Mientras estás leyendo esto, estimado tortuguero, querida tortuguera, dos pequeños todoterrenos con cámara incorporada están recorriendo la superficie de Marte, bajando y subiendo dunas y cresteando los bordes de un cráter a muchos millones de kilómetros de nuestro pequeño planeta. Se trata éste de un hecho fascinante y, a la vez, turbador: ¿qué narices pintamos nosotros en Marte?

Apenas conocemos un 10% de lo que esconden los océanos terrestres y nuestra capacidad de destrucción está haciendo desaparecer centenares de formas de vida distintas (diariamente) antes de que podamos registrarlas. Nunca en la historia de la humanidad se ha conjugado de manera tan evidente la conciencia de nuestra limitación e ignorancia con nuestro potencial devastador. Otra pregunta: ¿qué tiene esto que ver con Marte?

Eso es, centrémonos: lo que Jorge Riechmann expone en su ensayo Gente que no quiere viajar a Marte es que el salto a las estrellas sólo es un paso más del capitalismo salvaje consecuente. Parece claro que el sistema económico y social imperante no tiene en cuenta los límites del planeta Tierra, lo recogen los hechos y está en sus leyes básicas: el incremento del beneficio va unido al incremento de la explotación, humana y ambiental. Si de aquí a poco el planeta se colapsa (la British Petroleum augura que para el 2040 habremos tocado techo en lo que a extracción petrolífera se refiere) habrá que sacar los recursos minerales a un lugar diferente, y una de las apuestas fuertes en este terreno es ir a buscarlos en el ámbito extraterrestre; no es otro el objetivo del flamante relanzamiento de la carrera espacial estadounidense.

Riechmann ilustra este proyecto brutal haciendo referencia a numerosos autores que refrendan y dan soporte ideológico a la nueva aventura suicida , es decir, que hay mucha gente por ahí que realmente piensa que la explotación minera espacial será un hecho a medio plazo. De acuerdo. Alto. También es bastante probable que no se logren reunir los suficientes recursos para realizar tamaña barbaridad o puede que petemos antes, pero eso no es lo que interesa a Riechmann.

Riechmann se centra en el ruido de fondo, en todos esos libros, artículos y conferencias que proyectan una visión inhumana del ser humano. La clonación, la ingeniería genética y la nanotecnología están poniendo en manos de la Humanidad la capacidad de llevar hasta el infinito la vida de hombres y mujeres, replicándolos, convirtiéndolos en cyborgs, en seres mitad máquina mitad bicho humano. El ensayista subraya que en todas estas proyecciones de la tecnociencia reposa una apreciación despreciativa del ser humano, al que se tiene como algo imperfecto frente a la durabilidad del titanio y la brillantez del cromo.

El discurso dominante en nuestros días es que la calidad de nuestra vida no depende de la justicia social, del rehermanamiento con la naturaleza y del respeto al otro sino de los recursos que invirtamos en despegarnos del planeta para colonizar otros astros más o menos habitables (invirtiendo ingentes cantidades de recursos terrestres) mientras que en los laboratorios se mezclan genes de tortuga de las Galápagos con genes de indio del Amazonas para que vivamos cien años más conectados a un universo virtual controlado por algunas Sociedades Anónimas.

Conclusión: ¿por qué hacer cultivos de maíz transgénico a cien mil kilómetros de altura si en Chiapas crece la mar de bien el maíz lacandón? ¿Por qué buscar agua en Marte para nutrir futuras misiones o colonias espaciales y no emplear ese dinero lanzado al espacio en proporcionar agua potable a los 1.200 millones de personas que lo necesitan aquí y ahora? ¿Para qué queremos encontrar vida en Marte si apenas conocemos la que hay aquí y además, nos la cargamos antes de descubrirla?

Nota: Como todos los libros de Riechmann, el texto viene cargadito de sugerentes citas y referencias de libros y autores que, a veces, suponen enormes descubrimientos muy de agradecer.

Joge Riechmann, Gente que no quiere viajar a Marte. Ensayos sobre ecología, ética y autolimitación ,ediciones Los libros de la catarata

One thought on “Gente que no quiere viajar a Marte”
  1. Gente que no quiere viajar a Marte
    No creo que la exploracion del espacio tenga que ver con lo mal que se vive en la tierra, aqui vivimos mal porque nos matamos y se sigue en la produccion de armas cada vez mas sofisticadas y destruimos la tierra porque cada dia encontramos mas cosas para consumir, superfluas en su gran mayoria.

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