GULUMAPU / Oscar Huenchunao Meza tiene 31 años. Nacido en la ciudad de Temuco, su pasión por la música lo llevó a acercarse a temprana edad a la cultura e historia de resistencia de su pueblo. Muchos aun lo recuerdan como el bajista de Pirulonko, mítica banda de rock mapuche que a mediados de los noventa escupía la rabia y el descontento de nuestra generación -mitad campesina, mitad urbana- en recitales autogestionados, manifestaciones políticas y jornadas de protesta de diverso tipo. Eso hasta el 2000, año en que abandonó la música, sus estudios de derecho y se trasladó hasta la capital chilena para cursar la carrera de periodismo.

En la capital, Huenchunao se unió a la organización anti-militarista Ni Casco Ni Uniforme, que aboga por la eliminación del Servicio Militar Obligatorio (SMO) en Chile, participando desde entonces activamente de una serie de campañas y talleres con jóvenes insumisos. Desde el año 2004, Huenchunao es miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional de Resistentes a la Guerra – IRG (WRI por sus siglas en inglés), organización que promueve la acción contra la guerra, así como también apoya y coordina, a través de todo el mundo, a personas que se niegan a tomar parte en un conflicto o en su preparación. En la actualidad, IRG cuenta con más de 70 grupos afiliados a lo largo de 35 países.

Tras un breve paso por Temuco, Azkintuwe conversó con Huenchunao sobre la reciente tragedia militar en Antuco, el derecho de los jóvenes a la objeción de conciencia y la miopía de un movimiento mapuche que no ha dimensionado la real amenaza que representa el Servicio Militar Obligatorio para sus aspiraciones de justicia, territorio y libertad. «La principal finalidad actual del SMO es el adoctrinamiento ideológico y el nacionalismo chileno claramente es una ideología», nos advierte categórico.

Las lecciones de Antuco

– Oscar, qué impresión tienes de lo ocurrido en Antuco con estos 44 soldados muertos, muchos de ellos aun desaparecidos.

– Para nosotros la muerte no es un accidente, sino una constante en el SMO. Tal como se ha dicho, no es ésta la primera muerte de conscriptos. Quizá si, la más trágica por las dimensiones de la misma y la cantidad de familias afectadas. Pero no olvidemos casos como el de Pedro Soto Tapia (NdR: soldado asesinado al interior de un regimiento), el cual nunca ha sido aclarado del todo. Es una lástima que los mass media y la prensa en general tengan que esperar a una tragedia como ésta para lanzar a la palestra el tema del SMO nuevamente.

Es una vergüenza también que los políticos tengan que esperar a las elecciones o a la rabia y la consternación de la gente para hacer su trabajo y ver que los derechos humanos que el Estado chileno se ha comprometido a cumplir ante la comunidad internacional, se lleven a la práctica. Estos días he recordado bastante los versos de Bob Marley en “Redemption Song”… (“How long shall they kill our prophets…”) ¿Cuántos jóvenes más tienen que morir para que el SMO se termine? Esa es la pregunta que hoy nos hacemos.

– Algunos sobrevivientes y principalmente sus familias han denunciado el mal equipamiento de los conscriptos y su mala preparación. También los malos tratos se han denunciado en ocasiones anteriores. ¿Qué antecedentes manejan ustedes al respecto?

– El término “malos tratos” es bastante ambiguo. Durante la investigación del caso Soto Tapia, algunos periodistas conversaron con conscriptos de ese regimiento y les preguntaron si recibían malos tratos al interior. Las respuestas en su mayoría eran negativas. Esto les sorprendió pues contrastaba con sus averiguaciones. Decidieron cambiar el enfoque y empezaron a preguntar si adentro del regimiento les pegaban. “Ahhhh… si po, eso si” fue la respuesta de la gran mayoría. Eso nos habla de una cultura donde el concepto de maltrato no está bien definido, una cultura machista, donde al parecer, si no sangras no vale. A lo mejor se han convencido del aforismo ése de que “lo que no te mata te fortalece”.

