
Newton afirmaba en una de sus frases más célebres, refiriéndose a la magnitud de sus logros científicos, que si llegó a ver tan lejos se debió a que iba sobre hombros de gigantes. En «La conquista del pan», opinaba Kropotkin que todos los logros humanos, materiales e intelectuales, se cimentan en la totalidad del trabajo mental y manual de quienes nos precedieron. Alrededor de la década de los noventa (1989-2002), el éxito de la campaña de insumisión en el estado español mostró a la sociedad que es posible utilizar las herramientas de la desobediencia civil y la noviolencia, plantando cara y llegando a poner en jaque a instituciones hasta entonces tan incontestables como el ejército. Pero la insumisión no comenzó, desde luego, en la primera presentación de insumisos ese 20 de febrero de 1989.
No es necesario trasladarse hasta la época de los precedentes de desobediencia civil más citados para encontrar pioneros de trabajo antimilitarista en el estado español, si bien su existencia ha sido desconocida durante largo tiempo. Ésta se ha podido traer a la memoria gracias a los archivos de la IRG (Internacional de Resistentes a la Guerra) e investigaciones como [1]. El activista español José Brocca fundó la Orden del Olivo en 1932. Este grupo antimilitarista formó parte de la IRG y se dedicaba tanto a la difusión de las ideas antimilitaristas como a la acción pública contra el ejército. Contaba con varios cientos de activistas distribuidos en grupos locales.
En los años anteriores a la guerra civil se registraron experiencias de desobediencia antimilitarista, tales como la del piloto de Correos Quirados J.Gou, que fue castigado por negarse a bombardear a los obreros asturianos en 1934. En 1935, tres jóvenes anarquistas catalanes se declararon insumisos al negarse a incorporarse al servicio militar, presentando su desobediencia públicamente. Fueron liberados días después tras una fuerte campaña antimilitarista de apoyo. Un centenar de jóvenes más siguieron su ejemplo al de poco, rechazando “todo servicio militar”.
El estallido de la guerra civil supuso un momento difícil para el antimilitarismo no sólo en España, sino en el ámbito internacional, ante el dilema de si mantener o no el ideal de resistencia noviolenta frente al levantamiento fascista. Surgió una iniciativa afiliada a la IRG llamada “Liga Española de Refractarios a la Guerra”, con la doctora Amparo Poch como presidenta. La Liga encontró una favorable acogida entre organizaciones anarquistas, y optó, en su difícil situación, por un apoyo no armado a la República. Se consiguió apoyo internacional para distribuir ropa y comida en las zonas republicanas más afectadas, y se trabajó activamente en hogares de acogida a refugiados, así como facilitando en la frontera la huida de compañeros a Francia, una vez acabada la guerra. Tras la derrota republicana, José Brocca, que había conseguido un permiso para refugiarse en Gran Bretaña, decidió quedarse dedicándose a estas últimas tareas, explicando su decisión a sus compañeros de la IRG de Londres en una emotiva carta (ver extracto adjunto). Él y un puñado de militantes de la Liga acabaron en el exilio en México.
Es sorprendente encontrar precedentes como estos, en los cuales se ven reflejadas nuestras luchas presentes. Para un movimiento político, echar la vista atrás no sólo es una manera de reconocer en los logros propios más destacados la parte correspondiente a los esfuerzos de nuestros antecesores, sino que es también una manera de comprender la importancia del trabajo y de la lucha del presente, en épocas más grises en la que los resultados pueden no parecer tan espectaculares y gratificantes.
[1] X. Aguirre “Los insumisos del 36: El movimiento antimilitarista y la Guerra Civil Española”, disponible en www.antimilitaristas.org/IMG/pdf/LIBRO.pdf
Extracto de la carta de José Brocca donde explica a sus compañeros de Londres su decisión de quedarse en la frontera una vez terminada la guerra:
“No os preocupéis por mí. Estoy perfectamente tranquilo y lleno de valor para afrontar el futuro sin miedo, pase lo que pase. Me doy cuenta de que el estallido de la guerra podría privarme de la oportunidad de ir a Inglaterra. Tenía tiempo para ir, pero no podía abandonar nuestro hogar sin antes encontrar seguridad para todos los que están en él. […] Si no lo consigo, iré a uno de los campos de refugiados donde ya hay miles de españoles hechos del mismo cuerpo y alma que yo mismo. Quiero que estéis seguros de que en estos tiempos de sufrimiento general, cualquiera que sea mi suerte, nunca caeré en desánimo. Nada habrá de apartarme de mis principios. Mi resistencia moral es mayor que la fuerza de los acontecimientos. Nada ni nadie será capaz de romperla.”
Bilboko Talde Antimilitarista, KEM-MOC
http://www.sinkuartel.org/es/noticias/antimilitarismo/74-primeros-pasos-del-antimilitarismo-en-el-estado-espanol.html