Colgado de la Luna

No pocos adultos sensatos considerarán que el juego es algo infantil e inmaduro, en suma, poco práctico. Y no les faltará parte de razón: así, los niños fingen arreglar una tubería, cocinar, torear o realizar un chequeo médico sin que ninguna de estas acciones vaya más allá de ser una inocente o pícara imitación del mundo adulto.

No obstante, esta sensatez pocas veces viajará de la superficie al fondo de las cosas, puesto que éste es un acto infantil, inmaduro, en suma, poco práctico –a no ser que en esa superficie haya petróleo, claro–. Nosotros, infantiles, inocentes por un momento y pícaros podemos plantearnos qué es un juego y por qué jugamos.

Las respuestas no son fáciles, pero quizá podamos convenir que un juego es un mundo autosuficiente creado por el hombre para relacionarse con los demás, para aprender o para divertirse; un cosmos que obedece a unas leyes artificiales y a un espíritu propio.

Nos sentamos delante del televisor a ver cómo Messi, Cristiano Ronaldo e Iniesta se someten a la ley del fuera de juego y al espíritu del fair-play que sanciona el árbitro. Estamos ante un mundo fácilmente comprensible en el que nos sentimos seguros juzgando. Lo tenemos todo claro y nos parece inadmisible que el malo de la película agreda con el pie al bueno. Sí, indudablemente, estuvo mal.

Pero durante esos 90 minutos, en el Santiago Bernabeu y en el bar vimos muchas otras cosas: once anuncios de Adidas y Bwin contra otros once de Nike y Qatar Foundation, un televisor Sony, la Coca-Cola que nos bebimos, un palco de mafiosos que daban al público y a sí mismos lo que ellos quieren, un chico educadísimo de Santpedor que guarda sus ahorros en el Banco Sabadell…

Mientras tanto, ahí fuera, mujeres hondureñas enferman y quedan desprotegidas mientras trabajan para Nike y Adidas; la empresa de apuestas Bwin le regala a Iker Casillas el dinero de quienes siempre quieren más; un representante de la Qatar Foundation planea futuros acuerdos de guerra con jefes de estado occidentales; una empresa de Florentino Pérez construye una cárcel; paramilitares contratados por Coca-Cola asesinan a un sindicalista colombiano; un televisor Sony de un trabajador ilicitano acaba siendo basura en Nigeria; el banco Sabadell financia la fabricación de bombas de racimo y deja sin casa a una familia que no puede pagar la hipoteca…

Todo juego es un mundo dentro de otros mundos, todo juego se da dentro de una realidad más amplia y cuando éste acaba ella sigue ahí.

Disfrutar con el fútbol es muy bonito y para ello hace falta muy poco. Lo comprendí de niño cuando era feliz con mis amigos, con cuatro palos para hacer porterías y con un tetra-brick de zumo al que patear. También lo comprendo ahora cuando pienso que si te hacían una falta podías poner el bote de pie para sacarla y que, sólo así, éste podía llegar a donde el portero era incapaz. Así se vengaba la belleza del mal.

Sin embargo, parece que los adultos sensatos necesitan Adidas, el Santiago Bernabeu, Cristiano Ronaldo, la Coca-Cola y el televisor de plasma.

La política, la economía, la sociedad y la cultura se relacionan de una manera muy rápida y compleja, de un modo que sobrepasa lo reducido y lo inmediato; es decir, de una forma que desborda lo que acostumbra a procesar nuestra mente. Nos cuesta comprender qué relación hay entre el partido de fútbol que vemos y la explotación laboral, entre el refresco que bebemos y un asesinato, entre el pisotón de Pepe y este artículo. Y cuando por fín lo entendemos, esas mujeres hondureñas y ese sindicalista colombiano no son más que puntos a los que alegremente dispararíamos con Harry Lime con tal de mantener nuestro nivel de vida.

Seamos sinceros: ni entendemos ni queremos sentir más mundo que nuestro vecindario. Nos abruma el esfuerzo de intentar comprender realidades más complejas y el miedo a tener que asumir nuestra responsabilidad en la marcha de nuestro planeta y en el devenir de nuestra especie. Por eso no paramos de jugar con pequeños mundos asumibles –Sálvame o la Liga– donde podemos ser sin dificultades jueces de otros.

El partido terminó y seguimos indignandonos con Pepe mientras nos atábamos las Nike. A su vez morían niños y desaparecían especies. ¿Puede ser que nosotros, adultos sensatos, nos hayamos obstinado en hacer eterno ese mundo que es el juego y en acabar con ese otro que llamamos civilización?

6 thoughts on “El pisotón de Pepe y el fin del mundo”
  1. El pisotón de Pepe y el fin del mundo
    El mundo está hecho de ondas.

