Y, a pesar del desmentido de la «misión de paz», la reconstrucción y el resto de engaños publicitarios así como el baño de realidad que supone, como alguien dice en otra web, este reportaje de El País no deja de ser un mero ejercicio propagandístico de primer nivel. Desfiguran la realidad hasta tal punto que acaba por dar la impresión de que los malos son los invadidos, y no los invasores. Nota de Tortuga.


REPORTAJE: ESPAÑOLES EN AFGANISTÁN

Las bases avanzadas en zonas de dominio talibán son el destino más peligroso para los militares en Afganistán. Soldados españoles que han estado en la primera línea de fuego cuentan su historia .

EVA CAVERO

En Afganistán el único paso que no mata es el que ya has dado», cuenta un soldado español que participó en la misión. Legías, paracas, cazadores de montaña… Los soldados de Infantería son la primera línea del Ejército español, los que con frecuencia recorren el terreno lejos de la protección de las bases más grandes, como Herat o Qala i Naw. «De misión de paz nada. Allí vas a matar y a que no te maten». Los ojos azules de Ángel (nombre ficticio) se emocionan cuando habla de su trabajo: «Yo puedo contar cómo es esa guerra. He estado en las bases avanzadas pegando tiros. Más allá de eso no hay nada». A unos kilómetros de una de esas bases, en Ludina, en la provincia de Badghis, murió el pasado 6 de noviembre el sargento primero Joaquín Moya Espejo. La última de las 97 bajas que ha sufrido el Ejército español en la misión de Afganistán.

Cuando dejaban de oírse los disparos solo tenía un pensamiento: «Me cargué a ese hijo puta. Uno menos».

Afganistán, ¿herir o matar?: «Pregúntaselo al que no vuelve, o al que vuelve sin piernas», dice un soldado.

El esfuerzo de los españoles no llega a la población civil. A veces les tiran piedras o se tapan la nariz a su paso.

¿Se sienten los colores de España? «Sientes la vida de tu compañero, es o ellos o tú». Solo piensan en volver juntos a casa.

La hostilidad contra las tropas españolas se multiplicó desde que desplegaron destacamentos a lo largo de las dos rutas que recorren la provincia rumbo a Bala Murghab en el norte, la zona más peligrosa de la región. Sang Atesh, Ludina, Moqur o Darra i Bum son los nombres de algunas de las bases españolas en zonas de dominio talibán. Son los destinos más mortíferos: después de los accidentes aéreos del Yak-42 y el Cougar, que causaron 79 víctimas mortales, la mayor parte de las bajas sufridas por el Ejército español han sido en las misiones de los destacamentos en las bases avanzadas.

Durante las estancias en estos puestos avanzados los tiros se convertían en rutina. Tras días viviendo entre sacos terreros, los soldados se habitúan a oír los disparos que restallan a 700 u 800 metros. Es el sonido de la guerra. Desde su puesto, Ángel se acostumbró a buscar el blanco en el fogueo de los Kaláshnikov: «Tenemos una ladera y no sabemos de dónde vienen los tiros. De repente dejas de oírlos». Eso es todo. ¿Están muertos? ¿Se han ido? ¿Solo heridos? No recogen los cadáveres, así que nunca tienen la certeza de haber causado una baja. Aun así, Ángel reconoce que cuando dejaban de oírse los disparos solo tenía un pensamiento: «Me cargué a ese hijo puta. Uno menos».

Joaquín Moya Espejo no podrá pensarlo nunca más. Una bala se coló cerca de la axila, en una zona no protegida por el chaleco antifragmentos que llevaba. Las placas de cerámica que cubrían el pecho no sirvieron para evitar que un proyectil dejara a su hijo huérfano de padre. La bala era de un arma ligera, probablemente de Kaláshnikov. Es un fusil de asalto, diseñado en la Segunda Guerra Mundial, que heredaron de la ocupación soviética. Arcaico pero eficaz: las ventajas de armamento de los ejércitos occidentales se acortan sobre el terreno. Se sienten expuestos como marionetas en un teatro de títeres: «Nosotros tenemos que hacer puntería, ellos solo tenían que apuntar a la base». En uno de esos ataques demasiado cercanos lograron coger a dos talibanes. ¿Se alegraron en el cuartel? «Pregúntaselo al que no vuelve, o al que vuelve sin piernas: los hubiéramos preferido muertos».

