
«La información con Ben Alí, como con todos los dictadores, estaba bloqueada. Solo se podían ver los canales extranjeros, pero la gente al mirar los canales de la parabólica no veía nada de sus vidas; estaban conectados con otra realidad, no veían jamás su imagen en los medios. Eso crea un pueblo enfermo que no sabe quién es, que no conoce su imagen».
1) Cuando la vida avasalla debe de ser difícil para aquellos que se dedican a contar historias relatar algo más allá de los acontecimientos. Eso es lo que les pasó a lo largo del año pasado a los cineastas tunecinos, que ante los vuelcos de la historia y con la gente resuelta a protagonizarla en la calle, debían de tener las cámaras echando humo. Es el caso de dos de las películas de la VI Mostra de Cinema Àrab i Mediterrani de Catalunya (7-11/11/2012). Además de sendas reseñas os ofrecemos una entrevista que mantuvimos con los directores. – Pilar Comín Sebastían

Las militantes (Militantes) . Dirección: Sonia Chamkhi. Producción: Túnez (2012). Duración: 64 min.
La película de Chamkhi presenta la actividad pública de mujeres que se presentaron a las elecciones de octubre de 2011, cuyo resultado fue la actual Asamblea Constituyente, que debe elaborar la nueva Constitución. Era la primera vez que las mujeres se presentaban a las elecciones, pero las que aparecen en la cinta llevaban años de militancia, de masticar discursos políticos y sociales, en los que integran eso que las mujeres occidentales que pueden dedicarse a teorizar llaman políticas de género. Pero las protagonistas de la cinta, las que necesitan visibilidad y que no les pongan impedimentos, hablan en términos más claros, y nombran ideas tan rotundas como justicia e igualdad. Pegadas a la realidad, no tienen tiempo de hacer estudios, sino que concentran sus esfuerzos en construir una sociedad. Así se las ve en la película andar por los mercados, argumentar ideas políticas, reivindicar su libertad y recordar a tantas que dieron la batalla y ya no están; y también intentando llevar una vida personal (lo llaman vida en vez de conciliación con la vida laboral) o renunciando a ella.
El recorrido empieza en la ilusión (la campaña electoral), pasa por el cansancio (las elecciones y la argumentación con los partidos islamistas y con los hombres de los partidos de izquierda), llega a la frustración (ninguna de las mujeres consiguió escaño) y recomienza en el tesón (no van a rendirse); y en ese recorrido el espectador vive con ellas todas esa emociones. Hay algo de gozosamente ingenuo en esa mujer que con sesenta años va a votar por primera vez en su vida, con lágrimas en las ojos y que produce envidia en los espectadores europeos, ahora que ya nos permitimos el lujo de renegar de los políticos, cuando no hace tanto sentíamos esa misma emoción. Y hay, más allá de la militancia política —del convencimiento ideológico y de la rotundidad dialéctica— rasgos comunes a todas ellas de una emoción mayúscula. El más repetido entre ellos es el recuerdo de sus madres, mujeres que no pudieron hacer casi nada pero que les dieron a ellas la posibilidad de hacerlo. Así la película se convierte, también, en una especie de homenaje a un par de generaciones de mujeres que oyeron a Burguiba y pensaron que, aunque su sociedad todavía no pudiera incorporar aquellas consignas, sus hijas, que las oyeron desde la cuna, podrían protagonizarlas. Y ahí están, esas mujeres que aparecen en la cinta en representación de otras muchas, además de alegres y generosas, con una determinación inasequible al desaliento.

Crónicas de la revolución (Chroniques de la rèvolution) . Dirección: Habib Mestiri. Producción: Túnez (2012). Duración: 90 min.
