
Pablo Emilio Obando Acosta
Germán Dion, productor cinematográfico y documentalista argentino de 24 años de edad, es noticia mundial tras el lanzamiento de su más reciente documental “La educación prohibida” que toca, como puede colegirse, uno de los temas más polémicos y controversiales de nuestra sociedad como lo es la educación. Parara este joven productor “la verdadera educación, aquella que te deja ser, está prohibida” por cuanto el sistema educativo se ha convertido en un cumulo de experiencias intrascendentes para las reales necesidades cognitivas y existenciales de la juventud del siglo XXI. El origen de la misma escuela deja en evidencia la necesidad de una transformación por cuanto no responde a las exigencias de una sociedad moderna que superó viejos esquemas de producción y concentración obrera; su base prusista y militarista buscó la formación de jóvenes con una mentalidad sumisa, pacata, poco inclinada a pensar y reflexionar y sumida en una serie de dogmas y paradigmas que impedían el crecimiento personal y colectivo.
Con el aporte de la ciencia y el desarrollo de la tecnología la sociedad logró un salto significativo en sus estructuras, pero la escuela se mantuvo incólume y se rezagó de las nuevas y renovadas formas de producción industrial. La escuela transmisionista, domadora, castradora y formadora de caracteres poco inclinados a la investigación se constituyó en una de las maneras de sometimiento ciudadano. El joven iba a la escuela a aprender normas impuestas por una sociedad que no permitía el cambio ni mucho menos la innovación; la alianza Estado- Iglesia se constituyó durante muchas décadas y siglos en una simple y llana manera de sometimiento ciudadano que impedía la irrupción de renovadas maneras de ver, sentir e interpretar el universo. Se imponen dogmas que no se deben ni se permiten rebatir, se ausenta de la escuela la investigación y la ciencia y se somete a las nuevas generaciones a una cotidianidad asfixiante que raya con la desesperanza y la conformidad. Se impide que a los claustros escolares arribe el libre pensamiento mediante la argucia de lo divino y lo sagrado como estrategia pedagógica.
En los siglos XIX y XX se repite maquinalmente este esquema pedagógico, los niños son sometidos una y otra vez a unas tediosas clases en salones con apariencia de celda (cárceles y escuelas conservan las mismas estructuras), las formaciones escolares, los premios, los castigos, las notas, las reprimendas, el desprecio al error y, sobre todo, la sumisión absoluta al conocimiento impartido por unos formadores que se nutren en las vetas de la religión y los dogmas irracionales que no permiten avanzar en la ciencia o en la concepción que se tenga sobre el mismo universo. El niño es sometido a una dosis diaria de conocimientos que se fragmentan en áreas o asignaturas; el maestro habla para posteriormente verificar mediante notas cuanto “aprendió” o dejó de aprender. Se desconocen importantes factores psicológicos y emocionales que inciden en las formas de aprender y aproximarse a la ciencia; todos los niños deben saber lo mismo, comportarse igual, hablar similarmente y hasta vestirse y actuar de acuerdo a los códigos y normas impuestos por los adultos. Como resultado de esta educación se obtiene una sociedad medrosa, unos ciudadanos individualistas y una colectividad enmarcada por diversos problemas y situaciones que únicamente puede resolver el Estado mediante sus instituciones. El niño o el joven que se sale de estos cánones es considerado problema y en consecuencia sometido al escarnio público mediante la no aprobación del año escolar, la exclusión del sistema educativo o, en el mejor de los casos, tratado con medicamentos en el ánimo de “superar las deficiencias de aprendizaje y controlar la actividad intelectual y cognitiva” que impide su sometimiento y aceptación pasiva de la ideología dominante.