Recuerda aquel día como un momento peligroso, pero sonríe. La adrenalina coloca y mata el aburrimiento. Lo peor de Afganistán es tener tiempo para pensar, para echar de menos. Los problemas familiares, la hipoteca, las crisis con la pareja, allí se viven como ultimátums. La batalla ahoga los problemas: «Lo único que piensas es en dónde está, para matarlo». Una droga que engancha. «Vamos a por él», se decía Ángel. «Olvidas tener miedo. Mientras estás allí disparando lo único que tienes en la cabeza es: ‘A ver si pillo a ese cabrón, que mañana puede matar a un amigo».

Este militar no alcanza los 25 años, pero ya ha participado en las misiones españolas del Líbano, Kosovo y Afganistán. Él, como el resto de sus compañeros, solo accede a hablar sin nombre. Ni foto, ni lugares precisos, ni fechas. En un tablón de cuartel donde trabaja, cuelga un cartel con una advertencia: hablar sin autorización tiene una pena, el despido. Muchos piden que no se revele su nacionalidad o su edad exacta, nada que los identifique. «Mira, es que el castigo no es un arresto. Es que te largan. Y yo vivo de esto». El undécimo mandamiento del soldado: no hablarás con periodistas.

La misión afgana es un agujero informativo, pese a que el contingente español que lucha con las fuerzas de la OTAN (ISAF) es de 1.552 combatientes. Con medio millón de habitantes (similar a Cáceres), Badghis, la región controlada por España es una de las provincias menos atacadas por la insurgencia, que se hace fuerte al sur, en la zona limítrofe con Pakistán. Pero también es la más pobre. «En algunas partes de la provincia en las que estamos trabajando no quieren venir ni los afganos», cuenta por teléfono David Gervilla, el actual responsable de AECID, la agencia de española de cooperación y desarrollo que lleva a cabo los programas de reconstrucción de la provincia. Durante los cuatro o cinco meses que duran los relevos, la mayoría de los soldados españoles están destinados en la base aérea de Herat, que suministra a la zona oeste, o en Qala i Naw, la capital de Badghis, la región al noroeste del país que está bajo el control de España. «Estar allí es casi como en un hotel», bromea Ángel, que vivió sus estancias en Qala i Naw como unas vacaciones.

Las condiciones extremas del clima complican las cosas. En Afganistán hay dos ciclos, el de la naturaleza y el de la insurgencia, y uno mueve al otro. En el invierno el frío hace difícil moverse, hasta para los talibanes. Con el deshielo llegan los ataques y las tormentas de arena, que «convierten el día en noche» en cuestión de minutos. «Ves cómo la nube de arena se va comiendo las casas y tienes tres minutos para recogerlo todo antes de que engulla también tu refugio», recuerda impresionado Luis, soldado ecuatoriano destinado en Qala i Naw.

«No tenemos un Ejército capaz de mantener el número de enviados», dice Jorge Bravo, presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME). Bravo no teme que se publique su nombre: «Ya he perdido el miedo». Militar en la reserva, lejos le quedan a este brigada los seis primeros años en el Ejército, cuando el conseguir un contrato fijo depende de los informes de los superiores. Tampoco le preocupa perder los complementos de dedicación especial. «La realidad es que allí se dispara. Matas y te hieren. Te hacen emboscadas, no ataques preventivos».

«El año 2014 queda demasiado lejos», afirma Bravo. Es la fecha que las fuerzas de la OTAN han pactado para culminar la retirada gradual de las tropas, aunque España comenzará a disminuir el número de soldados en Badghis a partir del verano de 2012, según anunció la semana pasada la ministra de Defensa en funciones, Carme Chacón.

