La Gaviota plasmó el tiempo convulso en el que vivió Anton Chejov, un autor a medio camino entre dos épocas.

La literatura rusa es, por justicia, una de las que más ha contribuido a la literatura universal. Grandes nombres jalonan esa literatura: Gogol, Dostoievsky, Pushkin, Gorki, Lermontov, Griboyedov, Pisarev, Dobrolubov, Belinsky, Turgenev, Tolstoi, etc. Novela, poesía, teatro, todas las materias fueron trabajadas por los rusos. Muchos de estos autores tuvieron un fuerte compromiso político. Pushkin participó de la revolución decembrista de 1825. Turgenev o Pisarev tuvieron compresos políticos próximos al nihilismo (como corriente político-cultural) o a un vago socialismo. Tolstoi estuvo a caballo entre un cristianismo social y el anarquismo. Gorki y su obra La madre (entre otras) no dejan lugar a dudas.

Pero en muchas ocasiones la contribución de estos autores para con la Revolución no se ceñía exclusivamente al campo político. Llevar componentes revolucionarios a la literatura fue también un elemento fundamental. Un autor conocido en estas lides es Anton Chejov (1860-1904). Si por algo destacó la obra de Chejov fue con los innumerables relatos cortos y cuentos que escribió. Fue su especialidad y por lo que le coloca en un lugar preeminente de la literatura universal. Pero su contribución también es palpable en un pequeño grupo de novelas, algún ensayo y obras de teatro.
El tiempo que le tocó vivir a Chejov fue convulso. Es un periodo en el que se asentó la base de la posterior transformación revolucionaria que vivió Rusia en el la década de 1900 y 1910.

La obra dramatúrgica de Chejov se concentra entre 1881 y 1890, con alguna obra esporádica a final de la última década del siglo XIX e inicios del siglo XX. Si por algo se caracterizó el naturalismo, corriente en la que se encuadra Chejov, fue por la plasmación minuciosa de la sociedad, por trasmitir los problemas diarios de la misma a través de los personajes de la obra. Algo que Chejov cumple a la perfección en obras como La gaviota o Tío Vania. Descripción que en muchas ocasiones puede resultar lenta para el espectador pero que es absolutamente necesaria para encuadrar la obra.

Los personajes de sus obras de Chejov transmiten los problemas del momento histórico que vivió Chejov. Tanto a nivel social como a nivel artístico. El ejemplo de La gaviota es paradigmático. No deja de ser un debate entre la juventud y la vejez. Un mundo caduco que se resiste a irse frente a la desesperación de las nuevas generaciones que no logran hacerse un hueco en el panorama. Y en ese tira y afloja el dramatismo y el final tráfico es inevitable.

Chejov vivió a medio camino entre la desaparición de las concepciones clásicas del teatro frente al surgimiento de las nuevas vanguardias. Engancha con la generación clásica de los autores rusos y conoce a las figuras revolucionarias de los años venideros. De entre esas amistades hay una que destaca sobremanera para el futuro del teatro. La de Kostantín Sergueievich Alekséyev más conocido como Kostantín Stanislavski. El intento de plasmar la naturalidad de los actores es cosecha del propio Staniskavski en las obras de Chejov.
Y es que Stanislavski comienza a desarrollar un concepto, “el método Stanislavski”, que revolucionaría las artes escénicas. La naturalidad del actor, la virtud de escuchar, que el actor se encuentre consigo mismo, ser creativo, etc. Todos unos conceptos que Chejov no verá desarrollado en su plenitud por su temprana muerte en 1904 por una tuberculosis, pero que tuvo en otros autores como Meyerhold o Boleslawski a algunos de sus mejores representantes.

Este modelo de teatro que creó Chejov y que desarrolló en método Stanislavski es que se encuentra la Revolución rusa. Los cometidos revolucionarios políticos de ésta sirvieron para impulsar el vanguardismo revolucionario en el arte. Una época dorada de Rusia que tuvo su mejor referente en un autor como Chejov.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/culturas/21207-chejov-medio-camino.html