por eso mismo por lo que ha surgido el movimiento 15-M. Mucha gente se ha dado cuenta de que se necesita cambiar el sistema. Tenemos un “error de sistema”, como dicen los indignados muy acertadamente. “Si no hay solución habrá revolución”, proclamaba mucha gente ayer en las calles. La dictadura burguesa se está delatando cada vez más. Mucha gente empieza a pensar que es muy difícil evitar las actuales políticas sin cambiar de sistema. Esto supone un gran cambio cualitativo, un gran paso para el pueblo, que realmente empieza a ser consciente de la situación. El pueblo (una parte de él cada vez mayor) empieza a ver la raíz de los problemas, el tronco, y no sólo las ramas. Empieza a darse cuenta de que no basta con podar las ramas, de que si el tronco está podrido volverán a crecer ramas podridas, todas las ramas se van pudriendo. Tras las elecciones del próximo 20 de noviembre (todos sabemos qué partido ganará, en todo caso que sólo hay dos ganadores posibles), ¿alguien cree que el “nuevo” gobierno gobernará de acuerdo con el interés general, a favor de la inmensa mayoría, del 99%? Si sale el PP hará lo mismo, incluso peor. Y si gana el PSOE (algo muy improbable), también. En la “democracia” actual todos los gobiernos gobiernan siempre a favor de los mismos: el 1% de la población (esta cifra no es exacta, es una manera figurada de decir unas minorías). Si lográramos una democracia de verdad, es decir, recordando el significado de su palabra, el poder del pueblo, el gobierno del pueblo, ¿no sería más probable lograr las reivindicaciones socio-económicas de las que hablamos, no sería más probable que los gobiernos gobernaran de acuerdo con el interés general, no sería más probable un gobierno que beneficiara a la inmensa mayoría en vez de a unas minorías? Yo creo que es obvio que sí.

    Soy consciente de la enorme dificultad de conquistar la democracia, pero también de la enorme dificultad de lograr gobiernos que gobiernen para el pueblo mientras el poder no sea del pueblo. ¿Cree Manuel que se necesita una revolución? Yo (como mucha gente) sí creo que es necesaria, que ya empieza a ser posible. Y he dicho, y argumentado, que es necesario (para llevar a cabo la revolución social) alcanzar la democracia política, sin la cual no es posible transformar radicalmente la sociedad. Si Manuel piensa que es posible hacerlo sin desarrollar la democracia, que nos lo explique, que nos diga cómo. Quizás logremos parar al capital en esta “democracia” actual, quizás logremos deshacer las contrarreformas neoliberales, pero seguro que no podremos lograr mucho más, seguro que no podremos, por ejemplo, lograr otro tipo de economía sin conquistar primero, o en todo caso, si se quiere, al mismo tiempo, una democracia política que merezca tal nombre.

    Podemos (aunque cada vez es más difícil), quizás, conseguir suavizar algo el capitalismo en el marco de su oligocracia (podemos lograr ciertas reivindicaciones económicas, como las mencionadas por Navarrete), pero no podemos ni siquiera intentar superar el capitalismo con la “democracia” burguesa, con su plutocracia. Antes de emprender un viaje necesitamos el vehículo adecuado. Sin la infraestructura adecuada es imposible construir nada. El objetivo a medio/largo plazo debe ser una sociedad más libre y justa, es decir, hay que superar el capitalismo. Ese vehículo, esa infraestructura, es la democracia política. Es decir, yo pienso que no puede lograrse la democracia económica si primero no se logra la democracia política. Para poder expropiar a la burguesía se necesita primero que la gente, que la mayoría, desee hacerlo.

    Para que llegue al poder político un partido realmente socialista, primero debe tener verdaderas posibilidades de hacerlo. Yo pienso que el socialismo debe elegirlo el pueblo, no hay que conquistar el poder político por la fuerza sino que de manera democrática, para lo cual se necesita la democracia real, y no el paripé que tenemos ahora. Si Manuel no está de acuerdo con esta idea, que nos explique por qué. Si él defiende la conquista del poder político por la fuerza, que lo diga claramente. Si él piensa que es posible lograrlo todo a la vez, que lo diga claramente. Pero no, él se limita a decir que José López “califica imposibles” las reivindicaciones económicas (¿las reivindicaciones económicas?). Navarrete no sólo no dice por qué según él estoy equivocado sino que mezcla, no sé si de manera intencionada o no, las cosas.