El documental de Mestiri no tiene un tema único sino que intercala imágenes de las revueltas, con lo que otros van filmando (algunos prácticamente niños) y con las opiniones de personajes ligados de alguna manera a Túnez (a sus élites o incluso al poder) que para el director representan un país cosmopolita que ya no existe. Entre esos tres tipos de narradores se van sucediendo las imágenes sin hilo argumental; con opiniones y juicios a los que cada espectador puede dar el valor que considere oportuno. Mestiri muestra imágenes de los primeros días del levantamiento, entre humo, ruido y movimientos erráticos de los personajes, con la confusión del que vive en medio de un torbellino; sabe que lo es pero no acierta a vislumbrar de qué dimensión. También con una visión exaltada de lo que podrá ser; los personajes se dejan llevar por la euforia y la urgencia de hacer algo, lo que sea, por modificar la historia, por salir de la miseria (la revolución tunecina se produjo por la miseria y la permanente humillación a que se veían sometida la gente, no por las ideas política de organizaciones, bregadas en la oposición al régimen u oportunistas llegados para apuntarse al triunfo y gestionarlo).
Si existiera un género cinematográfico llamado cine de urgencia, ambas películas pertenecerían a él. Tienen el valor de la inmediatez, de observar algo que todavía está sucediendo, pero el vino de la cosecha del 2011 es un vino joven, elaborado con una uva que ni siquiera estaba destinada a convertirse en vino. «Esperamos que las cosas mejoren, por eso hacemos la revolución» dice un chaval de apenas 14 años en el film de Mestiri, y eso resume bien ambas películas: estaba pasando en ese momento y no se podía esperar a pensar para registrar lo que algún día será la memoria de Túnez.
Pero su carácter de urgencia, de querer atrapar acontecimientos cruciales en la historia de un país (de momento lo parecen) sin análisis —que requiere algo más de tiempo y de distancia— no significa que quienes los han filmado no tengan una mirada reflexiva sobre los hechos. Por eso entrevistarlos, para hablar de Túnez más allá de sus películas, es una fuente de información interesante. A los dos directores, Sonia Chamkhi (SC) y Habib Mestiri (HB) se añadieron Ramzi Laamouri (RL) y Maher Rekik (MR), representantes de la Federación Tunecina de Cineclubs.
ENTREVISTA
Túnez vive una etapa nueva en su historia ¿Lo será también para el cine?
RL: La dictadura acabó con la creatividad. Nos queda mucho trabajo. Tiene que hacerlo la gente, pero también hay una tarea de institucionalización: hay que crear una cultura en el país, un nuevo enfoque, también en la cinematografía. El 2012 es la fase cero y a partir de ese momento hay una efervescencia y una voluntad en la gente de participar en la construcción de este proyecto societario.
SC: Por primera vez yo sentí, tras esos días de la revolución, que pertenecía a la familia del cine, de productores, directores, porque estábamos todos ahí en la calle pensando que a partir de ahí las cosas iban a ser diferentes.
Las películas que presentan Habib y Sonia ya pertenecen a esa nueva cultura ¿no? O al menos son el prólogo. En un momento como febrero de 2011 había muchos temas para filmar ¿Cómo elegisteis rodar una cosa y no otra?
HM: Había tantas cosas que no sabía qué registrar. Primero pensé en filmar la policía, su comportamiento. Pero luego veía a mi hijo todo el día delante del ordenador y él me hizo ver que era el punto de vista de los que estaban en la calle en primera línea, los que estaban protagonizando las revueltas, que no es lo mismo que una revolución, pero los protagonistas eran ellos. Se habla mucho de la revolución 2.0, pero había un montón de gente en la calle con valentía. Recoger el testimonio de toda aquella gente en la calle era importante.
SC: Yo no filmé durante la revolución, estaba participando en ella de pleno. Luego pensé en las mujeres. Tenía la convicción de que mucha gente llevaba largo tiempo militando, y entre toda esa gente, había muchas mujeres que habían protagonizando la carta al presidente y quería conocerlas y entender de dónde les sale el coraje de militar, en una sociedad que por lo general las destina al matrimonio. La revolución les daba la oportunidad de, por primera vez, acercarse a la gente y era eso lo que quería mostrar.
Los dos elegisteis esquinas de la sociedad: jóvenes y mujeres, marginados de muchas maneras.
HM: Mi punto de vista es el de la juventud pero también el de otras personas desplazadas, gente con conexiones fuertes con Túnez pero que tuvieron que marcharse del país si bien siguen profundamente ligados al país. Claudia Cardinale, Albert Memi, etc. Yo tenía la necesidad de ver cómo ven la revolución los tunecinos que no la han vivido. Son excluidos porque tuvieron que salir del país al acabar la época colonial, pero nadie puede decir que no son tunecinos; quería darles la palabra. Pero en mi película no había una tesis; se trataba de salir y documentar lo que pasaba en la calle.
