
La invasión de Iraq estaba preparándose cuando las autoridades americanas propusieron a las ONG humanitarias integrarse a la Coalición y situarse bajo la égida de la organización “Libertad en Iraq”.
En Afganistán, en Sierra Leona, en Timor, en Kosovo, las ONG han sido solicitadas para unirse a las huestes de las “guerras justas”, que los poderes occidentales han declarado a los autores de las violencias de masas. ¿Se trata de una buena noticia para las poblaciones que ven su vida amenazada? Sea lo que sea, en la mayoría de los conflictos la ayuda se despliega sin la intervención de un ejército occidental, y en un clima internacional de tolerancia a las masacres.
Los investigadores y periodistas reunidos por MSF se preguntan sobre los límites y contradicciones de las operaciones de socorro arbitradas en las crisis más graves. Abordan también la cuestión del incremento de poder de las ONG islámicas, las de las relaciones de las ONG con la justicia internacional, y finalmente del acceso de los cuidados y los medicamentos vitales en los países del Sur.
EL MUNDO
REIVINDICAN MAYOR INDEPENDENCIA PARA EJERCER
MSF denuncia la manipulación de Occidente de la ayuda humanitaria para justificar las guerras
La ONG asegura que esta situación empeora porque las prioridades políticas se alejan cada vez más del sufrimiento humano
YASMINA JIMÉNEZ
MADRID.- «En nombre de la libertad, la democracia o cualquier otro valor, Occidente se cree legitimado para intervenir y atacar allí donde cree que esos valores se están poniendo en peligro», según ha denunciado Médicos Sin Fronteras en la presentación del libro ‘A la sombra de las guerras justas’, en el que se analiza la actuación de la comunidad internacional en 11 de las crisis más graves de los últimos años y sus repercusiones en las ONG.
«Las intervenciones se lleván a cabo en función de los valores y no de los intereses, como se hacía antes. Se plantea como una implantanción de los Derechos Humanos» ha asegurado Rafael Vilasanjuán, director general de MSF España, quien considera que «lejos de mejorar las condiciones de la vida de las personas, ha empeorado su situación, ha caotizado sus vidas…»
Vilasanjuán ha explicado que «este nuevo escenario ha repercutido en el trabajo de las organizaciones de ayuda humanitaria, extendiéndose la idea de que el papel de estas organanizaciones sirve para compensar lo que no hacen los gobiernos y para justificar las razones políticas, cuando el objetivo es ayudar a los que más sufren».
El director de MSF ha dicho que «se ha instalado la idea de que el Gobierno, el Ejército y las ONG van todos juntos de la mano para ejercer un bien común… y eso es falaz», y aquí es «donde nosotros reivindicamos nuestra independencia».
La instrumentalización de la ayuda humanitaria por parte de los gobiernos ha servido para presentar como aceptable intervenciones armadas que son injustificables desde el punto de vista humanitario. MSF denuncia que el único criterio en el que se apoya la comunidad internacional para decidir si interviene o no en una crisis es el interés político que tenga para occidente, aunque su argumento oficial sea el de la necisidad de llevar a cabo una «guerra humanitaria» para extender la libertad y la democracia.
La ONG asegura que esta situación cada vez es peor porque las prioridades políticas se alejan cada vez más del sufrimiento humano y «esto implica que el papel de las organizaciones humanitarias es hoy más importante que nunca, sobre todo en aquellas crisis que ya han quedado fuera de las agendas de los políticos».
Emilia Herranz, presidente de MSF España, ha destacado que con este libro se quiere contribuir «al debate para aclarar la difusa línea que separa el papel de cada actor en las crisis internacionales: por un lado los políticos y por otro las organizaciones de ayuda humanitaria». La ONG también quiere expresar su preocupación sobre la «lógica política» en la que apoyan los gobiernos su «guerra contra el terror».