
Enrique Utrera
Las soluciones son muy complejas. El Gobierno podría aumentar el gasto público o bajar impuestos, pero choca con la realidad económica.
Si hay menos compras, los márgenes de las empresas disminuyen, la capacidad de pago de la deuda se reduce y las compañías realizan despidos.
Al cierre de 2013, la deuda total de España SA ascendió a 2,82 billones de euros. De esta cifra, las familias debían 787.000 millones de euros de los que alrededor de tres cuartas partes correspondían a préstamos para compra de viviendas. Otros 1,07 billones de euros corresponden al entramado empresarial español.
A pesar del enorme esfuerzo que han realizado familias y empresas por reducir su niveles de apalancamiento durante la crisis, las cifras siguen siendo los suficientemente importantes como para que el fantasma de la deflación sea una amenaza extraordinaria para la economía española. En marzo, los precios fijaron un registro negativo del 0,2%, el primero con el signo menos por delante de los cinco últimos meses.
Se trata del frenazo más fuerte desde finales de 2009 y la primera tasa negativa en cinco meses. La inflación se había situado en febrero en terreno plano, después de las ligeras subidas de noviembre y diciembre. ¿Por qué España debe temer especialmente un fenómeno consistente en el descenso generalizado y continuo de los precios de los bienes y servicios?
De momento, la deflación es sólo una amenaza. Si llega -es oficial cuando hay dos trimestres consecutivos de crecimientos negativos-, su impacto dependerá de la duración del proceso, que implica que las familias tienden a consumir menos con la expectativa de que los precios van a seguir bajando.
Dicho de otra forma, difieren sus decisiones de compra a la espera de que se confirme este escenario, que tiene grandes paralelismos con lo que ha ocurrido con el mercado inmobiliario español en los últimos años. Los potenciales compradores han decidido esperar a que los precios bajen más provocando el estrangulamiento de la actividad hasta niveles insostenibles.
La segunda consecuencia tiene que ver con la salud de las empresas. Si hay menos compras, los márgenes de las empresas disminuyen, la capacidad de pago de la deuda se reduce y las compañías realizan despidos o, en el mejor de los casos, congelan sus plantillas. Lo que está en juego por lo tanto es la incipiente recuperación económica de la zona euro, que sigue cogida con alfileres.
¿Qué mecanismos tiene el BCE para luchar contra la deflación? Podría seguir bajando los tipos de interés, pero con el precio del dinero en el 0,25% el margen de reducción es mínimo. Los economistas están de acuerdo en que a diferencia de la inflación –relativamente más fácil de controlar con la política monetaria que permite subir tipos y frenar el consumo- las fórmulas para luchar contra su némesis son mucho más complejas.
En el caso concreto de España, las soluciones son muy complejas. El Gobierno podría aumentar el gasto público para estimular la economía, pero en un escenario de ajuste presupuestario duro y de incumplimiento de los objetivos de déficit, el margen de maniobra es prácticamente cero.
La otra solución sería bajar los impuestos, pero como en el caso anterior la situación económica lo hace prácticamente inviable. En 2013, el Gobierno tuvo que sacarse de la chistera un subida tributaria de 4.200 millones para cuadrar las cuentas públicas y que el déficit se situase en el 6,62% del PIB, ligeramente por encima del 6,5% exigido por Bruselas.
Fuente: http://www.teinteresa.es/autores/enrique_utrera/peligrosa-deflacion-Espana_0_1112289685.html