
Si se trata de transformar hay que hacer reflexión estratégica. Si se trata de poseer creencias personales, una fe, doctrina o dogma para, real o pretendidamente, dotar de sentido a la propia vida, aquélla es innecesaria.
Los doctrinarios y dogmáticos solamente se ocupan de difundir sus propias creencias. Son proselitistas de sus fes particulares por lo que no requieren de una estrategia. Tampoco los egocentrados, que se reducen a interiorizar credos supuestamente provechosos para sí. Los revolucionarios, al considerar su propia vida como una forma de trascendencia precisan de ella.
El ser humano necesita ideas e ideales y, al mismo tiempo, ha de cavilar estratégicamente para tener un proyecto y plan de acción, regularmente renovado y actualizado, que permitan su realización.
La reconstrucción del sujeto demanda el trabajo interior tanto como el trabajo exterior. Estas tareas se han de hacer de acuerdo a proyectos y planes cuya raíz sólo puede ser la reflexión estratégica. Ambas, sumadas, son la revolución integral.
I
Se ha afirmado que la estrategia es un decir de un hacer. Cierto, es el decir sobre lo que se desea hacer considerando la totalidad finita de lo existente. Por eso los fundamentos de cualquier estrategia son dos, la investigación más imparcial, serena, fría y objetiva de la realidad, de lo que está ahí en tanto que existente por sí, y la voluntad de formular planes de acción que luego han de ser cumplidos con esfuerzo y sacrificio.
En la actual sociedad, la de los seres nada, domina el principio de la inacción y la pasividad, siendo el “no” la expresión decisiva. Entre el hacer y no hacer, entre el ser y no ser, se decantan por el no ser, con el “no” anti-vivencial, inactivo, dado que su esencia es la nada. A tales, que han renunciado a vivir para, según parece, gozar y disfrutar, les sobra toda estrategia.
Tampoco ésta es necesaria cuando se actúa rutinariamente, sin creatividad, sin percepción del cambio ni de la temporalidad, repitiendo dogmas anticuados y modos de obrar que ya no corresponden a las nuevas condiciones. El estudio de la historia manifiesta que más o menos cada cuarto de siglo se modifica de manera sustancial la realidad social, y también las formas individuales de ser y existir. Por tanto, regularmente hay que crear e innovar, hay que buscar respuestas nuevas a los nuevos problemas, articulando el conjunto en un proyecto transformador radicalmente renovado, vale decir, en un magno plan estratégico.
Junto a la inacción e inmovilidad de los seres nada se da una forma maligna de acción (o, mejor, de hiper-acción), la propia del activismo. El trabajo asalariado, el adoctrinamiento educativo-cultural, las muchas formas de publicidad, la vida en las ciudades, el consumo y, sobre todo, el crecimiento constante del poder e influencia del Estado sobre la persona común son modos destructivos de manifestarse lo humano, que con ellos se desploma en lo subhumano. El hacer robotizado, ciego, estéril e irracional de quienes han sido moldeados por esas seis letales experiencias es no-reflexivo, no-estratégico y no-planificado, o sea, activista.
El reformismo socialdemócrata, se esconda bajo las etiquetas que se esconda (algunas muy pomposas), tampoco necesita de estrategia pues su meta no es el cambio revolucionario sino cooperar en la permanencia de lo existente. Aquéllos que actúan sin estrategia ya sólo por eso se ponen al descubierto como socialdemócratas. Lo cierto es que únicamente la revolución exige de una estrategia, por su colosal dificultad y complejidad inherentes. Si todo consiste en vivir “mejor” bajo el actual orden, ¿para qué el cálculo estratégico?
Quienes sólo son rebeldes y no revolucionarios, los colectivos y personas que se reducen a librar pequeños, dispersos y a largo plazo irrelevantes enfrentamientos con el sistema de dominación, por cuestiones parciales, a menudo de índole económica, monetaria y consumista, y que no preconizan y promueven día a día la transformación revolucionaria de la sociedad, tampoco requieren de estrategia alguna.
Las élites del poder siempre, o casi siempre, operan estratégicamente. No sólo los ejércitos sino también los diversos ministerios (que hoy son trece en “España”), los servicios secretos, el temible poder judicial, los instrumentos económicos del Estado, los aparatos del aleccionamiento educativo, los entes que fijan e imponen la biopolítica, el aparato fiscal, los organismos destinados a enfrentar a todos con todos creando la sociedad hobbesiana y los poderes mediáticos estatal-privados, por citar los más conocidos. El Pentágono, centro del poder militar de EEUU, tiene hoy la mayor concentración de estrategas del planeta. La gran empresa también dedica muchos recursos humanos y monetarios al análisis estratégico y a la planificación. En cada país miles de personas, muy bien remuneradas, actúan como estrategas y planificadores al servicio del Estado o de la gran empresa, o de ambos.
II
El proyecto de revolución integral necesita imperiosamente de una estrategia. Es así porque se propone luchar y vencer, y no meramente hacerse la víctima, negándose a justificarse por sus fracasos y derrotas con espíritu masoquista, lloraduelos y victimista.
No: pretende luchar y vencer, poner fin a esta sociedad que destruye lo humano, que ha originado una catástrofe civilizacional que es el fin de la historia en tanto que historia de los seres humanos y comienzo de la historia de los seres sub-humanos, o post-humanos, para decirlo en un lenguaje más neutro.
