Por francisco sanz

¿Un Estado más pequeño es menos Estado?

El saber, cuando no implica interacción, cuando se queda en la casa de saber que no se sabe nada, no deja de ser una forma de autoayuda, un misticismo más. Una forma más con la que los no creyentes seguimos siendo profundamente religiosos. Seguir creyendo en el progreso social  aunque no echemos una mano a nadie es una decisión profundamente religiosa. Así como a menudo la Iglesia no se podía distinguir del mundo al que pretendía oponerse, tampoco nosotros nos diferenciamos claramente de aquellos de los que no quisiéramos ser. 

   Cuando el enemigo contra el que te rebelas se desperfila el efecto “en-contra” tiene que satisfacerse a sí mismo…  this being against becomes the essential key to every active position in the world, dicen Negri y Hardt en su Empire. Los against.men, los que vamos a la contra, los rompepelotas, ahora deberíamos desertar del sistema, pero en un mundo sin alrededores no hay donde retirarse, la deserción no conduce a ninguna parte, desertion does not have a place… Yo no es que no quisiera estar en España porque me roba, es que como Barcelona también me roba quiero independencia para mi pueblo, que posiblemente me roba más que nadie. Ya lo decía Edith Piaf: “Si rompiera con los que me roban me quedaría sin amigos”.

    Tal como están las cosas a los desertores tendría que honrársenos como a verdaderos héroes de guerra. Somos los dromomaníacos de Virilio, los vagabundos, los que no queremos saber nada del sistema, simplemente preferiríamos que no se contara con nosotros, padecemos “manía deambulatoria”, somos de esos emboscados que intentan ocultarse de la vigilancia manicomial. Los del “vive deprisa y muere joven”.

  ¿No desertar cayendo en la praxis? Con el tiempo uno termina desertando hacia atrás porque la realidad abandona los compromisos que tiene con uno, porque uno se vuelve demasiado viejo para la praxis. Es la consigna del desertor que hace decir al poeta «Je est un autre». La proliferación de la deserción impone la consideración de que los pensamientos propios más estimulantes son pensamientos ajenos que utilizan nuestra cabeza. 

    Entonces uno puede decir como “El Único” de Max Stirner: “Al antiguo rendid homenaje a Dios, ha sucedido el moderno rendid homenaje al hombre. Pero yo mis homenajes los guardo para mí”. Rendimos homenaje «A los muertos por la patria», damos su nombre a nuestras calles. Deberíamos honrar al desertor desconocido, en él honraríamos también a aquellos que han muerto en la guerra, porque cada uno de ellos ha muerto maldiciendo la guerra y envidiando la felicidad del desertor. La resistencia nace en la deserción.

  Cuando mirar la hermosura de Dios y en holgarse de que la tenga, cuando con la actitud del místico no basta, entonces sólo queda “hacer la calle”. Ya nos dijeron de mil maneras los del siglo pasado que en la calle todo trabajador es puta y toda puta trabajador. Qué maldición no poder olvidar eso tras la amabilidad de los vendedores o tras el atractivo de un buen maquillaje. Que a nuestros ojos todos los pájaros aparezcan desplumados, qué pena. Ya nos advirtió Nietzsche qué pasa con las revelaciones, con la pérdida del último velo.

   Cómo si en la medida en que el mensaje está velado fuera interpretable, fuera posible la imaginación, confusionem sensus, a su respecto, como si la respuesta revolucionaria a su provocación tuviera valor. Pero ¡ay! es necesario acabar dando con el mensaje del artista para apreciar la belleza de forma. Y entonces es cuando el mensaje no es sólo de una banalidad consternante sino la misma belleza formal deja de ser. La verdad que deja de serlo al perder su último velo.

   ¿Cómo no sentirse un poco anarquista con la pregunta esa de si queremos que Cataluña sea un Estado? ¿Un Estado más pequeño es menos Estado? ¿Es más fácil o más difícil que acabe pillándonos y haciéndonos trabajar como chinos por nuestro bien? La atribución de un valor último al Estado Catalán es una forma más de fetichismo: sería tan lógico como venerar una alcantarilla cuyo valor como medio también es considerable.

Fuente: http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/75957-la-deserci%C3%B3n-no-conduce-a-ninguna-parte.html