
Durante algún tiempo Serguéi residió en Kazán, y estuve en correspondencia con él; pero como siempre le disgustaba escribir en cifras, propuse un medio de comunicación que ya se había usado en las conspiraciones, y era el siguiente: se escribe una carta corriente, hablando de una multitud de cosas, pero sólo ciertas palabras -supongamos que sea
cada cinco- son las que han de de tenerse en cuenta. Se dice, por ejemplo: Excusar lo precipitado de esta carta. No descanso jamás; noche tras noche trabajo, y os aseguro que ayuda nunca espero. Y no leyendo más que cada quinta palabra, se encuentra: Esta noche os espero.
Tal proceder nos obligaba a escribir cartas de seis o siete páginas para transmitir una información, teniendo que poner a prueba nuestra imaginación a fin de llenar aquéllas con toda clase de asuntos y poder introducir las palabras que se necesitaban. Mi amigo, a quien no era posible hacer que se sirviera de una clave, se aficionó a esta clase de correspondencia y solía enviarme cartas conteniendo cuentos, con detalles interesantes y desenlaces dramáticos. Después me dijo que semejante ejercicio le sirvió para desarrollar sus facultades literarias. La verdad es que cuando se tiene capacidad todo contribuye a su desenvolvimiento.
Tomado de aquí: http://www.grupotortuga.com/Resena-Memorias-de-un