Veíamos que una nueva forma de la sociedad empezaba a germinar en las naciones civilizadas, la cual debía reemplazar a la antigua; una sociedad de iguales, donde nadie se verá obligado a vender sus brazos y su inteligencia a aquellos que quieren emplearlos cuando y como mejor les convenga, sino que todos podrán aplicar sus conocimientos y aptitudes a la producción en un organismo de tal modo constituido, que al mismo tiempo que combine los comunes esfuerzos, a fin de procurar la mayor suma posible de bienestar para todos, deje a cada uno la mayor libertad imaginable, con objeto de que pueda manifestarse sin obstáculos toda iniciativa individual.

Esta sociedad se compondrá de una multitud de asociaciones federadas para todo aquello que reclama esta forma de agrupación: federaciones de oficios para la producción en general, agrícola, industrial, intelectual, artística; municipios encargados de organizar el consumo, proporcionando alojamiento, alumbrado, alimentos, servicio sanitario, etc.; federación de los municipios entre si, y de éstos con las organizaciones de oficio, y, finalmente, grupos más extensos, abarcando una o varias regiones, compuestas de individuos encargados de colaborar en la satisfacción de aquellas necesidades económicas, intelectuales, artísticas y morales que no se hallan limitadas a un país determinado.

Todo esto se combinará directamente por medio del concierto libre, del mismo modo que las compañías de ferrocarriles o las centrales de correos de diferentes naciones cooperan actualmente, sin tener un gobierno encargado de su dirección, y esto sucede, a pesar de estar guiadas las primeras por móviles puramente egoístas, y pertenecer las segundas a diferentes y aun antagónicos Estados, o como los meteorólogos, los club alpinos, las estaciones de botes salvavidas en la Gran Bretaña, los ciclistas, los maestros y otros, se combinan para toda clase de trabajo en común, ya se trate de empresas intelectuales o simplemente de recreo y placer. Habrá libertad completa para el desenvolvimiento de nuevas formas de producción, inventos y organización, y la iniciativa individual será estimulada, haciéndose lo contrario con la tendencia hacia la uniformidad y centralización.

Además, esta sociedad no estará cristalizada en ciertas e invariables formas, sino que modificará continuamente su aspecto, porque será un organismo vivo y sujeto a la evolución, no sintiéndose la necesidad de tener gobierno, porque el libre acuerdo y la federación lo reemplazarán en todas aquellas funciones que el Estado considera suyas al presente, y porque también, habiéndose reducido las causas del conflicto, los que aun se vean surgir pueden someterse fácilmente al arbitraje.

Ninguno de nosotros desconocía la importancia y magnitud del cambio a que aspirábamos. Comprendíamos que las ideas corrientes respecto de la necesidad de la existencia de la propiedad de la tierra, fábricas, minas, habitaciones y todo lo demás, como medio de asegurar el progreso industrial, y del sistema del salario, como la manera de obligar a los hombres a trabajar, no cederían fácilmente el puesto a concepciones más perfectas de propiedad y producción socializadas. Sabíamos que una propaganda penosa y una larga serie de combates, de rebeldías individuales y colectivas contra el régimen de propiedad existente, de sacrificios personales, de movimientos y revoluciones parciales habían de surgir, y por ello era necesario pasar antes que las naturales ideas sobre la propiedad privada sufrieran modificación.

Y no ignorábamos tampoco que el actual modo de pensar concerniente a la necesidad de la autoridad, en el cual todos hemos sido amamantados, no era posible ni debía esperarse que fuera abandonado de golpe por los pueblos civilizados. Largos años de propaganda y una prolongada serie de actos parciales de rebeldía contra la autoridad, así como una modificación radical en la enseñanza que hoy se desprende de la historia, se hacían indispensables antes de que los hombres comprendieran que se habían engañado al atribuir a sus gobernantes y sus leyes lo que se derivaba en realidad de sus inclinaciones y hábitos sociales. Todo eso lo conocíamos, pero sabíamos también que, al predicar la reforma en estas dos direcciones, ayudaríamos a la corriente del progreso humano.

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