
Cuando hablo con mis amigos catalanes sobre mi escepticismo relativamente a la cuestión independentista así como me parece que se esté planteando, ellos en general opinan que, siendo yo ni catalán ni español, tengo una visión histórica muy parcial del problema, y me explican porque me estoy equivocando. En general defienden su punto de vista con argumentos muy buenos, y llegan siempre muy cerca de convencerme. Pero al cabo de un par de días de dar la vuelta al tema, mis dudas sobre la cuestión salen otra vez a la luz.
A lo mejor si las escribo termino con aclararme las ideas una vez para todas.
Quisiera aclarar, para despejar toda duda, que el hecho que la cuestión independentista, así como se plantea, me deje dudoso no quiere decir que no la considere legítima. Ni mucho menos. Todo pueblo tiene derecho a buscar la organización política que más se adapte a su historia y a sus aspiraciones, y esto vale, en particular, para el pueblo catalán. La aspiración a la independencia es legítima e importante, y merece un profundo debate social—mucho más serio que las burdas criminalizaciones que hace el gobierno.
Mis dudas han resurgido en particular con el debate que ha acompañado las últimas elecciones en Cataluña porque si tengo algunas dudas sobre la cuestión independentista, muchas más tengo sobre el independentismo así como lo ve Artur Mas. Para explicarme tendré que dar un poco de rodeo.
El estado nacional, así como lo conocemos hoy, es una creación de la edad moderna. Inglaterra es en cierta medida una excepción, en cuanto tuvo un estado nacional con características relativamente modernas desde el siglo XV, pero fue sólo después de la revolución de Cromwell y la restauración que sus características se fijaron. Alemania llegó relativamente tarde (la unificación es de la segunda mitad del Siglo XIX) pero ya desde antes el dominio económico y cultural de Prusia era el de un proto-estado nacional.
El éxito de los estados modernos está relacionado con el éxito de la burguesía y del capitalismo. Por un lado, el estado nacional moderno nace con la consolidación de la burguesía como clase económicamente dominante, con su necesidad de tomar un papel de protagonista en la política, quitándoselo a las monarquías absolutas de tipo post-feudal. El sistema de representatividad parlamentaria es tan típico del estado moderno que incluso muchas dictaduras han mantenido su aparato formal (vaciándolo, naturalmente, de significado).
El estado nacional nace en una simbiosis con el sistema capitalista. Por un lado proporciona al primer capitalismo un mercado interior protegido (se vea el caso de Inglaterra donde, en el siglo XVII, la exportación de materia prima no trabajada era castigada con la muerte) y por el otro, a través de medios diplomáticos o militares, ayuda las empresas a conseguir materia prima y a exportar productos. La máxima, y más trágica, expresión de esta función de apoyo del estado se encuentra en la época colonial, en que continentes enteros son conquistados para aprovisionar las industrias europeas. El colonialismo es primariamente una historia de abertura de mercado y de control de recursos naturales en que los Estados apoyan al capitalismo y al mismo tiempo lo usan para agrandar sus dominios.
Por otro lado, los ideales del estado burgués, es decir, por lo menos en cierta medida, los ideales de la ilustración, funcionaron como balance frente al economicismo inherente al capitalismo. Las instituciones públicas que se fueron desarrollando, sobre todo desde finales del siglo XIX bajo la presión de las luchas obreras, balancearon de alguna manera los excesos del mercado libre, operando una redistribución de la riqueza que, si bien muy parcial e incompleta, contribuyó a un crecimiento del nivel de vida general. Fue sobre todo en el marco de esta moderación de excesos que se forzó la prohibición de prácticas típicas del primer capitalismo como el trabajo infantil, las semanas de 80 horas, el encierro de trabajadores en las fábricas, etc.
Las relaciones entre capitalismo y estado-nación han cambiado radicalmente con el surgimiento del neoliberismo, sobre todo desde los años ’80 del siglo XX. La economía se ha hecho cada vez más internacional y menos dependiente de los estados. Con el final de la guerra fría, ha caído también el vínculo de la industria a la seguridad nacional y a las alianzas políticas de los gobiernos. Las empresas transnacionales han desarrollado un sistema económico internacional que necesita siempre menos a la política del antiguo estado burgués. Las relaciones entre política y economía, entre sociedad y mercado se han invertido. En el capitalismo tradicional el estado recorta un espacio autónomo, sin reglas, donde el mercado se pueda desarrollar, pero lo controla y lo incluye dentro de sus instituciones. Con el neoliberismo el libre mercado ocupa todo este espacio y recorta oasis siempre más reducidos para la acción política.