Mientras la fecha llega, en Afganistán se juegan la vida. A medida que los sistemas de seguridad que llevan los ejércitos avanzan, la insurgencia aumenta la carga y neutraliza la ventaja defensiva. Los kaláshnikov marcan el compás de los ataques, pero la verdadera arma de la guerrilla es silenciosa. Son los explosivos improvisados (IED) los que convierten cualquier desplazamiento en una muerte potencial.
Los Lince y los RG-31 desfilan en los convoys de vehículos, son los dos modelos que Defensa compró en 2007 para jubilar los BMR. La mejora es notable, pero a la hora de la verdad todo es cuestión de suerte: «Mira, si te atacan con fusilería puedes defenderte. Pero si hay un IED… Eso no puedes verlo. Un día nos cogió uno que se activaba a distancia, pero [los talibanes] no calcularon bien. Los cogió por detrás, y el coche salió disparado unos metros, pero no pasó nada».

«Seamos sinceros, no somos los yanquis. Pero es que ellos casi pueden elegir vehículo y el arma con la que quieren tirar cada vez», dicen dos jóvenes que regresaron de Afganistán hace más de dos años. España invierte un 0,50% del PIB en Defensa; Estados Unidos, un 4,04%. «No nos podemos comparar con ellos, ni queremos: para lo que invierte nuestro país en defensa, no nos podemos quejar». Los americanos tienen zonas de responsabilidad más peligrosas, sin embargo el índice de mortalidad es proporcionalmente menor. Haciendo una cuenta simple, sin tener en cuenta las rotaciones de personal: con un destacamento actual de 100.000 hombres, el Ejército norteamericano ha sufrido 1.500 bajas desde que comenzó en 2001 la misión de combate como represalia por el atentado de las Torres Gemelas. Es decir, un porcentaje del 1,5%. En cambio, la milicia española, que aporta 1.500 enviados a la misión de reconstrucción de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, controlada por la OTAN desde 2003) por mandato de la ONU, ha perdido a 97 hombres: un 6,4%.

Algunos soldados españoles envidian el equipo de los estadounidenses, hasta el punto de que se compran material a través de páginas web americanas. Ángel explica que es una práctica bastante corriente entre sus compañeros, pero que el equipo comprado tienen que disimularlo o esconderlo cuando pasan revista, pues no es reglamentario. Él se ha comprado unas botas y varias fundas para los cargadores, pero ahora está pensando en adquirir un casco. «No sirve para pegar tiros», resume. Seguridad o movilidad es la disyuntiva que se repite siempre. Los cascos del Ministerio de Defensa español alargan la protección en la nuca, por lo que «al echar cuerpo a tierra y disparar se pierde toda la visibilidad». En más de una ocasión, Ángel eligió quitarse el casco pese al peligro: «Yo voy a Afganistán a pegar tiros, si tengo que elegir entre un casco que me cubra toda la nuca y disparar… Prefiero disparar».

Sobre la chimenea del salón de su casa, Vanesa tiene una vaina de 12,7 milímetros. Es de uno de los primeros cartuchos que disparó en Afganistán. Fumaba a escondidas de su superior, sabía que era un peligro y que incumplía una orden, pero son muchos los soldados que se las ingenian para callar el vicio. Caladas furtivas, el pitillo en un poto para que el fuego no los convierta en un blanco fácil. Mientras se refugiaba en la parte trasera del vehículo vio que algo brillaba. Se puso en alerta y tal vez eso le salvó la vida. Pronto empezaron los disparos. Vanesa es una mujer atractiva. Fuerte, pero pequeñita: «Nunca puedo cargar la [ametralladora]12.7 si no estoy en un momento eufórico. Es demasiado pesada para mí». Aquel día la cargó a la primera.

Es colombiana, cerca de los 30. De las cosas que más le marcaron de su estancia en el país fue la situación de las mujeres. «Tenía que enseñarles mi coleta para que vieran que soy mujer, pero ni así se calmaban. Nada más verte se arrodillaban. El castigo era terrible si las veían hablando con un soldado», recuerda Vanessa.

