MONOLOGOZ

Pablo Emilio Obando Acosta

«Dios dice haz lo que quieras, pero toma la decisión incorrecta y serás torturado por toda la eternidad en el infierno. Esto, señor, no es libre albedrío. Sería semejante a un hombre que le dice a su novia: haz lo que desees, pero si eliges dejarme te seguiré el rastro y te volaré los sesos. Cuando un hombre dice esto, lo llamamos un psicópata, y pedimos a gritos que sea encarcelado o ejecutado. Cuando dios dice esto mismo, lo llamamos ‘amor’ y construimos iglesias en su honor.» 
William C. Easttom II 

La historia de la Iglesia católica registra los más grandes crímenes que puedan imaginarse: torturas, asesinatos, violación de derechos humanos, desapariciones, destierros y genocidios. Desde su aparición hasta nuestros días ha levantado su dedo inquisidor para perseguir a científicos, librepensadores, intelectuales y artistas; sería innumerable la lista de personalidades que fueron víctimas de sus excesos de fe y abusos de poder: Galileo, Giordano Bruno, Giulio Cesare Vanini, Pietro d’Abano, Miguel Servet, García de Orta, Copérnico. Torquemada es, sin duda alguna, uno de los representantes del catolicismo que encierra en su solo nombre el fanatismo, el exceso, el autoritarismo y la imposición de ideas y pensamientos. Se le atribuyen durante la inquisición cientos de asesinatos en nombre de una doctrina que no admitía las diferencias y las divergencias ideológicas. La iglesia católica ha llevado a los altares a fanáticos y asesinos, como Ezequiel Moreno Díaz que consideraba y pregonaba que ser liberal es pecado y en consecuencia matarlos era una imperiosa necesidad al extremo de armar a los campesinos colombianos durante la guerra de los mil días, en su testamento ordenó que junto a su féretro se colocara un cartel con el mensaje: “matar liberales no es pecado”.

Creería uno que en el siglo XXI la gente vive una fe diferente; pero no, ella se fundamenta en criterios tan grotescos como los compendios bíblicos que ordenan despreciar la diferencia sexual y condenar a quienes viven “en pecado” existencial y de fe. Puede leerse en uno de sus pasajes: “Si alguien se acuesta con varón como se hace con mujer, Ambos han cometido abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos”. Igualmente sentencia este texto que “…Ni los impuros, ni los idolatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales heredarán el reino de Dios”. En consecuencia era lícito matar, asesinar, perseguir o privar de su libertad a los homosexuales y quien debía hacer cumplir la “palabra de dios” era, según sus creencias, la iglesia católica en su condición de portadora de un designio divino. Desde estos tiempos bíblicos hasta nuestros días se ha pretendido extirpar de raíz la condición homosexual, con la llegada del cristianismo se acerva este criterio por cuanto se considera que ofende a su dios; la cárcel, la hoguera o la muerte fueron las interpretaciones que los jerarcas de la iglesia católica encontraron para hacer cumplir su dictamen.

Y cuando se creía que esos eran tiempos pasados aparecen voces como las del cardenal Rubén Salazar, Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, expresando que “los homosexuales no tienen derecho a casarse ni a conformar familia”. E instiga a jueces y notarios a invocar objeción de conciencia para no dar cumplimiento a lo ordenado por el Consejo de Estado en el sentido de formalizar una relación homosexual. Paras este sacerdote los homosexuales están privados socialmente de unos derechos que a todos los colombianos nos han sido reconocidos, y se basa en fundamentos y en preceptos bíblicos, a todas luces descontextualizados, homofóbicos y propios de una sociedad lejana de la nuestra.