    Si. Como las olas del mar o «como la que uso David para derrotar a Goliat» (solo que esta creo que es con hache).

    Como las ondas de television y las que aparecen en un estanque cuando tiras una china.

    Algunas situaciones tienen mas probabilidad que otras de ser «reales».

    Una onda «real» es aquella que tiene mayor amplitud que otras. Algo «irreal» es aquello que tiene menor amplitud que otro «algo».

    Con nuestra conciencia aumentamos o disminuimos la probabilidad de unas ondas con respecto a otras, de forma que el mundo es tal y como lo imaginamos.

    internete
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    PD: Si imaginamos la guerra aumentamos su probabilidad. Si imaginamos la paz, aumentamos su probabilidad.

    Si nos da miedo la guerra, aumentamos su probabilidad. Si nos da miedo la paz, aumentamos su probabilidad.

    Solo aquello que no podemos imaginar ni pensar, tiene muy poca probabilidad (casi nula) de «existir». Por ejemplo un elefante volador con traje de faralaes.

    Lo que ocurre en el mundo es el producto de nuestro pensamiento y nuestra conciencia.

    Asi que procura tener los pensamientos correctos, porque todo lo que piensas (tanto lo que quieres pensar, como lo que no quieres pensar pero piensas) aumenta la probabilidad de que eso que piensas (quieras o no quieras) «exista».

    No existe nada que pueda llamarse «realidad». Tal cosa es sencillamente una simplificacion util para «entenderse», pero no tiene «consistencia» ninguna.

    Solo existe aquello que pensamos, porque el mundo solo es percepcion y conciencia.

    Si tu crees que puedes parar la guerra, entonces puedes parar la guerra.

    Si tu crees que vuelas, entonces vuelas.

    Si tu crees que no puedes parar la guerra, entonces no puedes parar la guerra…

    QUERER ES PODER.

    Pero temer tambien es poder, solo que «invertido»: Temer es lo contrario de querer, pero igualmente es poder aunque de forma «incosciente»…

    Da igual si has entendido todo esto que he dicho, o si te lo crees o no.

    Eso no va cambiar en absoluto el hecho de que tu eres IGUALIBRESPONSABLE y que todo lo que piensas, quieres, imaginas o temes, aumenta ciertas probabilidades de ciertas ondas y reduce otras.

    Te puedo decir que YO ESTOY CONVENCIDO DE QUE VOY A PARAR LA GUERRA, y de hecho la estoy parando solo con mi pensamiento. Y tu puedes creerme o no.

    Tambien puedes «envidiarme» o creer que todo esto que digo «es una chorrada» o que «la guerra es eterna y no se puede parar», pero en cualquier caso estas afectando a la guerra solo con pensarla.

    Asi que, me creas o no, me odies o me quieras, te pido por favor que CUIDES LO QUE PIENSAS.

    Cada milesima, cada segundo, cada minuto, cada hora, cada dia, cada semana, cada mes, cada año, cada lustro, cada decada, cada siglo y cada vida…

  2. El pisotón de Pepe y el fin del mundo
    Bonito artículo. Y gran razón en todo lo que dice. Pero aparte de estas cuestiones obvias sobre lo que es importante y determinante y lo que es accesorio y vía de escape de la realidad, también es verdad que las personas necesitamos a ratos lo frívolo, lo banal, lo lúdico y tal y tal porque si no estallaríamos en mil pedazos de preocupación y responsabilidad.

    Sin embargo bien es verdad que a la hora de disfrutar de esos momentos de ocio y evasión no deberíamos poner nuestros amores y odios en referentes tan sucios como pueda ser cualquier tipo de deporte profesional o espectáculo tras el cual hay intereses chungos de diversos tipos y negocios. Más en los niveles de los que se habla aquí. Otra cosa sería animar a equipos compuestos con jugadores solo locales que jugasen sus partidos solo por diversión y espíritu deportivo y no por dinero.

    1. El pisotón de Pepe y el fin del mundo
      Totalmente de acuerdo, Pablo.
      Saludos

    2. El pisotón de Pepe y el fin del mundo
      Estoy de acuerdo, Pablo. En lo que consiste es en no hacer de la evasión y de la alienación un modo de vida.

      Por otra parte, estoy convencido de que lo lúdico puede llegar a ser más profundo que escapista. Y hablo de algo tan supuestamente banal como compartir un día en el campo o una partida de sarangollo con tus amigos.

      Un abrazo.

      1. El pisotón de Pepe y el fin del mundo
        ¿Que coño es eso de «Sarangollo»?

        ¿Una canción de Lola Flores o alguna hija suya (o nieta)?

        internete
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