Tú, ya, ¡oh ministro!, afirma tu cuidado,

en no injuriar al mísero y al fuerte;

cuando le quites oro y plata, advierte,

que le dejas el hierro acicalado.

Dejas espada y lanza, al desdichado;

y poder y razón, para vencerte:

no sabe pueblo ayuno temer muerte,

armas quedan al pueblo despojado.

Quien ve su perdición cierta, aborrece

más que su perdición, la causa della,

y esta, no aquella, es más quien le enfurece.

Ama su desnudez y su querella

con desesperación, cuando le ofrece

venganza del rigor, quien lo atropella.

Lo hemos tomado de esta fuente: http://desequilibros.blogspot.com.es/2012/07/quevedo-advierte-al-ministro-de.html#.UAmD3KCD9Cg