Los homosexuales reclaman con vehemencia la formalidad de un reconocimiento jurídico y social mas no un matrimonio católico y cristiano, Se entiende por matrimonio la potestad que se tiene de reclamar unos derechos y prestaciones económicas y sociales; que la iglesia no permita un matrimonio en su rito católico- cristiano es otra cosa que a muy pocos interesa. Ese no es el asunto, por cuanto lo que la iglesia pretende negar son unos derechos humanos que no tienen por qué ser ajenos a los homosexuales o a cualquier otra franja de la población colombiana. En la biblia también se expresa que ante una pregunta que se le formulara a Jesús (el mito) este se limitó a contestar: “A Dios lo que es de Dios y a Cesar lo que es del Cesar”, queriendo expresar con ello que la autoridad religiosa no tiene por qué oponerse a las leyes de un Estado. Y si en Colombia el Consejo de Estado da vía libre para que jueces y notarios formalicen las uniones homosexuales no vemos la razón de la oposición de la iglesia católica, diríamos en términos nuestros: “A la iglesia católica lo que es de ella y a jueces y notarios también”. Viviríamos mejor si entendiéramos que la biblia es un libro con aciertos y desaciertos y que muchos de sus pasajes son simples metáforas de pensamientos de culturas de tiempos pasados. Si nos tomáramos al pie de la letra sus preceptos y mensajes, la mujer debería vivir sometida permanente y totalmente al hombre; aun existirían siervos y amos; existirían castas y descastados; se podría matar y asesinar a la mujer y a los esclavos; se podría tener varias mujeres; se podría asesinar a nuestros hijos y hasta podríamos matar a los homosexuales y arrojarlos al fuego purificador de las hogueras divinas.

Y si en todo hay que hacer caso a la biblia, le diríamos a la iglesia católica que “venda sus bienes y se los dé a los pobres”, que Jesús no tuvo donde reposar su cabeza y ella debe hacer lo mismo, que regale sus túnicas y sus purpuras, que no se puede “servir a dos amos al mismo tiempo” y en consecuencia debería cerrar sus bancos y sus negocios comerciales y capitalistas. Le diríamos, como le dijo a ese rico que pretendía seguirlo, que deje todo, que done sus bienes, que renuncie a sus riquezas y luego si lo siga hasta el reino de Dios. Es que no se puede exigir que se cumplan unos pasajes de la palabra de su dios y se ignoren otros donde les exige el verdadero compromiso cristiano.

Ser homosexual no es pecado, es una manifestación diferente del amor, de la expresión humana del afecto. En la biblia también dice que en la Tierra “no se mueve una sola hoja sin la voluntad de Dios”, que todo lo ve, que todo lo puede y que todo se hace con su consentimiento. Pues si los homosexuales existen es porque, simple y sencillamente Ël así lo quiso, y no podemos irnos en contra de su voluntad. Lo que si aceptamos es que la iglesia católica no permita el matrimonio con sus rituales y sacramentos, pero que no se oponga a un Estado que lo garantiza en su Constitución y en sus leyes: “A Dios lo que es de Dios y a Cesar lo que es de Cesar…”. Y no nos perturbemos más, que no sean la piedra en el zapato para avanzar en derechos humanos, bastante mal nos hicieron impidiendo el florecimiento científico e intelectual y llevando a sus exponentes y cultores a la hoguera. No enciendan más teas de odio, vivan su fe en paz y en el criterio de que las otras creencias son tan necesarias como la de ustedes. Ustedes son mayoría en Colombia, pero minoría en el mundo, les recuerdo que de cada siete habitantes del planeta Tierra, apenas uno es cristiano. Y ustedes no pueden oponerse a la felicidad humana vertiendo fanegadas de odio y desprecio. Si su dios es su dios y es infalible y santo permítanme recordarles que muchos homosexuales visten la túnica de Cristo; quizá con ello les está diciendo y recordando que todos son hijos de Dios y que su sagrada voluntad admite su presencia en homosexuales y heterosexuales.

Se equivocaron ustedes al defender el geocentrismo, se equivocaron ustedes al negar la evolución, se equivocaron ustedes al lanzar a las llamas a tantos sabios. Se equivocan ahora al negar la posibilidad de una familia a los homosexuales: créanme que su fe se fortalecería si hacen suyo el precepto cristiano de “amaos los unos a los otros” sin importar su condición sexual. Negar la obra de Dios es negar su fe y Dios (según su fe) nos hizo a todos de la misma arcilla y en consecuencia homosexuales y heterosexuales son hijos de ese mismo dios. Vivan la fe del Nuevo Testamento pues Jesucristo (según su fe) vino para renovar la palabra de Dios, para hacer un nuevo pacto y dejar atrás esas atrocidades de un Viejo testamento donde se ordenaba amatar a los primogénitos, apedrear a las mujeres y asesinar a todo cuanto se mueva en cuatro patas sobre la Tierra. Esa fe sería un mejor testimonio de amor y una clara demostración de su humildad y compromiso cristiano.