¿Se puede ver la historia cuando estás metido en ella, sin distancia ni física ni temporal?
MR: Tras la revolución la producción cinematográfica es casi toda de documentales, y muy poco de ficción. La necesidad de recoger ese proceso revolucionario era muy fuerte.
SC: Es que ese debate lo tenemos también, y aún es más intenso en Egipto, con su gran industria de cine. Lo que pasa es que algunas de las películas tienen antecedentes. Se habla ahora de la revolución 2.0, pero no creo que sea tal. Yo empecé a investigar en 2008 para realizar un proyecto sobre la distribución de la riqueza, el desempleo…, sobre esa gente que no llega a alimentar a sus hijos. Había revueltas y protestas, a pesar de que entonces no era tan fuerte Internet, pero no encontrabas un céntimo para hacer nada, desde luego no en Europa.
HM: Eso es cierto. Yo tenía un proyecto y estuve buscando cómo realizarlo con las cadenas francesas, pero no hubo manera. Me he dado cuenta de que hay estereotipos en Europa y los medios difunden una imagen. En Italia, donde vivo, no saben nada de Túnez. Han ido conmigo y dicen que les he enseñado otro país muy distinto del que imaginaban. Creían que todo estaría repleto de salafistas, y eso es lo que muestran los medios europeos. Y durante la revolución ha seguido siendo así, cuando era tan importante documentar lo que pasaba. La Comunidad Europea era quien debía hacer eso. Es una lástima que los medios europeos gastan un montón de dinero para grabar dos minutos para un telediario pero no invierten en hacer un buen documental. Creen que no seremos capaces de producir un DVD de la revolución; y eso es una nueva forma de colonialismo.
¿Donde se distribuyen vuestras películas?
SC: En los festivales, sobre todo.
RL: En Túnez hay alrededor de 35 cineclubs. Esa es la vía para ver cine, no las salas comerciales. Están en pequeñas ciudades y allí difundimos el cine tunecino; es el mejor medio para crear cultura cinematográfica y difundir nuestro patrimonio. Va gente que nunca ha ido a una sala comercial y ven películas que no son las típicas comedias de enredo. Algunas personas tienen fascinación por la gran pantalla y van sea cual sea la película, pero también hay gente que le interesa el debate tras la proyección más que la película en sí. Hace poco proyectamos un film sobre los hechos de 2008 y en el debate había 250 personas. La gente tiene curiosidad por los hechos que ocurrieron antes de esta revolución, en aquel movimiento popular. Los cineclubs sirven para visibilizar nuestra producción cinematográfica y llevar ese tipo de películas por el circuito de cineclubs sirve para mostrar un cine que no es comercial.
Pero para desarrollar una cultura cinematográfica no es necesario limitar las películas a aquellas que tratan asuntos tunecinos.
HM: El cine es la expresión de la cultura de un país y debe actuar como guardián de la memoria. Mostrar un país que ya no existe: por ejemplo ahora aquel Túnez de los años 60 es ya irreconocible para mucha gente. Y dentro de 20 o 30 años, si ahora no registramos estas primeras lecciones, quizá nadie recuerde lo que está pasando. Ese cine de autor ahora no es muy apreciado, antes había todo un circuito; antes, quiero decir en la época dorada de la intelectualidad, en Francia, con su excepción cultural, la Nouvelle Vague, etc., pero aquí [en Túnez]…
En ese sentido, hay quien dice que quizá ahora la situación cultural de Túnez sea peor que la creada durante los años de Burguiba y que lo mismo ocurre respecto a las libertades.
HM: Yo puedo testimoniar la situación del cine. Burguiba no aceptaba críticas, pero había una especie de indulgencia para el cine. El Estado financiaba películas que mostraban el control del Estado y al mismo tiempo, el cine amateur era la antítesis del poder y se toleraba. Se realizó un film que ridiculizaba a Burguiba; se llamaba Le roi; era una caricatura de Burguiba y se vio en festivales de cine amateur y ganó varios premios. A pesar de su despotismo, Burguiba había un respeto por el pensamiento; se consideraba mejor eso que el analfabetismo. Con Ben Alí, se acabó. Fue la época del liberalismo económico. Se acabó dar dinero a nada que no fuera productivo. Ben Alí despreciaba el cine y el objetivo era sacar a los intelectuales y los artistas de la sociedad, marginalizarlos, hacerlos aparecer como gente inútil que no produce nada. Y hace falta tiempo para reparar eso.
