
Últimamente se alzan voces que reclaman “pasar cuentas” a quienes se
denomina “anarquistas de Estado”. Gentes malévolas, estos “anarquistas pro-Estado”, que defienden algo tan contradictorio para el movimiento libertario como los servicios sociales públicos. Traidores de una clase especial, que quieren hacer algo tan “antianarquista” como proteger los intereses inmediatos de la clase trabajadora en el momento de la historia reciente en que son más duramente atacados.
¿Por qué defender los servicios sociales si podemos hacer feroces proclamas, perfectamente intrascendentes, sobre una Revolución siempre futura y absolutamente perfecta que, sin embargo, nunca preparamos?
¿Por qué insertarnos en las luchas de masas de la clase
trabajadora si podemos (debemos, éticamente, según parece) ser perfectamente irrelevantes, una vez más?
Por supuesto, lo que late detrás de esta discusión es una
clara diferencia a la hora de interpretar lo que es el
anarquismo. Un desencuentro esencial y de raíz, en el que
uno de los lados, o quizás los dos, pueden estar
equivocados.
Sabiendo que la razón es esquiva y que lo que uno ha leído
ha visto en su trayectoria vital puede ser una ilusión o
una mentira. Sabiendo que, al fin y al cabo, el error es
tremendamente humano, y que sólo un debate honesto y
sincero puede, a lo mejor, aclarar un poco las cosas,
intentaré (yo, que según parece, soy uno de esos malévolos
“anarquistas de Estado” que tanto mal quieren hacer)
explicar un poco mi relación con eso que llaman
“anarquismo”.
En primer lugar debo aclarar que, probablemente, yo no soy
anarquista. No lo soy, desde luego, en el sentido que
muchos dan a ese término. Sólo me he sentido identificado
con él, en algunas ocasiones, por razones muy concretas. Y
esas razones son, precisamente, las que voy a explicar
ahora.
Llamado, por mis lecturas adolescentes y por el contacto
con las gentes que, a mi alrededor, habían tenido algo que
ver con el movimiento libertario, yo entendí, desde mi
juventud y con mi limitada capacidad intelectual, que el
anarquismo tenía una serie de características que, entre
otras no menos importantes, podían ser las siguientes:
-En primer lugar, el anarquismo era una ideología que
defendía los intereses de la clase obrera. La relación del
movimiento libertario con la clase trabajadora no era
episódica ni circunstancial. El anarquismo nació, en las
montañas suizas, de la confluencia entre un
revolucionario ruso y los obreros de la Federación del
Jura. Desde el primer momento estuvo íntimamente
relacionado con la Internacional. Era una de las ramas
principales del movimiento socialista, con todas las
implicaciones que ello comporta.
¿Implicaciones? La CNT era un sindicato. De hecho era,
como me dijo Alfonso Alvarez hace poco que decían los
ancianos de su pueblo, “El Sindicato”. El anarquismo era
un movimiento de clase. Incluso, cuando se decía que el
anarquismo trascendía los intereses proletarios, para
atraer a otros sectores, no por ello se insinuaba siquiera
que se debía de abandonar la organización de la clase
trabajadora.
Además, los intereses a defender eran tanto los “finales”
como los “inmediatos”. Y este, precisamente, era uno de
los elementos definitorios del movimiento libertario: esa
flexibilidad entre reivindicaciones salariales e
intentonas revolucionarias. Defender a la clase era
defender sus reivindicaciones: de salario, ahora; de
servicios sociales (salario indirecto), también ahora; de
control obrero de la producción y los servicios
colectivos, a la mayor brevedad; de otro tipo de sociedad,
en cuanto se pudiese.
El anarquismo organizaba a la clase trabajadora para defenderse, en el
seno de la sociedad de clases existente, de la explotación y la opresión.
Tanto a nivel inmediato (sindicalismo) como a largo plazo. El anarquismo
no esperaba al Juicio Final Revolucionario para actuar. Defendía a las
gentes de carne y hueso en sus necesidades vitales inmediatas, y acumulaba
fuerzas para hacer la Revolución en cuanto hubiera la ocasión. Así de
sencillo.
-Además, el anarquismo defendía la cultura. También, así de sencillo.
Defendía el conocimiento, la ciencia, el pensamiento libre y fundamentado.
Trataba de extender todo lo posible la educación entre la clase
trabajadora. Los libros, el debate, la relación con los artistas e
intelectuales comprometidos, eran cosas importantes. Había que leer mucho
para ser un anarquista “de pro”. La formación era inexcusable. Había quien
llevaba los folletos para leerlos en su descanso del andamio, quienes se
iban a las bibliotecas y ateneos después de jornadas de más de diez horas
de trabajo.
-Por otra parte, el anarquismo era, al fin y al cabo, el elemento más
acabado de la evolución del libre pensamiento europeo. Era la conclusión
lógica de la línea humanista recuperada en el Renacimiento. La crítica de
la religión y el ateísmo tenían algo que ver con todo esto. Algo que no
era, precisamente, circunstancial ni esporádico. El anarquismo derivaba
del pensamiento de Spinoza o D´Holbach, en el sentido de que incorporaba
una cosmovisión profundamente materialista y antiteológica del mundo.
Estaba lejos, por tanto, de la ascética cristiana y de la apología del
sufrimiento de quienes creen que existe otra vida perfecta en algún otro
lugar no material.
-Por último, y entre otras cosas (estoy sacando sólo los temas que me
parecen más relevantes para la discusión que encaramos), el anarquismo
pretendía hacer una Revolución, transformar el mundo (aunque no se lo
crean, esto también derivaba del ateísmo). No tenía, por tanto, el menor
interés en ser irrelevante, en no existir, en ser marginal y vegetar
apartado. Sus gentes intentaban despuntar en la lucha diaria de la clase
trabajadora, y en la poesía, la música, la biología, la geografía…En todo
lo que pudieran, Sus organizaciones intentaban crecer, operar en el centro
de las luchas de las masas, acompañar en sus victorias y derrotas a las
multitudes proletarias. El anarquismo no era una teodicea laica que
permitiera esconderse en un rincón para ser ferozmente puros, mientras el
mundo y la vida se desplegaban al margen intocados. El anarquismo quería
intervenir.
Por supuesto, puede que esté equivocado, que mis análisis fueran
totalmente erróneos, que el anarquismo nunca fuera eso. Es más, un parte
del movimiento libertario actual podría decir (y dice) sobre estos temas
cosas como las siguientes:
-La clase obrera no existe. Es inútil, brutal, garbancera, traidora. Son
una panda de fachas, y además se dejan explotar porque quieren. No tenemos
nada que ver con ellos. Sus reivindicaciones inmediatas nos generan
repulsión, su “Revolución del trabajo” no es otra cosa que otro tipo de
cadenas.
-La cultura es tortura. No hay que saber demasiadas cosas. Todo lo que se
ha escrito, lo han escrito los burgueses. Todo lo que se escribe ahora, lo
escriben profesores-funcionarios-mercenarios (curiosamente menos lo que
nos da la razón, que ya da igual quien lo escriba). Mejor leer sólo lo
nuestro. Lo que no genera dudas. Una cultura amplia es una demostración de
pertenencia al enemigo. Para ser anarquista no hace falta leer. La ciencia
no vale: la espiritualidad sí.
-El materialismo es insano, putrefacto. El libre pensamiento es burgués y
liberal. Los santos y los intérpretes nos enseñan el camino. La imagen de
la sociedad futura es un convento o un ashram ¿Dios y fueros viejos?
-Esperad, buscad la verdad. Ya haremos algo cuando hayamos sido
iluminados. Lo importante es separarse, diferenciarse de la masa. Ser
distintos a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros compañeros
de trabajo. Estar separados y juzgarles. No son dignos de nosotros.
Nosotros tampoco somos dignos de nuestro alto ideal. No es importante
estar en el centro de la acción, porque allí todo es impuro. Separarse y
buscar la verdad, y ser espirituales y limpios. Nada que ver con la
chusma.
Por supuestos, en mis paseos y recorridos por el mundillo anarquista
también he encontrado obreros honestos, sindicalistas luchadores, mujeres
que buscaban ser personas, fueran madres o no, gentes de amplia y extensa
cultura.
Pero ya les digo, igual estoy equivocado y nunca he sabido que es el
anarquismo. Igual no soy anarquista, aunque esto último la verdad es que
me da igual.
Yo tengo claro lo que defiendo.
José Luis Carretero Miramar.
http://joseluiscarreteromiramar.blogspot.com.es/2012/05/el-anarquismo-y-yo.html
«El anarquismo y yo»
Hemos publicado este artículo en Tortuga a petición de alguien que nos lo propone textualmente como “un buen antídoto para delirios como los giros estatolátricos de Mora o la misiginia y machismo de Esteban”. (Se refiere a Félix Rodrigo Mora y a Prado Esteban).
En mi opinión este artículo de José Luis Carretero (con quien tuve el gusto de debatir pormenorizadamente sobre similar tema en Kaosenlared, y que debo decir que en lo personal me cayó muy bien y disfruté de la conversación) no me parece que esté escrito en un tono que pueda ser constructivo ni creo que contenga aportaciones de interés, y si no existiera esta descalificadora petición de alguien conocido, posiblemente no lo hubiéramos publicado aquí.
