
Agustín Velloso
Ya se ha hecho público en varios portales alternativos de Internet, al menos en Kaosenlared y en Lahaine, la muy activa y exitosa presencia de provocadores en la concentración ante el Congreso del 25-S durante la tarde noche de ayer (25S).
Sin embargo, me veo obligado a recurrir a El País para llamar la atención
sobre esa peste que acude un día sí y otro también a colaborar con las
fuerzas policiales en la represión de ciudadanos en el ejercicio de su
derecho de manifestación, quienes encarnan muy a su pesar las palabras de Mariano José de Larra: “qué buenos porrazos nos da la policía y qué buenos dineros nos cuestan”.
Por la rapidez y contundencia con la que el ministro de la represión
nacional afirma hoy ante los medios que los detenidos en Madrid apenas doce horas antes son delincuentes peligrosísimos, lo que un alarde de diligencia
policial ya estuvo prediciendo la semana anterior, es un tiro al suelo
apostar a que tiene también en la mesilla de noche la edición en piel (de
preso torturado) del Manual de Interrogatorios, publicado por la benemérita
Escuela de las Américas, pero a lo que iba:
¿Que por qué recurro a El País que reproduce una fotografía de esos
apestados?
Porque lo que queda de democracia en este país apenas da para consultar este
diario mediante Internet en una biblioteca municipal cualquiera de Madrid,
pero no determinadas páginas de portales considerados antisistema, por no
hablar de otras de organizaciones de resistencia anti-imperialista, que
mejor no doy a conocer porque dentro de lo malo son tan obtusos que de
momento no logran cerrar el paso a todas.
A cambio aparece este bonito mensaje:
Bibliotecas públicas municipales
Acceso denegado por política de contenidos (tamaño y énfasis en el original)
Cuando les escribes para solicitar información sobre esa política y quizás
al cabo de meses recibes una respuesta (¿tendrán que esperar a que el centro
nacional de espionaje haga buen uso de nuestros impuestos rastreando IPs?),
te dicen que se ha solucionado el asunto, que ya se ha desbloqueado el
acceso, que no tenían conocimiento del mismo.
Si en el mismo portal municipal intentas averiguar qué política de
contenidos es la que sufragas como adulto contribuyente para que te abran
sin más una ventana al mundo y no para que te lo censuren según la
conveniencia del PP, como hace el ministro de educación con indefensos
escolares, te reenvían a una nueva página de “reclamaciones, sugerencias y
felicitaciones” en la que solamente puedes escribir si antes dejas grabados
tus datos personales.
No pasa absolutamente nada porque sea una página de Facebook, pensarán los
responsables municipales acerca de este paraíso de espías de toda laya, y ni
siquiera se molestan en aclarar qué hace un organismo público español
facilitando datos y opiniones de sus propios ciudadanos a una empresa
multinacional, como si no hubiese ya sobrada cantidad de datos médicos,
bancarios, íntimos, etc. de los españolitos en los cubos de basura de la
calle y en los despachos otras grandes empresas multinacionales.
El País muestra por Internet una imagen que hace dudar mucho de la
explicación de los sucesos de ayer noche dada por los que ostentan el poder
policial en Madrid (decir las autoridades es un eufemismo inmerecido).
Aunque hace casi cuatro décadas que murió el generalísimo, principal mentor
del PP, no hay esperanza alguna de que los maderos que persiguen con saña a
estudiantes de 15 años para molerles a palos y que aprovechan la carga para
tirar al suelo a parados de larga duración de más de 55 y empujar a ancianos
que se cruzan en su camino, asimilen que los cuerpos y fuerzas de seguridad
del Estado están para defender a los ciudadanos en el ejercicio de sus
derechos, no para reprimirlos.
Claro que no lo pueden asimilar –ni siquiera sospechar- si las instrucciones
que reciben se resumen en una orden propia de un régimen fascista: limpiar
la calle de indeseables a hostias. Además de recibir la soldada por tan
patriótico trabajo -¡viva España!, ¡viva la madre que los parió!, ¡qué buena
imagen internacional tiene España!- cuentan con la tranquilidad de
conciencia que da el anonimato: no se les puede identificar.
Gracias al gobierno del PP, conceptos políticos básicos como constitución,
legitimidad del uso de la fuerza por parte del Estado, democracia, derechos
políticos, etc., que casi había demolido el del PSOE, han acabado por tener
el mismo valor para la ciudadanía ninguneada y puteada que los políticos que
las usan, algo que han dejado claro las encuestas de opiniones y la propia
participación en las elecciones. Tanto les da, van a cobrar su dinero de
todos modos.