SC: Ali ha separado los creadores y la gente, entre los directores de cine y quien podría ver las películas. Port otra parte, la familia Trabelsi [la de la mujer de Ben Alí] dominaba la televisión y le daba alas a ese cine de enredos, pero nada más. Y promovió que los medios nos trataran como ladrones, como inútiles.
¿El resultado de las lecciones ha sido una decepción?
HM: Es sentimental, como cuando vas al cine y esperas una peli muy buena y no lo es. Lo cierto es que la campaña era muy desigual. Yo intenté obtener dinero en Europa para la campaña electoral y no conseguimos nada. Pero era importante hacer estas elecciones y constituir una asamblea legalmente porque había un riesgo real de guerra civil. Por desgracia la izquierda no estaba unida. Hemos combatido más entre nosotros que contra los otros. Así hemos perdido. Por el contrario, los otros estaban unidos, han hecho un partido, han bajado a la calle y han ganado. Tenían dinero y tenían las ideas, y ahí están.
¿Veis la sombra Saudí?
HM: Hay grupos financiados por Qatar. El origen del wahhabismo está en Arabia Saudí, pero quien lo controla y lo financia es Qatar. Pero quien ha amplificado el wahabismo es EE. UU. Sin Afganistán no habría tanto muyahidines.
¿Quién está detrás de Ennahda?
HM: Es difícil establecer nexos directos. Hay una correa de transmisión. Quizá al final estén los saudíes pero hay pasos intermedios; está la banca [asienten todos]. Y los Hermanos Musulmanes están muy extendidos en este momento. Pero han cambiado mucho; ya no hablan de teología sino de política.
Pero intentan introducir principios teológicos en la nueva Constitución.
SC: No, la sociedad tunecina no va a aceptar esas limitaciones.
HM: Lo intentan, claro, y lo intentarán hasta el final. Hay que jugar a la política.
RL: Tras las elecciones ha cambiado un poco la situación. Los colectivos han reaccionado y hay cierto estrés. Estamos ansiosos. No estamos acostumbrados a esta imprevisibilidad ¿qué pasará mañana?
¿Qué pasa ahora con esos jóvenes y esas mujeres protagonistas de vuestras películas? Ellas no están en la Asamblea y los chavales, después de jugarse la vida, siguen sin trabajo. ¿Ha cambiado algo en sus vidas?
SC: Es que los asuntos ahora son económicos. El programa de Ennhada es liberal. No somos Siria o Libia. Túnez no tiene ni gas ni petróleo. La economía será liberal y para recibir los apoyos de todas partes, eso es lo que promoverá Ennahda, pero tendrá que gestionar los problema que dieron lugar a la revolución, el paro, la miseria, etc., y según lo que hagan la gente que votó a los islamistas votará progresista.
HM: Hay otra circunstancia y es que un millón y medio de votos quedaron dispersos, inutilizados por el sistema electoral. Esos pueden ser decisivos más adelante. Por otra parte, Túnez es estratégico para la OTAN y no permitirán que sea una base de Al-Qaeda. Así que habrá otras elecciones, de las que quizá salga un Gobierno mitad y mitad, pero habrá que avanzar porque las revueltas lleguen a ser una revolución.
¿Es consciente la juventud de esa diferencia, de que todavía tienen que hacer la revolución? ¿Pueden frustrarse por no avanzar rápido?
RL: Sí, sí saben que hay mucho por hacer. En los sindicatos estudiantiles, Ennhada no tiene más del 2-3 % de los puestos. Los estudiantes, su sindicato, no tenían una relación estrecha con los partidos o con los sindicatos políticos y ahora son lo que los empujan.
SC: No hay riesgo de frustración.