Podría ser entretenido opinar párrafo a párrafo sobre este nuevo artículo de Carretero, pero resumiré mi impresión general en dos ideas sencillas. La visión que da en los primeros párrafos de su artículo del pensamiento que pretende criticar,
“¿Por qué defender los servicios sociales si podemos hacer
feroces proclamas, perfectamente intrascendentes, sobre
una Revolución siempre futura y absolutamente perfecta
que, sin embargo, nunca preparamos?
¿Por qué insertarnos en las luchas de masas de la clase
trabajadora si podemos (debemos, éticamente, según parece)
ser perfectamente irrelevantes, una vez más?”
visión que vuelve a aflorar al final del artículo, es una sombra de de lo que critica, una burda y manipulada caricatura. O José Luis Carretero no ha entendido apenas nada de lo que escribe Félix Rodrigo, o le ciega su animadversión, o es que trata deliberadamente de presentar una imagen deformada y ridícula de ese pensamiento, que sería la peor de las opciones. En todo caso escasea la argumentación que fundamente tales críticas-burla.
También decir, en justicia, que Félix Rodrigo, a quien considero amigo, a veces se gana a pulso respuestas como esta provocadas por innecesarias y atrevidas diatribas que lanza sin venir demasiado a cuento sobre unos y otros, y que además tampoco argumenta especialmente bien o lo pormenorizadamente que sería correcto en algunas ocasiones.
La segunda cuestión por la que este artículo me parece de escaso interés es su teorización sobre el “anarquismo”. Independientemente de que el término abarque muchas realidades y que al fin y al cabo ninguna etiqueta pueda llegar a nombrar (ni falta que hace) las diferentes concreciones de las luchas por la justicia y la libertad, la definición que propone José Luis Carretero, aunque él ya confiesa que solo está recogiendo ciertos rasgos del anarquismo que le interesa resaltar, de todos modos es de una simplificación y sesgo bastante grande, a mi parecer, que pretende dibujar un anarquismo “bueno”, sensible con las necesidades inmediatas de los actuales obreros, y otro anarquismo “malo”, dogmático, purista, inquisitivo e instalado en una torre de marfil. Simplificación, maniqueísmo y además con algún que otro error conceptual e histórico. Y eso que el artículo es poco extenso.
Quizá José Luis Carretero debería leer alguna obra de Félix Rodrigo de mayor calidad que “El Giro Estatolátrico” (que es la que dice que leyó, y que por cierto a mi me parece bastante floja, la más floja de las que ha escrito, y con muchísimas cosas criticables) y formarse una idea más completa y desapasionada de sus teorías para que si las quiere seguir criticando, lo cual me parece legítimo y sano, al menos lo haga con conocimiento de causa y desde la razón en lugar de desde las tripas. Tampoco le vendría mal leerse primero algunos documentos más elaborados sobre teoría del anarquismo la próxima vez que se ponga a dar lecciones sobre el tema. Independientemente de que a uno le gusten más unos rasgos que otros, las cosas son las que son y explicarlas de forma incompleta solo puede conducir a la confusión.
Y otra cuestión que quizá pueda ser de interés tanto para J.L. Carretero como para otras personas, es que la lucha actual contra los recortes y en pro de los servicios públicos creo que como mínimo debería suscitar algún tipo de debate ideológico y estratégico entre las organizaciones que se cobijan bajo el paraguas de la palabra anarquismo. Aunque en la definición que hace de anarquismo J.L. Carretero es una de las cosas que no menciona, una de las príncipes ideas del movimiento desde su génesis fue considerar a la institución del estado como una enorme concentración de poder creada y mantenida por las clases o sectores dominantes para utilizarla como herramienta en la salvaguarda de sus intereses. Por esa razón el movimiento anarquista debía dirigir sus esfuerzos a la destrucción del estado (a diferencia de los marxistas y luego los socialdemócratas que aspiraban a conquistarlo y después utilizarlo para desarrollar su modelo social). Quizá J.L. Carretero, además de a Bakunin, debería releer lo que decían en sus escritos el otro viajero ruso que cita y los trabajadores suizos de la Federación del Jura. Yo la verdad es que ya ni sé que derivas han ido tomando y siguen tomando los actuales grupos que enarbolan la bandera libertaria, pero cuando organizaciones como CGT y también CNT se lanzan a la calle a defender los servicios en manos del estado, como mínimo deberían haber tenido antes una seria reflexión de si realmente esos esfuerzos apuntan a la destrucción del estado o a su reforzamiento. ¿Se ha dado este debate? Me parece que sería pertinente reflexionar sobre si hay que defender esos servicios, o hay que liberarlos del estado, o hay que crear otros nuevos que sean autogestionarios (por ejemplo), o todas las cosas a la vez. Tampoco vendría mal una reflexión sobre la vinculación entre estado y capitalismo, porque parece que ahora solo el capital es el enemigo y el estado en cambio es una especie de entidad benefactora. Pero en todo caso desde una reflexión –digo yo- que apunte a los objetivos históricos del anarquismo y no desde un dejarse arrastrar por las inercias sindicalistas socialdemocrátas que todo lo fían a un cerrar filas en plan frente popular para la defensa del estado del bienestar. Si UGT y CCOO un buen día decidieron convertirse en organizaciones semi estatales que no cuestionan el modelo político y el económico solo de boquilla, sería bien triste que los sindicatos de matriz libertaria les acompañaran en ese camino solo por tener más pinta de “sindicato” al uso actual. Por cierto que la CNT de la que habla Carretero en poco se parecía a esto que tenemos ahora. En eso discrepamos seguramente.
Una cosa más añadiría. Este tipo de demoliciones despiadadas del pensamiento ajeno, hechas de forma agresiva y descalificante, en lugar de con respeto y la recomendable batalla de ideas entre personas que dicen aspirar a lo mismo, no hablan muy bien de quienes las realizan y señalan bastante más –a mi juicio- la enormidad de ciertos egos que los deseos sinceros de transformación social. Una pena.
Salut.
«El anarquismo y yo»
«Por esa razón el movimiento anarquista debía dirigir sus esfuerzos a la destrucción del estado (a diferencia de los marxistas y luego los socialdemócratas que aspiraban a conquistarlo y después utilizarlo para desarrollar su modelo social)»
Nunca está de más releer el Manifiesto Comunista, muchos de los conflictos que tenemos hoy en la «izquierda» se ven desde otro punto de vista, muy curioso:
«La importancia del socialismo y del comunismo crítico-utópico está en razón inversa del desarrollo histórico. A medida que la lucha de las clases se
acentuá y toma forma, el fantástico desdén que inspira, esa fantástica oposición que se la hace, pierde todo valor práctico, toda justificación teórica.
He ahí por qué si en muchos aspectos los autores de esos sistemas eran revolucionarios, las sectas formadas por sus discípulos son siempre
reaccionarias, pues sus secuaces se obstinan en oponer las viejas concepciones de su maestro a la evolución histórica del proletariado.
Buscan, pues, y en esto son lógicos, entorpecer la lucha de las clases
y conciliar los antagonismos. Continúan soñando con la realización experimental de sus utopías sociales: establecimiento de falansterios aislados, creación de colonias interiores, fundación de una pequeña Icaria, edición en dozavo de la Nueva
Jerusalén; y para la construcción de todos estos castillos en el aire se ven forzados a hacer llamamientos al corazón y a la bolsa de los filántropos burgueses.
Poco a poco caen en la
categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores descritos más arriba y no se distinguen más que por una pedantería más sistemática y una fe supersticiosa y fanática en la
eficacia maravillosa de su ciencia social. Opónense, pues, can encarnizamiento a toda acción política de la clase obrera, pues semejante
acción no puede provenir, a su juicio, sino de una ciega falta de fe en e1 nuevo evangelio».
Parece que describe a Félix Rodrigo Mora y sus secuaces 😉
David
«El anarquismo y yo»
En efecto, argumentos de ese tenor (es decir, que no analizan en profundidad las teorías que critican y se dedican meramente a desconsiderarlas sin más) son los que ha utilizado generalmente desde entonces hasta nuestros días el marxismo y luego el leninismo contra toda visión política de izquierdas que no asumiera su teoría del materialismo histórico, y la lucha de clases orientada hacia la dictadura del proletariado. Según esta forma de entender la política cualquier anarquismo de ayer y de hoy es un idealismo utópico, pequeñoburgués y contrarrevolucionario, tal como explica el manifiesto comunista. Y si se tiene en cuenta desde este pensamiento en la lucha política a algún movimiento anarquista organizado (véase la CNT en la guerra civil) es solo coyuntural y desde el desprecio por su ideología, por utilidad, dentro de lo definido por el leninismo como “política de alianzas”. Habrá que deducir, imagino, que quien pone aquí esta cita del manifiesto comunista lo hace desde esa ideología y no desde ningún anarquismo. Solo así le encuentro algo de lógica.
«El anarquismo y yo»
Y otra cosa David, que es cuestión de método. Quizá comentarios como el que has escrito, que solo se dedican a meterle caña a saco y de forma gratuita a Félix Rodrigo y “sus secuaces” los deberías colgar como post independiente en le hilo, ya que si lo pones respondiendo al mío anterior, lo que espero es que al menos respondas también a las preguntas y dudas que planteo. ¿O es que no hay respuesta para esas preguntas? Un saludo.