Queda claro que al interior de los regimientos se dan una serie de prácticas que atentan contra la integridad física y psíquica de los jóvenes, prácticas que buscan quebrar su personalidad y su individualidad, justo en una época de su vida en que los cabros están todavía buscando su propia identidad y formando su personalidad. Pero dado que éstas conductas se mueven al filo de lo que podría considerarse tortura, muchas veces cuesta destacarlo y denunciarlo. Lamentablemente, esa misma cultura machota también impera en muchos jueces e incluso en personas ligadas a la defensa de los DD.HH., para quienes parece que cualquier cosa menos de tortura física no es un abuso de derechos humanos.

– A la larga lista de fallecidos en Antuco, se suman otros 4 reclutas muertos en diversas circunstancias durante el mes de mayo. ¿Ustedes manejan cifras de soldados muertos en el SMO?

– Si, existen algunas cifras. Hace algunos años un estudio conducido por ONGs de derechos humanos vinculadas a la objeción de conciencia nos hablaban de un promedio de una muerte al mes en el SMO. Algo escandaloso. Esas cifras circularon bastante para la pasada elección presidencial, sin embargo nadie se hizo cargo de ellas, ni siquiera para desmentirlas. De cualquier forma, personalmente creo que cualquier cifra de jóvenes muertos por el SMO es muy alta.

– Llama la atención que gran parte de los conscriptos sean de familias humildes. ¿Es esa una característica de la conscripción en Chile?

– Lo es. Y probablemente no sólo en Chile. Es un rasgo clasista muy claro. Los jóvenes de las clases acomodadas nunca hacen el SMO, pues o bien ingresan directamente a las Escuelas de Oficiales de las diversas ramas de la defensa, o recurren al elitario Batallón Germania, donde el servicio se realiza los fines de semana, o bien se eximen graciosamente de la obligación recurriendo a los contactos familiares. Mientras que el cabro de la población, o piensa que en el SMO estará mejor que parado en la esquina, o bien no tiene cómo diablos sacarle el cuerpo. Tal como en muchos otros aspectos, sólo los pudientes tienen los privilegios.

– ¿Cuáles creen que son las lecciones que se pueden sacar de esta tragedia? ¿Qué esperan ustedes como objetores que suceda a nivel de país, de sociedad?

– ¿Lecciones?… Ojalá el ser humano realmente aprendiera de las tragedias. La verdad, creo que lo que hay que saber sobre el SMO ya lo sabíamos, es sólo que esta vez la muerte nos abofeteó en el rostro. Esta vez no pudimos hacernos a un lado y esperar a que salieran los deportes en el noticiario. Hasta “Las Ultimas Noticias” dejó de lado sus portadas televisivas y de farándula para darle espacio a los hechos de Alto Antuco. Como objetor, espero tener muchas energías para seguir peleando por esto cuando la cosa se enfríe y la gente vuelva a preocuparse de los reality shows y el fútbol.

Ojalá en el país se instalara una real conciencia de la importancia de los Derechos Humanos y de que no podemos seguir rigiéndonos por patrones dignos de la edad media, “haciendo hombres” a nuestros muchachos y muchachas a través de la violencia y la fuerza bruta. Pero se necesita más que esta tragedia para eso. Se necesita un trabajo sostenido y abrir un gran debate nacional. Se necesita conversar y planear la sociedad que queremos. Espero que ésto suceda, pero sabemos que no sucederá solo.

– Carlos Peña, decano de derecho de la Universidad Diego Portales y columnista de El Mercurio, señalaba que el General Cheyre debiera renunciar, por su responsabilidad de mando y como un acto pedagógico. ¿Compartes ese diagnóstico?

– Creo que el General Cheyre sabe que debería poner su cargo a disposición del presidente Lagos. Creo que lo ha pensado y si no lo ha hecho hasta ahora es porque se siente responsable de entregar los cadáveres de los jóvenes muertos a sus familias. Aun asi, no me gusta centrar las cosas en las personas. Aquí es claro que hay un sistema que es el culpable de todo, aunque me parece que su renuncia es lo apropiado. Hablando en sus propios términos «militares», creo que es lo más compatible con su honor, asumir la responsabilidad y salir dignamente. No como ese esperpento de Ministro de Defensa, que no ha hecho otra cosa que tratar de cubrirse las espaldas todo este tiempo.

