
EGIPTO | EL CONSEJO SUPREMO DE LAS FUERZAS ARMADAS QUIERE MANTENER SU PESO POLÍTICO Y ECONÓMICO
El autor repasa la situación política tras las elecciones y los acuerdos entre los Hermanos Musulmanes y los militares de CSFA
JAVIER BARREDA / Profesor de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Alicante
A la espera de que se anuncien oficialmente los resultados de la primera vuelta, dentro de la primera etapa de las elecciones egipcias, celebrada en nueve provincias, entre ellas algunas de las más pobladas y urbanas, como El Cairo y Alejandría, todos los datos parciales del escrutinio señalan a una victoria de los Hermanos Musulmanes, aun mayor de la que estaba prevista.
Además de la disputa de la segunda posición en número de votos por los islamistas salafíes, cabe reevaluar, a la luz del desarrollo del proceso electoral, los acontecimientos transcurridos desde la caída de Mubarak en febrero de 2011, y en particular el papel delConsejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) y el de los Hermanos Musulmanes.
Mientras llegan las cifras globales y oficiales, los datos parciales, los observadores y la propia Comisión Electoral Central, hablan de una participación “sin precedentes” y de la relativa escasez de incidentes durante el proceso.
Coalición de Observación
Aunque será mejor esperar los datos finales, pues las elecciones celebradas durante la época de Mubarak ponían el listón muy bajo, todo indica que el aparato del Estado en general ha respetado la voluntad de los electores, y únicamente podría imputarse a las fuerzas de seguridad que hayan sido demasiado tolerantes en su neutralidad, según señala la Coalición Egipcia para la Observación de las Elecciones –formada por 123 organizaciones y asociaciones–, ante determinadas prácticas como la realización de campaña electoral durante la votación, la oferta de comida y regalos ante los colegios electorales, etc.
Los militares pretenden que el Gobierno siga siendo nombrado por el presidente y no por el Parlamento.
A ello hay que añadir la pervivencia de prácticas como la compra de votos, la votación colectiva, la intimidación de los electores, etc, cuyo peso relativo parece mucho menor que en procesos anteriores.
Así pues, las elecciones están siendo, por ahora, bastante limpias, y de continuar así arrojarán un saldo de una mayoría relativa de los Hermanos Musulmanes cercana al 40% de los escaños, los islamistas salafíes podrían obtener entre un 10 y un 15%.
El resto de los escaños corresponderían a fuerzas liberales, de izquierdas, a un islamismo “centrista” y a algunos candidatos independientes. Especular sobre los porcentajes definitivos de estas fuerzas no tiene mucho sentido.
Lo trascendente ahora es que los Hermanos Musulmanes podrían constituir una mayoría en el Parlamento con el apoyo de las fuerzas no islamistas o con éstas, y que las fuerzas relacionadas con el antiguo partido de Mubarak, ahora disuelto como tal, tendrán como mucho una presencia testimonial en la cámara, si bien no hay que olvidar que algunos de ellos acudían en las listas de los Hermanos Musulmanes.
En definitiva, el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas está permitiendo hasta ahora que la gran mayoría que se había manifestado en contra del régimen de Mubarak se institucionalice en el Parlamento, y aceptando no contar con una fuerza electoral propia; es decir, está consintiendo que se institucionalice lo que todo el mundo sabía y ha observado en estos meses: que las fuerzas armadas ocupan el poder de facto, pero no tienen la legitimidad popular.
Sin embargo, el proyecto de los militares apunta a mantener esta situación después de las elecciones, a pesar de los resultados.
La resistencia de Tahrir
Tras la nueva ocupación de la plaza Tahrir desde el 18 de noviembre y a pesar de la dimisión del Gobierno anterior, el ejército se ha resistido contra viento y marea a constituir un Ejecutivo de unidad nacional formado por personalidades de la oposición, y ha encargado la formación de uno nuevo a Kamal al-Ganzuri, que ya fue primer ministro con Mubarak a mediados de los ‘90.
Su pretensión es que, incluso después de las elecciones, el presidente del Gobierno siga siendo designado por la presidencia de la República, algo que avala la proclamación constitucional vigente, mientras que los Hermanos Musulmanes,mantienen que el Gobierno ha de ser elegido por el Parlamento, y han recrudecido sus declaraciones en este sentido tras las noticias acerca de los primeros resultados electorales. Las espadas, pues, siguen en alto.
La clave es que la presidencia de la República (para la que se celebrarán elecciones en junio de 2012) pueden determinar, como en época de Mubarak, el resto de las variables del sistema y el proceso político, exceptuando la legitimidad popular. El CSFA, al margen de las altisonantes declaraciones acerca de la estabilidad del país, ha buscado asegurarse una posición ventajosa en el futuro panorama político, que persigue el mantenimiento de los privilegios y ventajas económicas del Ejército como agente no sólo político, sino también económico.
Los militares poseen un amplio aparato industrial, y recibían, además de la ayuda militar norteamericana, importantes inversiones extranjeras.
Hay estudios que demuestran que cerca del 40% de las actividades económicas del país a lo largo de los años ‘90 estaban en manos de miembros de la organización. En el marco de la campaña electoral, dos de sus dirigentes y empresarios, HasanMalek y JeiratAl-Shater, han confirmado su apoyo a la libre empresa, llegando a declarar que la política económica de Mubarak “iba por el buen camino”.
LA RELIGIÓN EN LA CONSTITUCIÓN
Los Hermanos Musulmanes cerraron acuerdos no escritos con el alto mando militar acerca del proceso.
No hay que olvidar que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) y los Hermanos Musulmanes, comparten posiciones conservadoras en lo económico y lo social.
El mantenimiento y el fortalecimiento del papel del islam en la proclamación constitucional vigente para satisfacer al islamismo no supone ningún problema para el CSFA.
La prohibición legal de las huelgas, decretada en los primeros días de poder del CSFA, aunque permanentemente desafiada, no suscitó la menor protesta de los Hermanos Musulmanes.
Entre la dirección de éstos abundan los representantes de la alta burguesía industrial.
http://www.diagonalperiodico.net/El-Ejercito-no-renuncia-a-sus.html