«El anarquismo y yo»
Yo soy muy miope, pero he sido incapaz de encontrar en los escritos de Felix Rodrigo Mora nada que se parezca a una teoría o a un discurso razonado. Será que el sistema me ha corrompido.
«El anarquismo y yo»
¿Leíste completo el libro en el que se supone que desarrolla esa teoría-discurso razonado que dices no haber encontrado?:
http://www.grupotortuga.com/Resena-y-analisis-de-La-Democracia
«El anarquismo y yo»
Todo esto de «no haber leido lo suficiente» y de la «crítica superficial a algo muy profundo que necesita un estudio pormenorizado» me recuerda mucho a los balonazos para arriba de los teólogos; tanto, que me parece fuera de lugar entrar en detalles. Lo que no entiendo es por qué FRM presume tanto de rechazo a la universidad para luego repetir todos los vicios de la autodefensa de profesores y cátedros. Ale, que se me pega el arroz.
«El anarquismo y yo»
Era solo por indicarte dónde puedes hallar quizá ese discurso que dices que no encuentras. Siempre que desees encontrarlo, claro. Si no, ir pa ná es tontería.
«El anarquismo y yo»
En este congreso supongo que podréis consultarle cualquier duda al propio Felix Rodrigo Mora:
http://www.cienciayespiritu.com/XII_congreso_Ciencia_Espiritu_Madrid.php
«El anarquismo y yo»
Amigo Pablo:
Todo debate es positivo y enriquecedor. Para emprender un debate de estas características, primero hay que tener en cuenta las realidades tanto objetivos como subjetivas de la gente de a pie (me resisto a llamarla “clase obrera” por parecerme un término irreal y trasnochado). Y, ahora mismo y siendo realistas, lo cierto es que, aunque sea deseable tener unos servicios sociales autogestionarios, esta idea está muy lejos del mundo real que existe a pie de calle. Es decir, los liberamos del estado hoy mismo, ya, sin más dilación. ¿Y cómo afrontamos la alternativa? ¿Qué le diremos a quién, viviendo en la sociedad en que le ha tocado vivir, pasado mañana tenga que empezar a pagar por curar su enfermedad o por enviar a sus hijos a estudiar aunque esté desempleado y cobre una prestación cada vez más exigua? ¿Les diremos que está bien que esos servicios no los financie el estado opresor porque “algún día” serán autogestionados? Y mientras tanto, esa persona, ¿cómo sobrevivirá? ¿cómo curará su enfermedad? ¿cómo educará a sus hijos? ¿Nos sorprenderemos de que nos escupa a la cara y se mofe de nuestros altos ideales y nos dé la espalda? ¿Cómo pretendemos hacer esa gran revolución social sin contar con esta misma gente que vive en esta sociedad?
Personalmente, creo que se puede luchar en más de una batalla a la vez sin que haya contradicción en ello. Se puede luchar por la mera supervivencia del individuo a día de hoy, y se puede luchar también por la construcción de una sociedad alternativa. Es más, creo que nosotros precisamente debemos dar ejemplo con nuestro modo de vida. Deberíamos vivir YA al margen de la sociedad capitalista, construyéndonos nuestra propia realidad. Esto es algo que cada día se ve más, desde las cooperativas integrales hasta las asociaciones de consumidores y productores, pasando por otros muchos ejemplos de trabajo práctico horizontal, asambleario y autogestionado. No estoy en absoluto de acuerdo con el comentario posterior de que nadie hace nada salvo esperar. Hay mucha gente que ya está trabajando y viviendo al margen del estado y de la sociedad capitalista. Y también creo que si acompañamos a mucha de esa gente de a pie en su lucha cotidiana por la mera supervivencia, y hacemos nuestras sus reivindicaciones de poder ir al médico y mandar sus hijos a estudiar, y al mismo tiempo les vamos mostrando con ejemplos prácticos, no con grandes discursos que de nada sirven, que existen otras formas de organizar las sociedades complejas que hasta ahora jamás se han tenido en cuenta, podemos hacer una labor de concienciación mucho mayor que con grandes arengas panfletarias.
«El anarquismo y yo»
Hola Alfredo, qué tal. Ya hemos hablado casi del mismo tema en una conversación precedente, ¿no? Pero en todo caso me parece pertinente seguir hablando porque creo que el tema es de máxima importancia, así que te agradezco una vez más tu comentario.
En comentarios anteriores yo decía que echo a faltar en el movimiento anarquista un debate de fondo sobre las implicaciones políticas de esta crisis. En realidad es un debate que tiene que ver con cosas que se deberían haber ido hablando hace mucho tiempo y que no se ha hecho. Actualmente veo a unos y otros grupos anarquistas tratando de responder de forma no reflexionada e inmediatista a realidades concretas que se les han echado encima: el 15M, los recortes etc. En los manifiestos y documentos que van surgiendo de estos colectivos al calor de los acontecimientos uno no lee apenas nada hoy día que le haga suponer que estos colectivos están de alguna forma apostando (más allá de la mera palabrería) por aprovechar las dificultades del modelo estatal-capitalista para realizar algún tipo de avance revolucionario, por pequeño que éste pudiera ser. Antes bien se han alineado curiosamente, junto a toda la socialdemocracia, en la defensa concreta del estado de bienestar. De hecho se lucha por volver a y mantener lo que había montado hace apenas dos o tres años. Y eso en el mejor de los casos.
Verás, el discurso que tú planteas tiene toda la lógica del mundo. Es incontestable que las decisiones de los actuales gobernantes están provocando que gente, tanto, rica, como pobre como pobrísima se quede sin unos recursos materiales con los que antes contaba. Eso es así, sin más. Y parece que se traza aquí una línea entre quienes se preocupan de la situación de esas personas y tratan de hacer frente a esos cambios nocivos, y quienes están en una especie de limbo escribiendo manifiestos de máximos totalmente a espaldas e indiferentes a los sufrimientos de la gente. Notemos lo fácil que resulta hacer demagogia con este tema para desacreditar la idea que no compartimos. No digo que lo hagas tú Alfredo, pero sí otras personas, entre ellas J.L. Carretero, cuyo artículo andamos comentando.
Porque estas fuerzas políticas preocupadas en hacer frente a los recortes por los argumentos que se han dado y los que tú aportas (la gente de la calle y sus necesidades reales…) ni ha querido ni quiere hacer análisis políticos de fondo. Todos los discursos se quedan hoy en la cuestión social; garantizar las necesidades materiales de la gente de aquí (educación, sanidad, vivienda…) a toda costa. Es una especie de revival de la caridad filantrópica o católica en el sentido de que se trata de actuar sobre los efectos y no sobre las causas. Porque, por ejemplo, quienes ahora luchan para que los enfermos necesitados de diálisis no la tengan que sobrepagar de su bolsillo, no han mostrado estas décadas especial sensibilidad hacia la gente de África que no puede acceder ni siquiera a las aspirinas. Creo que hay estudios económicos de sobra que relacionan los servicios públicos masivos de occidente con el expolio capitalista del sur. Pero resulta que la sensibilidad social se nos agota si salimos del círculo de los 800 km a la redonda. Esto es por poner un ejemplo.
Tampoco se reflexiona acerca de la génesis de ese estado de bienestar que repartía dádivas y servicios a manos llenas. De hecho, la mayoría de afiliados de las organizaciones de que estamos hablando, creen erróneamente que éste es resultado de “las luchas obreras”, cuando es todo lo contrario, como señala Alex Cosma –a quien no tengo el gusto de conocer- en comentario más abajo. En estos muchos años regateando con los gobernantes pequeñas prestaciones y subsidios, la “izquierda” ha dejado de ser reflexiva y sobre todo ha dejado de aspirar a una forma de gobierno auténticamente democrática y a una organización económica justa, conformándose con las migajas del banquete capitalista sin querer mirar de donde venían. Tampoco se ha reflexionado especialmente –que yo sepa- sobre la naturaleza de una de las principales raíces del sistema: el trabajo asalariado, el cual priva de autonomía y pone en situación de gran vulnerabilidad a la gran mayoría de la población, la cual queda subordinada en todo a quienes dan y quien empleo. No se han estudiado líneas de acción para cambiar eso, aunque sea poco a poco y a muy largo plazo, dirigiendo todo el esfuerzo, toda la lucha, a que el estado fije unas garantías mínimas para que todo el mundo, o casi, trabaje asalariadamente dando por inexorable y no especialmente criticable esa forma de hacerlo.
El movimiento anarquista haría bien en estudiar a la CNT de antes del 36, la cual, aunque efectivamente luchara activamente en cada fábrica y en cada latifundio por la mejora material de las condiciones de las personas explotadas (estas sí explotadas hasta el extremo), ponía gran parte de sus energías en crear un tejido de servicios popular y autogestionario (educación, sanidad, mutualidades, seguros de accidente, jubilaciones, cooperativas…) más que en reclamar –como hacen ahora algunos anarquistas y todos los comunistas- un estado fuerte frente al sector privado que se haga cargo de dichos servicios en forma de monopolio.