Es sabido que no hay que admitir teorías de la conspiración, ahora bien, no
se ve otra salida cuando bastantes días antes de la concentración, desde el
ministro del interior, pasando por la delegada del gobierno, el jefe de la
policía, siguiendo por el presidente del congreso y por supuesto hasta los
medios reaccionarios, habían declarado culpables de sedición, traición y
golpistas a todos los que asistiesen a la concentración, esos mismos
estudiantes de secundaria, parados y jubilados incluidos.
Al mismo tiempo no se ha escuchado al ministro de justicia, al fiscal
general, al presidente del poder judicial, al defensor del pueblo… recordar
a todos esos apresurados acusadores que –de momento- vivimos aún en un
estado democrático de derecho (más o menos); tampoco, como mínimo, hacer una
llamada a la cordura.
¡Cómo lo iban a hacer! para eso hace falta tener algo de conciencia, un
resto de talante democrático, pero desde la calle no se aprecia ni se espera
que aparezca para exigir una investigación (imparcial, no de las que realiza
la policía, los mossos, etc.) sobre los testimonios de los “golpistas”
acerca de lossupuestos policías infiltrados en la concentración.
En la fotografía citada se ve media docena de jóvenes ataviados con uniforme
de provocador profesional: sudadera negra con capucha, mascarilla para
proteger la nariz y la boca, guantes negros (¿guantes en septiembre?) y unos
banderines rojos sin siglas ni lema.
Aparecieron de repente juntos y luego se vio a algunos conduciendo a
manifestantes ante la policía ¿hace falta un Sherlock Holmes para al menos
iniciar una investigación?
Hay vídeos en Internet que confirman la habitual presencia de supuestos
alumnos de la academia de policía entrenándose en tácticas de guerrilla
urbana la noche del 25S a costa de la seguridad de los manifestantes
apaleados y de la estabilidad de la democracia española
¿Qué tal si en lugar de investigar las páginas que visitan en Internet
españoles mayores de edad, se investiga a los que probablemente violan la
ley con uniforme de camuflaje?
http://praza.com/falase/11595/
En lo que respecta a los ciudadanos que con peligro evidente para su
seguridad no van a renunciar a ejercer sus derechos, entre ellos el de
mandar al paro de larguísima duración al gobierno en pleno y sus secuaces en
las instituciones, la lección es evidente:
No más actos públicos sin una organización de autoprotección ciudadana que
no deje al albur ningún aspecto del que pueda aprovecharse la policía. Si
ésta –por orden de los responsables políticos- no cumple su función
constitucional, incluso la viola- los ciudadanos han de protegerse.
No basta con gritar “no tenemos miedo” mientras nos golpean en la cabeza y
los riñones con una porra, ellos no tienen ningún temor, van armados, no se
les puede identificar y actúan “espléndidamente” según el santo criterio de
sus jefes. Hay que contar con suficiente gente que grabe imágenes, con
abogados que lleven la defensa y las denuncias, con compañeros que
establezcan comunicaciones, con otros que dirijan a las masas por la vía
pública, que planifiquen movimientos, actividades, preparar recursos, lo que
sea preciso para defenderse de la agresión legal pero ilegítima del poder.
La ventaja es siempre de la policía, hay que superar su privilegiada e
injusta posición y dejarla sin esta ventaja. No es preciso violar la ley
para eso, pero sí conocerla perfectamente, organizarse en consecuencia y
persistir. Si no se protege a la gente, se corre el riesgo de que por miedo
muchos dejen de asistir a las concentraciones.
¡Ánimo! Visto lo visto estos días no está de más depositar nuestra confianza
en Rajoy en lugar de en la teoría de la conspiración. Ha bastado una sola
frase de quien pudo haber sido un buen registrador de la propiedad, para
cargarse el cuento de la unidad de la patria, la fuerza de la constitución y
de paso la casa real, las fuerzas armadas, etc.
Después de ver el prodigioso efecto que “esto es una algarabía” ha producido
en su correligionario Artur Mas, él solito va a lograr en dos meses
deshacerse de una propiedad de 500.000 kilómetros cuadrados –considerada
hasta hace poco la décima más rica del mundo- que se convertirá al menos en
tres: Catalunya, Euskalerría y lo que quede.
¿De qué no será capaz este hombre tan bien aconsejado por sus asesores?