HM: Es que no van a esperar. Por ejemplo, se ha creado un organismo que agrupa a todos los que trabajan en el cine. Ennahda quería poner su director general y hemos dicho que no, y eso va a ocurrir en muchos ámbitos, también la gente de teatro, los musicales y los intelectuales. La gente de la cultura está alerta. Todos se han revuelto contra Ennahda, porque no tienen interés en la cultura y la actividad artística, que consideran denigrante para la sociedad.
MR: Tras las elecciones del 23 de octubre todo el mundo estaba en las cafés discutiendo los resultados, pero en seguida se vio que lo que había que hacer es reaccionar, no seguir hablando. Túnez es ahora como un taller. Todos ejercen la libertad de expresión.
RL: Y quienes antes no se sentían concernidos por la política y por los asuntos sociales y económicos, ahora creen que tienen que dar un paso.
¿Qué han aprendido los tunecinos de la revolución?
SC: Que hay que actuar siempre. Han comprendido que en este punto de no retorno, no tiene nada que hacer la geopolítica en relación con occidente; que es más fácil que si vamos juntos y actuamos haremos lo que queramos.
HM: Lo representa bien el chaval de mi película que perdió una pierna durante las revueltas y dice que si el Gobierno no respeta la revolución volverá a salir a la calle a tirar piedras y hará la revolución con una sola pierna. No va a aceptar nunca más ninguna forma de despotismo.
¿Y Túnez es el símbolo de todo el mundo árabe?
SC: Sí, Egipto fue a continuación, tras ver lo que que pasaba en Túnez.
HM: Batimos a Egipto en fútbol e hicimos la revolución antes. Ya en serio, Túnez es la imagen del momento histórico del mundo árabe. Había una angustia que hay que ver cómo evoluciona.
RL: Túnez ha sido la locomotora, con su Revolución de los Jazmines. Pero ahora hay que crear con los países del sur una fuerza económica, social y política. Brasil es un ejemplo para nosotros, por su fuerza económica. Ahora no miramos a los países europeos, porque pasan por un problema de coyuntura mundial . Hay que ver las próximas elecciones: habrá un giro a la izquierda que cambiará la situación en las próximas elecciones.
En el coloquio Sonia dijo que no hay censura en Túnez, pero en las últimas semanas ha habido denuncias. Detuvieron a un periodista y lo acusaron de embriaguez y daño a la moral, pero Amnistía Internacional ha denunciado que lo castigaban por criticar al Gobierno.
HM: Ya está libre, fue solo una noche.
RL: Fue para intimidarlo.
También ha habido recientemente una huelga periodistas en protesta porque, según ellos, se está coartando la libertad de expresión.
CM: Hay una tentación de ejercer el control, y a eso se deben los actos intimidatorios como la retención de Sufyan Shurabi, pero cuando hay un fuerza que se oponen, reculan.
Como cineastas, como personas cuyo trabajo consiste en contar cosas ¿no os inquieta?
HB: Sí, claro, un poco.
SC: Claro que nos preocupa. Pero solo hay que ser libre y estar vigilante.
2) Vivre ici (Zarzis) . Dirección: Mohammed Zran. Producción: Túnez (2009). Duración: 124 min. Reseña y entrevista con el director de Pilar Comín Sebastián.

Cualquiera que se siente en una plaza de una ciudad pequeña verá la vida pasar, además, sin esperar mucho. Pero si se observa durante el tiempo suficiente y la cámara se mueve a unos pocos lugares más, es posible documentar una sociedad.
Que la película no tiene guión, ni previo ni posterior, es evidente, y, sin embargo, la cinta presenta una historia coherente y bien trabada. El director tenía unas 200 horas de película registradas a los largo de un año, que no debió de ser fácil reducir al metraje actual en la sala de montaje, ya que cada una de esas personas se convierte en un personaje rico e intenso en el mismo instante en que aparecen. Simon es judío y regenta una tienda que por su apariencia debía de estar allí antes de que se inventaran las tiendas y actúa como centro neurálgico del barrio. Mientras, Bashir, el taxista recorre la ciudad y escucha todo lo que los clientes quieran decirle y el vendedor de bisutería en la playa persigue italianos a los que venderles abalorios de colores ensartados en hilo de pescar. En la misma playa un muchacho encuentra en una alemana madura la manera de salir de un lugar en el que no quiere estar. Son muchos, y muy jóvenes, los que quieren irse, porque el futuro para ellos es negro. Lo dice Tahar, el maestro lúcido y entregado a transmitir a los chavales el ansía de saber: «Solo hay viejos en el poder, porque defienden la gerontocracia». Hay también un pintor desquiciado, Hadi, que ha visto otra vida y ahora se resigna a base de vivir en una realidad paralela que no parece molestar a nadie.