Y sí tienes razón en mucho de lo que dices. Es verdad que ir recuperando o creando alternativas autogestionarias a las necesidades sociales básicas (educación, sanidad, jubilación y desempleo especialmente) es una tarea muy larga en el mejor de los casos. Y mientras tanto hay una gran masa de gente desideologizada que sufre las consecuencias de los recortes. Gente con la que es cierto que hay que tratar de contar.
Pero aquí una vez más hay que distinguir entre los dogmas marxista-leninistas, que a la gente la consideran como simple “masa” que hay que pastorear hasta juntar mucha detrás de una bandera para así alcanzar la conquista del poder, y la teoría libertaria que cree en el individuo y que apuesta por la concienciación persona a persona desde el testimonio y desde la plasmación de realidades alternativas. Porque si se trata únicamente con todas estas movilizaciones (manifestaciones, huelgas generales etc.) de presionar a quienes están en el gobierno para que no hagan recortes o para que hagan menos y las cosas queden como estaban (y no nos engañemos, no más que eso es lo que se persigue), pues para eso acabamos antes con irnos todos a votar a Izquierda Unida y cuando sus dirigentes tengan la mayoría absoluta pues que tomen esas medidas que ya están en sus programas electorales. ¿No? Es más realista que todo el mundo que está en contra de los recortes apueste a esa carta, la cual supone que “los nuestros” estén en el poder, que no el seguir derrochando esfuerzos y más esfuerzos en pasear banderas por las calles con los nulos efectos de presión sobre el poder que todos estamos viendo. Con todo esto lo que quiero resaltar es la superficialidad, carencia de reflexión y seguidismo de las inercias de lucha sindical a ninguna parte que han ido marcando CCOO y UGT en las últimas décadas, con las que está actuando una gran parte del movimiento libertario.
Pero me he ido de la reflexión. ¿Qué pasa con toda esa gente que ahora tendrá que pagar más por los servicios que recibe del estado y que en muchos casos no se lo podrá permitir (por cierto que yo soy uno de esos)? Pues sí, en eso te doy la razón. La construcción de realidades alternativas puede y debe ir de la mano de algún tipo de lucha que trate de poner dificultades a esas decisiones del poder. Pero hay que ver muy bien que esa lucha a su vez no engorde la maquinaria estatal, la cual no hace sino crecer y crecer de forma desmesurada comiéndose por el camino, entre muchas cosas, todo tipo de derechos y libertades (a los movimientos anti-recortes esta cuestión de los endurecimientos del código penal, aumento de policías y tal tampoco parece preocuparles demasiado excepto cuando se llevan algún porrazo de los antidisturbios o encarcelan a alguna militante).
A mí por ejemplo me gusta la idea de las colectivizaciones. Por ejemplo, en el instituto de mi barrio han quitado la calefacción, todos los recursos de apoyo, extraescolares y además el centro debe una pasta a proveedores. Pues bien podríamos el profesorado, el alumnado y las madres y padres tomar el control del centro, en plan 15M, en vista de la dejación que hace la administración. A partir de ahí comenzaría una gestión democrática directa del mismo por parte no de políticos, sino de quienes tienen que ver con el recurso. También habría que financiarlo y eso se podría obtener buscando fórmulas para dejar de pagar parte de los impuestos al estado e invertir en este tipo de servicios el dinero. No digo que sea algo fácil de hacer y es una idea entre otras cosas que se podrían hacer, que en todo caso habría que estudiar y desarrollar mucho más que dos líneas que yo escribo aquí y ahora. Pero con ello lo que quiero decir es que hay muchas cosas que se pueden hacer en este contexto. El sindicalismo puede poner a trabajar todavía a muchas personas en este estado. Pero ese trabajo se puede enfocar a unas cosas o a otras cosas.
Por ahora se enfoca a las de toda la vida: manis y huelgas. Si el estado y el capital tienen problemas podemos dedicarnos a hacer lo de siempre para que las cosas simplemente no empeoren, pero también podemos aprovechar para dar respuestas que supongan avanzar en un proyecto de transformación social. A mí me gusta mucho lo de las cooperativas integrales, y por ejemplo por aquí andamos tratando de crear cosas en esa línea dedicando grandes energías a ello después de haber sido estimulados por pensamientos como el de Félix Rodrigo, entre otros (para que luego se diga que es un discurso que conduce a la inactividad…). Pero creo que hay muchas más opciones, válidas para todo el mundo, como la idea que he propuesto sin ir más lejos. Y si la gente no quiere, pues no quiere. Verdad es que hay una gran mayoría de personas asalariadas que votan al PPSOE. Pero la pregunta del millón es:
¿Si la mayoría no está interesada en una transformación profunda de la sociedad, nuestra misión cual es? ¿Dedicarnos a recuperar esa conciencia, o adaptar nuestras luchas a las limitaciones conformistas de la gente?
Saludos.
«El anarquismo y yo»
Hola Pablo.
Es verdad. Hemos hablado y debatido en el artículo “Un elogio a la huelga”. Interesante debate, por cierto. Y, al final, llegamos a la conclusión de que, en lo esencial, estábamos de acuerdo.
Me has escrito una respuesta bastante profunda en contenidos, y voy a intentar responderte a todos y cada uno de ellos con el respeto que me merecen. Y si alguno se me queda en el tintero, ruego me disculpes.
Respecto a lo que comentas de que el estado del bienestar ha sido gestado a partir de la predación de lo que, peyorativamente, se conoce como el tercer mundo, creo que tienes mucha razón. De hecho, me recuerda una cita de François Partant: “lo que en el primer mundo sería una marcha atrás sería, de hecho, un gran avance para los pueblos del tercer mundo. Este hecho pondría en tela de juicio la vida de tan sólo una pequeña minoría de la población mundial que ha vivido hasta este momento de una manera totalmente fuera de lo normal”. Y es que, a modo de dato empírico, se puede decir que el 80% de los humanos vive sin automóvil, sin refrigerador y sin teléfono, y el 94% de la humanidad no ha viajado nunca en avión. Hasta aquí de acuerdo. Respecto a que la respuesta de los movimientos sociales y sindicales sea inmediatista, ahí sí que creo que estás simplificando demasiado. Si la respuesta fuese tan superficial, y me refiero más a los movimientos sociales que a los sindicales, para empezar ni siquiera estaríamos debatiendo este tema en este momento. Pero sí, lo estamos debatiendo, y mientras tanto, hay muchas personas, entre la que creo que también nos contamos nosotros mismos, que estamos intentando hacer cosas positivas y prácticas desde perpectivas libertarias, aunque muchas veces ni siquiera lleven esa etiqueta visible. Y ojo, he dicho “hacer”, y no “hablar acerca de hacer”, porque sé que son proyectos que ya han sobrepasado la fase de estudio y están en marcha y se demuestran viables. Tan sólo esto, en sí mismo, ya es algo sumamente positivo.
También comentas que la izquierda, digamos “parlamentarista”, se ha relajado en su lucha y ha olvidado sus más altos ideales para dedicarse a recoger las migajas del estado y convencer a los trabajadores y de paso autoconvencerse de que eso era lo mejor a lo que todos podíamos aspirar. En este punto no puedo más que estar completamente de acuerdo contigo. De hecho, creo que es importante resaltar (ya que tan histórico se está tornando el debate) que, además del Manifiesto y de El Capital, Marx también escribió los Manuscritos Económico-Filosóficos, en los que insistía que el fin último del comunismo era luchar por la abolición total del estado y la instauración de las comunas de trabajo asociado (aunque es indudable que se equivocó en los métodos para llegar hasta ello, como la historia nos ha demostrado). Esto es algo que los comunistas más acérrimos parecen convenientemente obviar con total impunidad. Es más, la parte “filosófica” de los manuscritos fue durante mucho tiempo censurada en las dictaduras comunistas.
Muy cierto también lo que dices acerca de la CNT de antes del 36. Pero eran otros tiempos y otras mentalidades. No debemos obnubilarnos con los ejemplos del pasado porque no son extrapolables a la coyuntura actual. Si alguno de nosotros se le ocurriera, por ejemplo, la creación de una caja de resistencia, por poner tan sólo un ejemplo, como en aquellos tiempos, no digo que resultara linchado, pero al menos sí castigado con la más absoluta de las indiferencias. Antes existía una conciencia de clase que hoy, evidentemente, no existe (por eso siempre soy tan reacio a términos trasnochados tales como “clase trabajadora” u otros, porque ya no se adecuan en absoluto a nuestras actuales condiciones). Los tiempos han cambiado, y nosotros debemos evolucionar con ellos. ¿Significa ésto una rendición? Para nada. Significa seguir luchando con otras armas en otros campos de batalla diferentes (perdón por la jerga militarista, pero es que viene al pelo).
