Creo que es el momento de que retome algunos de las críticas sociales que he ido haciendo en los últimos artículos, y en este, en particular, me propongo de nuevo abordar y de forma explícita, otros aspectos de la «Visión del Mundo» o, dicho de otra forma, de la «Mitología» en que nos hallamos inmersos, de manera inconsciente; y así retomaré la crítica a la noción de «Ciencia» como única constructora de la «Verdad» del Mundo, como si ésta estuviese constituida como instancia «aséptica» sin contaminación posible de presupuestos «ideológicos», y por tanto como impecable e imparcial método de «Conocimiento Verdadero» de la Realidad, más allá de ser una mera «Representación» socialmente construida.

Entremos en materia.

Los «Salvajes»

La visión tradicional de los pueblos «primitivos», como, por ejemplo, en el pasado se ha llamado a los «cazadores-recolectores», es herencia directa de la visión Hobbesiana que consideraba la vida del Hombre «natural», en palabras del propio Hobbes, como «nasty, brutish and short» (horrible, brutal y corta) en comparación con la del Hombre «Civilizado»; arrastrando el «salvaje» una vida corta gastada en la mera supervivencia precaria, sometido a las leyes «Malthusianas» del empobrecimiento y la muerte por la escasez de recursos, que es, con total seguridad, para estos autores, la única manera de frenar el crecimiento exponencial las poblaciones (como las bacterias vaya).

A pesar de los múltiples y repetidos contactos de los hombres «civilizados» con estos pueblos de cazadores-recolectores donde en ningún caso se ha detectado esa forma de vida «horrible, brutal y corta», salvo cuando han sido presionados por otras culturas agrícolas o el colonialismo, de alguna manera se sigue manteniendo esa visión sobre esos pueblos, porque parece inconcebible que una sociedad, carente de la tecnología que nos rodea, viva de otra forma que no sea en la mera «superviviencia», arrastrando una vida extraordiariamente corta, dura, difícil, «entre la vida y la muerte» a cada instante, llena de miedo al hambre y a la muerte, rodeada de peligros, supersticiones, angustias y ansiedades. Pues bien, ¿no será que esa visión de los «salvajes» no es más que una «proyección» de la nuestra?

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