Ella entró en el Ejército como parte de ese 9% máximo de efectivos extranjeros que sirven a España. ¿Hipócrita luchar por un país que no es suyo? «Todo lo contrario, España me ha dado mucho más que Colombia». Pero el mito de los papeles pesa. Alfredo, boliviano, de poco más de 20 años, se metió al Ejército para conseguir la nacionalidad española, pero tal vez hubiera seguido el mismo camino de haber estado en Bolivia. Ni la cerveza logra relajar la firmeza de su mirada. La rectitud de la pose permanece intacta a lo largo de la entrevista, como si no supiera hacer nada más que ser soldado.

Le gustaría volver al país asiático antes del repliegue de las tropas en 2014. Ahora en España siente que cuando el peligro era real había mayor confianza por parte de los superiores: «En la batalla no hace falta que te digan lo que tienes que hacer, un buen soldado lo sabe. Allí la vida de quien está al mando depende de la tuya tanto como la tuya de él».

El objetivo final de la misión de paz es que las milicias den la seguridad necesaria para construir colegios, levantar hospitales y dar a los agricultores una alternativa al opio. Pero la realidad es que, en ocasiones, la corrupción no permite que el dinero invertido llege a la población y a menudo sienten el rechazo de los afganos. A veces les tiran piedras o se tapan la nariz a su paso para no respirar el mismo aire. «La gente espera más de los militares», afirma Salem Wahdat, el segundo de la Embajada afgana en Madrid. Es un enamorado de la lengua española y está convencido de que apreciarán el esfuerzo con el tiempo: «Van a decir gracias, al menos los afganos aprenderán a decir eso».

Los soldados son profesionales. Luchan por un salario, pero lo hacen con la bandera en el uniforme. ¿Se sienten los colores de España en el frente? «Sientes la vida de tu compañero, es o ellos o tú», dice Ángel. En medio están las balas. Reconocen que cuando aprietan el gatillo solo piensan en volver juntos a casa, pero creen que no se valora su gesto: «No soy un facha, soy un soldado. Me gustaría sentir más reconocimiento en España, sentir que voy a Afganistán y muero porque sirvo a mi gente».


Comentario tomado de Menéame:

«Me gustaría sentir más reconocimiento en España, sentir que voy a Afganistán y muero porque sirvo a mi gente»

Primero, no sirves a tu gente. «Tu gente» se sirve de ti. Más concretamente estás engordando el culo a unos pocos, muy pocos, que sacan tajada de la guerra. No es nuestra guerra. Es la guerra de los que venden armas, de los que comercian opio, de los que manejan al rebaño de subnormales que todavía sienten los colores de su patria, de los que la han convertido en un puto mercadillo sin que nos demos ni cuenta.

Y lo siento, si quieres mi reconocimiento estudia, investiga y encuentra la manera de crear materiales de la nada para que no haya que petar el Congo con cada smartphone, encuentra una fuente de energía potente e inagotable. Entonces habrás hecho que estas guerras no tengan sentido. Mientras tanto, no eres más que un pardillo.

4 thoughts on “Soldados españoles que invaden Afganistán: «Vas a matar y a que no te maten»”
  1. Soldados españoles que invaden Afganistán: «Vas a matar y a que no te maten»
    Al del comentario tan moderado que llama pardillo a un tío que no conoce de nada por amar a su país, que tenga el valor que tenga que tener para decírselo a cualquier militar que verá a diario por las calles de Alicante; que no son pocos y bastantes son reconocibles.

    Amar a la tierra, a tus paisanos (aunque no seas correspondido), por tu religión, o por tu familia es algo que viene de serie. El raro eres tu y los que insultáis a una mayoría a la que tenéis el valor de dar lecciones de civismo cuando no sentís ni los más primarios sentimientos humanos.

