
En la filosofía de Epicteto se encuentran ciertas proposiciones que han de ser reflexionadas desde los asuntos que nos ocupan, pues sirven de apropiada replica al materialismo estomacal de la izquierda. Son las que aseguran que “quien se hace esclavo de los hombres se ha hecho antes esclavo de las cosas”, ya citado, y que “el apego al cuerpo y a los bienes terrenales es la pérdida del hombre, la venta de su libertad”.
Éstas son antitéticas con el precepto número uno de la contemporaneidad economicista, desarrollista y tecnoadicta, para la cual las cosas materiales son la condición primera de la liberación humana, solo hacedera sobre el sustrato de una descomunal abundancia material.
En la Antigüedad, una persistente actividad de ideación que va desde los cínicos y Sócrates hasta el cristianismo, pasando por una parte de los estoicos, recusa el cosismo
(o devoción enfermiza por los bienes físicos) y establece que la libertad
humana reside en alcanzar la independencia frente a las cosas, en lograr
la autonomía personal y social usando y consumiendo la menor cantidad
posible de bienes tangibles. En la hora presente pocas dudas caben de que
ello es verdadero, mientras que el cosismo es un dislate ya que al encadenarnos
a las cosas nos encademos a los amos de las cosas así como a las
tremendas –y catastróficas– condiciones, sistemas y forzosidades que han
de constituirse para crearlas y mantenerlas. La modernidad es, en puridad,
la multitud sometida a los dominadores a través, en buena medida, de su
sometimiento mental (intelectual tanto como volitivo y emocional) y estructural
a los bienes materiales, situación fomentada por la izquierda de
manera obsesiva. Los acontecimientos históricos han actuado con poca
misericordia contra tales dislates, sí, pero su poso en la mente de millones perdurará durante generaciones, también y sobre todo porque es la concepción hecha hoy prevalecer por las elites aleccionadoras.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).