Con esa misma idea utópica e idealista, yo defiendo una Euskal Herria sin ejércitos, ni policías, ni defensa, ni cárceles, ni política de seguridad.
La forma pedagógica en la que intentemos llegar a unos o a otros nos la tenemos que trabajar. Pero nuestro discurso no debe de renunciar a su radicalidad en ese sentido. Y, además, es bueno que se oigan esas cosas porque en el contexto en el que estamos parece que empieza a ser imposible; es decir, parece que empiezan a obviarse determinados debates y esos discursos si dejan de presentarse, terminan por no existir, terminan por omitirse del todo.