Después, también argumentas que, precisamente, para ese gran sector de la izquierda, la gente, el pueblo, la masa, como queramos llamarla, no es más que una estadística detrás de una bandera o un eslogán electoral que ayuda a ganar o a perder ante unas elecciones. Y, otra vez, no puedo estar más de acuerdo. Pero también, como también ya apunté en el otro debate, creo que somos nosotros los que debemos mostrar que se puede vivir de otra manera, llamémosla “alternativa” a falta de otro adjetivo mejor. E insistí, igual que sigo insistiendo en este nuevo debate, en que, al tiempo que luchamos en más de una batalla, que no es contradictorio, podemos concienciar a todas esas personas, esa “masa” como tú muy bien has señalado que ha sido catalogada por los sectores más estalinistas, de que esos modos de vida son posibles y son eficientes. No mediante discursos panfletarios, cosa que detesto, sino con el ejemplo claro, conciso y directo de nuestra propia experiencia personal. Sólo así podremos llegar a otras personas (sí… personas… que, a veces, en nuestro egocentrismo ideológico que roza el más puro mesianismo, se nos olvida que lo son, y que conste que no hablo de ti, pero sí de ese gran sector de la izquierda que tú mismo mentas).
Por eso mismo, creo, y me repito hasta la saciedad sin sentir vergüenza por ello, que no hay contradicción en luchar contra unos recortes salvajes y, al mismo tiempo, un modo de vida fuera del estado y del sistema económico capitalista, ya que, según la pirámide de las motivaciones fundamentales, y es algo innegable, cuando alguien está aterrado ante la posibilidad terrible de verse mañana mismo en la indigencia no se le puede pedir que, además, busque soluciones antisistema o anticapitalistas o antiloquesea, porque su prioridad será rebajar esa tensión y buscarse la vida, de la manera que sea. ¿Le culparemos encima por ello? Y por cierto, yo también soy uno de esos: llevo seis años en paro intentando buscarme la vida debajo de las piedras, y, mientras tanto, intentando construir una realidad personal que sea más acorde con convicciones personales. Pero sería desde luego irreal pretender que todo el mundo piense o sienta igual que yo. Tenemos que amoldarnos a las pequeñas realidades de cada ser humano, y construir desde esos pequeños rinconcitos, con humanidad y, también y por qué no, con amor (a los izquierdistas parece que esta palabra nos da pavor).
En último lugar, haces una pregunta a la que, si me lo permites, voy a hacerle un copia-pega: “¿Si la mayoría no está interesada en una transformación profunda de la sociedad, nuestra misión cual es? ¿Dedicarnos a recuperar esa conciencia, o adaptar nuestras luchas a las limitaciones conformistas de la gente?” Pues bien, mi respuesta, y me vuelvo otra vez a repetir, es que podemos hacer las dos cosas a la vez, y no existirá contradicción en ello. Podemos y debemos adaptar nuestras luchas a esas pequeñas realidades de las que hablaba, y que son el lenguaje que las personas entienden, y al mismo tiempo, podemos y debemos mostrarles la belleza de nuestros proyectos. ¿De qué sirven los monólogos cargados de términos filosóficos grandilocuentes si no llegan a nadie más que a los mismos de siempre?
Por último, y a modo de reflexión, creo que, aparte de los periódicos bajones que a todos nos dan de vez en cuando ante lo aparentemente desolador del panorama actual a nivel mundial, hemos de reconocer objetivamente que las cosas no están mal como podrían parecer. En todas partes veo movimientos incipientes en la línea que propones como el del instituto que pones de ejemplo. Y no sólo en el ámbito de la educación, sino en muchos y muy variados sectores. Y a eso precisamente me refiero, aún a riesgo de parecer reiterativo: en cuanto más personas vean que estos proyectos autogestionados no sólo no son imposibles, sino que además son hasta viables, seguro que sentirán ese “gusanillo”, ese pequeño cambio de conciencia que seguro que no es un cambio hoy pero que sí será una semilla para el cambio de mañana.
Al final, sólo puedo decir que me parece que otra vez, salvo por pequeñas cuestiones de forma, en lo esencial estamos de acuerdo.
«El anarquismo y yo»
Vale, Alfredo, me convence todo lo que dices. Aunque en general era casi más una constatación de las muchas cosas en las que coincidimos. Me sigue quedando el resquemor de que si dedicamos muchas energías –además de al desarrollo de la alternativa que es nuestro único camino realista y posible hacia el futuro- a evitar que las personas de a pié más vulnerables (yo también me cuento entre ellas) entren en situaciones de grave carencia material, no es fácil encontrar el equilibrio para que tales esfuerzos no refuercen el sistema. Por eso preguntaba más arriba acerca de si las organizaciones sindicales de inspiración anarquista están debatiendo esta cuestión o no. Entiendo la propuesta de pedagogía que haces hacia todo ese sector tan grande de la sociedad, pero creo que habrá que hilar fino finísimo porque de lo contrario habremos sido muy caritativos pero también muy tontos haciendo más fuerte al estado y al capitalismo. Creo que tenemos todos muy claro que el gran problema no es la actual coyuntura con sus recortes y demás, sino que es una organización de la sociedad y la economía que mantiene a la mayor parte de la humanidad en la pobreza y bajo la guerra y que de vez en cuando incluso se vuelve también contra las poblaciones de los países ricos. Enfrentar lo primero perdiendo de vista lo segundo me resulta directamente suicida. Pan para hoy y hambre para mañana. Y eso en el mejor de los casos, porque yo creo que el sistema capitalista ha entrado en una crisis tan fuerte, especialmente en Europa, que ya ni siquiera está en manos de sus gestores el mantener intactos los respectivos estados de bienestar. Por lo que posiblemente estas reivindicaciones inmediatistas ni siquiera estén luchando por algo que sea posible obtener, por mucho que Vicenç Navarro, ese sociólogo que se hace pasar por economista, nos diga a diario que sí. El tiempo lo irá aclarando en uno u otro sentido. Un abrazo.
Sobre las luchas obreras y sus «conquistas»
Félix rechaza sobre todo el carácter economicista de las luchas obreras, ya sean estas anarquistas o izquierdistas.
Y los hechos le dan la razón, porque es absolutamente incontestable que no ha habido ni un sólo instante en la historia de las luchas obreras, en el que, al mismo tiempo que éstas conseguían supuestos «derechos» para la clase trabajadora, la élites económicas (por no hablar de otras) no hayan aumentado EXPONENCIALMENTE su riqueza y poder.
Dicho de otra manera: ni siquiera en esas pedigüeñas reivindicaciones economicistas que olvidan al ESTADO, la clase obrera ha salido realmente beneficiada… Otra cosa es que la gente se haya sentido más LIBRE por tener pisos, coches, pensiones, sanidad, vacaciones, etc. y les haya importado un bledo si estas «mejoras» han resultado ser simples CONCESIONES de unas élites de poder que, ¿casualmente?, aumentaban su riqueza y poder por cada concesión que hacían. Porque es un hecho que ahora esas élites económicas tienen más riqueza y poder del que jamás tuvo ningún Rey o supuesto «señor feudal».
Por lo tanto, pretender seguir con el mismo tipo de «lucha obrera» garantizará, tarde o temprano, más allá de pasajeras e ilusorias victorias en el orden BIENESTARISTA, un reforzamiento del SISTEMA de DOMINACIÓN que se pretende INFANTILMENTE derrocar.
Pero si estoy equivocado y esas élites económicas no tienen tanto poder como digo, entonces, ¿DÓNDE ESTÁ EL PROBLEMA? ¿Por qué tanta crítica a los banqueros y multinacionales si resulta que estos pobrecitos cada vez tienen menos poder (sobre todo comparado con ese oscuro pasado feudal que nos han vendido) gracias a esas LUCHAS OBRERAS de carácter economicista que les han ido arrebatando los medios de producción y han repartido la riqueza entre todo el pueblo? Si todo va bien, salvo ligeros contratiempos, como la crisis actual, y el PROGRESO, y la CIENCIA, y la TECNOLOGÍA nos llevarán con toda seguridad (tal y como hasta ahora supuestamente ha sucedido) a la «emancipación» de la sociedad y a la LIBERTAD… repito ¿dónde está el problema?
Creo que es bastante obvio que Félix tiene razón, o, al menos, más razón que los que le critican desde posiciones puramente economicistas (es decir, BURGUESAS).
¿Cuál es el problema? Pues que cuando habla Félix de auto-construcción del sujeto y sobre todo de ESPIRITUALIDAD, muchos «activistas» automáticamente (tal es su contaminación mental y su anticlericalismo de pacotilla) lo asocian a IGLESIA y CLERO, con lo cual ellos mismos se están cercenando la posibilidad de tener una visión INTEGRAL de lo humano.
Pondré un ejemplo (al hilo de lo anterior):
Un gran sector del anarquismo (por no decir la inmensa mayoría de él) cree a pies juntillas en que la CIENCIA y la TECNOLOGÍA está el futuro de la humanidad (coincidiendo, por cierto, con la izquierda y la derecha estatales). Ese anarquismo olvida (o admite con esperanza de revertir la situación) que, HASTA EL DÍA DE HOY, no ha existido una CIENCIA y una TECNOLOGÍA (o sus aplicaciones prácticas) que no hayan ido de la mano de las minorías poderhabientes (o con afán de poder). Por ejemplo, es público y notorio que la tecnología punta está al servicio de los ejércitos… Pues bien, ¿ante qué estamos? ¿qué es lo que persigue el anarquismo? Pues algo que hasta ahora no ha existido y que no sabemos si podrá existir algún día. Y no, no les critico por perseguir MITOS; pero… ya puestos a buscar mitos, los anarquistas deberían admitir que otras personas persigan unos mitos diferentes. Algunos los buscan en la religión (mesías, salvadores, redentores…), otros en la CIENCIA y la TECNOLOGÍA, y otros, como Félix, en la AUTO-CONSTRUCCIÓN DEL SUJETO. Yo tengo claro cual de esos tres mitos daría con una sociedad más libre y más sana.