    Si el hombre salió de la caverna, construyó barcos, cultivó y comerció fue precisamente gracias al surgimiento de sociedades, en las cuales unos se encargaban de unas labores para que otros se dedicaran a otras distintas así hasta abarcar todos los campos. De tal manera, al no tener que empeñar cada individuo su tiempo y esfuerzo para sus necesidades individuales, al marcarse un colectivismo, es como los humanos hemos progresado.

    Con tu falta de respeto a todos esos valores, incluso a la especulación de los mercados e intereses comerciales, no se como no se te cae la cara de vergüenza al apretar el teclado de tu ordenador, que a fin de cuentas es junto a internet, tu ropa o la comida que compras en el super, la última pieza de un negocio en el cual todos sus integrantes e intermediarios no han buscado un mundo más justo, sino sacarse un sustento.

    P.D: para culos gordos, mírate un poco a los miembros de Tortuga, que alguno es antimilitarista por el simple hecho de que en la mili le dejaron fuera por sobrepeso (caso real).

    1. Soldados españoles que invaden Afganistán: «Vas a matar y a que no te maten»
      Yo pienso que está muy bien tenerle cariño a la tierra de uno, a sus costumbres, su idioma, sus paisajes, su idiosincrasia e incluso estar dispuesto a trabajar y luchar si hace falta para que no venga nadie ajeno a destruir eso. Eso es bonito. Pero otra cosa es hacerse forofo, hooligan o seguidor incondicional de algo tan abstracto como es un Estado. Normalmente los que más allá de su cariño a su tierra a sus gentes y a todo eso se convierten en “patriotas” de un estado como es España normalmente acaban siendo tan fanáticos que se creen que su patria es la única que tiene derecho a existir y le suelen negar tal derecho a otras gentes que quieren lo mismo, por ejemplo los vascos o los catalanes, o los afganos en este caso.
      El fanático patriota de la patria que sea, efectivamente tiene muchas papeletas para convertirse en un pardillo fácilmente manipulable por unos cuantos listos –los grandes empresarios- que se ríen de los países porque su patria es el dinero y no dudan en azuzar esos sentimientos patrióticos de los fanáticos patriotas llenándoles la cabeza de discursos épicos más bien absurdos pero que terminan en algún país pobre del mundo detrás de un arma defendiendo algún buen negocio de los que les mueven los hilos como si fueran marionetas.

      Ya ves tú qué se le ha perdido a “España” como patria en Afganistán. ¿Qué se supone que estáis defendiendo allí? ¿Qué mentiras os han contado?

      1. Soldados españoles que invaden Afganistán: «Vas a matar y a que no te maten»
        ¿Mentiras? La Historia simple y llanamente.

        A ti si en 1942 te hubieran dado la oportunidad de luchar contra Hitler (o contra Stalin) engrosando las filas de un ejñercito, ¿lo hubieras hecho?

        Pues en Afganistán nadie pone en duda a un pueblo soberano. Nadie los ha invadido por sus riquezas naturales (que por cierto, apenas tiene), ni por su interés geoestratégico.

        Vamos a partir de que en Afganistán se luchaba contra los talibanes y Al Qaeda, lo cual no representa al pueblo afgano (¿mentira?). Los talibanes mayoritariamente son de la etnia pastún, que representa un 40% de ka población de Afganistán. No todos los talibanes son pastunes ni todos los pastunes son talibanes, pero en este donde se nutre el talibán. La otra etnia principal en Afganistán son los tayikos, que son mayoritariamente contrarios a los talibanes. Por ponerte un ejemplo que supongo que entenderás. En la Guerra civil española ganaron los ‘nacionales’. ¿Era un gobierno legítimo?¿Representaban a la mayoría del pueblo español?¿Tuvieron represalias con los vencidos?¿Te hubiera gustado una implicación internacional contra la dictadura? Pues en Afganistán pasó lo mismo con una diferencia, los derechos humanos y los juicios han sido cosas anecdóticas con los talibanes.

