
Ello proviene, también, del sistema competitivo en el que está estructurado el orden social, en cada país y en el plano mundial. Cada núcleo de poder ha de espolear sin piedad a quienes domina para maximizar sus beneficios particulares y desbancar a los adversarios, o para no ser desbancado por ellos.
De ahí lo que sale es un descomunal despilfarro de energías humanas y de recursos naturales, tanto mayor cuanto mas perfectos sean los procedimientos y mecanismos concretos de dominación, pues ello permite a las instancias de poder extraer el máximo de los sojuzgados, incluso más allá de lo que éstos pueden soportar a largo plazo. A la vez, cuanto más saca de ellos, más puede dedicar a su envilecimiento y coerción, proceso autogenerado que parece no tener fin. Pero quizá lo tenga.
Si los recursos humanos, productivos y naturales comienzan a escasear,
bien por su limitada naturaleza intrínseca, bien porque la expansión del
Estado ha alcanzado ya todo lo admisible, o porque en su depravación y
total inutilidad las masas necesitan cantidades crecientes de productos y
servicios o, como es más probable, por una combinación de las tres posibilidades,
entonces se produce una regresión forzada del Estado, que retrocede
paso a paso, dejando abandonadas a su suerte a unas gentes que
él mismo ha convertido en dependientes, baldías, irresponsables y lerdas,
que ya no saben vivir por si mismas y desde sus propias capacidades, pues
están habituadas a esperarlo todo de los dirigentes, funcionarios, patronos,
ideólogos o benefactores institucionales.
Ahora bien, tal retroceso
del ente estatal no afectaría a sus componentes fundamentales, el ejército,
la policía, los cuerpos de elite de la administración estatal, el cogollo de
los adoctrinadores, idocrasas y estetas: éstos siempre tendrán los mejores
recursos a su disposición, y en abundancia, dado que ellos son el centro
del poder. Para la gran masa, para la plebe, esa situación puede llegar a ser
crítica e incluso catastrófica.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).