Y para finalizar, un texto de Ibn Asad que lo explica mejor que yo:
Mesianismo moderno: La mentalidad mesiánica se saca de quicio en desesperadas búsquedas profanas de un agente futuro proyectado en la política, la ciencia, la historia, creencias neo-espiritualistas, etc. Porque poco importa cómo se llamen y se definan, los inconscientes mesiánicos modernos comparten algo: creer en alguien o algo exterior que llegará en un futuro más o menos próximo. Entre ellos discuten, se critican y se combaten con dureza. Todos esperan. Los neo-nazis esperan el regreso de su amado Führer y su batalla final. ¿Qué hacen mientras esperan? Ven partidos de fútbol y pegan palizas a mendigos e indigentes. Los comunistas esperan el fin del capitalismo y la abolición de las clases sociales. ¿Qué hacen mientras esperan? Consumen, se disfrazan de pordioseros, y nos aburren en las tertulias de bar. Los transhumanistas esperan “la superación de la condición humana” a través de la tecnología. ¿Qué hacen mientras esperan? Leen revistas de divulgación científica, manosean su e-phone, y se atiborran a pastillas para aplacar su miedo a la muerte. Los ecologistas esperan que la ciencia ambientalista arroje un modelo de producción “sustentable”. ¿Qué hacen mientras esperan? Se jactan de su santidad ciudadana por ir al trabajo en bicicleta eléctrica, darse duchas de dos minutos y pagar el impuesto revolucionario de lo “ecológicamente correcto”. Los raeliano-ufológicos esperan que llegue un comandante interestelar y les lleve en su nave espacial. ¿Qué hacen mientras esperan? Ven películas de Hollywood sobre marcianitos, se ponen gorritos estrafalarios, y visten camisetas con el mensaje “I want to believe”. Los miembros de los partidos políticos esperan que su partido llegue al gobierno con su mesías negro, su mesías mujer o su mesías gay. ¿Qué hacen mientras esperan? Ven la tele, leen sus periódicos ideológicos, y opinan sobre nimiedades en sus blogs y redes sociales. Los new-age esperan la era astrológica de Acuario, la llegada de un meteorito, o el año 2012. ¿Qué hacen mientras esperan? Hablar grandilocuentemente sobre “consciencia” y “evolución” mientras dan la tabarra con las dietas macrobióticas, los cristales de cuarzo y los cuencos tibetanos. Todos esperan. Todos esperan. Todos esperan. ¿Qué tienen de peculiar estos mesiánicos modernos? Pues que a éstos, además de esperar, les da por hacer el canelo.
Y yo añadiría… ¿qué hacen los anarquistas aparte de coincidir en el 80% de sus reivindicaciones con la izquierda, con la derecha (sí, con la derecha) e incluso CON EL PODER ESTABLECIDO? Pues eso: esperan que su cosmovisión y estrategias, AMPLIAMENTE SUPERADAS Y SISTEMÁTICAMENTE DERROTADAS, les lleven, de derrota en derrota, hasta la victoria final.
«El anarquismo y yo»
Los anarquistas que luchamos en las arenas de la defensa de una educación universal y gratuita (la educación, científica y social, es un ámbito reivindicativo de la libertad individual y colectiva) luchamos contra la mercantilización de la educación, no a favor de una escuela estatal.
Hoy luchamos junto a la mayoría de la sociedad contra el pensamiento neoliberal(por cierto a FRM,le iba a encantar Hayek y sus asociados del Mont Pelerin). Ayer, contra las élites burocráticas y el constructivismo psicologísta de los socialdemócratas y europeistas, antes de ayer contra el nacionalcatolicismo, y antes contra el analfabetismo obrero.
Como otro anárquista más de los que estamos bregando en la arena de las luchas sociales de resistencia contra las imposiciones de las élites, creo que es el momento de comprometerse con el consenso, de dar alas a la creatividad y de sentirse más apoyados que nunca.
Aprovecho para invitaros a leer lo que se ha venido trabajando y concluyendo en el grupo de trabajo sobre educación del 15M en Oviedo:http://grupoeducacion15mdeoviedo.blogspot.com.es/
«El anarquismo y yo»
Te agradezco el tono educado del comentario. Muchas gracias. Un par de dudas. Cuando se dice que luchamos contra “el pensamiento neoliberal”, ¿cabe entender que estamos de acuerdo entonces con un sistema que no sea neoliberal, sino keynesiano, es decir, con el estado de bienestar? ¿Cómo se está luchando exactamente en estos momentos contra la mercantilización de la educación sin defender la escuela estatal? Dices que hoy se lucha sobre tal, ayer sobre tal y antesdeayer sobre cual pero ¿nunca se luchó entonces contra el capitalismo como tal y contra el estado? Cuando hablas de “comprometerse con el consenso”, ¿a quién incluyes en ese consenso? ¿Sólo a grupos anarquistas? ¿A UGT y CCOO? ¿al 15M? ¿A Izquierda Unida? ¿Al PSOE ahora que está en la oposición? ¿A cualquier que se movilice contra los recortes, aunque sea de derechas?…
He leído el enlace que propones y efectivamente desde el 15M se trabaja en contra de la privatización de la enseñanza, pero no veo propuestas para superar de algún modo “la escuela del estado”. Al contrario, lo son para defenderla y conservarla tal cual es con algunos pequeños retoques. A cambio te propongo este otro artículo sobre el sentido de la enseñanza estatal: ¿Una educación pública de calidad?
Saludos.
«El anarquismo y yo»
A su primera pregunta le respondo que frente a la manera de pensar Neoliberal no sólo se oponen los partidarios de Keynes. A su segunda pregunta le respondo que, efectivamente, existen varios frentes abiertos en el campo de la educación acerca del papel social de la escuela, el significado de la Educación, el ejercicio de la docencia, los contenidos de la enseñanza, etc., todos ellos ensombrecidos hoy en día por la amenenazas políticas de replicar marcos de interpretación socioeducativos experimentados ya durante los años 80 y 90 en los paises anglosajones y que ahondan en la idea de comprender la escuela como un órgano selectivo y excluyente, reproductor de las desigualdades sociales (este pensamiento ve en las desigualdes una pontencia de desarrollo social, para lo cual, el principio rector será el mercado. Esta formas políticas, tal y como se representan más allá del ámbito teórico, han construido una realidad socioeducativa, como podemos observar en Inglaterra o en los EEUU, en la que no desaparece el estado, es más , el estado tiene el importante papel de soportar los denominados «fallos del mercado educativo» sufragando «guetos» educativos, escuelas destinadas a los «pobres», aquellos que no pueden costearse un sistema privado.
Resistirse a esto no significa defender una escuela estatal, simplemente significa defender la escuela universal y gratuita, la educación como un elemento esencial para la realización humana y social, es decir, como un derecho humano irrenunciable y no como una inversión al servicio de los sectores industriales, como un modelo selectivo, excluyente y reproductor de las desigualdades sociales (de clases).
Usted dice que no se realizan propuestas pero si usted tiene la oportunidad de leer la información que he sugerido sobre la educación y el 15M encontrará un trabajo realizado por mí, «Una escuela libre es una escuela participativa» (http://grupoeducacion15mdeoviedo.blogspot.com.es/p/texto-de-la-charla-una-escuela-libre-es.html), en el que baso desde la Teoría Sociológica de la educación, todos aquellas ideas, propuestas y significados educativos que las personas (desconocidas entre sí), en su mayoría agentes educativos, es decir, alumn@s, maestr@s, padres y madres de alumn@s, fueron formulando a través de interminables discusiones, mucha paciencia y muchos días (seis meses)de encuentros en las calles frías del otoño y del invierno en el norte.
Le sugiero que lo lea por favor. Se guro que no estará de acuerdo en unas cosas pero en otras seguro que sí.
También le sigiero el siguiente artículo mío publicado en la revista nómadas de la UCM http://www.ucm.es/info/nomadas/32/damianherrera.pdf
Estoy seguro de que también le aportará elementos para la reflexión y la crítica.
Sin más
Salud
Libertad, Igualdad y confraternidad
«El anarquismo y yo»
En una de tus respuesta hablas de autogestión refiriéndote al instituto de tu barrio. Déjame invitarte a leer un pequeño párrafo extraido del estudio Una escuela libre es una escuela participativa, del 15M. http://grupoeducacion15mdeoviedo.blogspot.com.es/p/texto-de-la-charla-una-escuela-libre-es.html
«…se debían de elaborar dos proyectos curriculares: el Proyecto Educativo de Centro y el Proyecto Curricular. El primero debía de ser elaborado por el Consejo Escolar de Centro, el órgano de máxima autoridad, en el que estaban representados los estudiantes, las familias, el profesorado y la comunidad escolar, cuyo propósito era consensuar los objetivos educativos generales. El segundo, el proyecto curricular, debía ser elaborado por el profesorado a través del claustro de profesores, donde se decidían las metodologías, contenidos educativos y formas de evaluación más adecuados para la confección de los objetivos educativos marcados por el Primero, el Proyecto educativo de Centro.”