En muchos países el mercado sigue apoyando la retórica y el aparato formal (ya no la práctica) de la democracia, pero a medida que las empresas internacionales se hacen más fuertes la necesidad del apoyo formal a la democracia representativa se hará cada vez menor. Un indicio preocupante de todo esto es el hecho que el país que más éxito está teniendo en la nueva situación económica no es una de las democracias burgueses tradicionales, sino China. China es el ideal político del nuevo capitalismo, y la manera en que se está maniobrando la crisis de estos años demuestra que esta condición: un estado autoritario, una elite económica poderosa y restringida, una unión de intereses entre política y economía, una clase popular empobrecida, sin derechos y sin estado de bienestar. El capitalismo de libre mercado apoya de manera creciente regímenes autoritarios, no sólo en el llamado “tercer mundo” sino (como se está viendo en esta crisis) también en Europa, donde estos regímenes actual bajo el nom de plume de gobiernos técnicos. No es imposible que, en unas décadas, se acabe la ficción democrática y el poder político pase directamente en mano de las empresas.
El antiguo estado burgués ya no es históricamente actual en la nueva situación económica. No hay duda que en las próximas décadas desaparecerá para dar el paso a nuevas formas políticas. Se superará el estado-nación nacido de la revolución burguesa para crear algo nuevo. Parece claro que en unos 50 o 100 años habrá desaparecido el capitalismo o habrá desaparecido la democracia. La cuestión fundamental por tanto es que tipo de organización surgirá de las cenizas del estado nacional. ¿Una a medida de las empresas, una China mundial, o una nueva forma de política que restituya la prioridad a las necesidades de las personas? ¿Una tecnocracia económica autoritaria, o algo parecido a la democracia radical de Hannah Arendt?
Mi escepticismo sobre el independentismo nace de la poca claridad sobre el tipo de organización política que debería resultar de este proceso. Si el independentismo se propone como una pieza en la transformación del estado-nación en una nueva forma de organización política más democrática, que sepa enfrentarse al dominio del mercado y de la economía, entonces el independentismo recibe todo mi apoyo. Si se trata de dividir un estado-nación burgués en otros estados naciones más pequeños y de la misma naturaleza, entonces se trata de un proceso que terminará otorgando más poder a las fuerzas económicas internacionales y que acelerará la desaparición de la política y de la participación popular en el poder.
La proliferación de pequeños estados-naciones de tipo burgués-representativo llevará simplemente a un fraccionamiento de la representatividad, a un poder político más débil, que se enfrentará al capital internacional en nombre de grupos más pequeños y con menos fuerza.
Por esto no creo en el independentismo de Artur Mas. Se trata esencialmente de una operación de multiplicación de posiciones de poder, del tipo de la que se consiguió con la independencia de Montenegro, que no cambiará si no en peor las relaciones de fuerza entre el pueblo y los poderes económicos.
Cuando expreso estas opiniones una reacción normal es tacharlas de puro ejercicio teórico. ¿Qué quiero decir con nueva forma política más allá del estado-nación? ¿Cómo funcionará? Pues, no lo sé y, quizás, las cosas funcionarán incluso si no lo sabemos. Cuando la burguesía empezó a tomar el poder y a destruir el antiguo edificio del Estado feudal, en el siglo XVI, no sabía cómo iba a gobernar. Las ideas de representación, de libertad, de derechos humanos, estaban todas por escribir. La burguesía se lanzó, creando el estado-nación sobre la marcha. Marx reconoció la importancia revolucionaria de las ideas que la burguesía había introducido, y quería que la nueva revolución empezara donde la burguesía lo había dejado.
Lo menos que podemos hacer hoy es seguir su ejemplo y lanzarnos para intentar construir algo nuevo. El independentismo puede ser un aliado precioso, si consigue no dejarse desviar por unos ambiciosos que sólo intentan replicar el viejo modelo de estado para servir sus ganas de poder.
Fuente: http://facciridere.blogspot.com.es/2013/02/la-independencia-de-cataluna.html
¿El independentismo de Artur Mas acelerará la desaparición de la política?
Al leer el artículo, no me queda muy claro cómo se puede armonizar la afirmación de que «dividir un estado-nación burgués en otros estados naciones más pequeños y de la misma naturaleza… terminará otorgando más poder a las fuerzas económicas internacionales», con la afirmación de que el «Estado ideal» para el capitalismo es China, que es un Estado gigantesco.
Creo que esta confusión viene de otra muy extendida, que es la confusión entre Estado y país o nación. El Estado es el monopolio de la violencia y, en cuanto Estado de ideología de libre mercado, se caracteriza por usar esa violencia para la protección de la propiedad privada. Puede haber estados multinacionales, como por ejemplo lo viene a ser la India -que aglutina nacionalidades con lenguas y tradiciones diferentes-. A nivel de la Unión Europea, aunque aglutina países identificados sobre el papel con Estados juridicamente diferentes, y algunos de ellos diminutos, está claro que la función de monopolio de la violencia está conferida, en último termino, a las instituciones de la Unión y /o a la OTAN, y por tanto a una institución de la misma escala que China.
