
SHEILA GRANDÍO
7 de junio de 2005
Antes se relacionaba con la extravagancia, el dinero, la fama o la frivolidad. Pero todo eso ya es historia. El negocio de sentirse guapo funciona en todos los niveles sociales y prueba de ello es que una de las empresas más importantes del sector ya ha anunciado su inminente salida a bolsa.
Basta con abrir la guía telefónica por la “E” de estética para darse cuenta de que el número de clínicas de estética ha aumentado de forma extraordinaria. Estos centros se han abierto al público medio, al que ofrecen desde prosaicas depilaciones hasta sofisticadas operaciones de cirugía ocular. Y por ahora, los clientes nunca faltan.
“La sociedad española ha pasado de ser un país en vías de desarrollo a un país desarrollado. Esto, unido al carácter mediterráneo, a un aumento la publicidad y al culto al cuerpo, ha hecho que aumente todo lo que significa salud y sensación de bienestar”. Así explica el auge de la cirugía estética José Manuel Pérez-Macías, presidente de SECPRE, la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.
En España, cada año se realizan 350.000 de estas intervenciones quirúrgicos. Una cifra alta, que nos lleva a la cabeza de Europa en consumo de este tipo de cirugía. “El nivel de vida se ha elevado, las posibilidades de obtener créditos también”, afirma Pérez-Macías.
Al factor económico se le ha unido también otro de tipo social. Hasta hace unos años, las operaciones estéticas se relacionaban con profesionales de altos ingresos, con actores, modelos… Ahora, sin embargo, no hay un perfil concreto de usuario. Son personas que simplemente quieren verse mejor, con independencia de su profesión, ingresos o nivel cultural.
Pelo para él, pecho para ella
La cirugía estética ya no entiende de sexos. Tanto mujeres como hombres acuden a sus servicios, aunque sí que se puede distinguir diferentes tipos de preferencias, según informa la SECPRE.
Entre ellos, las intervenciones más populares son los implantes de pelo, la rinoplastia (cirugía de la nariz) y la otoplastia (pegar las orejas a la cabeza). Según Pérez-Macías, esta última “quizá está determinada por la forma del pelo. Los niños pequeños lo llevan corto, y en el colegio se ríen de ellos”.
En el caso de las mujeres, las operaciones estrella siguen siendo el remodelado mamario (para poner o quitar pecho, según el caso) y la liposucción.
Corporación Dermoestética sale al parqué
El culto al cuerpo es un negocio rentable. Y si no, que se lo pregunten a los dueños de Corporación Dermoestética. Esta empresa española empezó su andadura en 1979 con cinco clínicas repartidas por las principales capitales de provincia. Ahora, 26 años después, tienen 79 centros divididos en cuatro países de la Unión Europea. Y tan sólo en 2004 facturaron 74 millones de euros, una cantidad hasta hace poco impensable para una compañía de estas características.
Los beneficios son buenos y prometían ser mejores, en un tiempo en el que la gente ahorra dinero o pide micro-préstamos para pagarse un aumento de pecho, unos implantes capilares o una depilación láser en regla. Ésta era la coyuntura idónea para saltar al parqué, y de hecho Corporación Dermoestética ya lo ha solicitado.
Pero esto no es cuestión de una única empresa. El sector entero funciona bien, al año mueve unos 600 millones de euros. Un ejemplo: en nuestro país hay 2,1 cirujanos plásticos por cada 100.000 habitantes, frente al 1,6 de la media europea. Y si son tantos, es porque trabajo no falta.
Clínicas ilegales
El negocio de la cirugía estética funciona, y eso a pesar de que algunos casos extremos han saltado a la palestra pública, poniendo en entredicho la seguridad o calidad de este tipo de intervenciones.
En España existen centros no homologados que atraen a sus clientes con precios inferiores a la media ofrecida por las clínicas regulares. Son clínicas piratas en pisos, peluquerías o gimnasios que complementan sus servicios con pequeñas intervenciones estéticas, como depilaciones láser o inyecciones de silicona.
Según la revista Consumer, en nuestro país podría haber hasta 800 de estos centros. El problema es claro: son muy difíciles de detectar.
“Si un cirujano tiene una consulta en un quinto, con quirófano o sala de curas, pues es ilegal. Pero generalmente eso no se sabe hasta que no hay algún problema”, afirma Pérez-Macías.
Como explica la periodista Mercedes Milá en un documental emitido en Telecinco, “el 97 por ciento de las intervenciones son exitosas. Pero si no se realizan en las condiciones adecuadas, algunas pueden terminar en tragedia”.
En las consejerías de salud de cada comunidad autónoma se puede comprobar si una clínica es legal y si tiene el permiso para ofrecer determinados servicios estéticos (no todas están autorizadas para hacer de todo).
Es una forma de descartar opciones poco seguras del abanico de oferta estética que hay en nuestro país.