        Si te enteraras de como va la historia, sabrás que tras la retirada del ejército rojo cuando invadió Afganistán (ahí si lo hizo por intereses geoestratégicos al quedar cerca del Índico) a los pocos años hubo una guerra civil en la cual los talibanes se hicieron con el control del país excepto en el Norte que resistía la Alianza del Norte (¿mentira?). Los talibanes durante años han vivido aterrorizando a la población arrestando, torturando o asesinando a cualquiera al que se opusiese a su visión del islám (¿mentira?). Han lapidado a mujeres «adúlteras» por el simple hecho de ser violadas por hombres (¿mentira?). Han destrozado símbolos milenarios del pasado, estatuas, templos, libros y cualquier legado histórico del pasado que no tuviera que ver con el islám, entre ellos patrimonios de la humanidad reconocidos por la UNESCO pese a las advertencias internacionales pidiendo que no lo hagan, como los Budas de Bamiyán (¿mentira?). Han azotado públicamente a gente por no dejarse barba o por no acudir a rezar a la mezquita 5 veces los viernes (¿mentira?). Han dejado a la mujer en la situación de mayor indefensión de todos los países islámicos, lo cual ya es un mérito, siendo un dicho muy común y no falto de razón por este orden el valor de un objeto en Afganistán: Dromedarios,mujeres, burros, y perros (¿mentira?). El régimen talibán amparaba el terrorismo internacional, creando bases de entrenamiento para gente que en nombre de Alá destruyera objetivos occidentales en todo el mundo (¿mentira?). El régimen talibán amparaba a Bin Laden (¿mentira?). Los talibanes prohibieron los deportes, los juegos, y la música no islámica bajo penas de fuertes azotes o cárcel (¿mentira?). La posesión o venta de un objeto electrónico (televisión, videocámaras, maquinillas…) era castigada con penas de escarnio público o cárcel salvo para miembros del gobierno (¿mentira?). Si una mujer salía solo de casa, se descubría el burka en la calle, o si simplemente por que le apetecía, su marido la mataba, era considerado un crimen de honor y por ello no tenían que rendir cuentas a nadie (¿mentira?). Por ser budista, católico, ateo, o todo lo que sea «no islámico», la gente era ejecutada o asesinada sin contemplaciones. Los únicos «no islámicos» permitidos en Afganistán eran los observadores internacionales, algunas ONG’s internacionales o representantes diplomáticos debidamente reconocidos por el gobierno talibán, el resto, convertirse o morir (¿mentira?). Los que atentaron contra la embajada de EEUU de Kenia, contra 200 australianos en Bali, el 11-M, el 11-S, los atentados de Londres… todos tuvieron algún implicado que estuvo en los campos de Al Qaeda de Afganistán, o alguien que estuvo los instruyó (¿mentira?).

        Mínimo por toda es sarta de mentiras y las otras muchísimas que me dejo en el tintero, veo más que justificada la liberación (que no invasión) de Afganistán. Porque entre una tercera y una cuarta parte del país (los talibanes) se imponían por la fuerza con puño de hierro a la mayoría, y no contentos con ello, querían llevar su extremismo al resto del mundo. Motivos más que suficientes para hacer algo.

        Y tu, por cierto, ¿que excusas tiene para dejar a los talibanes ejercer una brutal represión contra su pueblo?¿Que tienes en contra de que alguien se dedique a quitar del poder a esa gente?

        1. Soldados españoles que invaden Afganistán: «Vas a matar y a que no te maten»
          1.- En Afganistán sí hay importantes recursos naturales, especialmente litio, minas de oro sin explotar etc. Asimismo es el primer país productor de opio y heroína del mundo. Por cierto que desde que comenzó la invasión occidental la producción de heroína ha crecido espectacularmente. Curioso ¿no? Además el país está en un lugar de gran importancia estratégica desde el punto de vista militar, teniendo frontera con áreas políticamente inestables y económicamente ricas.