No estoy en desacuerdo, sin embargo, con que «dividir un estado-nación burgués en otros estados naciones más pequeños y de la misma naturaleza… terminará otorgando más poder a las fuerzas económicas internacionales», pero creo que eso se lograría por otra vía: el nacionalismo, como la religión, hacen creer a los explotados por el sistema capitalista que tienen problemas diferentes de su explotación por el sistema capitalista, y por lo tanto les distraen de solucionar ese problema fundamental (Simone Weil criticó a Marx por no haber sido consciente de este problema -en su vertiente nacional-: http://grupotortuga.com/La-guerra-revolucionaria-es-la).
De cierto, en Spain el debate nacional distrae de otros problemas sobre coacciones más importantes, porque ninguna de las partes se plantea o hace pedagogía popular sobre cuestiones tan importantes como la de la permanencia o no en el euro, o la mejor manera de colaborar para sostener y mejorar la red de servicios sociales -que tampoco hay que confundir con el Estado-.
¿El independentismo de Artur Mas acelerará la desaparición de la política?
Se me ha quedado en el tintero lo siguiente: dado lo que he dicho sobre el nacionalismo como distracción de otros problemas, no creo que el independentismo a lo Artur Mas «hará desaparecer la participación popular en el poder», como dice Santini; pero sí que temo que la hará de peor calidad, lejos de las necesidades de pedagogía popular que tenemos en la actualidad.
El 9-N
«Para concluir diré que la (doble) prohibición de la consulta catalana es un triunfo de la oligarquía, de la española y de la catalana, y un fracaso político de catalanes y españoles de a pie. Deteriora las relaciones entre ambos pueblos y permite a las élites de ambos lados buscar una entente que prorrogue la del 78. Algo así como un pacto fiscal… y otro de silencio sobre los 3% de comisiones cobradas a uno y otro lado del Ebro. Espero que no lo logren, pero las posturas de buena parte del progresismo español dan poco margen para mi esperanza». – Tomado de: http://www.ultimocero.com/blog/rat%C3%B3n-hemeroteca/el-9-n-d%C3%ADa-triste-para-la-democracia-catalu%C3%B1a-y-espa%C3%B1a
¿El independentismo de Artur Mas acelerará la desaparición de la política?
«Estas líneas surgen del contraste entre dos imágenes. En la primera Artur Mas se ajusta la chaqueta tras bajar del helicóptero que le trasladó a la sede del Parlamento catalán el 15 de junio de 2011, asediado por una muchedumbre al grito de «no nos representan». En la segunda un Artur Mas eufórico se felicita en varias lenguas del éxito de la convocatoria del 9 de noviembre de 2014. Entre ambas han transcurrido poco más de tres años pero el personaje se ha reinventado completamente y la situación en Catalunya ha dado un giro completo…
… Si desde finales de 2012 y en todo 2013 se sintonizaban las televisiones en catalán, TV-3 o canal 33, el espectador se encontraba con una llamativa abundancia de programas, mesas redondas, debates, en los que muy seriamente se analizaba qué pasaría en Catalunya «si fuera independiente»… El resultado solía ser que las cosas mejorarían porque los catalanes se librarían de las exacciones fiscales del gobierno central, porque no tendrían que aportar dinero para los ajustes interterritoriales, porque, aún si se pusiera en cuestión la permanencia en la UE, volverían a negociar, y así sucesivamente.
… No sé si es cierto lo que comentaba un reciente artículo en EL País, según el cual la campaña ha corrido a cargo de una prestigiosa empresa internacional de marketing político, que ha ayudado a transformar el mensaje dándole la vuelta: no vamos a hablar de independencia sino de derecho a decidir y no vamos a decir que nos vamos sino que presentaremos las ventajas de un Estado propio. Si ha sido así, han hecho un buen trabajo. A día de hoy pocos catalanes piensan que les va a ir peor solos que acompañados, lo cual tampoco es muy extraño dado que mucho peor ya casi no es posible.
… la fuerte participación en el acto del domingo en Catalunya demuestra de forma incontrovertible que el giro en positivo del mensaje fue un acierto comunicativo puesto que la sociedad catalana, especialmente la clase media, ha respondido. Ha surgido un fuerte deseo de tomar las decisiones en las propias manos. O si se prefiere una formulación en negativo, el rechazo a dejar que decisiones importantes las tomen otras personas en vez de uno/a mismo/a».
Artículo de Montserrat Galcerán en ‘El diario’: http://www.eldiario.es/zonacritica/democracia-capacidad-tomar-decisiones_6_323427674.html
¿El independentismo de Artur Mas acelerará la desaparición de la política?