    Cuando todas las ideas puedan fluir libremente por la sociedad, inevitablemente, se empezará a hablar (no sólo en círculos minoritarios, marginados, izquierdistas) de aplicar la democracia en las empresas, e inevitablemente se planteará la cuestión de la propiedad de los medios de producción. ¿Es posible gestionar democráticamente lo que no se posee? ¿Cómo propone Manuel alcanzar el socialismo (si es eso lo que quiere)? ¿Imponiéndolo a la gente? Yo pienso que el socialismo sólo puede construirlo el pueblo libremente, cuando se convenza de su necesidad, pero para convencerlo debe tener ocasión de conocer todo tipo de ideas (ahora no puede pues las ideas anticapitalistas son marginadas en los grandes medios de “comunicación” capitalistas, como no podía ser de otra manera). No estoy diciendo nada nuevo realmente. Marx o Lenin ya dijeron que no era posible la revolución social, económica, sin la revolución política. ¡Pero en algo se debieron equivocar para que el tiro saliera por la culata! Como he explicado en diversos escritos míos, a mi modo de ver, se equivocaron en la manera de plantear la cuestión de la conquista del Estado burgués, al plantear un concepto ambiguo, impreciso, que podía interpretarse de diversas maneras, algunas de ellas muy peligrosas, como fue el concepto de la dictadura del proletariado, el talón de Aquiles del marxismo.

    Que alguien me explique por qué no es posible luchar por deshacer la reforma laboral o de las pensiones, por poner un par de ejemplos, luchando también por la democracia real. Yo no veo por qué. Hubiera sido deseable que Manuel que afirma eso nos lo hubiera explicado un poco. Pero él se limita a hacer afirmaciones sin sustentarlas en argumentaciones (además de poner en boca de mi persona cosas que no he dicho, que son justo lo contrario de lo que he dicho). Es, cuando menos curioso, que alguien que afirma que la hoja de ruta para el cambio sistémico planteada por otros (en este caso yo) es irrealizable, o estéril (según él las medidas de desarrollo democrático como la revocabilidad de los cargos públicos, la modificación de la ley electoral, el mandato imperativo, la separación de poderes,… no servirían de nada), al mismo tiempo, cuando se le pregunta por qué o se le pide que él nos diga cuál es su hoja de ruta, nos diga que él no sabe, que es incapaz, que no puede responder. O sea que no sabe cómo podemos avanzar hacia la revolución, pero sí sabe que lo propuesto por mí no vale (no olvidemos que todavía no se ha intentado en la práctica). Curioso. Por lo menos, podría habernos explicado por qué él cree que lo propuesto por mí no serviría. Pero no, basta con afirmarlo.

    ¡Amén! Si Navarrete no es un dogmático, como él dice, se le parece mucho. Los dogmáticos no explican, afirman, no argumentan, proclaman solemnemente, no concretan, no contestan a las preguntas de sus contrincantes en los debates. Los dogmáticos también suelen manipular las ideas de sus contrincantes.

    Intuyo que Manuel no se ha molestado en leer algunos de los artículos referenciados por mí, como La separación de poderes. En él explico que no se trata ya sólo de separar los tres poderes “clásicos” de los que hablaba Montesquieu (ejecutivo, legislativo y judicial), sino de separarlos todos, especialmente respecto del poder económico. ¿No he insistido suficientemente en esta cuestión? ¿No es un poder la prensa? ¿No es un poder el poder económico? La idea de Montesquieu, adaptada a los tiempos actuales (pues en su época, por ejemplo, la prensa no estaba tan desarrollada, ni el poder económico tenía tanto poder, no estaba tan concentrado) sigue siendo válida. El problema, precisamente, es que la burguesía, sabedora del peligro que entrañaba para su dominio, no la ha llevado a la práctica. ¿Es posible una prensa libre si no es independiente, si depende del poder económico o político? ¿Es posible la democracia si el poder político es financiado por el económico? ¿Pueden los sindicatos defender a los trabajadores contra el capital o el gobierno cuando son financiados por el poder político, financiado a su vez por el económico?

    Separar los poderes es hacerlos independientes entre sí, lo cual permite que ellos se controlen mutuamente. Lo cual no significa que sólo deban controlarse ellos entre sí.
    Antaño la prensa era más prensa porque era menos dependiente del poder económico. Ahora se ha convertido en un apéndice de la oligarquía, ahora es el “cuarto poder” (en verdad el primero, pues gracias a él la oligarquía capitalista controla ideológicamente al conjunto de la sociedad, le lava el cerebro). No habrá una democracia real sin una prensa real. No habrá una democracia real sin, entre otras muchas cosas, una eficaz y real separación de poderes, uno de los pilares de toda democracia (como muy bien sabe la burguesía, por eso lo incumple).

