
Escrito por CNT-SOV Almería
Este escrito es un editorial de la publicación anarquista chilena «El surco». Si bien el editorial hace referencia a lo que sucede en su país, podemos observar grandes semenjanzas a los que nos sucede aquí.
Para nadie es un secreto el que últimamente hayan surgido cual hongos después de la lluvia, una serie de particulares y sonoros conflictos gremiales. Pancistas se diría, sino fuera tan despectiva, aunque sincera, la expresión. Allí estuvieron los trabajadores del Metro, las parvularias, los empleados fiscales de la ANEF, los estudiantes y profesores de Historia, quienes –entre otros- revitalizaron la adormecida protesta social en esta Región. Globalmente parece muy bueno el que se reanimen las luchas contra los empresarios y el Estado, un sano síntoma, sobre todo considerando que el año parecía cerrarse redondo, jugoso y muy tranquilo para la Derecha gobernante. Pero entre tanta chimuchina nos surge la pregunta obvia: ¿para qué se protesta?. Los del Metro y los empleados públicos (ANEF), para que no los despidan y para aumentar sus sueldos, los profesores y estudiantes, para que no quiten horas de Historia ni cierren escuelas públicas. En el fondo, aún considerando las indudables buenas intenciones que en varias partes deben existir, todos se movilizan por cuestiones de estómago, por cuestiones gremiales. Lo que jamás es malo, ciertamente, pero no dejan de ser protestas para acomodarse mejor dentro del orden económico y político regente.
¿Contra quien luchan? Contra el empresariado y los administradores actuales del Estado. ¿Para destruirlos?, no, para remozar sus vínculos con ellos. Aquí nadie se enfrenta para acabar con las relaciones laborales y autoritarias, sino para reformarlas, para hacerlas mas simpáticas, para –en fin de cuentas- perfeccionarlas y fortalecerlas. ¿El sueldo es bajo? -subámosle, pero sigamos explotados. ¿Se nos hecha de la pega? – huelga y que nos reintegren. ¿Reducen las horas de clases de historia? Pues, que las regresen.
El problema central que vemos en todo esto es que la orientación de las manifestaciones parece reducirse siempre a pedir al Estado la solución para todos los conflictos. Tanto en las luchas contra los empresarios, como –naturalmente- en las disputas con el Fisco, es siempre el Gobierno y la institucionalidad la llamada a conciliar y resolver los nodos de malestar. Insuficiente decimos nosotros. Cuento viejo es que la solución debe ser estructural y que es preciso acabar con el sistema capitalista. El diagnóstico siempre es más fácil que la cura. ¿Pero cómo lo hacemos?
Los anarquistas buscamos superar el Estado, en el sentido de crear espacios y prácticas que nos permitan desenvolvernos libres de su tutela y de las relaciones de autoridad que conviven en él. Tanto en educación, como en salud, como en las diversas expresiones de la vida material y espiritual, debemos vivir y manejar propuestas que dejen al Estado como algo inútil, inservible. No lo queremos y no lo necesitamos, pero debemos entender que la gente lo quiere y lo necesita porque no ve alternativas mejores y tal vez porque le resulta más cómodo ver en el Estado la solución concreta a sus problemas, que arriesgarse a solucionar sus lios por sus propias manos.
Insistimos, el análisis, la lectura de la realidad ya está hecho hace ratito, por eso aburren tantos manifiestos y declaraciones públicas que en verdad no aportan nada. Por lo mismo nos manifestamos críticos frente al carácter estatista de las luchas populares que se vieron estos días y que se seguirán continuando.
Un estúpido, porque no hay otra expresión mejor, un miope, diría que lo único que logramos con este tipo de comentarios es llamar al inmovilismo. A ellos poco nos interesa decirles. Pero sí queremos dejar algunas cosas claras que según nuestro modesto parecer, puede que nos entreguen soluciones más amables con nuestra forma de ver el mundo. La cuestión pasa, creemos, por avanzar realmente a la ofensiva, a imaginar e inventar espacios y prácticas concretas que nos hablen hoy del mundo solidario y de libertad al que invita la anarquía. En esto todos cojeamos.
El “pueblo” al que medio mundo apela para su revolución, es estatista. Por eso de nada servirá nuestra propaganda y nuestras huecas consignas mientras no se vayan generando espacios concretos de libertad y solidaridad, mientras no solucionamos de una forma efectiva aspectos como la salud, el transporte, la educación. En todo esto hay mucho por hacer. Y no necesariamente para “ofrecer” la anarquía como un producto “mejor que otros” en el mercado de ideologías, sino para vivir nosotros mismos una inmediata y concreta realidad libre.
Nuestra mejor propaganda siempre fue y siempre serán nuestros actos. Recojamos el guante, vivamos la anarquía y no la esperemos para el trasnochado sueño de la revolución.
http://almeria.cnt.es/index.php?option=com_content&view=article&id=360%3Asuperar-al-estado-conquistar-la-vida&catid=54%3Aopinion&Itemid=89
Superar al estado, conquistar la vida
Yo no lo habría dicho mejor.
internete
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PD: Sin embargo, una pequeña reflexión de unos pocos pero importantes puntos sobre el dinero. Ese «ORIGEN DE TODOS LOS MALES»…
1.- No solo circula. También se pinta.
Importante recordar esto milllones de veces, que se olvida con mucha facilidad.
2.- Los que lo pintan no tienen ningun interés en que sirva para hacer intercambios, sino en usarlo para someter a todos.
3.- Con mis amigos y familiares no uso dinero. Si necesito algo se lo pido y si pueden me lo dan. Si necesitan algo me lo piden y si puedo se lo doy.
4.- Con el resto del mundo, aquellos a quienes no conocemos, debe haber una manera clara de medir los intercambios.
Una manera justa, universal, humana, sensata, accesible para todos de forma eterna, sencilla y practica para medir los intercambios.
Busquémosla. Esta ahí al alcance de la mano…
http://www.alargador.org/noticias.clic?IDNOTICIA=000694