
A. AZKORRETA | VITORIA.
Todavía existe elegancia y espíritu deportivo en la alta competición, un sentido de la justicia que desde luego no emana de las esferas políticas. Iván Fernández demostró el domingo que atesora algo más que unas grandes cualidades atléticas. El fondista alavés regaló la victoria a su más directo rival en el XXI Cross Hiru Herri de Burlada, el keniata Abel Mutai. El africano llegaba a la meta en solitario con algunos segundos de ventaja sobre el vitoriano, pero antes de rebasar la línea se detuvo pensando que ya había ganado, por algún despiste o malentendido. Cuando Fernández llegó a su altura, se frenó y llevó casi del brazo a su adversario a coronarse campeón de la carrera. Podía haberle superado, pero seguramente ese éxito habría tenido el sabor del mismo barro que tragaron en el recorrido. «No me parecía correcto. Hubiese sido injusto ganar así», reveló ayer un Fernández sorprendido de que su acción haya despertado mucho más interés que si hubiese vencido en la carrera.
El vitoriano del Bikila reconoce que lo hizo sin pensar, le vino a la cabeza espontáneamente. «Fue un mano a mano durante toda la carrera, pero a falta de unos 250 metros él (Mutai) dio un tirón y me dejó. A poco de llegar a la meta le vi detenerse y no fue por un desfallecimiento. Cuando llegué a su altura le dije que tirase más, sin pensar en otra cosa. Simplemente, no podía adelantarle de esa manera». Antes de Burlada, Iván Fernández solo había coincidido de forma esporádica con Mutai en alguna carrera. Apenas había intercambiado con él frases de cortesía. No fue una amistad previa la que le llevó a detenerse, sino cierta empatía con unos profesionales, los africanos, «que viven en unas condiciones muy duras. En su país pueden ser unos privilegiados, pero cuando vienen a Europa están mucho tiempo solos, de carrera en carrera. No conocen el idioma y apenas hablan unas palabras de inglés. Son muy buenos corriendo y lo que ganan aquí se lo merecen, pero están en unas condiciones que a veces provocan un poco de lástima».
Mutai, medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres en los 3.000 obstáculos, no agradeció después el detalle a Iván Fernández. «Creo que estaba un poco ido; no sé si entendía muy bien lo que había pasado. Luego coincidimos en un rodaje que hicimos para soltar las piernas tras la carrera. Hablamos de cosas, pero no de eso. Tampoco era necesario».
Fernández explica también que su acción no le repuso pérdida económica alguna. La carrera carecía de premios en metálico en función de los puestos finales. «Corríamos con un fijo, no importaba qué clasificación lográsemos», explica el vitoriano. «Pero si hubiese sido diferente» -en muchas carreras sí se premian a los campeones- «habría actuado de la misma manera, estoy seguro».
Inyección de moral
Fernández encontró reconocimiento de una forma inesperada y en un momento en el que quizá le venga bien un empujón moral. El alavés tenía la esperanza de entrar en la selección española que disputará el Europeo. Pero se ha quedado fuera y ahora plantea la temporada invernal en función de las carreras de campo a través del entorno (Lasarte y Elgoibar), con vistas al Mundial de la especialidad, en febrero de 2013. «Estoy un poco decepcionado. Me sentía en muy buena forma. Pero ya he pasado página. Correré algunas carreras en Euskadi y ya veremos después».
Fuente: http://vamosacorrer.elcorreo.com/ficha-noticias.php?id=3407