Según la vieja concepción epicúreo-izquierdista, la revolución es deseable por las ventajas “palpables”, gozables y disfrutables, que proporciona, de tal modo que el sujeto anhela servirse de la revolución en vez de servir a la revolución. Con ello todo el sistema de valores trascendentales que permiten al sujeto hacer acopio interior de fuerzas para la acción, y que dotan, en ultima instancia, de sentido a ésta, queda trastocado, pues la revolución o es un gran acto magnánimo y desinteresado o no es.

Resulta imposible e indeseable realizar transformaciones radicales por interés particular (de clase, de grupo, de partido), debido a tres motivos.
Uno es que el esfuerzo requerido es tan colosal que no suele compensar lo alcanzado, otro, que el interés particular se satisface mucho mejor en el actual orden,
y un tercero y más importante que, en caso de acaecer, lo conseguido de
tal alteración seria un nuevo sistema asentado en el interés y no en los
valores (sobre todo en la magnanimidad y el servicio de unos a otros),
con lo que seria una transformación fallida, una recreación de lo existente,
probablemente empeorada, como ha sucedido con las revoluciones perniciosas
realizadas en los siglos XVIII-XX. Desde luego, la revolución no es
un juego, no es “la fiesta de los oprimidos”, sino un drama y un mal, a veces
un mal necesario pero siempre un mal, que abre las puertas a un futuro
aun más incierto, angustioso y trágico.

(…)

Lo expuesto no debe ser tenido por una conclusión descorazonadora
sino por la exacta determinación del modo real de existencia del bien, que
no admite la realización sino el esfuerzo, y que se expresa en la forma de
lo excluido y lo perseguido, no como victoria o triunfo. Acaso la historia
de la humanidad llegue a ser diferente en un futuro, pero lo que de
ella nos es conocido no admite otra interpretación. Por tanto, quienes
ansían “resultados” tangibles y desean “logros” exteriores terminan, más
pronto que tarde, situándose al costado de lo que es, de un modo u otro,
institucional, urdiendo revoluciones que son su renovación y perfeccionamiento,
no su superación y desmantelamiento. A no transitar por tal
vía ayuda la renuncia a formular la pregunta sobre lo posible, así como a
la avidez de triunfo y victoria, ateniéndose al más modesto propósito de
lucha y esfuerzo, dejando al destino que establezca los resultados finales.
Por tanto, la revolución es, en primer lugar y ante todo, el esfuerzo sin
final por la revolución.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).

3 thoughts on “La revolución o es un gran acto magnánimo y desinteresado o no es”
  1. La revolución o es un gran acto magnánimo y desinteresado o no es
    Suelo estar bastante de acuerdo con las opiniones de este autor y, hasta cuando no es así, éstas me resultan sugerentes.

    Comparto la idea de que el interés individual y el pragmatismo inmediato no pueden parir la revolución. Esclarecedora resulta la afirmación de que «el sujeto anhela servirse de la revolución en vez de servir a la revolución». Si no superamos la lógica del intercambio comercial favorable que en la sociedad actual inunda hasta lo inmaterial, no podremos cambiar de verdad las cosas; es decir, hasta que no comprendamos que no hay que dar para recibir algo a cambio (en este caso nuestro esfuerzo para gozar de las ventajas revolucionarias), sino que en el simple hecho de dar estamos creando algo distinto, no podremos hacer cambios trascendentes.

    Para ello es importante que no entendamos el dar como un sacrificio y una pérdida que asumimos estoicamente, sino que veamos en ello una oportunidad de construirnos como individuos y como sociedad. Sólo así el servicio a la revolución o a los demás no anulará nuestra personalidad, sino que la hará crecer. De manera muy bonita lo expresaba Enrique Urquijo en una canción: «Ayúdame y te habré ayudado».

    Todo esto nos lleva a no desesperarnos en el día a día; a comprender que andar el camino que queremos ya es transformador; a, como dice la canción, «amar la trama más que el desenlace».

    Lo que no comparto con Félix es esa idea de que la revolución es siempre un mal aunque sea necesaria y que no es «la fiesta de los oprimidos», y la verdad es que es una idea que no me queda clara en el texto. Por supuesto, casi cualquier proceso que valga la pena requiere esfuerzo y sacrificio, pero esto no esta reñido con la alegría y lo festivo.

    1. La revolución o es un gran acto magnánimo y desinteresado o no es
      La palabra revolución no tiene nada que ver en origen con ninguna clase de transformación social. Esto solo es el significado que le hemos ido dando en los ultimos siglos.

      En origen, la palabra viene del libro de Nicolas Copernico «Sobre las revoluciones de las esferas celestes», y solo tiene el significado de «dar vueltas».

      Ciertamente Copernico al situar al sol en el centro del mundo y sacar de el a la tierra, provocó un «cambio tremendo de forma de pensar» y esto es a lo que hoy llamamos «revolución».

      Pero en origen «revolución» solo tiene que ver con «dar vueltas».

      internete
      1234567

      PD: Las «nuevas formas de pensar» son las que nos hacen «evolucionar», es decir «cambiar en el tiempo».

      Un coche eléctrico es capaz de llegar a las 10.000 revoluciones por minuto…

      Un coche de gasolina, raro es que llegue a las 5.000 sin griparse…

      Revolucionar = Dar vueltas.

      La «verdadera revolución» desde el renacimiento, e incluso antes, es la ciencia: Nos hace ver que podemos comprender el mundo por medio de la lógica y la razón.

      Hay quien ha tratado de llevar la ciencia al mundo social, como Carlos Marx, y hay que agradecerle que efectivamente nos haga ver que al final la sociedad humana puede ser «objeto de análisis científico».

      Pero al final, las cosas son como son, y por mucho que cada vez seamos mas listos, no dejamos de comportarnos colectivamente como si cada vez fueramos mas tontos.

      Y los medios de incomunicación de masas no ayudan, no…

      Yo suelo decir que «en la descripción íntima del problema, reside la solución», y que «la paciencia es la madre de la paz y de la ciencia», y que «aunque no nos demos cuenta porque parece ultralento, todo está cambiando todo el tiempo»…

      1. La revolución o es un gran acto magnánimo y desinteresado o no es
        Si hay algo verdaderamente constante en este mundo, eso es «el cambio».

        internete
        1234567

        PD: De lo cual se deduce que «si todos los dias haces lo mismo, no puedes esperar que mañana las cosas sean diferentes»…

        Asi pues: «Hagamos cosas raras o absurdas, a ver que pasa…»

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