En las actuales condiciones el individuo consciente ha de estar preparado para la emergencia de todo tipo de aberraciones y monstruosidades, y para comprobar en su propia experiencia que estamos en una fase descendente de la historia en que todo, o casi todo, marcha y se desliza a peor sin que haya nada consistente a que aferrarse para evitar o al menos moderar la caída.

Las formaciones sociales que padecen de hiperextensión del Estado quedan tanto más dañadas cuanto mayor sea dicha plétora y cuanto más intenso haya sido el envilecimiento buscado de la multitud, y dado que ambos factores causales son asombrosamente potentes hoy, lo que el presente y el futuro han de deparar al género humano no puede ser más que negativo, o incluso muy negativo.

A ello se añade que los factores
reales de cambio son ahora prácticamente inexistentes y, aunque puedan
ser fomentados y desarrollados, es imposible saber si alguna vez alcanzaran
un cierto nivel. Detrás de esto esta el hecho causal ultimo: el triunfo
del Estado ha sido tan colosal que ha logrado constituir una sociedad sin
oposición, por tanto sin frenos ni factores limitantes o contrarrestantes a
la explotación de dicha victoria. Consecuencia, conviene recordarlo, de la
torcida naturaleza, desde sus orígenes; de las corrientes de pensamiento
y acción que se dijeron subversivas y revolucionarias, que, lejos de serlo,
eran la afirmación de lo esencial del orden constituido so pretexto de oponerse
a lo inesencial.

Un orden apoyado con pasión y fruición por todos,
por los que decían querer destruirlo tanto como por los que lo sostenían,
ha de ser por necesidad una monstruosidad histórica, un gran ente de pesadilla
constituido y desarrollado sin límites y, por ello, hoy triunfante de
manera irrestricta, para nuestro mal.

(…)

Ello se expresa, aunque sea de un modo mínimo y que, además, no
conviene exagerar ni considerar con un exceso de optimismo, en algunos
elementos de los comportamientos y creencias, ya perceptibles en ciertos
ambientes y personas. Las instituciones políticas propias de la dictadura
liberal, partidos, parlamento, gobierno, concitan mas indiferencia y desdén
que fervor. Comienza a ser admitido que el sistema capitalista de producción
en vigor es intrínsecamente ineficiente, despilfarrador y absorbente
del máximo de energía vital y tiempo de trabajo de los individuos,
para proporcionar unos resultados mediocres y que tienden a empeorar.

El otrora apasionamiento por la técnica, de la que se esperaban milagros
sin cuento, ha decaído algo. El modo de pensamiento a través de teorías
suscita una desconfianza en ascenso, tendiéndose a sustituirlas por el análisis
meramente experiencial de realidades singulares. Los mandarines de
la sabiduría oficial y los genios designados desde arriba ya no arrastran
tras de si tan enormes masas de papanatas como antaño. El arte extravagante
causa más hastió que escándalo. La revolución educativa de hace
solo unos decenios, que llevó a la universidad a la mayoría de la población
juvenil esta mostrando lo enteco e inquietante de sus logros, así que ya no
es tenida por algo grandioso.

La oferta de contenidos de las todopoderosas compañías multimedios
es vivida con mas resignación que esperanza por casi todos, en la convicción
que hoy ya no puede crearse nada valioso ni innovador. La constatación
de que el estado de salud de las gentes empeora con el crecimiento
del gasto sanitario origina perplejidad y desencanto. La sensación de que
se vive en una sociedad de fieras, en la que los individuos se lanzan unos
contra otros con ansia de desgarrarse, tiende a suscitar interrogantes no
siempre convenientes para el prestigio del orden constituido. Las drogas,
hace muy poco presentadas por la contracultura, la intelectualidad y una
parte de la izquierda como vectores de creatividad y elementos para acceder
a un tipo superior de conciencia, hoy se perciben por casi todos
como lo que son, un burdo procedimiento para la huida de la realidad,
la perdida de la libertad interior, la adaptación político-ideológica al orden
establecido, el entontecimiento y el deterioro de la salud. La crisis
medioambiental es vivida por muchos con angustia, impotencia y desesperación.

En definitiva, lo que hace solo unos decenios fueron promesas
de cambios fabulosos hacia lo óptimo y lo excelente, que constituirían una
sociedad perfecta o casi perfecta a corto plazo, hoy se han manifestado,
en la práctica, como mediocres realidades, si no como temibles causas de
tremendas nocividades.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).

3 thoughts on “El triunfo del estado y de la dictadura liberal”
  1. El triunfo del estado y de la dictadura liberal
    Y cuanta razón tiene…Andad,criticos del señor Rodrigo Mora,¿estáis esperando que llegue el hambre de verdad,como en Etiopía,para que las masas tomen las calles?

  2. El triunfo del estado y de la dictadura liberal
    Otro punto de vista -¡también apocalíptico!-:
    http://dedona.wordpress.com/2012/06/28/contra-la-crisis-la-republica-del-pueblo-benjamin-balboa/

    Y, más extenso: http://dedona.wordpress.com/2012/07/21/para-vencer-a-los-mercados-un-frente-antirrecortes-es-la-republica-de-izquierdas-una-reflexion-necesaria-pedro-a-garcia-bilbao/

    … La República, para ser una verdadera república, debe garantizar el bien común que no es ninguna entelequia ideológica, sino algo claro y meridiano, la defensa del derecho del pueblo a sobrevivir, objetivo ante el que debe sacrificarse todo interés privado. El carácter universal de los derechos del hombre es la clave del pensamiento republicano, y no se detienen ante el color, el género o la desigualdad económica. Fueron los revolucionarios jacobinos los que acuñaron el término derechos humanos, concepto proscrito y odiado por el liberalismo hasta que en el inicio de la Guerra Fría… Para el liberalismo sólo existen los derechos politicos, admitiendo que la desigualdad económica que ellos ven como natural pueda dar origen a la imposibilidad de la igualdad política… El republicanismo y toda la tradición ideológica de la izquierda posterior, desde el marxismo al anarquismo, en todas sus variaciones, es frontalmente enemiga de esa concepción aberrante y potencialmente genocida, pues se basan en la fraternidad —la solidaridad elevada a categoría social y política— y en la igualdad fundamental de los seres humanos y la universalidad de sus derechos, por encima, como decía antes de diferencias y origen.