Si dijeramos «constituidos por…» en lugar de «estaban representados» ¿Sería o no un proyecto socioeducativo con posibilidades de auto- o de co-gestión por parte de todos los agentes sociales?
¿Acaso no genera posibilidades reales de materializar la experiencia social de la idea libertaria de escuela?
Pues este proyecto curricular (con sus defectos) quiso desarrollarse en nuestro país no hace mucho tiempo, pero fue frustrado por las corrientes neoliberales que entonces florecián en los EEUU y en Inglaterra y que alcanzaron a la socialdemocracia europeista que en los años 90, sustituyo el currículo abierto por el currículo único, imponiéndo así su modelo constructivista de corte psicológico ( no piagetiano) en nuestro país.
Sólo es un ejemplo de lo que ha sido y es capaz el pensamiento anarquista no etiquetado.
Sobre la educación
Sobre el asunto de la educación me remito a PEDRO GARCÍA OLIVO, el cual, dejando a un lado su seguidismo obsesivo de Nietzsche, y alguna que otra cosa, en mi opinión LO CLAVA.
http://www.laindependientedigital.net/pedro-garcia-olivo.html
No se puede reformar un sistema educativo que ha sido edificado de principio a fin con unos objetivos claros y concretos de dominación y adoctrinamiento. Hay que derribar todo, empezando por ese SUPUESTO y UNIVERSAL DERECHO A LA EDUCACIÓN que los anarquistas reclaman como algo inherente al ser humano (coincidiendo, REPITO, con las ideologías estatalistas).
No, los humanos no tienen derechos sino OBLIGACIONES; sólo con la estricta observancia y cumplimiento de las mismas podría hablarse de unos subsiguientes derechos emanados de tal observancia.
Y, en cualquier caso, esa educación debería ser la que los diferentes colectivos elijan, nunca una EDUCACIÓN UNIVERSAL; y debería estar basada en la EXPERIENCIA propia, tanto a nivel individual como a nivel de colectivos.
No niego legitimidad a iniciativas como la descrita por DAMIAN, pero no sólo son erróneas por ser reformistas, sino que también lo son por no estar incluidas dentro de un programa revolucionario integral. Y, al hilo de esto, espero que DAMIAN no se enfade si le digo que lo que leo en este enlace http://grupoeducacion15mdeoviedo.blogspot.com.es , salvo las tres o cuatro cositas formalmente críticas con el SISTEMA, es como si estuviera leyendo la página del ministerio de educación. Creo que no será necesario que CORTE Y PEGUE los párrafos a los que me refiero.
Repito: un proyecto revolucionario no puede coincidir con el 90% del ideario del sistema que trata de derribar.
Sobre la educación
No me enfado.
Sobre lo de etiquetarme de «reformista», pues no sé… supongo que entonces usted será un inmovilista (si se trata de eso, entonces sí, soy un reformista permanente).
Lo que sí sé es que hay que salirse de las simplificaciones. Es importante devolver sus contenidos a los conceptos significativos y caracterizadores del pensamiento anarquista. Es decir, liberar de su contenidos a los tópicos que tanto confunden. Y en eso estoy.
Nuestros antecedentes intelectuales anarquistas no les bastaba afirmar la necesidad de negar el estado, y en su trabajo tenían que esforzarse en explicar a sus coétaneos no sólo el qué era el estado, «instrumento de control y dirección», lo que por entonces era compartido por todas las corrientes críticas, sino el por qué de su negación, aspecto que ya no se compartía tanto, y el cómo, que no se compartía en absoluto.
El problemas de manejar tópicos es que con el tiempo se pierden los contenidos que los dan significado y sentido.
Respecto a lo que dice sobre la página del 15M le diré que, ciertamente los debates, enconados como usted no puede imaginarse gracias al cada vez mayor número de pedágogos, sociólogos e intelectuales libertarios, sobre educación en nuestra sociedad, giran en torno a los recursos sociales que efectivamente en nuestra historia presente han venido siendo regulados por los sucesivos gobiernos a través del estado. Ahora bien, decir que no se están planteando metodologías pedagógicas y procedimientos socioeducativos emancipadores (llámelos usted anarquistas si quiere o aspirantes, como prefiera) no solo es absolutamente falso sino que además es dejar constancia (involuntaria supongo) de que usted no tiene tan siquiera una idea general alguna sobre los acontecimientos acaecidos en este campo del conocimiento y la acción social.
En fin, lo que quiero decirle es que no vea con tan malos ojos el ejercicio de desarrollar una vez más los contenidos, dejando a un lado los tópicos que los esconden. Demosles contemporaneidad y que vuelvan a ser lo que siempre han sido: factores de cambio y de transformación social libertaria
Salud
Libertad, Igualdad y confraternidad
Sobre la educación
Correcto, pero yo siento insistir en que, al menos, los textos que escriban no incurran en tantos y tantos lugares comunes con el mundo educativo oficial.
¿De verdad cree que el contenido de ese blog enlazado se difiere de lo que se puede leer en las magníficas y magnánimas intenciones de los textos escritos en las páginas oficiales de los ministerios?
En cualquier caso, ¿me podría hablar de alguna esas esas «metodologías pedagógicas» y «procedimientos socioeducativos emancipadores» que ha mencionado? Ya le adelanto que esa NOMENCLATURA me espanta.
Le recomiendo que lea la entrevista que he enlazado de Pedro García Olivo.
Sobre la educación
Bien. No tenga usted miedo a las nomenclaturas, le aseguro que es lo que menos debe usted temer en este mundo.
Respecto a la bibliografía que me solicita le diré que sólo para introducirse en los pormenores del enfrentamiento dentro del campo de las políticas educativas puede usted consultar autoras como Encarna rodriguez (colaboro en la corrección del texto) o Sara Morgenstern quienes aparecen en el apartado de referencias bibliográficas que incluyo en mi trabajo Una escuela libre es una escuela participativa, el cual realicé con el 15Mhttp://grupoeducacion15mdeoviedo.blogspot.com.es/p/texto-de-la-charla-una-escuela-libre-es.html
Sobre la educación
Pues he leído varios artículos de ese blog y sigo diciendo que para ese viaje, no hacen falta tantas alforjas; es decir, que para defender la escuela pública no hace falta dárselas de alternativo; y menos aún siendo todos los que han intervenido en dichos textos, profesionales a sueldo educados en la escuela oficial (pública o privada).
Pero resulta que me he querido informar algo más sobre alguno de ellos, en este caso de Sara Morgenstern, y al ver esto:
http://4.bp.blogspot.com/_8quYAl6S0Kg/SBJM-hbdZWI/AAAAAAAADK0/ilVEsCja3dI/s1600-h/sociologa.JPG
Ya se me han quitado las ganas de seguir investigando. ¿Por qué?
Se llenan la boca con lo malo de que la educación esté diseñada, entre otras cosas, para crear trabajadores-consumidores funcionales, y resulta que cuando hablan de inmigración, parecen aprobar sin rechistar la llegada de millones de inmigrantes que han sido TRAÍDOS para engordar los bolsillos del CAPITAL. Claro está que yo no hablo de expulsar a nadie del país, pero lo que no se puede hacer es tratar al inmigrante de forma paternalista y como mera víctima, ya que éste tiene su parte de culpa en haber sido engañado y por querer vivir una vida igual de estúpida que la nuestra; la misma culpa que tendría yo si me dejara engañar por Sara Morgenstern y todos los que piensan como ella. Y llevando este peliagudo asunto a la educación, veo que Morgenstern habla de imponer la interculturalidad cueste lo que cueste, en vez de hacer ver a los inmigrantes lo ENGAÑADOS QUE ESTÁN. De tal forma que hacen el juego al CAPITAL (y al ESTADO, en lo que tiene la demografía de BIOPOLÍTICA) dando por buena, e incluso necesaria, la llegada de millones de inmigrantes, a los que luego hay que integrar a la fuerza, no vaya a ser que se den cuenta del ENGAÑO al que TODOS (ellos y nosotros) estamos siendo sometidos.
Impresionante, por no decir otra cosa, la «escuela libre» que pretenden Sara Morgenstern y compañía.
Siento ser tan duro (y me quedo corto), pero es lo que hay.
Y conste que me estoy desviando del asunto principal, centrándome en la educación, porque así lo ha querido Damian. Y también queda claro que mis sospechas sobre las nomenclaturas han sido confirmadas con los contenidos.
Sobre la educación
Señor Alex Coma, en el artículo que usted cita, la Socióloga Sara Morgenstern dice básicamente que los hijos de los trabajadores inmigrantes no deben ser objeto de segregación en las aulas por razón de étnia, de origen sociocultural o socioeconómico.
El que usted no este de acuerdo y lo argumente de manera tan pobre me sorprende y me desanima a seguir conversando con usted sobre este asunto.
Disculpeme, no quiero resultar ofensivo, pero para mi esta conversación termina en este momento.
Sobre la educación
Es más lo que calla que lo que dice esa señora. He incumplido mi palabra y he leído más cosas de ella, y no veo que en ningún momento hable de la inmigración masiva como lo que es: MANO DE OBRA BARATA y sustento demográfico que beneficia al CAPITAL (y al ESTADO). Ese es el problema de la ESPECIALIZACIÓN: ella sólo habla de EDUCACIÓN, y lo demás le da igual (eso siendo benévolo con ella y otorgándole unas buenas intenciones que desconozco). Pero la situación real de nuestra sociedad requiere de una análisis integral, y no parcial.
