Recordando a Kronstadt y Majnó al aproximarse el centenario de la Revolución rusa.

El bolchevismo es el pasado. El futuro pertenece al ser humano y la humanidad. «El mito bolchevique», de Alexander Berkman

LaMalatesta Editorial y Tierra de Fuego reeditan una lectura muy necesaria: “El mito bolchevique” de Alexander Berkman. El libertario, deportado desde los Estados Unidos de América a la Rusia revolucionaria junto a otros 248 presos políticos, narra sus experiencias entre enero de 1920 y diciembre de 1921. En esta lectura, obligada en tiempos de crisis del capitalismo y resurgimiento de partidos marxistas, leeremos como Berkman vira desde su euforia por estar en la Rusia soviética a afirmar que “el idealismo bolchevique era un mito, un peligroso delirio mortal la libertad y el progreso”. La edición, aunque muy mejorable, incluye pies de página con notas biográficas sobre las personas citadas, muchas de las cuales caerán en desgracia durante las numerosas purgas.

El “terror rojo” de la Checa infecta todo el relato, una pesadilla orwelliana que era un mero síntoma de lo que estaba por venir. La propaganda comunista, que tanto recuerda a los sucesos del mayo de 1937 en la España revolucionaria, que equipara a la oposición de izquierdas con contrarrevolucionarios es otra constante, igual que la burocracia paralizante que ahoga la revolución. La represión frente a los soviets libres en la Ucrania de Néstor Majnó y principalmente, la masacre contra los marineros de Kronstadt que condenaban la burocracia bolchevique y exigían el “establecimiento de la libertad de expresión y prensa para los obreros y campesinos, para los anarquistas y los partidos de la izquierda socialista”, liberar a todos los prisioneros políticos e igualar todas las raciones entre los trabajadores. Como consecuencia de esta fallida rebelión, muchos anarquistas fueron detenidos y se pasó al capitalismo de Estado o Nueva Política Económica. También retrata el autoritarismo y mano de dura de León Trotsky, idolotrado por cierta izquierda antiautoritaria por su opisición al estalinismo.

En definitiva, un relato necesario de la desigualdad e injusticia reinante en los comienzos de la Rusia soviética que sirve, como finaliza el autor su obra, para que la hipocresía sea desenmascarada y el mito bolchevique destruido.