
LANZA DIGITAL (MERCEDES CAMACHO).- El también doctor y profesor titular de Historia Contemporánea en la UCLM consideró que es necesario el debate y la actualización temática entre expertos, conocedores, estudiantes y público interesado en la historia de las cárceles y, más en general, en la historia de los castigos penales y las prácticas punitivas, o en la delincuencia, la criminalidad y el desorden en relación con su control y penalización.
Por este motivo, se han programado varias conferencias, debates, 51 comunicaciones, exposiciones y la proyección de un documental que permitan dar la visión lo más amplia posible sobre este tema, gracias también al magnífico nivel académico e investigador de los ponentes, entre los que se encuentran -por citar sólo unos ejemplos- el profesor doctor del Departament de Dret Penal i Ciències Penals, Universitat de Barcelona (UB), Iñaki Rivera Beiras, “considerado como el enlace entre la criminología crítica entre Latinoamérica y España y Europa”; el profesor titular del Departament de Dret Constitucional i Ciència Política de la Universidad de Barcelona y vicepresidente del Observatori DESC (Derechos económicos, sociales y culturales), Gerardo Pisarello Prados; sin olvidar al catedrático de Derecho Penal de la UCLM y director de la Société Internationale de Défense Sociale pour une Politique Criminelle Humaniste (SiDS), Luis Arroyo Zapatero.
En este congreso, en el que habrá tiempo para que los nuevos investigadores puedan conocerse y dar a conocer sus enfoques y aportaciones, se abordará la larga duración de muy distintas formas carcelarias, desde la cárcel procesal y las galeras femeninas hasta las macrocárceles contemporáneas, pasando por los presidios militares, penales y correccionales, las cárceles de mujeres, los centros de menores y los de internamiento de extranjeros, relacionando de forma inteligible las temáticas y los períodos históricos (desde el Antiguo Régimen hasta el tiempo presente).
“Será el momento de recoger aportaciones y de conocer líneas de investigación sobre instituciones de encierro penal, asilar o concentracionario, y acerca de aspectos tan relevantes como los normativos, administrativos y de gobierno, o sobre la economía y la gestión de los espacios de castigo, sin olvidar las condiciones de vida, los movimientos de protesta, las memorias y las experiencias carcelarias, etcétera”, indicó el profesor Oliver.
En este sentido, recordó que no sólo se va a hablar de las prisiones, sino también de otras formas carcelarias, recuperando la expresión de Michel Focault en la que se refería a que la prisión moderna es la que conocemos todos, pero ha habido otras formas que van desde los hospicios del Antiguo Régimen a los Centros de Internamiento de Extranjeros o los centros de menores de la actualidad, “que no son, ni más ni menos, que cárceles de niños y niñas”, pasando por los campos de concentración que hubo en la Guerra Civil o en el primer franquismo.
Para Pedro Oliver, además de la importancia histórica que en sí mismo tiene el congreso, también consideró que es relevante el momento en el que se celebra -“una especie de época oscura en el ámbito penal comparado con los últimos decenios”- y la posibilidad de que la sociedad reflexione sobre el sistema actual.
“No hay que olvidar que nosotros tenemos el concepto historia-problema, es decir, el historiador no es un anticuario sino que se pregunta qué puede encontrar en el pasado para dar respuesta a las preguntas de hoy, especialmente en un momento en el que la prisión está en auge y ante cualquier situación se solicita esta pena”.
MODELO IDEAL
En este sentido, y cuestionado sobre cuál debería ser el modelo de prisión más adecuado a la realidad actual, Pedro Oliver explicó que en el grupo de estudio que ha motivado este congreso hay diversas opiniones, “aunque coincidimos en que se deberían dar unos mínimos que pasaría por el garantismo penal, es decir, un sistema penal mínimo y no máximo como el actual, que está hipertrofiado y basado en la cultura de lo excepcional”.
Para el profesor Oliver, este sistema debería ser “mínimamente penitenciario” porque, agregó, “entendemos que buena parte de la población reclusa de las cárceles españolas podría estar fuera de la prisión, con otro tipo de tratamientos respecto al delito que subyace a su situación”.
Y como ejemplo de este modelo porque el que apuesta, en líneas generales, el Grupo de Estudio sobre la Historia de la prisión y las Instituciones Punitivas, Pedro Oliver indicó que en los países nórdicos se está experimentando de forma exitosa con “tratamientos abolicionistas del sistema penitenciario o de pena privativa mínima que continúa después a través de la mediación y del trabajo social, llevando un control de la persona que ha cometido un delito que también ha tenido unas víctimas a las que hay que resarcir”.
Contrapuso esos avances con lo que ocurre en España, “el país de Europa que tiene la mayor tasa de encarcelamiento del mundo después de Estados Unidos, que es desproporcionada, algo que contrasta con que tenemos una tasa de delincuencia de las más bajas. Esto se debe a que tenemos un Código Penal de máximo rigor, que contempla la pena privativa de libertad como solución a un sinfín de infracciones que podrían ser tratados, como en otros países o incluso en el nuestro en otras épocas históricas, de otra manera”.
PRESENTACIÓN DE LIBRO
El congreso también servirá como marco excepcional para presentar el libro “El siglo de los castigos”, editado por Anthropos y coordinado por el propio Oliver, quien subrayó que esta obra se centra en la España del siglo XX y, junto a los historiadores especialistas de cada una de las etapas, incorpora a juristas que analizan situaciones actuales, sociólogos, filósofos o psicólogos, educadores sociales y pedagogos que analizan también temas como la tortura, los centros de menores…
“Creo que va a ser un libro referente en estos estudios”, indicó Oliver, quien en la portada de esta trabajo ya resalta que el sistema liberal de prisiones, “aún arrastrando los males crónicos que acumuló desde su nacimiento, en los albores del siglo XX”, alcanzó su verdadera madurez y comenzó a tomar solidez y credibilidad, por lo que la pena privativa de libertad estaba en el centro del sistema penal y desde ahí se extendía hasta inundarlo.
“El castigo penitenciario había creado una nueva cultura punitiva y, además, al confrontarla con la memoria de los castigos atroces del Antiguo Régimen, la prisión seguía presentándose como un signo de civilización”, aseveró Oliver, quien agregó que “nadie medianamente informado” habría dudado a principios del siglo XX acerca del futuro prometedor de la prisión, aunque todavía no se supiera que su triunfo histórico iba a dar mucho más de sí.
“No obstante, España conocería etapas de extremismo punitivo durante la Guerra Civil, cuando el agigantamiento de la pena de muerte quedó envuelto por experiencias legales y extralegales de encarcelamiento; destacó en el panorama internacional por la hipermasificación del sistema carcelario y concentracionario en los años de represión franquista; e implementaría hasta niveles jamás conocidos el funcionamiento de otro tipo de formas carcelarias, algunas ya clásicas, como los espacios de encierro en los cuarteles militares o esas cárceles de niños y niñas que el discurso oficial ha querido llamar Centros de Menores; y otras alarmantemente novedosas, como los más recientes Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Así las cosas, no es exagerado concluir que el pasado siglo XX ha sido el siglo de los castigos”, apostilló Pedro Oliver.
Derecho Penitenciario.