
Habitualmente nos presentan la situación de Siria como una masacre del ejército de El Asad contra el pueblo desarmado. Esta presentación busca una implicación más activa en la derrota de El Asad.
Ahora nos dicen que hay fuertes combates (¿combates si sólo hay un ejército?) en la zona siria de Al Hafa y un portavoz de los rebeldes, el coronel (¿un coronel?) rebelde Sami al Kurdi, habla de bajas producidas al ejército sirio por el Ejército Libre Sirio (¿Un ejército libre?).
Todo ello hace pensar más bien en una guerra civil. No tenemos información para afirmarlo, pero basándonos en la experiencia de Libia y sus desastrosos resultados y desenlace, parece prudente filtrar con cuidado todas las informaciones que nos llegan de la situación siria.
Llama la atención, por otra parte, comprobar que las actitudes y las propuestas de las “potencias mundiales” aparecen todas ellas llenas de calculo y de cinismo, buscando aprovechar la situación para reposicionamientos de unos y otros. De ahí que las propuestas de la ONU, si es que consiguen ponerse de acuerdo el bloque occidental el de Rusia y China, sean altamente sospechosas.
Lo que parece indiscutible, como en todas las guerras, es que las bajas, la mayoría de las bajas, son civiles y que el conflicto no hace sino multiplicar la pérdida de civiles: más de 10000 muertos, 230.000 desplazados internos y 60000 refugiados en otros países.
Y nos llama mucho más la atención que todas las propuestas que hemos oído hasta la fecha van dirigidas desde un enfoque militar, pero ninguna presta eficaz apoyo a las víctimas civiles, ni empodera sus mecanismos de solidaridad y resistencia a la guerra, ni promueve el apoyo real a sus derechos. Estamos convencidos de que en Siria se mueven organizaciones y personas que desde posiciones diferentes están trabajando por los nadie, están luchando por su cuidado, están promoviendo la noviolencia, pero de esto nadie habla. ¿Por qué? Porque el lenguaje militarista simplifica todo, hace que la lucha sea de buenos contra malos, silencia las discrepancias y las enmiendas a la totalidad y porque un apoyo al pueblo Sirio desde la noviolenia no beneficia a los intereses y a los negocios de unos y otros, ya sea los relacionados con el petróleo, ya los que tienen que ver con las armas o la geopolítica.
Siria tal vez vive una guerra civil y se merece una paz justa, no más militarismo.
La pieza siria: la internacionalización hace muy dificil la solución del conflicto
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… La cuestión central son las relaciones con Irán y cómo va quedar el escenario de Asia Central tras la retirada de las fuerzas americanas y de la OTAN de Afganistán, el año próximo. A su vez todo ello tiene que ver, de forma muy directa, con la deriva de las relaciones entre Rusia, los Estados Unidos y la Unión Europea.
De momento, los tambores de guerra que sonaban de forma insistente, se han acallado. No se habla de un inminente ataque contra Irán, que el actual gobierno israelí deseaba impulsar a cualquier precio hace menos de cuatro meses. Es más, podría llegarse a un acuerdo en torno al programa nuclear iraní. Si las relaciones americano-iraníes evolucionaran satisfactoriamente, israelíes y saudíes se sentirían abandonados y exigirían a Washington alguna garantía frente a Irán. Es más que posible que esa negociación haya tenido lugar, y el régimen de Bashar al Assad haya sido la prenda acordada. Un cambio en Siria, en sentido pro-occidental, supondría un golpe muy duro para Hezbollah, para la influencia iraní en la zona y, teóricamente, un alivio para Israel que, además, anularía a un vecino hostil muy peligroso en sus fronteras.
Pero hay que contar también con los rusos. Un Irán alejado de Siria y Líbano se volcaría más hacia Asia Central, esto es, hacia los países del área persáfona y, entre ellos, Afganistán…
La crisis siria divide a las izquierdas árabes
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