    … La República del 1793 fue derrotada por la reacción con un golpe sangriento y una cruel represión. Triunfaron las repúblicas burguesas durante los dos siglos siguiente, aliándose si era preciso la vieja reacción monárquica con los nuevos burgueses para frenar o aniquilar las luchas de los trabajadores, los republicanos revolucionarios y los derechos humanos fueron asimilados al Terror —que no fue más que la defensa de la República frente a sus enemigos— y proscritos. Toda la izquierda nació de ahí y en estos dos siglos ha combatido por superar la contradicción de clase que destruyó la república del 93.

    … La República, en pleno siglo XXI, sigue perseguida, sus conceptos básicos son negados —la igualdad—, vaciados y prostituidos —la libertad—, o directamente borrados del mapa —la fraternidad—. La lucha del actual capitalismo y su sistema ideológico hegemónico —el neoliberalismo— por dominar a los pueblos y garantizar los beneficios y privilegios de las oligarquías, exigen no solamente destruir a la izquierda, sino aniquilar todo vestigio del pensamiento democrático republicano y sus avances. Quieren destruir todo lo público, hasta la idea misma de ciudadano, despojándola de su contenido histórico, 1793 es tan odiado como 1917.

    … La República es fundamental en los combates actuales o de lo contrario se puede caer en la confusión; pues el pensamiento postmoderno, los populismos reaccionarios de variado pelaje, los experimentos naranja, prosperan generosamente auspiciados por los arquitectos de la nueva gobernanza corporativa… En sociedades inermes y atomizadas por el postfordismo y los procesos de disolución de los lazos de identidad colectiva nacidos del trabajo como clase o del sufrimiento como pueblo trabajador, los hijos de la clase media de origen obrero del mundo occidental se rebelan a su destino de consumidores fallidos bajo las banderas aurinegras de sus verdugos. Surgen acampadas, manitas al viento, gritos mudos y ataques psiquicos con los que las técnicas de dinámica de grupos y las terapias de adoctrinamiento sectario han dotado a una generación deseosa de protestar.

    … Los «republicanismos» que no incluyen la perspectiva de clase pueden estar todo lo bientencionados que se quiera, pero están condenados a ser barridos por la reacción neoliberal; el capitalismo no necesita de la democracia y su expresión ideológica hegemónica, el «pensamiento» neocon es enemigo jurado de todo lo público. O se asume el elemental hecho de la existencia de la lucha de clases o la República no será tal; es más, en el momento actual, son hasta los propios estados nación clásicos los que quieren destruir para ser sustituidos por una tiránica y genocida gobernanza global, donde los conceptos de ciudadanía, justicia, derechos humanos, servicios públicos y estado sean inexistentes. Obstinarse en no ver este designio implacable es suicida. La República no es, por tanto, un concepto

    … En esta España asolada por los recortes, promovidos por esta combinación letal de neoliberales hijos de fascistas del PP, divididos entre ellos tan sólo en bárbaros neocón y sectas integristas religiosas —la hez del franquismo en última instancia—, sin ningún respeto, ni piedad por la suerte de la población, defender la República es particularmente difícil, dado el grado de desideologización al que 35 años de dictadura y otros 35 de impunidad del franquismo llevaron a este pueblo. Pero las contradicciones se imponen y las agresiones son de tal calibre que el miedo y la rabia crecen, extendiéndose entre quienes nunca creyeron que ciertas cosas pudieran suceder. Pues bien, están sucediendo y van a ir a peor.

    La lucha por la República es el gran frente de unidad que nace de la lucha de todas las corrientes de la izquierda y de todos los trabajadores organizados para defender su derecho a la supervivencia. La República es, sencillamente, el estado al servicio del pueblo, del bien común, de la defensa del derecho a vivir dignamente y el instrumento de poder para garantizar la libertad, la igualdad y la fraternidad frente a sus enemigos; el gobierno revolucionario es el que construye la República y la defiende a cualquier precio y el gobierno constitucional el que administra y garantiza la libertad de todos y articula la fraternidad. Por que sin fraternidad no hay futuro ¿es preciso repetirlo?

    … En esta hora de España que vivimos es preciso trazar una raya clara, deslindar el campo. A un lado los partidarios de parar los recortes y sobrevivir todos dignamente, al otro lado los que los defienden a costa de sacrificar a la población. Esa es la contradicción principal hoy. Necesitamos una gran Frente antirrecortes, un Frente Popular, o un Frente de Resistencia, la palabra puede ser cualquiera, pero el contenido es claro, la expresion social y politica de todos los dispuestos a resistir, vengan de donde vengan. Esa es nuestra tarea.

    1. El triunfo del estado y de la dictadura liberal
      ¿Frente antirecortes?Es decir,que consumamos más;mas comilonas,ḿás medicinas,más tecnología,más escuela «pública»,más estado,más policías,guardia civiles y militares,más carceleros,más y más.

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