Ni Casco Ni Uniforme

– Oscar, cuéntanos del trabajo que desarrollan en Ni Casco Ni Uniforme.

– El trabajo que realizamos es básicamente de promoción, difusión y práctica del derecho de objeción de conciencia y de métodos no violentos de resolución de conflictos. Hacemos talleres y cursos sobre acción directa no violenta (ADNV), objeción de conciencia, trabajo en asamblea, todo desde una perspectiva antimilitarista. La objeción de conciencia es un derecho humano, derivado de la libertad de conciencia y pensamiento, que consiste en la negativa a realizar acciones o cumplir con obligaciones legales que atenten o vayan en contra de nuestra conciencia, por razones religiosas, filosóficas, políticas, etc. Conlleva una práctica que va más allá del ámbito estricto del servicio militar, pero por la naturaleza de éste ha sido el frente más polémico donde se ha dado.

– ¿Proponen ustedes algún servicio militar alternativo, por ejemplo, servicios comunitarios?

– No, no proponemos ningún servicio alternativo porque estamos en contra del Servicio Militar como institución. La verdad es que, no sólo desde nuestra perspectiva, la finalidad del Servicio Militar Obligatorio nunca ha sido el servicio a la comunidad. Su fin es la instrucción militar de grandes masas de contingente. Al menos en su inicio. Hoy creo que su principal finalidad es el adoctrinamiento ideológico. Imagínate, tienen 12 meses para moldearte y transformarte en el “buen ciudadano” que ellos quieren que seas: tranquilo, obediente, disciplinado, que no se mete en política ni en “problemas”. Y por cierto, un buen “chileno”, amante y defensor de sus símbolos patrios.

– ¿Qué avances se han logrado en Chile al respecto?

– El peso de la cultura militarista nacional se ha manifestado claramente en este aspecto, pues a pesar de que el Estado chileno es parte y ha ratificado numerosos tratados internacionales de DD.HH. que incluyen la objeción de conciencia, no se ha implementado medida alguna tendiente a regular a nivel de legislación ordinaria la práctica este derecho. Sin embargo es claro que el derecho está reconocido, tanto en estos tratados -que una vez ratificados tienen la validez de una ley de la República y en algunos casos preeminencia especial, como lo señala el artículo 5º inciso 2º de la Constitución Política de la República- como en las garantías constitucionales.

– Entiendo que los hijos de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos no están obligados en Chile a la conscripción.

– Efectivamente. Es parte de la Ley de Reparación (Ley 19.123) y uno de los pocos casos de objeción de conciencia establecidos en nuestra legislación interna, claro que con otro nombre. El artículo habla de “quedar en calidad de disponibles (…) cuando así lo soliciten directamente o a través de la Corporación (de Reparación)”.

– ¿Cuál es tu opinión respecto del la cultura «militarista» -y «autoritaria» en muchos sentidos- que predomina en nuestra sociedad y básicamente en sus elites gobernantes?

– Estoy claramente disconforme con ella como casi cualquier persona con algo de sentido común. Ciertamente no es el país donde quiero vivir ni donde quisiera criar a mis hijos o hijas. Sacarnos la sombra de la Dictadura militar no ha sido fácil, y me temo que buena parte de esa dificultad la ha puesto la propia Concertación, al bloquear iniciativas que podrían llevarnos a una auténtica democracia y al criminalizar y marginar a cualquier movimiento social que no se avenga con este pacto de cinismo que llaman transición democrática.

Cuando se habla de los jóvenes que “quieren” hacer el servicio “voluntariamente”, no solo se desconocen aspectos sociales como la falta de oportunidades que enfrentan los jóvenes, la pobreza que caracteriza a los conscriptos, sino también aspectos culturales, como el peso que tiene un discurso militarista sobre ellos. Este lo podemos ver en la TV y los medios, en el sistema educacional, entre algunos historiadores nacionalistas, en los juguetes bélicos, etc. Entonces no es una “voluntariedad” espontánea, es también producto de una industria cultural militarista y enamorada de la violencia.

