Si hubiera podido, hubiera estado en Madrid el 22 M, aún considerando errónea la estrategia de quienes promueven estas formas de resistencia. Hubiera ido por una razón de fraternidad con vecinos, amigos y muchísimas personas, conocidas o no, que sé participan en estas movilizaciones con la buena fe y el convencimiento de que sirven para hacer frente al gobierno y para detener sus continuadas  agresiones a la gente más vulnerable con la excusa de la crisis.

A día de hoy, mi discrepancia con estas convocatorias es de fondo y no sólo estratégica. Para realizar mi propio análisis crítico, intento prescindir de todo condicionamiento político, evito en lo posible dejarme influir por la opinión de organizaciones políticas o medios de comunicación, no menos políticos; ni siquiera por las personas a las que políticamente me siento más próximo. Ello no me impide saber que, aún en discrepancia radical con las élites que dirigen la izquierda, quienes criticamos sus errores tenemos por delante un largo camino que habremos de recorrer junto a la gente que les sigue, nuestros vecinos, amigos y mucha otra gente, que no ve otra salida a la encerrona de la crisis en la que estamos atrapados y que todavía mantiene su fe en los partidos y sindicatos de la izquierda, porque -todavía- piensan que éstos, por competir con la derecha gobernante, son de naturaleza contraria, cuando en realidad forman parte del mismo sistema.

Lo veréis. No vale la complacencia en la participación de miles, aunque fueran  millones, de personas en grandes manifestaciones; ello ya ha ocurrido muchas otras veces y siempre con resultados bastante predecibles (baste repasar la historia). Como mucho, un cambio de gobierno en las próximas elecciones, incluso podemos aventurar un cambio de Constitución, pero el Régimen de dominación continuará intacto en su esencia, la vida de la gente  seguirá siendo una vida anulada – seres humanos reducidos a «recursos humanos»- sometida a la manipulación y dependencia de las élites que han logrado concentrar su poder de dominación, hoy mucho más potente y perfeccionado, a través de un complejo sistema estatal-capitalista que se ha hecho global y, lo peor, que ha sido asumido por la mayoría de la gente.

Una reproducción exacta de su exitosa estrategia “izquierda versus derecha” sucede hoy a nivel de bloques geopolíticos, en los que unos estados compiten con otros, a veces de manera aparentemente radical. China, Rusia y Europa-USA, radicales competidores entre sí por el control de los mercados mundiales, son hoy la santísima trinidad del global sistema estatal-capitalista, que representa fielmente esa hábil estrategia: tres enemigos de mercado  y un único sistema de poder verdadero. 

No hacía falta la muerte de Suárez para tapar la repercusión informativa del 22M, aunque, dicho sea de paso, ha sido bien aprovechada por el aparato mediático del Régimen. No hacía falta, porque dominan muy bien el espectáculo policial-televisivo al que se prestan las organizaciones de la izquierda, igualmente obsesionadas con la hora del telediario, pero sin dominio alguno de la situación. Al fin y al cabo, la Policía está para eso, ¡qué ingenuidad la de quienes reclaman ser protegidos por ella!

En las manifestaciones que pudieran ser “incómodas”, como ésta del 22 M, cuya repercusión mediática pudiera perjudicar al partido en el Gobierno –en este caso del PP- siempre se espera la colaboración de  “anarquistas” o “antisistemas” espontáneos que enciendan la chispa del enfrentamiento violento con la Policía, y si no, la Policía tiene en nómina muchos colaboradores y profesionales a tal efecto. Se monta el espectáculo y a partir de ese momento, la audiencia se olvida del motivo de la manifestación, ya sólo importa la discusión acerca del número de participantes, el número de heridos y el de “salvajes” manifestantes, antisistema, detenidos. Así, la manifestación ya ha quedado catalogada en la memoria del espectador-elector con la etiqueta que quería el gobierno: son antisistema. Y, además, los propios manifestantes se lo acaban creyendo, aunque ellos fueran allí para reclamar la mejora del sistema,  no para su derribo y sustitución…ya se dijo en el 15M: “no somos antisistema, el sistema es antinosotros”.

Después de la manifestación he oído decir que en el 22 M “hemos perdido el miedo a la Policía”. Otra ingenuidad mayúscula. ¿Dónde, si no es en el miedo, se sostiene el Régimen de dominación?, ¿qué es, sino el miedo, lo que impide la autonomía de las personas y la verdadera democracia?, ¿es que no fue el miedo al Ejército lo que propició la “ejemplar” transición que ahora se celebra aprovechando la muerte de Suárez?, ¿no es el miedo a la fuerza militar el verdadero sustento de la Constitución española?, ¿no es el miedo de los individuos a perder la condición de asalariados y consumidores, el  verdadero fundamento de la falsa democracia española?

Permítaseme un esbozo de propuesta táctica para próximas convocatorias: primero, que todo choque frontal contra cualquier fuerza superior y especializada en la violencia carece de inteligencia estratégica. Por tanto, la Policía del Estado ha de ser enfrentada con mayor inteligencia, por individuos invisibles y multitudes silenciosas (las demás instituciones del Estado, con boicot y abstención), porque están preparados para la algarada y la violencia, pero no soportan la tensión que provoca la quietud y el silencio, no hay nada que mejor pueda bloquearles. Debieran desaparecer las banderas y consignas de partidos y sindicatos; como mucho, podrían ser sustituidas por rótulos con el nombre de cada pueblo y ciudad de los presentes; la Policía del Estado está acostumbrada a enfrentarse a multitudes fragmentadas en partidos-sindicatos y estarían totalmente desconcertada ante una multitud unida y autoorganizada, porque verían en ella algo muy parecido al “Pueblo”. Frente a la Policía del Estado, una sola hora de silencio y unidad destrozaría sus nervios y esa imagen explicaría mucho más que todas las consignas y reclamaciones de las pancartas, porque estaría anunciando que el miedo, entonces sí, estaba cambiando de lado.

Pero, caería en la misma ingenuidad que critico, si no fuera consciente de que la anterior táctica es hoy imposible. Porque la táctica es consecuencia de la estrategia y ésta lo es, a su vez, de la finalidad perseguida; y soy muy consciente de que la estrategia de oposición a la crisis y al gobierno está controlada por quienes tienen por finalidad perfeccionar al Estado y al Capitalismo, no su derribo y sustitución. “Democracia en construcción: el pueblo contra el estado y el capitalismo” es, todavía, una pancarta imposible y, por tanto, no me hago falsas ilusiones.

Y a pesar de lo dicho, de haber podido, yo también hubiera ido a Madrid, por las razones ya dichas y porque en una cosa sí estoy de acuerdo: hay que frenar la brutal agresión del sistema a los más vulnerables, es lo más prioritario.

Fuente: http://blognanin.blogspot.com.es/2014/03/22-m-error-de-fondo.html