Otro personaje emblemático, casi metafórico es Fatma, que se gana la vida preparando las bodas y sus festejos, y aunque siempre tiene trabajo, se queja de que ahora la gente quiere casarse en un solo día para ahorrarse gastos. Va hablando con unas y otras mujeres mientras prepara la alheña, los vestidos, el maquillaje, y comenta que de un tiempo a esta parte todas se cubren la cabeza para casarse; es evidente que estas mujeres que centran su atención en el matrimonio y acuden a remedios supersticiosos no serán nunca las que protagonizaban el film Militantes, pero conforman un país, y se equivocará quien llevado por las imágenes televisadas crea que son una excepción folclórica; por el contrario, son la vida real; también. Zarzís, como todo Túnez, como buen aparte del mundo árabe es un pulso constante entre tradición y modernidad, entre la cultura propia y la occidentalización, entre el deseo de irse y la querencia por vivir ahí.

Simon murió poco despué de estrenarse la película, y es una lástima, porque hacia el final de la película, cuando todos los personajes son familiares y las imágenes ya no añaden nada, el espectador se siente metido en la cotidianeidad de Zarzís y piensa que en cuanto salga irá a la tienda de Simon a comprar té y almendras para llevarlas a casa de Tahar y que el maestro le explique su visión del mundo y de la sociedad, por el placer de oírlo hablar, un tarde cualquiera. Sospecho que a pesar de la revolución, las tardes no han cambiado mucho en Zarzís.
ENTREVISTA
El título de la película es distinto en francés que en el original.
MZ: No me molesta poner un nombre en árabe y otro en francés. Vivre ici es más expresivo en francés. A mucha gente el nombre de la ciudad no le dice nada, Zarzís. Además, los franceses dicen Jarjis, pero es con zay.
¿Seguías a la gente con la cámara para rodar?
MZ: No, no. Yo me apostaba en un sitio y esperaba a que pasaran cosas. Yo creo una energía en el espacio, reto a la energía. Todo el trabajo consiste en dar y recibir, como si sembraras una planta y esperaras a ver cómo crece. Te plantas allí y esperas a ver cómo se acerca y qué hace. Por ejemplo en la playa me paseo y sigo a los personajes a ver qué hacen. Ellos seguían trabajando y olvidaban que existía la cámara.
¿Ellos han visto la película?
MZ: Sí, sí y estaban muy contentos. Organizamos el preestreno en Zarzís e hice ir un avión lleno de periodistas, el vuelo de Túnez a Yerba estaba lleno de televisiones, periódicos, etc. pagados por mi patrocinador.
Hay un momento en la película que se ve a los hinchas en un partido de fútbol gritando y a continuación hay una imagen de la oración, la misma masa, entregada sendas actividades comunales en la que no hay discrepancias.
MZ: Ben Alí no dejó nada. Toda la libertad era ir al fútbol; no había otra cosa para entretenerse más que el fútbol, y el resultado es el integrismo. Ahora tras la revolución lo vemos [la película se rodó en el 2009]. Pero cuando rodé n el estadio la cosa fue así; al salir se fueron a la mezquita, y allí no querían que los filmara.
El partido de fútbol tiene otra metáfora: los nombres de los equipos, L’Esperance, de Zarzís, contra Le Future, de Marsa. ¿Gana la esperanza o el futuro?
MZ: Esperemos que no haya que elegir. Lo cierto es que son los nombres reales de los equipos.
En otro momento Fatma, la mujer que prepara las bodas, dice «Saldremos en Al-Yazira». ¿Querías decir algo de los medios de comunicación? Hay gente que solo ha oído hablar del mundo árabe a través de Al-Yazira. Ese canal de televisión ha puesto el mundo árabe ante los ojos del resto del mundo.