    (sigue)

  4. Respuesta de José López al buzón de Tortuga II
    (viene de)

    Podríamos incluso decir que la democracia es descentralizar poder, es la máxima separación posible de poderes. Mientras no podamos prescindir de la democracia representativa, deberemos procurar separar todos los poderes existentes todo lo posible.
    Intuyo que Navarrete sigue preso del concepto de la dictadura del proletariado, de una de sus interpretaciones, que confundía la democracia con la “democracia” burguesa, con la oligocracia burguesa (¡qué bien le vino esta confusión a la burguesía en la guerra ideológica!), que negaba toda democracia, que renegaba de todos los conceptos teóricos de la democracia liberal, incluido el de la separación de poderes. Y digo intuyo porque, desgraciadamente, Manuel no ha querido aclarar su postura al respecto. Le acusan de dogmático (tal vez injustamente por mi parte), pero él no se molesta realmente en aclarar si lo es o no y, lo que es peor, actúa como tal, o por lo menos de una manera que se le parece mucho. Pues en cierta izquierda “marxista” existe un dogma que afirma que nada de la democracia burguesa es reutilizable, que la democracia debe tener apellidos, que es obrera o burguesa. A mi parecer, como ya he explicado en otros escritos, la democracia verdadera no debe tener apellidos, no es burguesa u obrera, simplemente es el gobierno del pueblo, de la mayoría. El proletariado sólo puede dominar en el marco de una democracia real, pues el proletariado es la mayoría. Lo que sí tiene apellidos es cualquier dictadura, pues es el gobierno de ciertas minorías sobre la mayoría. Navarrete parece sucumbir ante dicho dogma. Él, tal vez, pretenda no ser dogmático, pero, tal vez, no lo consiga. Tal vez. En base a lo que dice, por lo que no dice, no podemos saberlo realmente. Sólo podemos hacer deducciones.

    Lo interesante de este debate Manuel lo elude y él se centra en lo personal, aprovechando que yo no he tenido más remedio que remitir a ciertos escritos míos para desmentir cosas que Manuel dice que yo defiendo pero no defiendo. A mí me hubiera gustado que Navarrete hubiera respondido (no por hacerle una entrevista o interrogatorio, no se trata de eso, por favor, sino para intentar hacer avanzar el debate, estamos hablando de cosas muy serias e interesantes), a las cuestiones que le planteé, ninguna de las cuales ha sido contestada: 1) ¿Por qué la izquierda anticapitalista no es capaz de abanderar la indignación ciudadana? 2) ¿Cómo superar los prejuicios que tienen los ciudadanos con respecto al marxismo, socialismo o comunismo en los tiempos actuales? 3) ¿Cómo superar el capitalismo hoy en día? ¿Cómo lograr la hegemonía del proletariado, de la inmensa mayoría? ¿Cómo avanzar hacia el socialismo? ¿Está a favor de la dictadura del proletariado? ¿O, por el contrario, piensa que es posible avanzar hacia el socialismo en el marco de la actual “democracia” burguesa? ¿Puede esta “democracia” evolucionar para ser una democracia real? 4) ¿Es posible la democracia económica, es decir, el socialismo, sin desarrollar primero, o al menos simultáneamente, la democracia política? ¿Cómo? 5) ¿Debe retocarse la teoría revolucionaria, el marxismo? ¿Hay que cuestionarla? ¿En qué? 6) ¿Es posible prescindir de la democracia representativa? ¿Democracia directa o democracia representativa, o ambas? Respuesta del señor Navarrete: Yo no sé pero sí sé que lo que plantea el señor López es imposible, no sirve de nada, es contraproducente, pero no me pregunten por qué. ¡Amén! Tal vez estemos ante un profeta. Manuel no nos ha aclarado ni siquiera cuáles deben ser, en su opinión, los objetivos del movimiento 15-M. Parece que para él sólo se trata de luchar contra los recortes neoliberales. ¡Y luego dice que yo soy un simple reformista! ¿No lo será él?

    Yo no puedo estar seguro de muchas cosas que digo (la práctica es la que dirá), pero sí puedo afirmar que sin suficiente libertad, es decir, sin suficiente igualdad, no es posible encontrar las mejores soluciones para los problemas que nos afectan de manera crónica. Sí puedo afirmar, nos avala la historia y el más elemental sentido común, que la verdad sólo puede abrirse camino cuando se enfrenta a la mentira de igual a igual. En las condiciones actuales, con la “democracia” burguesa, esto es por lo menos muy pero que muy difícil (parece mentira que esto haya que recordárselo a alguien que escribe en medios de la prensa alternativa), pues unas ideas se imponen artificialmente sobre otras, pues las ideas no se enfrentan entre sí en condiciones de igualdad. Si establecemos una democracia real, sí que habrá posibilidades para que podamos, por fin, no sólo resolver los problemas más inmediatos, sino transformar la sociedad radicalmente.

