En lo político, la ideología y el programa de la socialdemocracia han sido los más apropiados para fomentar el desenvolvimiento, hasta el logro de sus últimos propósitos, del tándem Estado-capital. Eso se pone actualmente de manifiesto en:

1) todos los demás partidos, incluidos los de la derecha tradicionalista, o han admitido de facto lo sustancial de tal cosmovisión política y programa, haciéndolos propios, o han desaparecido;

2) prácticamente todas las medidas políticas y legislativas adoptadas por la socialdemocracia en el gobierno, aun siendo agriamente denostadas por la derecha en su fase de gestación, son luego mantenidas por ésta cuando se hace cargo de las funciones gubernamentales, dado que son las óptimas para el desenvolvimiento del régimen de dictadura vigente, así como del capitalismo;

3) la cosmovisión de los partidos socialistas y de la izquierda
institucional, erigida sobre el famoso concepto de “partido del estomago”,
elaborado por la II Internacional a partir de los escritos marxistas,
es en el presente la que prevalece absolutamente en las sociedades contemporáneas,
hasta el punto de ser admitida no solo por todo el aparato
institucional, por la intelectualidad y estetocracia a él adscrita, sino también
por las diversas iglesias y confesiones religiosas activas en los países
opulentos, e incluso por los residuales movimientos de extrema derecha.

Se ha producido un monolitismo en lo ideológico nunca antes conocido.
En concreto, los periodos de gobierno del PSOE, desde 1982 hasta el presente,
han sido los años mejores y más gloriosos para el desenvolvimiento
del capitalismo y del aparato estatal entre nosotros, y ese partido es hoy la
fuerza política primordial en el presente, de la que el orden actual ya no
puede prescindir. Por tanto, la socialdemocracia, la izquierda, el progresismo,
la modernez toda, contienen, en su ideología guía y programa, la
concepción de la vida ¿humana? propia de la etapa última, de triunfo y
realización completa y apoteósica del proyecto estratégico-histórico ilustrado,
liberal y capitalista, con dominio total y envilecimiento total de los
dominados.

Del mismo modo, el sistema de ideas y la escala de contravalores que el
PSOE y la ideocracia progresista y de izquierdas a él vinculada de un gran
numero de maneras son los que en primer lugar vertebran el actual orden
ideológico dominante, sin ninguna disidencia de importancia.

Con
todo, la socialdemocracia es mucho más que un partido, mucho más que
el PSOE en nuestro caso, pues abarca una gran cantidad de instituciones
y personalidades, asociaciones subvencionadas en la base, movimientos
de masas estables y coyunturales subsidiados, organizaciones “no gubernamentales”,
colosales grupos multimedios, numerosos artistas y gentes
de la industria del ocio, y, por supuesto, una buena cantidad de intelectualidad
pretendidamente inconformista y disidente, esto es, crítica.

En
efecto, el pensamiento crítico es siempre una variante de la concepción
socialdemócrata del mundo, a pesar de los esfuerzos que muchos de quienes
se adscriben a él han hecho y hacen por ocultarlo. En definitiva, la intelectualidad
rebelde de la contemporaneidad se adscribe a tres variantes
de pensamiento. Una es el totalitarismo explícito (fascista o estalinista),
que formó antaño un grupo bien potente, hoy prácticamente extinguido.
La segunda opera en torno al tercermundismo. La tercera, que se ocupa de
la situación en los países ricos, es toda ella izquierdismo socialdemócrata.

La ideocracia que se autodenomina “antiimperialista”, con ese gusto por
la retórica que la caracteriza, se inicia como fuerza de apoyo al paso del
régimen colonialista de antaño al neocolonialista de hogaño, mucho más
útil a los países imperialistas. Su programa ahora es la instauración del
Estado de Bienestar con sociedad de consumo en los países oprimidos,
ocurrencia lunática donde las haya; la depravación psíquica de aquellos
pueblos, estableciendo “el hambre” y “la pobreza” como únicos problemas
dignos de consideración; la difusión entre ellos de lo mas sustancial de
la cosmovisión izquierdista, a saber, la des espiritualización del ser humano,
su rebajamiento a homo animalis y la aculturación e imposición de la
escala de disvalores de las sociedades occidentales. Ello hace que la intelectualidad
tercermundista haya manifestado sus simpatías por regímenes
sanguinarios e intolerables, en bastantes casos desembozadamente fascistas,
como el del FLN en Argelia, los gobiernos izquierdistas que durante
un tiempo hubo, o aun hay en algún caso, en Etiopia, Angola, Camboya,
Vietnam y otros países, o los de Cuba, Brasil, Bolivia o Venezuela, sin
olvidar sus coqueteos con el Islam, asunto este en el que todos los límites
son traspasados.

Quienes de buena fe continúan aferrados al pensamiento crítico, como
fabricantes o como consumidores de criticismo, están obligados a conocer
y examinar reflexivamente los drásticos cambios acaecidos en los últimos
decenios, en todos los órdenes, de donde resulta que el único pensamiento
subversivo que es posible hacer en el presente y en el futuro es
aquel que provenga de la ruptura con la concepción del mundo específica
de la izquierda, tal como se ha manifestado desde 1848 hasta hoy. Esto
incluye, en primer lugar, un esfuerzo desesperado de creación intelectual
encaminado a reformular una idea de la existencia, una concepción del
ser humano y un programa estratégico que rompan en lo sustantivo con
el elaborado por ilustrados y liberales antaño, el cual fue luego admitido
por las ideologías proletaristas (marxismo y anarquismo) y actualizado
por el pensamiento crítico propiamente dicho, operante en la segunda
mitad del siglo XX.

La piedra angular de una concepción aliberal, amoderna, aintelectual y
aizquierdista del mundo surgirá del desarrollo reflexivo de la exhortación
de Francisco Martínez Marina: “preferir la libertad al bienestar”.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).