¿Por qué no dice ella, y otro-as como ella, que si no hubiera sido por ese GRAN CAPITAL que dicen combatir (con la boca pequeña) y por los intereses estratégicos del ESTADO (al que, en el mejor de los casos, ven como mal menor) no hubiera habido nunca una inmigración de este calibre?
Repito: yo no digo que haya que dejar de integrar o que haya que expulsar a nadie; digo que intentar arreglar el estropicio producido por el par ESTADO-CAPITAL, al mismo tiempo que se critica a éste sin mencionar la existencia y realidad de dicho estropicio, es de tener mucha cara dura.
Insisto: ¿Por qué siempre se habla de la inmigración con palabras cariñosas? ¿Por qué tanto paternalismo? ¿Por qué se hace del inmigrante siempre víctima y jamás corresponsable de sus problemas? Todo eso es puro progresismo, y ya sabemos a quién hace el caldo gordo el progresismo (AL CAPITAL).
Ahora olvide todo lo que he dicho sobre este asunto. Y responda a la siguiente pregunta: ¿Usted y Sara Morgenstern están a favor del ESTADO DE BIENESTAR?
Si la respuesta es sí, ya sabemos cual es nuestra principal discrepancia, porque yo no quiero bienestar para nadie, ni siquiera para mi, y mucho menos por LEY, y mucho menos por decisión de EXPERTO-AS tipo Morgenstern.
Y, por supuesto, la mejor escuela libre es la que no existe.
¿Cuál es el problema de los catedráticos y compañía, por muy libertarios que se crean? Pues que se creen imprescindibles, como EXPERTOS que son.
El principal requisito para poder tomar en serio a los EXPERTOS LIBERTARIOS es que renuncien a su condición de expertos. Y una segunda condición es que rechacen la corrección política ya que ésta, les impide, por ejemplo, hablar de la inmigración con toda la crudeza necesaria.
También sería interesante saber la opinión de Morgenstern sobre el feminismo (asunto íntimamente ligado a la educación). Si tiene algún enlace disponible sobre ello se lo agradecería.
Dicho lo cual, no niego la existencia de textos interesantes en ese blog (y de esos autores en otros lugares); lástima que las conclusiones finales, y el programa y estrategias a seguir no tengan el carácter INTEGRAL y revolucionario imprescindibles para ser considerados como una verdadera alternativa al SISTEMA DE DOMINACIÓN ACTUAL.
Conclusión: NO ROTUNDO a los EXPERTOS y mucho más a los expertos ESPECIALIZADOS. Y SÍ a la gente común que se involucra en TODOS los asuntos ESENCIALES para la organización de una sociedad.
«El anarquismo y yo»
Una cosa buena de los libros y charlas de Felix es que esta generando debate, un debate que no es nuevo y que seguirá existiendo.
A mi modo de verlo, un debate entre la reacción y la revolución, entre lo reformista y lo revolucionario, entre lo material y lo moral. Un debate que sabemos que no es antagónico en la historia de lucha de las anarquistas.
Las que somos críticas con lo publico-estatal muchas veces se nos tilda que menospreciamos la lucha por las condiciones materiales inmediatas de las personas necesitadas, y esto, como crítica general, es falso y demagógico.
Me ha gustado el ejemplo de la autogestión del instituto del barrio de Pablo. Una autogestión que debería ser tanto económica y pedagógica, material y moral.
Pienso que para los libertarios centrar la crítica en la pérdida de recursos materiales, concentrarse a la acción de quejarse públicamente, de pedir o exigir al gobierno, es un error. Y no es verdad que la única acción de contra el Estado sea hacer panfletismo radical y automarginal. Yo creo que si se dice esto es por que no se quiere pensar en otras acciones, como la del ejemplo del instituto de Pablo. Es una forma de lucha para satisfacer nuestras necesidades que al mismo tiempo satisface nuestras ansias de libertad.
Hago de profesor y soy anarcosindicalista, y estoy de acuerdo con lo que dice Felix. No sería una contradicción segun Jose Luís?
Mi experiencia como profesor del Estado me hace coincidir con García Olivo. Y si debiese haber escuela, pienso que ésta debería ser parecida al modelo de Illich y autogestionada por TODAS quienes participan en ella, tanto en los contenidos, las normas y el mantenimento económico y de las instalaciones.
Aunque el cambio fuese incompleto sería qualitativamente un avance, aunque fuese gradual. Centrarse en los recortes pienso que lleva a estancamiento sino un retroceso en nuestra lucha por la libertad.
En general creo que se debería hacer mas esfuerzo para pensar estrategias y acciones que conjugasen tanto la satisfación de nuestras necesidades materiales como la conquista de parcelas de libertad-autogestión. Y como autocrítica empezando en mi sindicato, dónde no dedicamos casi tiempo al debate ideológico-estratégico-táctico. Como muchas, vamos a reacción de los acontecimientos, o peor, por costumbres.
Y si no hace de forma colectiva, aunque sea un pequeño colectivo, el fracaso suele ser el resultado. Porque solas es mas dificil. Hay mucha gente en nuestra misma situación y necesidades por cubrir, seguro que es posible encontrar alguna que quiera cooperar para satisfacer las necesidades comunes, de forma autónoma, sin tener que pedir nada al Estado o al Capital. No es cuestion de buscarse la vida, sino de buscarse la vida juntas.
Yo para el curso siguiente es muy probable que esté en el paro…
Una cosa buena que me ha sorprendido del movimiento entorno a «los indignados» són sus acciones desobediencia. Está facilitando un renacimiento popular de la acción directa, y ademas aceptada por muchas «noanarquistas». Pienso que para los anarquistas organizados es una buena oportunidad para ser audaces.
La revolución no está pronto, pero podemos ayudar a que sea posible en un futuro no muy lejano.
salud!
«El anarquismo y yo»
«Hago de profesor y soy anarcosindicalista, y estoy de acuerdo con lo que dice Felix. No sería una contradicción segun Jose Luís?»
No, sería una contradicción según García Olivo (>que creo que también es profesor de la pública, por cierto) y según Félix. ¿Eres profesor de la pública y adoctrinas en las teorías del estado a la gente y luego vienes aquí a contarnos cuentos de que eres muy radical porque lees a Félix? ¿eres un profesor-funcionario-mercenario?
«El anarquismo y yo»
Yo creo que contradicciones tenemos todo el mundo. No nos queda otra. Hay que comer, hay que vestir, hay que vivir, y hoy día hasta el aire que respiramos está afectado por el sistema que nos rodea por todas partes. En mi opinión el tema no está tanto en la persecución (imposible) de la pureza personal, cuanto en el no conformarse y buscar honestamente, desde las posibilidades de cada cual pero con compromiso, esfuerzo y valentía, una transformación integral -no solo material- que beneficie a todas.
«El anarquismo y yo»
buf… ¿no se te ocurre nada mejor que decir?
1. Parece que no sabes de que va esto del adoctrinamiento en las aulas… no es que los profesores expliquemos teorias del Estado, sino que las ejecutamos, no es teoria es práctica.
2. No me atribuyas tus acomplejamientos de tener que parecer radical…
Parece que tienes graves problemas para diferenciar un debate sobre ideas, a un juicio sobre las personas. Háztelo mirar compa.. o troll?
«El anarquismo y yo»
Lanzo las siguientes preguntas ¿Para qué sirve el Estado? Y si sirve para algo ¿Esas funciones se pueden cumplir de otra manera?
«El anarquismo y yo»
Más sobre la estatolatría de cierta izquierda
En los ambientes progresistas actuales, esto es, en los círculos del poder, se presenta al Estado como el “garante por excelencia de la superación de las desigualdades sociales”, el “organismo que asegura el más rápido crecimiento económico posible, en beneficio de todos”, el destinado a “controlar y limitar” el mercado y el capitalismo (algunos llegan hasta a insinuar que puede llegar a liquidarlos), la gran institución que ha de “salvaguardar el medioambiente de la catástrofe que se avecina”, el ente destinado a “realizar la emancipación de la mujer” y así sucesivamente. En suma, el progresismo inviste al Estado con los atributos de la Divinidad, llegando a hacer de él una deidad benéfica sin la que nada podemos hacer los impotentes mortales.
De manera que cuanto más progresista sea una fuerza política, más idealiza al Estado y más coopera en convertirle en un poder absoluto y en constante crecimiento, produciendo una sociedad con más militares que individuos libres, más policías que personas honradas, más profesores que pensadores, más funcionarios que trabajadores útiles, más parásitos que contribuyentes al bien común, más derecho que moralidad y más barbarie que civilización.
La estatolatría de esa izquierda que sostiene incluso que el Estado nos salva y redime del capitalismo niega lo observado y padecido desde hace 250 años: que cada paso adelante del ente estatal exige un nuevo grado de desarrollo del mercado y del capitalismo, de donde tenemos que su ruidoso “anticapitalismo” es la más rendida apología del mismo.
http://www.grupotortuga.com/Mas-sobre-la-estatolatria-de