En este contexto y bajo este escenario la escuela se convierte en un sitio tedioso, aburrido, de asistencia obligatoria y de perdida de la identidad individual. Todos deben aprender bajo el rígido esquema impuesto en las aulas escolares, grupos de niños, generalmente de la misma edad, que se encierran por seis o siete horas al amparo de maestros que imparten sus conocimientos en áreas de saberes diversos. Y mientras esto pretende ocurrir en la escuela, el espíritu rebelde, innovador, transformador y critico desaparece de los cerebros de los niños y jóvenes en edad escolarizada. La escuela se concibe como una cárcel donde los adolescentes deben permanecer obligados y atornillados a un pupitre aprendiendo cosas que no les interesan de materias que no les gustan de maestros que no los entienden y de una sociedad alejada completamente de su cosmovisión existencial.
En “La educación prohibida” se proponen nuevas alternativas de aprendizaje, la concepción de una nueva escuela libre y facilitadora de herramientas técnicas, científicas y tecnológicas para adquirir las bases necesarias para el desarrollo individual y colectivo. Una escuela sin notas, sin asignaturas, sin obligaciones contractuales que te impongan que debes y que no debes aprender, una escuela donde sean tenidos en cuenta estilos y ritmos de aprendizaje de cada individuo y que permita la liberación intelectual por encima de los dominios de las manipulaciones ideológicas, dogmáticas y religiosas.
El siglo XXI requiere la aparición de esta nueva escuela, que no lastime, que no excluya, que no premie y castigue, que no dañe y ofenda, que integre los diferentes saberes en árboles de conocimientos y que permita la interacción del sistema educativo con su sociedad. Si Germán Dion pretendía dar un jalón de orejas a los gobernantes latinoamericanos en lo referente a su visión de educación, a los docentes y directivos, a padres de familia y sociedad en general, de verdad que lo logró por cuanto toca los cimientos de la educación y del sistema educativo en el siglo XXI, un reto que recibimos con agrado y que nos permitirá como educadores y como sociedad iniciar la construcción de un nuevo modelo pedagógico centrado en el ser humano y en las necesidades de los jóvenes que a gritos imploran un cambio significativo en los modos de enseñar y aprender.
peobando@gmail.com
«La Educación Prohibida»
He visto el documental y en parte me ha gustado. He trabajado como profesor en institutos públicos durante seis años y considero que gran parte de las críticas que se hacen desde el documental son muy acertadas.
Sin embargo, creo que una cosa es criticar acertadamente y otra ofrecer alternativas de un modo acertado… Esto lo digo porque desde mi punto de vista no hay que aceptar las alternativas de un modo acrítico.
Mi crítica a este documental consiste en que para mi gusto se está olvidando y dejando de lado la rica tradición de educación libertaria de la escuela moderna y se omite la pedagogía racionalista y antiautoritaria de Ferrer i Guardia. No debemos olvidar que está teoría educativa dio como fruto numerosas escuelas y centros de estudio y que todavía hay muchas escuelas libres que la reivindican.
Por otro lado, en el documental «La educación prohibida» veo como se le ha dado mucha importancia a las escuelas Waldorf. Aunque algunas escuelas Waldorf tienen interesante propuestas y prácticas pedagógicas de las que aprender, por ejemplo, la crianza en la naturaleza, desde mi punto de vista no hay que olvidar que su fundador fue Rudolf Steiner. Rudolf Steiner también fue el creador de la agricultura biodinámica, que según mi entender es aplicar la astrología al campo, algo así como hacerle la carta astral a la huerta (no estoy siendo para nada exagerado, aunque lo parezca je je je….). Rudolf Steiner fue un famoso espiritista y lo siento mucho pero a mi el rollito teosófico y antroposófico, me parece que tiene mucho de secta y no precisamente en el sentido figurado.
Si criticamos un sistema genocida no es para dar como alternativa el misticismo new age…
Bueno, pues eso que desde aquí quiero recordar que existe una rica tradición pedagógica libertaria y racionalista y que está no debe de ser dejada de lado a la hora de dar alternativas.
¡Salud y lucha por la dignidad!