El pensamiento estratégico se dirige a aprehender lo más esencial, aquello que determina el conjunto por encima de lo contingente, anecdótico, coyuntural y parcial.
Esa búsqueda de lo más esencial específico, de lo que determina el curso de los acontecimientos en cada situación, es la meta del análisis estratégico. Tal sólo puede realizarse emancipando la mente de teorías y dogmatismos, de creencias, fantasías, temores y ensueños, observando con enorme atención, rigor y constancia la realidad, yendo a lo más decisivo y desechando lo secundario, por más que esto en algunas fases del proceso pueda parecer como principal y determinante.
Aprehender lo primordial (que suele ser complejo, contradictorio y múltiple) demanda realizar una planificación de la propia acción que se sustente en ello, y no en lo secundario. Así se logrará una estrategia que aunque pueda perder batallas consiga ganar la guerra, alzándose con la victoria final.
Muchísimas experiencias de acción transformadora, alguna muy próxima en el tiempo y en el espacio, han resultado ser un gran y doloroso fiasco precisamente porque aunque acertaban en numerosos aspectos inesenciales fallaban en lo más decisivo. Eso permitió a quienes las realizaron obtener muchos, sonoros e importantes éxitos parciales… para fracasar finalmente.
III
Establecidos los fundamentos reflexivos de una estrategia al servicio de la revolución integral se trata de pasar a formularla. Estamos ante un colosal proyecto de significación histórica que sólo en siglos puede ser realizado. Quienes buscan resultados a corto plazo que puedan ser disfrutados y gozados ya ahora es que no están comprendido la naturaleza real de nuestro tiempo, ni lo que es un proceso de revolución total que desea reconstruir lo humano, poner fin al actual sistema de dominación, liquidar el trabajo asalariado, realizar la libertad eliminado el ente estatal y hacer posible la virtud cívica y personal, espiritualizando, estetizando y erotizando la existencia.
Porque una estrategia revolucionaria es netamente diferente de un proyecto reformista, con una advertencia añadida: la era de las reformas está quedando rápidamente atrás en Europa. Ahora vienen tiempos tremendos en que sólo la revolución es y, más aún, será una elección realista.
Fuente: http://esfuerzoyservicio.blogspot.com.es/2013/09/para-pensar-estrategicamente.html?spref=fb
Para pensar estratégicamente
Una estrategia a largo plazo,no un plan para que todos volvamos a las urnas para sacar al PP del gobierno.Esto para los reformistas que se dicen anarquistas y que siempren colaboran con el poder,un matrimonio que cae de pura verguenza que sienten.
Para pensar estratégicamente
Opino que no deberían dar más publicidad a este señor. En mi opinión, aunque algunas de sus ideas (sobre todo al principio) eran interesantes, está perdiendo el norte e incluso creo que podría estar perdiendo la cabeza.
Tan sólo lo que deduzco leyendo sus textos recientes; por ejemplo, el de que los Beatles fueron una conspiración.
Para pensar estratégicamente
Si sus ideas del principio eran interesantes,¡apropiate de ellas,pero no deseches todo en bloque!Eso solo es para los que gustan de los equipos de futbol y demás bobadas,pues parece que hay que defender a un grupo,a un lider a unas ideas,solo un bloque y lo demás nada.Nadie tiene la sabiduria completa,y lo que puede ser muy malo de una persona,tambien puede tener una parte positiva.Nos han enseñado a entender la vida como una lucha entre opuestos,cual película de Disney,donde hay muy buenos y muy malos.
Para pensar estratégicamente
Todo eso está muy bien, y sigo teniendo en mi estantería un par de sus libros. Pero opino que cualquier colectivo que siga dando publicidad a Rodrigo Mora terminará por verse salpicado, ya que creo que su excentricidad (por decirlo suavemente) va a seguir en aumento hasta que dé la campanada con alguna locura gorda. Tiempo al tiempo.
Para pensar estratégicamente
Yo pienso que la única locura,si se puede llamar así,sería la revolución integral que este autor propugna.Ya es cuestión de cada uno si se suma a ella o no.Este autor ha sido coherente con lo que ha expuesto en sus libros.Puede que se haya equivocado en su interpretación histórica,puede que en algunos casos de datos erroneos o incluso digamos falaces,pero en la cuestión de la filosofía y del ser humano es una maravilla.Ha vuelto a traer la filosofía como una cosa del común,no como algo para académicos,para gente con gafitas y fular.Él está intentando dar la batalla por las ideas en todos los frentes,y quiere convencer a todos los colectivos.Intenta convencer con razones,sin amedrentar,sin publicidad.No utiliza estrategias arteras,como otros grupos políticos,solo la razón y,mayormente la experiencia,pues todos los que decían cosas de la crisis,en general se han equivocado.Este autor ha demostrado que acertaba.Seguid sus charlas desde el 2010,ya veréis como no se ha equivocado en su análisis de la realidad.
La cuestión de la publicidad…creo que merece la misma publicidad que los demás autores,¿tenemos que vetar a algunos autores y dejar a otros?¿Y pedimos democracia e igualdad entonces?Es injusto que te pongan los libros de los socialdemócratas delante de la cara casi todos los días y para leer a este autor haya que ir a buscarle en lo más recóndito de la web.¿De qué tienen miedo,de que convenza a la gente?Si tan loco está,la gente se apartará de él y no lo leerá ni le dará pábulo,pues a los locos no se les hace caso.