«El Gobierno de España, con su actitud, ha convertido en un relativo éxito (luego lo explicaré) lo que podía haber sido un fracaso estrepitoso de los independentistas. Si no se hubiera empeñado en interpretar la consulta inicial como anticonstitucional… , ayer –hoy lo tengo claro- la opción independentista habría perdido el referéndum con un margen mucho mayor que en Escocia. Pero el gobierno prefirió seguir la vía tan irracional y española del ordeno y mando, la interpretación estrecha de la Constitución y la amenaza, que sigue hoy, por cierto. Y con su empeño de considerar lo de ayer como una movilización política, lo han convertido en un éxito gigantesco. Ya quisiera yo que cualquiera de las movilizaciones políticas en las que participo tengan el apoyo de dos millones de personas y el nervio organizativo que han demostrado los independentistas catalanes. Y parece que el gobierno ha decidido seguir alimentando a los independentistas, ya que hoy hemos desayunado con amenazas de desatar una caza de brujas para determinar si la organización de 9N fue delictiva o no, y en su caso, perseguir a los culpables. ¿Hasta dónde van a llegar? ¿Van a perseguir a los miles de directores de colegios e institutos en los que estuvieron las urnas, por ejemplo? Si yo fuese independentista, estará deseando que ocurriese tal cosa.
Pero también los independentistas se han pillado las manos. Cuando el calculador Artur Mas planteó la gigantesca encuesta de ayer como una alternativa políticamente válida a la consulta prohibida, los dirigentes de ERC… cedieron al chantaje patriótico-sentimental de Mas, apoyando lo que no era otra cosa que una tremenda encuesta como si fuera el propio referéndum… Y ahí se pillaron las manos ellos también, quizás porque calcularon que iba a salir más gente a la calle. Un 30 por ciento de participación, por más que el 80 por ciento de los que votaron fuera en sentido favorable a la independencia, no es suficiente para nada. ERC, que es la única fuerza política que, en mi opinión, ha actuado honestamente en todo este proceso, sin ocultar sus objetivos, sin dobles juegos ni cálculos torticeros, como ha sido el caso de CiU, se equivocó al aceptar el órdago de Mas: no debían haber jugado a que lo de ayer era la consulta prohibida, porque no lo era. No puede ser un referéndum válido aquel en el que se vota en urnas de cartón semiabiertas, en el que hay mesas presididas por los grandes líderes de una de las opciones, o hacer un referéndum sin el padrón electoral…
Todo eso, que habría sido normal en una protesta política, es inadmisible en un referéndum. La diferencia es que dos millones de personas participando en una protesta es un éxito sin precedentes, mientras que un 30 por ciento de participación en un referéndum de autodeterminación es algo prácticamente irrelevante. Hoy, sin duda, los comentarios en las tertulias políticas y radiofónicas serían muy distintos a lo que están siendo.
¿Y a dónde hemos llegado? Pues creo sinceramente que a donde querían Mas y Rajoy, al escenario en que ambos se sienten más cómodos, y que no es otro que el eterno tira y afloja de la transición, un escenario en el que quienes queremos las cosas claras nos desesperamos». – Enlace: http://www.asueldodemoscu.net/2014/11/ensenanzas-del-9n/
Junts pel Sí encuentra un límite en las zonas urbanas
«Junts pel Sí no ha generat un efecte multiplicador i a l’àrea metropolitana de Barcelona ha rebut menys sufragis que els sumats per convergents i republicans fa tres anys. A més a més, els tres partits explícitament contraris a la independència -Ciutadans, PSC i PP- s’han reforçat globalment, bàsicament gràcies a l’espectacular creixement del partit presidit per Albert Rivera, que ha compensat amb escreix la gran davallada del PP i la sensible reculada dels socialistes.
Les tres comarques metropolitanes -Baix Llobregat, Barcelonès i Vallès Occidental- concentren més de la meitat de la població catalana, fet que els donava un paper decisiu en el 27-S. De la mateixa manera que a la resta del Principat, la participació s’hi ha disparat respecte el 2012 -8,9 punts més al Baix Llobregat, 6,8 més al Barcelonès i 8,5 al Vallès Occidental- i les tres comarques han passat de registrar poc més d’1.930.000 vots a gairebé 2.170.000. Exactament, s’hi han emès 237.000 vots més. I qui s’ha beneficiat d’aquest increment de la participació al cinturó metropolità? Bàsicament Ciutadans i, en menor mesura, la CUP. O dit d’una altra manera, el votant contrari a la independència és qui acapara la major part de l’increment de participació, un fet lògic tenint en compte que l’electorat sobiranista ja estava molt activat el 2012». – Fuente: http://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2015/09/29/junts-pel-si-incapac-de-captar-nou-vot-a-larea-metropolitana/