Contemplo tu patética imagen, con ese turbador rostro en el que el abotargamiento, tal vez inducido por las mismas razones ¿líquidas? que esas misteriosas caídas de madrugada o los portazos en la cara, eclipsa el aparente gesto de orgullo con el que quieres posar teniendo el cadáver del desdichado elefante que asesinaste a tu espalda. La veo y no puedo dejar de identificar en ella a un Carlos IV redivivo.

Apodado «el cazador», aún gozaba ese Monarca del descargo de vivir en una época en la que el respeto a los ciudadanos (de los animales ya ni hablo) era todavía una utopía. Pero tú, Juan Carlos I, exultante Rey de la democracia, puesto a dedo por un dictador y legitimado, dicen, por tu papel en un golpe de estado cuando todavía existen, sin darse a conocer con absoluta transparencia, claro, fuertes indicios de tu connivencia o al menos afinidad con los militares sublevados, atesoras en tu
corona la ignominia, el descaro, las desvergüenza y el baldón de tus maneras
absolutistas en una envoltura que quiere aparentar cercanía y humildad. Eso, Rey
Impuesto, te convierte en sujeto de mayor repulsa todavía. Y cada vez engañas a
menos.

Como Carlos IV también estás ejerciendo tu parasitaria labor en una época marcada
por una crisis financiera, y como él, cuánta coincidencia entre ambos, no serás tú
quien apoye medidas que puedan poner en peligro el privilegio de las élites, no
dudando sin embargo en refrendar disposiciones encaminadas a mantener el orden, un
orden que, al más puro estilo Millán Astray, representa la fuerza que detentáis en
detrimento de la justicia que se os reclama, cuando tú y los tuyos, deberíais
defenderla si todos vuestros discursos fuesen algo más que cínicas puestas en
escena.

Puede que el que en teoría venga tras de ti sea como Fernando VII, hijo de aquel Rey
con el que tanto tienes en común, y que tu vástago, comprobando ya la herencia que
recibe y las filias que muestra, sea aún más lesivo para varias especies que su
padre. Pero sólo a modo de anécdota te recuerdo que por mucho que en aquel mismo
reinado Godoy intentó evitar el final de Luis XVI no lo consiguió. Tranquilo que
esas formas ya no se utilizan, pero las repeticiones en la historia son frecuentes y
aunque varíen los modos, ciertos movimientos sociales continúan inspirados por
idénticos motivos que antaño. Tú, Juan Carlos de Borbón y Borbón, te estás
encargando de alentarlos con admirable destreza.

Julio Ortega Fraile

Vigo (Pontevedra)

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