– ¿Cuántos jóvenes hoy en chile se declaran insumisos? ¿tienen estadísticas?

– Tenemos, pero sólo estadísticas muy generales, que hablan de varios cientos de jóvenes que se han declarado públicamente como objetores de conciencia en los últimos 8 años.

– Como organización local, ¿participan además de alguna red internacional?

– A nivel latinoamericano, somos parte de la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Antimilitarismo y Objeción de Conciencia, CLAOC, que agrupa a organizaciones de objetores/as de conciencia y de derechos humanos de, entre otros, Paraguay, Perú, Ecuador, Colombia, Argentina y Chile. Además, formamos parte de la Internacional de Resistentes a la Guerra, IRG, la cual es una red de organizaciones pacifistas y antimilitaristas con presencia en más de 35 países. Por cierto que a eso se suman las redes personales de cada uno/a, pues hay anarquistas, ecologistas, músicos, escritores, “ciclistas furiosos”, etc., en el grupo y cada uno aporta sus contactos.

– ¿Cuál es la experiencia en otros países al respecto?

-Es bastante dispareja. Por un lado tienes el caso de Paraguay, donde la objeción de conciencia fue incorporada a la normativa constitucional, pero nunca se dictó la ley especial al respecto. Sin embargo, esto nunca ha sido un obstáculo para el trabajo de los y las objetores/as de allá, siendo un movimiento muy masivo a nivel latinoamericano. Por otro lado tienes casos como el de Finlandia, que muy Unión Europea será, pero incumple todos los estándares internacionales sobre objeción de conciencia, incluyendo normas europeas bastante específicas que estatuyen que, por ejemplo, el servicio alternativo al SMO no debe tener una duración punitiva. Pero en Finlandia, en la práctica, es casi el triple del SMO regular.

Quizá el caso más emblemático y conocido sea el de los insumisos españoles, cuyo movimiento logró realmente poner en jaque al militarismo español, y que aún hoy sigue siendo muy activo, poseedor de un riquísimo bagaje de conocimientos y experiencias de lucha social. Pero hay muchas historias de lucha antimilitarista y no violenta, como es el caso de los movimientos de objeción de conciencia de Israel, con objetores que son continua y repetidamente encarcelados por negarse a combatir a civiles palestinos; Turquía, cuyos objetores son encarcelados y torturados, como el caso actual de Mehmet Tarhan; Corea del Sur, con cientos de objetores en prisión, especialmente por causas religiosas; los países de los Balcanes, con una guerra muy reciente de por medio; Colombia, cuyo conflicto interno es de sobra conocido, etc.

-Sabemos que has participado de varios encuentros en el extranjero, cuéntanos de esa experiencia.

– La verdad es que siempre resulta una experiencia muy gratificante poder conocer a personas de otros países afines a tus ideas, que quizá han enfrentado las mismas o peores dificultades en su trabajo como activistas. Poder intercambiar historias, experiencias y estrategias es muy “empoderador”. También estos encuentros permiten poner en práctica las diversas técnicas de toma de decisión por consenso, de organización no jerárquica o de trabajo en asamblea que a su vez traducen en actos las ideas que te motivan a ser un objetor u objetora de conciencia. En resumidas cuentas, el rechazo a las estúpidas jerarquías y el anhelo de un mundo distinto al que nos ofrecen el Estado y el Capital.

«Mapuches e insumisos»

– En otros países, la legislación interna garantiza a los jóvenes de pueblos indígenas el no realizar el servicio militar, como una muestra de respeto a sus culturas y particular cosmovisión. ¿Crees que en Chile esta debiera ser una variable a considerar?

– Absolutamente. Lo creo en la misma proporción que creo que si no se ha implementado es precisamente por eso: porque implica reconocer dentro del Estado chileno la existencia de otras realidades, de otros pueblos, de otras identidades. Y para un Ejército que ha sido de una u otra forma un puntal de la conformación de la identidad nacional chilena, admitir la diversidad étnica es una movida difícil. Si admitimos que Chile es un país pluriétnico y multicultural, deberíamos a renglón seguido admitir que, por ejemplo, los jóvenes mapuche tienen todo el derecho de negarse a ser parte del Ejército que mató a sus antepasados y usurpó sus tierras ancestrales. Pero, claro, sería admitir demasiadas cosas de una vez.

