
Una de las malfetrías del Estado de Bienestar es el destino que impone a las personas una vez alcanzada la edad de la jubilación. La concepción zoológica del ser humano propia de la izquierda, que tiene a aquel por animal laborans al que le basta con la pitanza, confina al individuo, en la fase final de la existencia, a un infierno de soledad, falta de afectos, esterilidad vital y marginación, so pretexto de otorgarle unos bienes materiales y servicios que no satisfacen y nunca pueden satisfacer las necesidades fundamentales del ser humano, que son, en primer lugar, de índole espiritual, inmaterial y afectiva.
Rodeada de funcionarios y mercenarios que quizá le den cosas y servicios pero no cariño real y trato afectuoso (éstos no pueden confundirse con esa parodia nona e hipócrita que escenifican para la ocasión los trabajadores sociales y otros agentes del Estado de Bienestar), la persona de edad, en una sociedad en la que la familia ha sido desintegrada planificadamente
a fin de que nada haga de contrapeso al Estado, es puesta en una situación en la que
no hay esperanza de llevar una vida específicamente humana.
Comparemos esta situación con el
trato que recibía la ancianidad hace ahora un siglo, según aparece en “El derecho consuetudinario en
la huerta y el campo de Murcia” de Mariano Ruiz-Funes (Madrid, 1912): «los ancianos son objeto
de grandes consideraciones; hay en los cuidados de que se les rodea, en la solicitud con que se les atiende, en el respeto con que se oyen sus palabras, en la atención con que se perciben sus consejos,
en la diligencia que se pone en su cumplimiento, en el cariño que todos sienten por ellos, algo
de reminiscencia patriarcal».
Véase: «cuidados», «solicitud», «respeto», «atención», «cariño»;
dones espirituales de primera importancia que hoy están casi del todo ausentes y que el Estado de
Bienestar no puede dar a los mayores, sea cual sea la cantidad de recursos financieros que llegue a
poseer. Nótese igualmente cómo ha retrocedido, en un siglo, la sociedad, cómo se ha envilecido y
encanallado so pretexto de riqueza y bienestar, y visto lo que en un siglo hemos perdido, en otro
más el retroceso de la humanidad puede ser pavoroso.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).