
Definitivamente voy a vender todas mis acciones de los institutos y gabinetes de prospección electoral porque tienen la misma capacidad de predicción que los juegos de azar o las apuestas en bolsa: intuiciones y azar. O quizá peor aún, su techo analítico llega hasta donde cubren los deseos de sus clientes, ya sean estos partidos políticos, grupos mediáticos (los sondeos de Prisa) y el propio Estado. Sobre todo viven con la brújula enloquecida ante los procesos de cambio de tendencia electoral. ¡Es que no han acertado ni una! Se ha hablado en estos medios, muy recientemente hace un par de semanas, del empate técnico ppsoe, de la nueva fortaleza del bipartidismo, la ampliación del euroescepticismo, la expansión de UPyD, el escaño único para Podemos, el aumento sin precedentes de la abstención, etc.
Hay que subrayar el efecto de coyuntura de este tipo de elecciones europeas: sin listón electoral mínimo (del 5% en generales y locales), con circunscripción única y por tanto mucho más representativas que el resto, con una abstención que casi siempre roza el 50% (y que por cierto no es solo voto inmovilizado del pp) y donde esa miseria de los liderazgos de partido es quizá menos relevante excepto en aquellos que solo se presentan en estas. Me fijaría más en las municipales, no solo en términos específicos de localidades y municipios, sino sobre todo en el sumatorio final de votos, porque hasta ahora han constituido un buen indicador de los cambios de ciclo electoral. El psoe de Zapatero del 2004 no ganó por la movilización de los atentados de Atocha, ya había ganado por poco en las elecciones municipales veinte meses antes, lo mismo cabe decir en las últimas elecciones municipales por parte del pp antes del nuevo 20N.
Y no obstante todo lo anterior sí que hay un vuelco, el psoe queda como un partido andalucista o del sur (la mitad de los votos los ha obtenido allí) y es minoritario en lugares como Madrid (menos del 20%) y Cataluña (están a otras cosas, pero llegó a ser principal fuerza electoral y ahora es tercero). El pp inaugura una situación lógica, esto es, pierde electores… pero es que hasta ahora venía siendo una anomalía salvaje en el panorama electoral occidental, con tasas de lealtad de voto cercanas al 80% que convocaban a los yanquis republicanos a comprender y asimilar el fenómeno para emularlo. La lucha de clases sigue, no obstante, y fijaos si no en los porcentajes del pp en Salamanca, Chamberí o Retiro.
Y en cuanto a Podemos, por más que unos y otros, ellos mismos, agiten el espantajo de partido antisistema y por más que su propaganda poselectoral clame, con un lenguaje seudoradical, por superar el bipartidismo o la postración de ser una colonia alemana (demagogia que roza la pornografía política) o de aspirar al cielo por asalto mediante las urnas, ha nacido con plena vocación institucionalizada. Felices de conocerse en las instituciones, donde se juega lo que llaman «política real» en comparación con su etapa anterior asamblearia-de calle y de lo que quedan resabios simbólicos, han logrado desbancar por entero al inmovilismo de IU. Su éxito sobrevenido anticipa, en principio, dos cosas: uno, todo lo que hemos contemplado de los sistemas de partidos políticos se nos asemeja cada vez más a tigres de papel, es mucho más débil y ridículo de lo hasta ahora pensado. Y dos, Podemos ya tiene capital político, constante y sonante con solo un diputado menos y 1.238.000 votos, para negociar de tú a tú con el partido comunista: matrimonio de conveniencia que ya se había frustrado por la incomparecencia de iu pero que ahora puede llegar a buen puerto. Fascinante es también comprobar como Podemos quiebra los varios laboratorios de la multitud (menuda merienda de negris) de los partidos x y en red, a través de desparpajo, populismo catódico y vida tradicional de partido (tradicional si lo comparamos con las chorradas de las wikipolíticas de estos últimos). Para mi lo más grave sin embargo no se destila en el circo electoral sino más bien en lo que este éxito supone en los movimientos sociales a partir o que parten del 15m. Por más que insistan en el sarcasmo de que no representan el 15m desde Podemos se han desplegado unos dispositivos de mímesis que cualquiera mínimamente enterado sabía entender. Ya sabéis que en estos niveles de política- marketing lo que se niega a viva voz consiste en gran medida en lo que se afirma. (A este respecto he escuchado en la facultad, para que veáis hasta qué punto un medio como este estimula la estulticia, que Pablo I. se lleva una gran parte del voto de las madres de perros-flautas o afines que ven en aquel una idealización de sus hijos-hijas. Sin comentarios). Un éxito así supone la epifanía simbólica de la escisión definitiva de tales movimientos y que en gran medida ya estaba en su origen, contradicciones siempre enmascaradas (supuesta superación de la dicotomía reforma-revolución) pero nunca resueltas. Si a los más listos, intelectualizados, elitistas y cosmopolitas de los movimientos, si a los enterados de la «verdad evolutiva de las cosas de la política» (tiene que haber representación, hay que ocupar las instituciones, pacífica y electoralmente), si a los oportunos de primera hora (los de segunda ya son oportunistas) para convertirse en plataforma electoral les va tan bien y tienen éxito, ¿qué nos queda a los demás, estúpidos e ignorantes de los vientos de la historia y que no hacemos otra cosa que jugar eternamente al juego de la patata asambleario?
También puede ser entendido, yo al menos me apunto en esta, a un adiós definitivo entre pretendidos camaradas, semejante al que se planteó en la oposición demócrata entre los bloques de izquierda que además de ser antifranquistas eran anticapitalistas, y los socialdemócratas de nuevo cuño que solo eran demócratas y no hacían ascos a formar el ala izquierda del capital ( y que iban desde el PSOE-PSP hasta ORT y otros pasando por supuesto por el PCE). Denunciaba antes que no se les puede perdonar la ansiedad del hecho de convertir en moneda intercambiable en términos políticos considerados legítimos (esto es, en contabilidad de votos) y de aquellos que consideran ser testigos fundamentales acerca de cuál es la «verdadera política»: aquella que de manera consciente traiciona la pretendida infantilidad del 15M para superarla de forma dialéctica en aras de la supuesta integración transformadora; siendo por otra parte incontrovertiblemente cierto que ningún entrismo ha transformado otra cosa que a los que entraban y nunca a las instituciones receptoras. Apostaré por lo mismo, la política está en otro sitio, el que construimos a través de mecanismos colectivos y autogestionados, suene o no ridículo a la contabilidad electoral, porque lo que en realidad ha movido la historia es la multiplicación del conflicto social a pesar de sus techos tanto materiales como simbólicos. Y por último, cabreo y desprecio añadidos ante los que juegan en el escenario de la representación con la semántica vacía de la supuesta horizontalidad. Pues sí, elogio de las minorías.