          2.- Los talibanes podrán ser el mismo diablo, pero en líneas generales se han cargado las tintas muchísimo en los medios de comunicación occidentales con el fin de presentarlos aún peor de lo que son. La gran mayoría de cosas negativas que comentas de los talibanes se realizan en estados aliados como Arabia Saudí o Kuwait que ningún militar español se siente obligado a invadir para “salvar de la tiranía” a su población. Quizá sea porque estos otros países son buenos aliados de occidente.

          3.- A los talibanes les dio el control del país, los financió y los armó Estados Unidos, al igual que a Bin Laden, Al Qaeda y hasta Sadam Hussein. En otros tiempos sirvieron sus intereses y hoy día en parte también lo hacen. Al Qaeda ha colaborado con EEUU para derribar a Gadafi y EEUU lleva años negociando con los talibanes. De hecho trata de convencerles para que participen en un futuro gobierno afgano.

          4.- Los talibanes podrán ser unos machistas medievales, fanáticos, ignorantes y violentos pero nuestros “civilizados” estados son los que mantienen a la mayoría del planeta en la pobreza absoluta y la guerra, robando sus materias primas y sometiéndoles a reglas comerciales injustas bajo presión militar. Por cada sufrimiento, por cada muerte causada por el gobierno talibán u otro similar, nuestros países cometen de forma continua diez veces más. Si necesitan la guerra para lograr sus objetivos la utilizan. Si necesitan el asesinato, la violación de las leyes internacionales, se hace.

          5.-La inmensa mayoría de la población afgana es contraria a la ocupación militar de su país por nuestras tropas, incluidas las personas y étnias que detestan a los talibanes.

          6.- Nuestro buen rollo que pretende “liberarles” de la tiranía de los talibanes hoy por hoy lo que sí ha conseguido es mantener casi todo el país en una interminable guerra que dura más de una década, con miles y miles de muertos bajo el fuego de unos y otros ejércitos, incontables heridos y mutilados, desplazados, el país sembrado de minas, de material de uranio empobrecido que causará importantes epidemias. No creo que haya un solo afgano, más allá de la mafia títere que gobierna el país respaldada por nuestros bombardeos, que prefiera este horror interminable a lo que tenían antes.

          7.- Se nos decía en la tele que las mujeres iban con burka, que los talibanes azotaban a la gente y todas esas cosas que has enumerado. Practicamente todas ellas se siguen dando en la actualidad sin los talibanes. Los mafiosos gobernantes puestos por nuestras tropas y los antiguos señores de la guerra de la alianza del norte que gobiernan sus feudos también con nuestra ayuda siguen manteniendo una sociedad en la que la mujer tiene que llevar el burka, la gente es azotada y casi el resto de cosas. Lo que pasa es que ahora eso ya no sale en la tele.

          Por supuesto que a los militares extranjeros que están en Afganistán les han llenado la cabeza de mentiras. Les han dicho que van a salvar a la gente de una serie de cosas. Pero lo que ocurre es que la gente sigue sufriendo casi todas esas cosas agravadas con vivir bajo el fuego de una guerra y en una situación de pobreza a su vez agravada también por la guerra. Las verdaderas razones de estar allí, que son de interés económico y estratégico, no se las dicen. Aunque los militares están allí no por ningún espíritu de solidaridad y ni siquiera de patriotismo, sino a cambio de un sueldo nada desdeñable, también se han ocupado de meterles en la cabeza la ridícula idea de que están allí luchando por su patria. Y repito la pregunta ¿a España qué se le ha perdido en Afganistán para que tengan que estar allí soldados españoles (e inmigrantes) pegando tiros?
          Amigo, si tú estás allí o has estado, despierta: No estás defendiendo a España (a quien nada se le ha perdido allí) ni a la población afgana (a la cual la invasión no hace otra cosa que empeorarle la vida y que mayoritariamente no desea las tropas en su país). Estás defendiendo dos cosas: 1/ un sueldo ganado manchándote las manos de sangre y 2/ los intereses de algunas multinacionales y del gobierno de los EEUU.

          Saludos.

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