MZ: La información con Ben Alí, y con todos los dictadores, estaba bloqueada. Solo se podían ver los canales extranjeros, pero la gente al mirar los canales de la parabólica no veía nada de sus vidas; estaban conectados con otra realidad, no veían jamás su imagen en los medios. Eso crea un pueblo enfermo que no sabe quién es, que no conoce su imagen.
Al-Yazira es la gente del golfo. Tienen muchos medios y son lo que proyectan el mundo árabe en la escena internacional y fidelizan al público a falta de una programación local. Es cierto que Al-Yazira y Al-Arabiya ayudaron a precipitar la caída de Mubarak y la huida de Ben Ali. La paradoja es que son seguidos en todo el mundo pero en cuanto a la alternativa democrática de los países donde están no hacen nada por mostrar un cambio en sus países, por el contrario sirven a los islamistas. Y eso mismo han hecho en Túnez y en Egipto. Quien hizo campaña en Túnez por Ennahda, los islamistas, fue Al-Yazira; todos los días había dos o tres islamistas en esa cadena que hablaban y hablaban. Ahora la libertad de prensa en Túnez es fuerte y los tunecinos ven la televisión tunecina porque quieren saber qué pasa en su país. Pocos ven Al-Yazira, porque ha perdido la credibilidad.
Pero lo cierto es que Ennahda ha ganado las elecciones. ¿Por qué?
MZ: En parte gracias a canales como Al-Yazira y Al-arabiya, que son islamistas, y también porque Ben Alí no ha dejado alternativas; marginalizó los partidos y prácticamente no había oposición. El voto a Ennhada es en gran parte un voto contestatario, pero eso no quiere decir que los tunecinos sean islamistas. Hay que esperar a las próximas elecciones para ver qué es el país realmente, pero están perdiendo mucha aceptación popular.
¿Es posible que nos hayamos dejado obnubilar por las manifestaciones; también en Egipto? Tahrir no es todo Egipto ni todo Túnez se concentra en la avenida Burguiba. La gente del medio rural quizá no esté en la misma línea de desear la libertad.
MZ: En Túnez, es precisamente la gente con menos formación, los parados y los campesinos, los que marcharon a pie para plantarse ante el Gobierno y decirle que se largara. Y cuando Ganuchi mandó que los atacaran con gases, volvieron; los jóvenes volvieron una y otra vez.
En tu película se nombra varias veces a un joven de Zarzís que se suicidó porque no obtuvo el visado para marcharse y otros personajes dicen que lo que quiere hacer todo el mundo es irse. Y ¿qué va a hacer esa juventud ahora?
MZ: La película se rodó dos años antes de la revolución. Lo que se ve en ella es la razón de la revolución. Una región desheredada, una juventud abandonada, un futuro bloqueado, Europa bloqueada, las fronteras bloqueadas… Así que en el Mediterráneo sur la juventud está asfixiada. La relación sur-norte está bloqueada en esa dirección, en la otra, de norte a sur, todo es libre, está permitido el comercio, hacer negocios, el turismo. En la película ves esa mujer alemana que llega a Zarzís y se instala. El chico tunecino quiere ir a Europa pero no tiene nada que hacer; así que su solución es ligarse a la alemana; una mujer a quien en Europa no mira nadie; y esa relación ejemplifica la relación norte-sur. Es triste; el prácticamente se prostituye.

Pero el personaje clave de la película es Simon.
MZ: Simon es un judío de Zarzís. Yo quería hacer de su tienda el eje de la película. Todos los personajes pasan por allí y él me ayudó mucho a ver lo que pasaba, sobre todo, a ver que es posible que culturas y religiones diferentes vivan en el mismo espacio. Yo quería hacer de la tienda de Simon un símbolo, una metáfora. En Zarzís hay una pequeña comunidad judía. Algunos judíos han sido manipulados; incluso el Estado de Israel ha fabricado el problema para hacerlos salir del mundo árabe y llevarlos a Israel, para beneficio del propio Estado israelí. Pero entre la gente no hay problemas. Viven y comercian juntos. Simon es el conservador de la memoria de los remedios populares y de las hierbas que se usan en los casamientos; él los prepara y la gente va a su tienda a comprar todo lo que necesita para las bodas. No puedo hablar en primera persona de la violencia en Israel o Iraq, pero Zarzís es la respuesta a cómo vivir con los otros.
