Aclaremos los términos

En mi opinión hay incorrección y malentendido cuando se asocian los términos “estado” y “público”. Hay argumentos para parar un tren que dejan perfectamente claro que el estado, los estados, no son “de todos”, sino de “unos pocos”. Son enormes acumulaciones de poder fáctico (pensemos en sus policías, sus cárceles, sus ejércitos, sus cámaras y ordenadores, su infinita burocracia) gestionadas por una pequeña élite de especialistas que van muy de la mano (hasta llegar a ser la misma cosa) de quienes poseen el poder económico. Piense lo que piense y desee lo que desee la mayoría de la población, quienes poseen esa magnífica herramienta de control llamada estado, harán siempre lo que más convenga a ellos y solo a ellos. El estado, pues, no es ni puede ser público. Es, por tanto, PRIVADO.

Y en deducción lógica de lo anterior el sistema de educación a cargo del estado también es PRIVADO. Es privado y no público porque no son quienes trabajan en él, quienes asisten a las clases y los padres y madres de las anteriores quienes lo diseñan y gestionan. Eso está en manos de la pequeña minoría que posee el estado. Es esta minoría la que dice cómo tiene que ser esa educación (con exámenes, sistemas de memorización, selectiva, autoritaria, en institutos cerrados a cal y canto etc.) y qué cosas tienen que aprender y dejar de aprender quienes allí se educan (los planes de estudios y los contenidos de las asignaturas). Vista tal cosa decir que es una educación comparativamente DE CALIDAD es otorgarle a quienes poseen el estado para su interés, los cuales son quienes diseñan y organizan toda la estructura educativa, el reconocimiento de “hacer bien las cosas”, lo cual no deja de ser un tanto esperpéntico. Otro mito es el que asegura que la educación estatal es GRATUÍTA. La pagamos bien pagada con los impuestos que obligatoriamente nos recauda el estado. Y ya que mencionamos lo coactivo, hay una cosa que sí es la educación, sea estatal, sea impartida por parte de una empresa privada: OBLIGATORIA. Quizá habría que preguntarse porqué, aunque creo que basta con mirar alrededor y ver cómo es y cómo deja de ser la gran mayoría de la gente en esta sociedad para comprenderlo rápidamente.

Sumando las razones anteriores debería dar igual poner la educación de nuestras hijas e hijos en manos de la minoría que posee el estado o en manos de la minoría que posee el dinero, los cuales ya hemos dicho que son primos hermanos si no son los mismos en definitiva. Al final la educación que van a recibir va a ser enormemente similar: LA QUE CONVIENE AL SISTEMA. Y lo único especialmente negativo que le encuentro a los recortes y las privatizaciones es que nos van a obligar a pagar (o copagar) dos veces por ese servicio que no podemos eludir recibir.

Disculpen las mayúsculas.


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2 thoughts on “¿Una educación pública de calidad?”

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