    Sí puedo afirmar, la historia nos habló con contundencia, que la dictadura del proletariado fracasó (como ya advertían muchos revolucionarios al dar sus primeros pasos la URSS), entre otros motivos, por prescindir de algunas libertades (que algunos consideran “burguesas”) como la de reunión, la de asociación, la de expresión, la de pensamiento. El régimen político de partido único que se implantó en la URSS y en los países que la imitaron fue un serio obstáculo para el socialismo. El socialismo no puede desarrollarse sin libertad, sin democracia. De aquí la importancia que yo le doy a la democracia, a la infraestructura política. El mismo Lenin se dio cuenta de su error al infravalorar la importancia de la democracia política al final de su vida, cuando ya era demasiado tarde, cuando ya no pudo hacer nada. Él se planteó reinstaurar el pluripartidismo (si bien sólo para los partidos que defendían el socialismo, lo cual era aún un error). Trotsky también se dio cuenta (hasta cierto punto) cuando ya era demasiado tarde, cuando la burocracia “soviética” ya dominaba irremisiblemente la situación. Él reivindicó desde el exilio durante mucho tiempo la revolución política en la URSS. Pero dicha revolución nunca llegó, la URSS implosionó. Muchos marxistas de esa época se equivocaron al intentar construir el techo (la democracia económica) prescindiendo del suelo (la democracia política). Y ello ocurrió, entre otros motivos, porque interpretaron mal el marxismo, cuyo ADN es el materialismo dialéctico que dice que las causas y los efectos pueden intercambiarse, que aunque la economía es la base de la sociedad, puede ser cambiada desde la política. La democracia política es la infraestructura esencial del socialismo. Sin ella no es posible superar el capitalismo. Es condición necesaria, pero no suficiente. Muchos marxistas en la actualidad siguen sin aprender la lección, pues son presos de los dogmas, siguen aferrados a unas ideas estáticas, que con suficiente tiempo, probablemente, hubieran sido desechadas por quienes las desarrollaron inicialmente. De hecho, fueron en parte cuestionadas por ellos mismos, aunque de manera insuficiente. Quien no cuestiona es dogmático. Quien es dogmático tropieza con la misma piedra una y otra vez. Por esto yo creo que Navarrete, a pesar de negarlo, es en verdad dogmático, por lo menos en cierto grado nada despreciable.

    Existe un peligro que acecha al movimiento 15-M, el cual ya mencioné en su día en el artículo original objeto del presente debate Los peligros de la #SpanishRevolution: que los indignados se conformen con poco, con una simple vuelta a la situación que teníamos antes de las contrarreformas neoliberales, que los ciudadanos que, por fin, hemos empezado a despertar y salir a las calles, nos conformemos con migajas. Deberíamos comprender por qué se han producido dichas contrarreformas, por qué se produjo esta crisis, por qué esta crisis es una estafa, por qué la verdadera crisis es el sistema capitalista, deberíamos darnos cuenta de que mientras las actuales élites sigan en su posición de dominio ideológico, político, económico, como mínimo, estaremos expuestos a sucesivos ataques del capital. La humanidad ha llegado a un punto crucial de su historia en el que la lucha de clases tiene que acabar.

    Pero sólo podrá acabar cuando la ganen las clases populares, los trabajadores (activos, desempleados y futuros, como los estudiantes). De esto es de lo que debemos hablar también, de cómo lograr despojar a las minorías del dominio social. La humanidad sólo tiene un futuro digno, incluso sólo un futuro, si toda ella, en conjunto, toma las riendas de su destino. ¿Y qué es eso sino la democracia?
    Para que quede del todo claro (ya no sé cómo expresarme): yo estoy a favor de las luchas socio-económicas inmediatas, de la lucha sindical, de las huelgas.

    Como ya he dicho, mientras la clase trabajadora no participe activamente en el 15-M no será posible avanzar hacia la revolución. No habrá revolución sin los trabajadores. El país debe ser paralizado por quienes lo hacen funcionar, para lo cual no hay más remedio que intentar la huelga general (¿por qué no incluso europea, mundial?). Lo más prioritario es satisfacer las necesidades materiales más inmediatas y urgentes de los ciudadanos. Pero esto no impide luchar también para cambiar el sistema, para atacar a la raíz del mal. Al contrario.