Él es tremendamente comprensivo. Dice «Los libios creen que los judíos son monstruos porque no han visto ninguno; pero cuando me conocen ya se dan cuenta de que no somos monstruos». Hay un momento que se le ve como una actividad más de su vida, en una sinagoga, que parece la de la Griba, en Yerba ¿o hay más?
MZ: No, no hay ninguna más; es la de Yerba. Y también aparece una mujer libia que le dice que por qué no se va a su país y el responde: «Este es mi país». Y lo es. Zarzís es el ejemplo de que se puede aceptar al otro, pero no sabemos cómo se hace.

Un personaje magnífico de la película es Tahar, el maestro, que plantea algunas soluciones cargadas de sentido. Hay un momento que dice «Si en cada embajada hicieran una universidad se acabaría el analfabetismo». Hay una generación de tunecinos que depositaron toda la confianza de progreso en la educación ¿no?
MZ: Tahar es muy conocido en el pueblo, y se dice que si estudias dos años con Tahar apruebas el bachillerato seguro. Él está siempre investigando, buscando en las contradicciones, reflexionando e impulsando el aprendizaje. Ama la tierra, el medio donde vive, y tiene, además, un sentido de que el ser humano pertenece al universo.
Cuando pasea por el mercado tiene algunas frases memorables. Al ver un puesto donde se venden todo tipo de cosas europeas usadas, dice «Los ecologistas deberían pagaros por hacer esto».
MZ: Sí, toda la basura va a África, coches, ropa, electrodomésticos, y allí no se sabe qué hacer con los restos. El reciclaje no ha llegado.
Y ante el puesto de zapatos dice: «Nike, Adidas, ¿no hay zapatos que se llamen Alí o Muhammad?».
MZ: Claro, llama la atención a que no hay nada local. Es la identidad perdida, y la economía también. La lucidez de Tahar es simple y profunda. Tengo pensado hace una película sobre él porque tengo mucho material rodado y vale la pena verlo en la situación actual, después de la revolución. Es magnífico verlo dar clase en su casa. Al salir de la escuela los chavales quieren ir a casa de Tahar, no a las suyas.
También representa esa posibilidad de vivir con gente diferente. Él y su mujer son espíritus que no tienen nada que ver, pero viven juntos en el amor de ese té con almendras que ella prepara y toman juntos en la terraza.
¿Se puede hablar de cine árabe, de una identidad común que establezca esa categoría?
MZ: Quizá hasta hace poco el cine que venía de Palestina, Iraq, en general de Oriente Próximo, era un cine de sufrimiento. Ahora empieza a verse un cine con cierto aire de libertad, aunque hay que decir que hay un problema grave de intentar atentar contra la libertad de expresión por parte de los islamistas. Ocurre en Túnez y también en Egipto, tanto los artistas, como los intelectuales como la prensa son atacados por los salafistas, así que la libertad de crear y escribir está amenazada a pesar de la apariencia de libertad. El poder margina los intelectuales, los artistas y los poetas, que deberían ser quienes iluminaran el camino de la revolución. Pero los políticos, sobre todo los islamistas, no han comprendido que la cultura puede ser un vector de progreso, de éxito de la transición democrática.
Quizá sí comprenden que los intelectuales y los artistas son el progreso y precisamente por eso quieren coartarlos.
MZ: Exacto, porque ellos están contra el progreso. Hay islamistas, y los salafistas que atacan todas las manifestaciones culturales, conciertos, teatro, exposiciones…, pero vamos a resistir porque creo que todo el mundo comprende que si se ataca eso echamos marcha atrás y hay una actitud vigilante. Hay que proteger los creadores. Yo tengo esperanza. Hay que combatir a esa gente que quiere que vayamos hacia atrás; esa gente existe, pero resistiremos. Tengo mucha confianza en las mujeres; en Túnez siempre han sido fuertes.
Fuente: http://www.aish.es/index.php/es/creacionarabe/cine/3922-cine-de-la-cotidianeidad
Fuente: http://www.aish.es/index.php/es/creacionarabe/cine/3897-cine-de-urgencia