Ello implicaría abrirse a un debate más grande respecto a las relaciones entre el Estado chileno y los Pueblos Originarios. Y nadie quiere abrir esa caja de Pandora, porque una vez que empiecen los cuestionamientos la cosa no va a parar. El hecho de que a los jóvenes mapuche los obliguen a servir y jurar lealtad a un ejército que asesinó a nuestros ancestros, es un elemento más para pensar que deberían declararse con justa razón objetores de conciencia. Tengo claro que nuestros jóvenes saben ser valientes y rebeldes cuando quieren serlo. Quizá va siendo hora de que se rebelen también contra la conscripción militar. Ser jóvenes, mapuches y también insumisos.

– ¿Cómo explican ustedes la alta conscripción de jóvenes mapuche existente en regiones como la octava, décima y principalmente la novena? ¿Pobreza, falta de oportunidades en el mundo civil, patriotismo…?

– Se explica por varias razones, entre esas las que mencionas y además cabría decir que es falta de información y falta de un trabajo por parte de, por ejemplo, las propias organizaciones mapuche, que dentro de su discurso han olvidado al SMO como un factor que les juega en contra, centrándose en el tema campesino, territorial. ¿Cómo se puede formar una conciencia de ser mapuche, si les entregamos a nuestros jóvenes al Estado chileno todos los años para que les laven el cerebro? A mí me cuesta entender ese olvido o descuido de las organizaciones mapuche. La principal finalidad actual del SMO es el adoctrinamiento ideológico y el nacionalismo chileno claramente es una ideología.

Por otra parte, dentro de nuestro trabajo como objetores de conciencia, hemos estado en deuda con el mundo rural y especialmente mapuche e indígena en general. Quizá sea este un buen momento para comenzar con este debate. Ha sido un anhelo nuestro incorporar el tema de los jóvenes indígenas y mapuches en particular, y ha estado presente en documentos, en intervenciones en foros, etc. Pero hasta ahora no hemos profundizado en ese trabajo. Digo hasta ahora porque espero que esta entrevista sea un puente que nos sirva para abrir ese debate, que podamos conversar, discutir, disentir incluso, pero empezar a pensar un poco en estas cosas.

– ¿Consideras que el movimiento mapuche debiera tomar también estas banderas de lucha, relacionadas quizás no con la lucha por las tierras, pero si con derechos civiles y el respeto de los derechos humanos?

– Como dije antes, me cuesta entender el olvido en que se ha dejado este tema con vistas a la construcción de una identidad mapuche. Pero además de eso, una sociedad es un mundo muy amplio y junto a las demandas económicas y territoriales, la discusión en torno a los derechos civiles, políticos, culturales, etc, deben estar presentes en los foros mapuche. Si nuestra aspiración como mapuches es construir una sociedad y tener un futuro como pueblo, entonces todos estos temas deben estar presentes. Por lo demás, el militarismo siempre va a ser un riesgo y un obstáculo para el progreso humano, sea desde el punto de vista huinca como del mapuche. No está demás instalar esta discusión entre nosotros, como pueblo, como sociedad.

2 thoughts on “«En el SMO la muerte no es un accidente, es una constante»”
  1. > «En el SMO la muerte no es un accidente, es una constante»
    una mierda

    1. > «En el SMO la muerte no es un accidente, es una constante»
      Coincido total y plenamente, con lo expuesto por Oscar Meza, America y el mundo han sufrido y siguen sufriendo el desmembramiento de infinidad de hogares por obra del SMO y como siempre los afectados pertenecen a los sectores menos protegidos del Pueblo.
      Desde Buenos Aires apoyamos la postura de no realizar el SMO no mas muertes, no mas guerras.
      Un abrazo grande. Ricardo Righi-La Voz de los Colimbas-Buenos Aires

      http://lavozdeloscolimbas.blogspot.com/

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