
Manuel Faisco
Por el profesor Antonio Fonfría, docente de Economía Aplicada y director del Máster en Logística y Gestión Económica de la Defensa de la Universidad Complutense de Madrid, nos enteramos de la debilidad de los argumentos “económicos” que habitualmente esgrimen los partidarios de fortalecer el sector militar-.industrial en base a la supuesta generación de retornos, riqueza y desarrollo de este sector hacia la sociedad.
Fonfría analiza los argumentos “pro industria militar” que tradicionalmente se han dado para, nos parece a nosotros, desmentirlos (sin quererlo). Veámoslo.
a) En contra de lo que se dice, el sector de la defensa es minúsculo en comparación con otros sectores productivos.
Según este argumento, en realidad una disminución del presupuesto dedicado a la defensa no tendría un impacto negativo en la economía, dado que el sector es pequeño. Un buen argumento que avala el beneficio de desprenderse de este sector sin que ello suponga ningún drama.
b) El sector ocupa a muy poca gente.
Para variar, no hay estadísticas oficiales, pero según la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa, se estima que el sector ofrece únicamente 22.000 empleos directos.
De nuevo, en nuestro criterio, la reducción o reconversión de este sector no implicaría una gran sangría de puestos de trabajo, lo cual además desmiente a sindicatos como UGT que cacarean la falta de carga de trabajo como argumento principal para exigir más encargos de fabricación de armas en vez de exigir una reconversión que asegure empleabilidad decente a la gente que ahora depende de este sector.
Ahora bien, lo dramático de los puestos de trabajo directos del sector es que su “especialización” en hacer armas hace difícilmente empleables a estos trabajadores en sectores civiles, lo que genera un grado absurdo de dependencia y de condena de estos trabajadores al futuro de la industria militar, de modo que desprendernos de la industria militar o cambiarla por completo no seria un drama (sino una bendición) para la sociedad, pero sí seria dramático para estos trabajadores difícilmente reciclables sin un proceso de formación que los hiciera útiles en otra cosa.
c) En la actualidad, no es cierto que la industria militar genere un gran valor por la investigación y el desarrollo.
Lo cierto, dice el profesor, es que la i+d eficaz se está dando en sectores productivos civiles y no en los militares, dado que es en el ámbito civil donde hay “mercado”. A lo sumo el sector militar lo que hace es intentar aprovechar los logros de la i+d civil e intentar aplicarlos a lo militar (“tecnologías duales”)
Por tanto el argumento del avance “militar” de la ciencia y el desarrollo, ya de por sí burdo, se cae por su propio peso.
d) Tampoco es cierto que la industrias militar genere muchas divisas y riqueza.
Aunque las empresas que desarrollan tecnología militar generan en sus cuentas de resultados niveles de negocio grandes (mayores a 100.000 millones de euros anuales), lo cierto es que su facturación principal es en cacharros civiles, no en armas y tecnología militar, que solo supone un 4.5% de su cifra de negocio.
Resumiendo: cuando nos hablan de los retornos de la industria militar y del desarrollo y riqueza que genera, es trola. Económicamente no es un sector generador de tecnología, ni de ciencia, ni de trabajo, ni de riqueza, ni de justicia ni de nada. Vende muerte.
Pues bien, ¿qué mantiene la privilegiada posición de la industria militar en el estado, hasta el punto de contar con ayudas públicas y subvenciones privilegiadas y desconocidas para cualquier otro sector, de implicar encargos multimillonarios a costa de nuestros impuestos y de soportar el alto grado de ineficacia económica que arrastran sin que al gobierno se le mueva una pestaña?
Aquí vienen los argumentos pro industria militar y pro gasto militar:
a) Genera muchos ingresos fiscales. dado que la venta de armas es uno de los rubros importantes de la exportación de la marca España
No en vano somos la séptima potencia mundial en exportación de armas (y en arrastrar a los países compradores a conflictos militares, dicho sea de paso) y ponemos a disposición de esta empresa a ministros, reyes y otros gerifaltes.
b) Un papel de interés para las élites: Ocupar un papel de peso en el concierto internacional de depredadores del orden mundial.
Lo dice muy bien el profesor:
“la posición que España desea ocupar en el conjunto internacional. Por ejemplo, su aportación a diversos organismos internacionales, el peso de su criterio en temas de calado internacional, la capacidad para penetrar económicamente en otros mercados, etc., son todos argumentos relevantes aunque no observables directamente y, por lo general, se sustancian en el largo plazo”
c) Una comprensión militarista de las relaciones internacionales: Garantizar una contundencia importante de las armas a nuestra disposición para “disuadir ” a los “enemigos potenciales” de aspirar a quitarnos las riquezas.
Lo vuelve a decir muy bien el profesor con cínica crudeza:
“Es por ello necesario buscar un equilibrio en el presupuesto que no ponga en peligro el grado de disuasión que se desee alcanzar. El resto viene de la mano, en mayor o menor medida, tal y como expresaba Smith: “la defensa es de mayor importancia que la opulencia”. En definitiva, la primera es condición necesaria, aunque no suficiente, para que se dé la segunda.”
Es decir, lo que principalmente mantiene esta industria es el interés de la élite en garantizar el status quo y sus propios privilegios, aunque luego lo disfracen de beneficios para la sociedad.
Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org/2014/05/31/pero-es-cierto-que-el-sector-industrial-de-la-defensa-genera-desarrollo/