En tiempos de tesis pacifistas se rechaza la guerra como un arte. Pero así la definió el militar prusiano Clausewitz, en su obra de referencia Liberándolas de juicios de valor, el pensador concibe las guerras como un medio para obtener fines políticos.

La Vanguardia. MIQUEL PORTA PERALES – 01/06/2005

Generalmente, cuando se habla de la guerra se hace en términos morales. La guerra es aceptable o inaceptable, justificada o injustificada. Y en la discusión han intervenido pensadores que van de Tito Livio a Michael Walzer pasando por san Agustín y Hugo Grocio. Pero, junto a esta corriente existe otra que piensa en términos de estrategia y filosofía política. Para estos últimos -de Sun Tzu a William S. Lind y Edward Luttwak pasando por Carl von Clausewitz y Raymond Aron-, la guerra es un arte. Una técnica. Un conjunto de reglas de procedimiento que posibilitan la toma de la decisión óptima en cada momento. Y no sólo eso, sino que la guerra es también -contrariamente a lo que afirma el pacifismo ingenuo, valga la redundancia- una manera de resolución del conflicto político. Carl von Clausewitz (1780-1831), con su De la guerra es, sin ningún género de dudas, el clásico por excelencia de esta concepción estratégico-política de la guerra.

Para entender a Clausewitz, así como la importancia y novedad de su obra, hay que sumergirse en la vida y época de un personaje que revolucionó la ciencia y objetivo de la guerra. ¿Clausewitz? El hijo de un ex oficial del ejército prusiano que se alista en el ejército a la temprana edad de doce años, entra en combate por primera vez a los trece, se licencia en la Academia de Guerra de Berlín -número uno de su promoción- a los veintitrés, interviene en diversas batallas al servicio del Rey de Prusia y del zar Alejandro I de Rusia, es nombrado director de la Kriegschule berlinesa, y muere víctima de una epidemia de cólera que el ejército prusiano le había encomendado -a él, que únicamente se había enfrentado a ejércitos enemigos- detener. ¿La época del personaje? La de la Ilustración, la del análisis minucioso de la realidad, la de la Revolución francesa, la del ascenso de los nacionalismos y, el detalle es importante, la de Napoleón y su concepción novedosa del arte de la guerra. En resumen, nuestro autor es un hombre que, por vocación y convicción, vive y piensa la guerra en vivo y en directo; un hombre que, además, está inmerso en un proceso histórico de cambio acelerado. El pensamiento de Clausewitz es el producto de su vida y su época. Y Clausewitz es la respuesta a los retos militares y políticos del tiempo que le tocó en suerte.

En De la guerra -libro que reúne los escritos y notas de Clausewitz, ordenados y editados por su esposa María von Brühl- encontramos, como acertadamente indica Gabriel Cardona en su excelente estudio preliminar, el pensamiento militar ilustrado. Para empezar, Clausewitz, en una época en que la técnica pide la palabra, es el reformador que rompe con la táctica y estrategia prenapoleónicas. A partir del prusiano -de hecho, a partir de Bonaparte y los teóricos de la Academia de Guerra de Berlín como Gerhard Scharnhorst-, la guerra es una cuestión de recursos, un asunto de ejércitos preparados, dirigidos por oficiales competentes que conocen la historia militar, que entienden la preeminencia del ataque. Y la guerra es también la voluntad de defender la nación y, por ello, es bueno que sea la nación quien tome las armas. Pero Clausewitz va más allá del estudio de la guerra y capta la íntima relación entre guerra y política. De hecho, según advierte en su célebre frase «la guerra no es más que la continuación de la política del Estado por otros medios», la guerra no es algo autónomo, sino un instrumento político, un medio para obtener un fin político.

La recurrente cuestión que suele plantearse ante De la guerra: Clausewitz, ¿la representación más cínica y acabada del militarismo? No. Y ello es así porque el propósito de nuestro autor no es otro que el de estudiar la guerra como un objeto en sí, el de descubrir su lógica interna. Y ahí radica el mérito de un autor que es capaz de comprender la guerra liberándola, como de otra parte exigía la ciencia de su tiempo, de juicios de valor. Por decirlo en otros términos, la obra del prusiano hace inteligible el qué y el porqué de la guerra. ¿Hay una alternativa pacifista a De la guerra? Cedo a la palabra al maestro Clausewitz: «Las almas filantrópicas que podrían fácilmente pensar que hay una manera artificial de desarmar o derrotar al adversario sin causar demasiadas heridas, y que esa es la verdadera tendencia del arte de la guerra. Por bien que suene esto, hay que destruir semejante error, porque en cosas tan peligrosas como la guerra aquellos errores que surgen de la bondad son justamente los peores». |