Ada Colau lo anunció claramente durante su comparecencia en el Congreso: la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) no se quedaría con los brazos cruzados mientras se tramita la Iniciativa Legislativa Popular sobre la dación en pago y otras medidas relacionadas con los desahucios. La PAH ejercería toda la presión necesaria para que los diputados tomasen conciencia de la espantosa situación que crea para numerosas personas la legislación actual.

 Teóricamente, en la cuestión de los desahucios, los distintos gobiernos españoles se limitan a cumplir la ley y, como se cumple la ley, se tapan los ojos ante la violencia que esto supone. Y es que esta ley que no contempla la dación en pago para las personas -aunque sí para las empresas- ha expulsado de su vivienda a más de 400.000 personas y provocado más de 400 suicidios y un sinfín de situaciones de miseria, humillación y sufrimiento. El operativo habitual de desahucio corre fundamentalmente a cargo de agentes de policía y oficiales de juzgado. Estos se presentan ante la vivienda de la persona condenada al desahucio y la presionan por todos los medios para que abandone su domicilio. Todo vale: gritos, amenazas, intimidaciones, golpes, puertas descerrajadas, etc.

Cada intervención de este tipo recuerda a pequeña escala las de los ejércitos coloniales que, como antaño el francés en Argelia y hoy el israelí en Palestina, expulsan a los nativos de sus viviendas en nombre del interés del más fuerte. Se ha dado el caso de que, ante la inaudita violencia de los desahucios, miembros de los distintos servicios que participan en ellos -bomberos, cerrajeros, incluso policías- hayan hecho objeción de conciencia. Cuando se expulsa a una persona de su vivienda, la sensación de estar violando algo sagrado es muy clara y muchos policías recurren, para aguantarla, a la vieja estratagema de su oficio: adoptar una actitud sumamente violenta en los gestos, los actos y las palabras para evitar toda posible identificación con la víctima. Esto les permite dotarse de una carapaza moral. La cosa es gravísima, pues, si se atiende a criterios jurídicos formales, lo que se está conculcando es un derecho fundamental: el derecho a la vivienda reconocido en las cartas de derechos fundamentales y en la propia constitución española.
Estamos efectivamente en un tiempo oscuro en el que todo derecho, por fundamental que sea, palidece ante el único que según las autoridades debe prevalecer: el derecho de propiedad de los bancos.

La mayoría de los diputados y de los responsables políticos españoles contempla la cuestión de los desahucios con una mezcla de fingida indignación moral por las consecuencias de la ley vigente y de un fuerte «sentido de la responsabilidad» que les hace mantener y defender esta misma ley. Las actitudes varían en una gama que va de la necesaria defensa de la propiedad y de los contratos como base del orden social, independientemente de sus consecuencias para los demás, hasta la pretendida ignorancia de quien afirma que no tiene nada que ver con todo esto. Desde los soldados del deber que están dispuestos a defender el sistema hasta la última gota de sangre de los demás, hasta los hombres y mujeres «buenos» que tan solo votan lo que les dicen los dirigentes de sus partidos. Ambos tipos de personaje moral han salido a la luz como resultado del auténtico experimento social que han constituido los últimos escraches de la PAH. Era patético ver a un diputado rodeado de policías nacionales que intentaba llegar a la estación de Atocha para tomar su tren de regreso diciendo a los miembros de la PAH que intentaban hablar con él que: 1) ya lo estamos solucionando, 2) yo no tengo nada que ver con esto. Patético. Patético era también el diputado que se quejaba de la «violencia inaudita» del escrache que sufrió su domicilio el día anterior, con llamadas al timbre, golpes en la puerta, alarma entre los vecinos, inquietud de los niños, un auténtico escenario…de desahucio.
Este último se limitaba a condenar la «violencia» de los manifestantes y no prometía nada, incluso amenazaba con no tener en cuenta las reivindicaciones de la PAH, pues se expresaban de una manera inaceptable.

El escrache es una vieja táctica de intervención social nacida en Argentina. De lo que se trataba inicialmente era de impedir la impunidad de los asesinos y cómplices de la dictadura militar y, posteriormente, de los delincuentes financieros que devastaron el país. Se trata de un acto en el que se combinan el señalamiento del responsable y su repudio social. Ciertamente, hay una cierta violencia en los escraches: la consistente en levantar el velo de normalidad que cubre el horror cotidiano y protege a sus responsables bajo las apariencias de la legalidad, del deber, o del anonimato. Adorno y Hannah Arendt reconocieron que el régimen nazi jamás habría podido funcionar tan solo a través de los miembros del partido nazi y de sus organizaciones directamente implicados en la violencia: era necesario que intervinieran cotidianamente un sinfín de personas anónimas que «cumplían con su deber» haciendo tareas de policía, gestionando el tráfico ferroviario, escribiendo en la prensa, diciendo misa, etc. Estas personas siempre afirmaron que no tenían nada que ver con ningún crimen, pero tampoco se preguntaron nunca por el sentido y las consecuencias de sus actos. El escrache los obliga a hacerlo y, si no consigue efectos en el propio sujeto, al menos lo marca de infamia ante el vecindario.