    Mientras el mal siga allí, estaremos condenados, como mínimo, a la incertidumbre, a la inseguridad, a la inestabilidad, a la amenaza, a las desigualdades sociales. El capital ha demostrado sobradamente que nunca se conforma, que siempre quiere más. La lógica del capitalismo nos condena a la guerra social, a luchas parciales, queramos o no. Sólo cuando ganemos la lucha global, es decir, cuando el capitalismo sea vencido, para lo cual es ineludible la conquista del poder político por parte del pueblo, entonces es cuando la sociedad podrá por fin prosperar de verdad, es cuando la riqueza podrá ser repartida, es cuando superaremos la barbarie. La lucha por lo inmediato debe ayudar a la lucha por lo no tan inmediato, y no sustituirla.

    Ambas luchas se complementan, se realimentan mutuamente. Hay que luchar contra los recortes neoliberales, es decir, hay que defenderse, pero simultáneamente hay que luchar también, en todos los frentes, de múltiples maneras, contra el propio sistema político-económico.

    Los objetivos que debería marcarse, a mi modo de ver, el 15-M son: 1) deshacer las contrarreformas neoliberales, lograr una salida social a la actual crisis; 2) un proceso constituyente para cambiar de régimen político en el que el pueblo participe activamente en la redacción de la nueva Constitución (la cuestión Monarquía vs. República debe ser resuelta en España mediante un referéndum precedido por debates públicos donde todas las opciones puedan ser conocidas en igualdad de condiciones); 3) la superación del capitalismo (es decir, la expansión de la democracia del ámbito político al económico, la democracia no será real ni plena si no llega a la economía, no sé cuántas veces lo he dicho ya). Sin embargo, el segundo objetivo no debe estar hipotecado al primero. Es más, tal vez, el primero sólo se logre si alcanzamos el segundo. Siendo realistas (la revolución no es posible sin grandes dosis de realismo también), lógicamente, el tercer objetivo no podrá alcanzarse todo lo rápidamente que muchos deseamos. Yo creo que el tercer objetivo no podrá lograrse si no se alcanza antes el segundo, es decir, que no podrá desarrollarse la democracia económica si primero no se logra una democracia política suficiente, como ya he dicho muchas veces (parezco un disco rayado). ¡Ojalá pudiéramos lograr ya mismo la democracia económica! Coincido con Navarrete en que ha de intentarse pararle los pies al capital ya, en que hay que movilizar a la gente alrededor de reivindicaciones socio-económicas concretas y cercanas a sus problemas cotidianos, en que la lucha no debe ceñirse estrictamente a lo político, en que hay que hablar también de cuestiones económicas, pero yo digo que no debemos ceñirnos a la lucha exclusivamente por deshacer lo hecho por el neoliberalismo, que no debemos quedarnos allí, que debemos ir mucho más allá. Para lo cual, al mismo tiempo que nos defendemos, debemos atacar, debemos concienciar y concienciarnos de que se necesita cambiar el sistema.
    Navarrete infravalora la importancia de la democracia política, de la lucha política. Comete los mismos errores que hace un siglo cometieron muchos marxistas. Y lo comete, a mi entender, porque, a pesar de lo dicho por él, sucumbe ante ciertos dogmas, porque no practica suficientemente el librepensamiento, el cual nos “obliga” a cuestionar (sobre todo cuando la práctica fracasa). Yo no reivindico un simple cambio de la ley electoral (¡no sé cuántas veces lo he dicho ya!, ¿por qué se empeña Manuel en decir que yo sólo busco alguna reformilla como esa?, ¿por qué se empecina en asociarme a una pretendida ala derecha del movimiento 15-M?). Yo propugno cambios políticos y económicos profundos, concretándolos con algunas medidas políticas para empezar a desarrollar de verdad la democracia. Lo que opina Navarrete al respecto de cambiar el sistema y de cómo hacerlo sigue siendo un misterio.

    Aunque pueden deducirse ciertas cosas por su afirmaciones y por sus omisiones. Tal vez en verdad no discrepemos tanto. Tal vez yo le esté malinterpretando. Mientras él se empeñe en decir que yo digo lo contrario de lo que digo y en no aclarar su postura respecto de las cuestiones importantes, que son las que deberíamos debatir, el debate será imposible. ¡Una lástima!

    16 de octubre de 2011

    José López

    http://joselopezsanchez.wordpress.com/

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