El escrache no permite que el mal se esconda debajo de la banalidad de los gestos cotidianos: el diputado que vota «por disciplina de partido» una ley inícua es reponsable de esa ley y de sus efectos, el que apoya a un malgobierno cruel y despótico no puede apoyarse en la mayoría electoral para considerarlo legítimo, el que muestra «sentido de la responsabilidad» apoyando leyes «necesarias» puede contemplar en directo las consecuencias no menos necesarias de sus leyes. Y es que las propias víctimas de estas medidas y de su barbarie se lo están diciendo a la cara. El escrache muestra así, por debajo de las apariencias de cohesión y de consenso que toda sociedad pretende darse, el tremendo desgarro, la herida profunda y sangrante que recorre las sociedades de clases, sobre todo en períodos de  agudización de los procesos de desposesión como el que hoy vivimos. La violencia del escrache es una violencia moral, pero ese tipo de violencia, a diferencia de la física, fácilmente asimilable por el poder, tiene hoy muchísima fuerza: distingue un «nosotros» múltiple que abarca a la inmensa mayoría de la sociedad de un Ellos compuesto por los beneficiarios del régimen actual y sus intermediarios políticos, permite delinear un espacio de antagonismo. El escrache es una estrategia de vacío social en torno a los responsables: un régimen político sólidamente implantado es capaz de hacer que la inmensa mayoría hable en primera persona del plural, que diga «nostros» refiriéndose al pueblo o a la nación; en un régimen en crisis, ese «nosotros» pierde su coherencia y se contrapone a un Ellos que designa a esos otros que gobiernan ajenos a cualquier principio de «decencia común». 

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.be/2013/03/elogio-del-escrache.html

4 thoughts on “Elogio del escrache”
  1. Ada Colau, la PAH y la manipulación mediática
    Enlace: http://facciridere.blogspot.com.es/2013/04/ada-colau-la-pah-y-la-manipulacion.html

    «… la derecha consigue oponerse a toda reivindicación donde ve la sombra (real o imaginaria) de unas ideas progresistas. El hecho de que las peticiones del PAH, y mucho más, sean ley en un país tan poco comunista como EE.UU. no parece afectarles. (En EE.UU. no sólo existe la dación en pago, los individuos, así como las empresas, pueden declarar bancarrota.) »

    «Quisiera analizar brevemente tres puntos que se encuentran estos días en periódicos y tertulias de derechas: (1) la “organización de Ada Colau” apoyó una manifestación proetarra, (2) Ada Colau recibe subvenciones públicas por tanto (3) es hipocresía que se manifieste contra el gobierno que la subvenciona…»

  2. Elogio del escrache : Pons se va de bareta
    ‘Pons se va de bareta’, por Joaquín Robledo. Fuente: http://joaquinrobledo.blogspot.com.es/2013/03/pons-se-va-de-bareta.html

    Es más fácil sobresaltarse cuando un toro empitona a un torero que cuando es este el que alancea al animal. Es más fácil porque no exige ningún esfuerzo entender el sufrimiento de quien padece como tú, sin embargo, comprender el dolor del que es diferente obliga a salir de nuestro instinto para acercarnos a su realidad. De esta manera, para disfrutar de una corrida de toros hay que olvidar la situación en la que se encuentra el animal, porque quien empatiza con el dolor del toro desangrado no puede sentir aprecio por la persona que le ha puesto en ese trance.

    España es un animal herido, un toro con las banderillas bailando sobre su espalda, y aún acudiendo al engaño del torero. Un torero que esconde su cobardía tras unas falsas lágrimas televisivas mientras balbucea, con el mejor estilo de Curro Romero, que el toro mira mal. Unas pocas personas en la puerta de su casa, indignadas, engañadas, rabiosas, conscientes de que se les ha puesto en medio de la plaza y no están dispuestas a ser estoqueadas, han sido capaces de quebrar la voz del diputado del PP Esteban González Pons. Pero no cuela. Su ‘quejío’ suena antiguo, de cuando el torero decía que el toro se sentía un privilegiado por poder morir en la plaza y le creíamos. Hoy sabemos que el toro sufre, que embiste por orgullo, que no valora el sentido de lo que hace, lo hace y punto, que el rebelarse ante la muerte inminente no le va a librar de ella, pero se rebela. El diestro González Pons, de azul y oro, es, a diferencia de su enemigo, un cínico. No hace tanto, cuando era otro el torero que estaba en la arena, susurraba al astado para que no dejara de embestir hasta cornearle y, así, poder salir él a hombros de la plaza. “¿Habéis visto Egipto? El pueblo español, cuando quiere, puede” decía entonces con el fin de alentar la cornada final. Ahora, en la plaza, mientras se queja de los embates del toro que le ha tocado en suerte, llora. Pero no le falta una subalterna, la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, que salga con un capote en el que lleva bordado ‘el toro es ETA’.

  3. Elogio del escrache: acoso y democracia
    ‘Acoso y democracia’, por Javier Gutiérrez: http://www.ultimocero.com/blog/el-detalle/acoso-y-democracia

    “Si no he cumplido con mis promesas es porque he cumplido con mi deber”, dijo Mariano Rajoy. – Se promete lo que sea necesario para ganar las elecciones y luego se hace lo contrario de lo que se dijo que se iba a hacer. Este tipo de prácticas sí que son peligrosas para la democracia pues afectan a la esencia de la relación que debe existir entre votantes y representantes políticos. Nunca podemos olvidar que, tal y como señala el artículo 1 de la constitución “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.
    Cuando reflexioné sobre las declaraciones de Rajoy me vino a la mente una idea casi inmediata: ¿no habrá que molestar un poco más a quienes, con toda solemnidad, se permiten el lujo de realizar este tipo de declaraciones para ganar el apoyo de los poderes económicos?

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